Los economistas austriacos y el entorno vienés de los últimos Habsburgo

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[Publicado originalmente en Review of Austrian Economics 2 (1988)]

Ludwig von Mises observaba: “Es habitual ocuparse de la influencia que ejercía el entorno en el logro del genio”. (1969, p. 9). Continúa sugiriendo que, sea cual sea la importancia de la costumbre, no tiene sentido cuando se aplica a los grandes pensadores de Austria. Sin seguir las advertencias de Mises, el eminente filósofo e historiador de la ciencia Stephen Toulmin, junto con su coautor Allan Janik, argumenta en Wittgenstein’s Vienna que los intelectuales vienes de los últimos Habsburgo tenían bases filosóficas, series de problemas y visiones éticas sorprendentemente similares. El libro es en parte un intento de aislar el “marco filosófico general que era la posesión común de músicos, escritores, juristas y pensadores de todo tipo” y de enfocar “los temas y problemas comunes (…) de escritores, pensadores y artistas en todos los campos” (pp. 29, 30). En este artículo, argumentaré que había una mayor diversidad en los problemas y las bases filosóficas de los intelectuales vieneses de lo que sugiere Wittgenstein’s Vienna. Como vamos a ocuparnos de una afirmación que se aplica a intelectuales en “todos los campos”, será rentable examinar un campo que Wittgenstein’s Vienna despacha en una frase: la economía. La frase dice que “La teoría de la utilidad marginal de Menger (tan característicamente vienesa en su énfasis sobre los factores psicológicos y subjetivos que subyacen el valor) sigue siendo una idea esencial para muchos economistas modernos” (p. 53). El que la economía fuera más importante en la vida intelectual de lo que indicaría el espacio dedicado por Toulmin y Janik lo atestigua el historiador Arthur May: “En ningún campo del pensamiento fueron los austriacos más conspicuos que en la economía (1951, p. 318).

Este artículo se dividirá en tres secciones. En la primera, trataré de averiguar si encontramos en los economistas austriacos un ejemplo más del dominio del kantismo en Viena. La segunda sección tratará la teoría austriaca de la utilidad marginal para averiguar si está de hecho más conectada con la ética subjetivista (asociada con Tolstoi y Kierkegaard en Wittgenstein’s Vienna) o con desarrollo independientes en la ciencia de la economía. Trataré de ocuparme en la tercera sección de lo que podemos aprender de los economistas austriacos acerca del entorno vienés. En particular, me ocuparé de las preguntas de si la sociedad de los Habsburgo era realmente decadente y estaba estancada y de si no había en realidad ninguna oportunidad de implicarse en el mundo como una alternativa al subjetivismo introvertido.

Influencia neokantianas y no kantianas

En Wittgenstein’s Vienna, la atmósfera intelectual de la Viena anterior a 1919 se describe como “un entorno neokantiano” (p. 22). La influencia kantiana ha sido afirmada por algunos, ignorada por otros y discutida por unos pocos.[1] El mensaje central de Kant que Janik y Toulmin afirman que había influido en la cultura vienesa era que la estructura de la mente limita lo que podemos decir y conocer. Aunque la principal alternativa a la influencia kantiana mencionado usualmente es la influencia aristotélica, compararé las deducciones a priori de la razón pura con un “empirismo definido muy ampliamente para incluir no solo a Aristóteles y el positivismo moderno, sino también la metodología de los tipos ideales de Weber. Para saber si la vida intelectual tenía una raíz robustamente kantiana, buscaré la influencia kantiana en cinco de los miembros más eminentes de la Escuela Austriaca de economía: Carl Menger (1840-1921), Friedrich von Wieser (1851-1926), Eugen von Böhm-Bawerk (1851-1914), Ludwig von Mises (1881-1973) y Friedrich von Hayek (nacido en 1889).

La distinción entre empirismo y metodología kantiana para los economistas austriacos no era una visión positivista o no positivista de la adquisición de conocimiento económico. Ninguno de ellos veía la economía como una ciencia empírica en el sentido positivista, aunque todos reconocían la utilidad de los estudios (históricos) empíricos. La distinción era más bien entre ver, por un lado, las leyes económicas absolutas y eternas teniendo su origen en tipos ideales abstraídos de los acontecimientos del mundo, y ver, por otro lado, esas leyes teniendo su origen en las categorías trascendentales de nuestras mentes.

En su artículo sobre Böhm-Bawerk, Emil Kauder dice que “En la Austria de este tiempo, el aristotelismo y la ontología ocuparon el lugar del escepticismo empírico y el pragmatismo”.[2] El aristotelismo al que se refiere no es en ningún lugar más evidente que en las obras metodológicas de Carl Menger, el fundador de la Escuela Austriaca de economía. Lamentablemente, como dice Hayek, se sabe poco del primer desarrollo intelectual de Menger.[3] Pero no tenemos que ser expertos en la vida de Menger para saber que estuvo influido con seguridad por Aristóteles. Los Problemas de economía y sociología de Menger (mejor traducidos como Investigaciones sobre el método) proporcionan claras evidencias. Por ejemplo, Menger dice que Aristóteles era superior a Platón porque Aristóteles “no solo era un espléndido pensador especulativo (…) sino también un observador infatigable”.[4]

Hayek es de la opinión, discutida por otros, de que Menger escribió Investigaciones sobre el método como respuesta al desentendimiento total de los economistas de sus Principios de economía política (1952b, pp. 538-539). Si, realmente, las doctrinas de las Investigaciones no son un retoño natural de los Principios, sino solo una apologética post hoc, podría argumentarse que en lo que realmente hizo en economía (frente a lo que dijo posteriormente acerca de lo que había hecho), Menger debía poco a Aristóteles. Pero Hutchison señala que, en las notas a pie de página de la Grundsatze, Aristóteles es una de las fuentes más frecuentemente citadas (1973, p.32). El contemporáneo de Menger, Oskar Kraus, afirmaba en particular que la obra de Menger tenía mucho que ver con los Tópicos de Aristóteles interpretados por Brentano.[5] Así que la influencia aristotélica parece estar presente a lo largo de toda la carrera de Menger y no solo en su posterior trabajo metodológico.

La deuda de Menger con Aristóteles proporciona evidencia indirecta de que Menger no era kantiano. Además de la evidencia indirecta, Kauder ha enocntrado evidencias directas en la biblioteca de Menger en la Universidad Hitotsubashi en Japón. La biblioteca es valiosa para resolver discusiones sobre influencia intelectual debido a la costumbre de Menger de subrayar y anotar profusamente los libros que leía. El valor de la colección de la biblioteca está, sin embargo, algo limitado, porque muchas de las pertenencias filosóficas de Menger serían retenidas por su hijo. A pesar de esto, Kauder encuentra evidencias, sobre todo en notas a un texto de historia de la filosofía de Uberwerg, de que Menger “se oponía a la idea principal de Kant de que los conceptos lógicos (categorías a priori) son formas necesarias de nuestra mente y no tienen ninguna relevancia sobre la existencia independiente de la realidad” (Kauder, 1959, p. 60).

De Wieser, el segundo economista austriaco que voy a considerar, Hayek ha dicho: “En él, la civilización de la vieja Austria ha encontrado su expresión más perfecta” (1952b, p. 567).[6] Ese trasfondo intelectual de Wieser era propicio para el aristotelismo, como indica Emil Kauder, cuando señala que “El Schottengymnasium de Viena, el semillero intelectual de muchos austriacos famosos, incluido Wieser, obligaba a los estudiantes a leer la metafísica de Aristóteles en griego original, incluso después de 1918.[7] Examinemos un párrafo de Wieser sobre metodología para ver si confirma o no nuestra expectativas de influencia aristotélica:

El método de la teoría económica es empírico. Está apoyado por la observación y solo tiene un objetivo, que es describir lo real en su totalidad, como se pretende que hagan las ciencias puramente empíricas. Pretenden seguir fieles a la naturaleza en cada mínimo detalle. Pero el economista es como un historiador desarrollando un curso de acontecimientos históricos individuales o un estadístico resumiendo una serie de casos. Tratar de poner delante de nuestros ojos el fenómeno típico, la evolución típica y eliminar lo que pueda ser subordinado, accidental o individual. (1929, p. 5)

Esto suena muy aristotélico en que la búsqueda del “fenómeno típico” parece idéntica a la búsqueda de la esencia de lo que se experimenta, es decir, Wieser parece tener una metodología esencialista que difiere poco de la de Menger.[8] La descripción de Wieser de su método como psicológico en las páginas anteriores a este pasaje podría llevar a sospechar una influencia kantiana.[9] Pero Wieser señala que la designación de su método como psicológico “puede llevar a confusión” (p. 3). Al final, no parece significar con ello que el hecho de que todos tenemos unas existencias comunes de experiencia económica sobre la que podemos crear desde el inicio nuestra teorización económica. Si se hacen comparaciones metodológicas sobre la base de este pasaje de Wieser, tal vez lo más fructífero sea la similitud de la metodología de Wieser en economía con la de Weber en sociología.[10]

Del triunvirato fundador de la economía austriaca, Böhm-Bawerk probablemente era el menos preocupado con los problemas del método.[11] A pesar de esto, Emil Kauder se cree justificado en declarar que Böhm-Bawerk y Menger “eran aristotélicos” (1958, p. 414). Aparentemente hace su juicio en buena parte sobre la base de un estudio de Oskar Kraus comparando textualmente la teoría de la imputación de Aristóteles con las de Menger y Böhm-Bawerk.[12]

Hayek nos dice que Böhm-Bawerk fue “el maestro en la universidad que tuvo mayor influencia sobre [Ludwig von Mises]” (1973, p. 1245). Ya que, como hemos dicho, Böhm-Bawerk fue el menos preocupado de los economistas austriacos por la metodología, esto puede ayudar a explicar por qué le habría sido más fácil a Mises seguir una dirección metodológica no aristotélica si hubiera estudiado principalmente con Wieser o Menger. Mises rechazaba la metodología aristotélica de los demás economistas austriacos para adoptar una postura kantiana, como dejan claro sus comentarios metodológicos en La acción humana, así como en Problemas epistemológicos de economía y La fundación última de la ciencia económica.[13]

El último economista austriaco a considerar es Friedrich von Hayek. Cuando tuve la oportunidad de preguntarle por sus comentarios sobre Wittgenstein’s Vienna, mencionó que no había prestado la suficiente atención a la importancia de Aristóteles en la escena intelectual. Por ejemplo, señalaba que la influencia de Aristóteles (frente a Kant) era mayor en las universidades austriacas que en las alemanas.[14] Sin embargo, no dijo que él mismo fuera un aristotélico. Aunque en sus primeras obras hay pocas referencias directas a la metodología,[15] sus obras metodológicas posteriores evidencian una tendencia creciente hacia la epistemología del positivismo popperiano.[16] Popper, que estudió con Mises en Viena, estuvo desde muy joven impresionado por Kant y afirma que “lo que todavía me distingue de la mayoría de los filósofos contemporáneos” es su esencialismo (una doctrina aristotélica).[17] Los propios estudios de Hayek con Mises y sus lazos intelectuales con Popper podrían ayudar a explicar su afirmación de que “Sobre el problema de la teoría del conocimiento, probablemente yo sea más kantiano que cualquier otra cosa” (1975b, p. 8).

De los cinco economistas austriacos cuyas bases epistemológicas hemos analizado, tres pueden clasificarse como no kantianos y dos como neokantianos.

Utilidad marginal

En esta sección, consideraré la doctrina que se ha considerado generalmente la que ha hecho famosa a la Escuela Austriaca: la teoría de la utilidad marginal (llamada alternativamente la teoría de la valoración subjetiva).[18] Pueden plantearse tres preguntas sobre esta teoría. (1) ¿En qué medida puede verse la influencia no kantiana o neokantiana? (2) ¿Tiene la doctrina del valor subjetivo en la economía alguna relación con la subjetividad en la ética? (3) ¿En qué medida la doctrina del valor subjetivo deriva del entorno de los últimos Habsburgo?

Empezaré la explicación de la doctrina de la utilidad marginal asumiendo la pregunta general considerada en la primera sección de este trabajo: ¿puede deberse la doctrina a influencias neokantianas o no kantianas? Como Carl Menger es el originador de la teoría de la utilidad marginal, sus influencias son las que más nos importan.[19] Aparte de evidencias circunstanciales, como la comparación de Böhm-Bawerk de la doctrina de la utilidad marginal con la revolución copernicana, parecería haber dos tipos distintos de argumentos que podrían aportarse para una influencia kantiana.[20] El primero argumentaría (1) que el entorno de Menger era kantiano y (2) que Menger estaba significativamente influido por su entorno. Hemos visto en la primera sección de este artículo que hay base para dudar de la primera afirmación. Pero, lo que es más importante, hemos visto que si se acepta la primera afirmación hay bases todavía más sólidas para negar la segunda (es decir, si el entorno de Menger era kantiano, entonces su explícito y declarado aristotelismo indicaría una independencia de su entorno).

El segundo tipo de argumento para una influencia kantiana sobre el desarrollo de la utilidad marginal de Menger es similar al primero, pero es más concreto en que tiene en cuenta el hecho de que Menger era, al menos superficialmente, un aristotélico explícito. Spiegel presenta el argumento en estos términos:

En los países germanoparlantes existía la fuerte tradición de la filosofía del idealismo de Kant en paralelo y rivalizando con la de Hegel, un idealismo que interpretaba los fenómenos del mundo externo como creaciones de la mente humana. La atmósfera intelectual generada por la filosofía de Kant estimularía el desarrollo de una teoría subjetiva del valor, independientemente de si el economista enunciaba o no esa teoría fuera un completo kantiano. El pensamiento económico del siglo XIX en Alemania contenía ciertas pistas que señalaban una teoría subjetiva del valor y Menger, ignorante como era del análisis completo de Gossen, que derivaba de Bentham, estuvo influido por estas. (1971, p. 531).

Para que funcione este argumento, tendrían que cumplirse dos afirmaciones; (1) que los primeros economistas alemanes puedan haber influido en Menger, sobre todo Eberhard Friedlander (1799-1869), estuvieran ellos mismos influidos por el idealismo kantiano y (2) que estos primeros economistas alemanes (u otros que estuvieran influidos por Kant fueran las únicas influencias, o al menos las predominantes, en el desarrollo de la teoría de la utilidad marginal de Menger.[21] No puedo comentar sbre la primera afirmación, pero puedo demostrar que la segunda es falsa.

En su apéndice “La medición del valor”, Menger empieza diciendo: “Ya en Aristóteles encontramos un intento de descubrir una medición del valor de uso de los bienes y de representar el valor de uso como fundamento del valor de intercambio” (1950, pp. 295-296). En ese mismo apéndice (p. 296) también reconoce la obra de Turgot y Condillac. R.S. Howey consideraba que: “Entre los autores que escribían sobre economía y a los que Menger recordaba haber leído al principio de su vida hay varios (como J.B. Say, Lauderdale y Condillac) a quienes otros escritores caracterizaron posteriormente como predecesores de la Escuela de la Utilidad Marginal” (1960, p. 26). También hay indicaciones de que Menger estuvo influido por Cournot, pero esto sigue abierto al debate.[22] Kauder indica otra influencia principal:

En la biblioteca de Menger encontré un autor al que Menger olvidó mencionar en sus notas a pie de página. Es Joseph Ritter von Kudler (1786-1853). No fue Menger, sino Kudler, el que empezó la discusión del valor en la Universidad de Viena y el libro de texto de Kudler fue la cartilla de economía de Menger. (1965, p. 84)

La influencia de economistas anteriores en el desarrollo de la teoría de la utilidad marginal puede indicar que la teoría fue desarrollada tanto en respuesta a problemas internos en el desarrollo de la teoría económica como en respuesta a problemas filosóficos (derivados de una perspectiva kantiana o no kantiana).[23]

El segundo problema que trataremos en eta sección del artículo es si la doctrina del valor subjetivo en economía tiene o no alguna relación con la subjetividad en la ética.[24] En Wittgenstein’s Vienna, Janik afirma que la “teoría de la utilidad marginal” es “característicamente vienesa en su énfasis sobre los factores psicológicos y subjetivos que subyacen al valor” (p. 53). La clara implicación es que la teoría de la utilidad marginal, al estar relacionada con el subjetivismo ético explicado en Wittgenstein’s Vienna como clave para entender el Tractatus, podría prestar más credibilidad a la imagen del entorno vienés retratado en Wittgenstein’s Vienna y al mismo tiempo ayudar a posicionar a los economistas austriacos como parte integral del entorno. Por desgracia, no hay una conexión muy clara entre la teoría subjetiva del valor en la economía y el subjetivismo en ética.

Kauder (1965, p. 82) confirma que Menger entendía esto, al informar que en sus notas manuscritas, Menger era todavía más empático que en sus obras publicadas a la hora de afirmar la separación entre economía y ética. Stigler argumenta que Menger deseaba separar la ética de las ciencias sociales cuando señala que: “La palabra [de Menger] para la utilidad (Bedeutung) era sin duda intencionadamente neutral, pero probablemente fue elegida por su tenor no ético” (1965a, p. 87). Recurriendo al propio Menger en busca de confirmación, le encontramos afirmando que “la teoría económica se preocupa, no por normas prácticas para la actividad económica, sino por las condiciones bajo las que los hombres se dedican a la actividad de proveer dirigida a la satisfacción de sus necesidades” (1950, p. 48). Esto parecería confirmar el aspecto de neutralidad en el valor de la teoría de Menger al expresar la afirmación de que la economía funciona bajo el condicional: “Si los hombres actúan como hombres económicos, de esto se siguen ciertas leyes económicas”.[25] Por tanto, no hay necesidad de que el economista afirme que los hombres actuarán siempre como hombres económicos o que deberían hacerlo siempre.

Es significativo que Menger no esté solo entre los austriacos a la hora de afirmar el carácter éticamente neutral de la teoría de la utilidad marginal. Por ejemplo, Böhm-Bawerk es sus comentarios de presentación en el capítulo titulado “Naturaleza y origen del valor subjetivo” hace uso de un ejemplo ilustrativo que no implica subjetivismo ético (1973, pp. 10-11). En el ejemplo, “Un hombre está sentado junto a un manantial del que fluye copiosamente una estupenda agua potable” y el otro esta “viajando a través del desierto” y “solo le queda una taza de agua” (p. 10). El hombre en el desierto y el hombre junto al manantial podrían afirmar posturas éticas objetivistas (naturalistas o deontológicas) idénticas sin que esto en modo alguno perjudique la efectividad del ejemplo a la hora de ilustrar por qué la valoración subjetiva de una taza de agua sería diferente de la otra.

Sin embargo, supongamos, para seguir con la explicación, que los economistas austriacos no hubieran sido capaces de construir una economía libre de valores. En la medida en que sea plausible esta afirmación, creo que tendría entonces que argumentarse que, si hay implicaciones éticas, son de tipo objetivista, no del tipo subjetivista que esperaríamos de la imagen del entorno austriaco de Wittgenstein’s Vienna. Por ejemplo, en la medida en que podamos encontrar opiniones éticas de Menger en los comentarios de su Principios, estos parecerían señalar una ética objetivista y naturalista.[26] En la medida en que lo “subjetivo” en la teoría subjetiva del valor trae a la mente una aproximación idiográfica hacia el hombre, es erróneo, ya que la aproximación austriaca consiste en establecer leyes universales para todos los hombres. Así que si hay que buscar una aproximación análoga en ética a la de la economía, habría que buscar en aquella ética que afirmara deducir normas éticas necesarias y universales, es decir, la ética naturalista o kantiana.

El tercer y último asunto que consideraré con respecto a la teoría de la utilidad marginal se refiere al grado, si es hay alguno, en el que tenga sentido o sea útil decir que la doctrina del valor subjetivo derivó del entorno vienés de los últimos Habsburgo. Aquí tiene que considerarse sobre todo un hecho, que es que “la teoría del valor subjetivo no es la característica distintiva de la escuela vienesa. No solo fue Menger, sino también Jevons y Walras, los que descubrieron la valoración subjetiva” (Kauder, 1958, p. 419). Así que la implicación de la frase de Janik es errónea cuando dice que la teoría de la utilidad marginal de Menger es “tan característicamente vienesa en su énfasis sobre los factores psicológicos y subjetivos que subyacen el valor” (p. 53). El descubrimiento independiente y simultáneo de la utilidad marginal por hombres de muy distintas culturas indica que el estado de la ciencia económica lo hacía el momento propicio, no que ningún entorno cultural lo hiciera más probable. Hayek apoya esta conclusión cuando dice que “El trabajo científico [de Jevons, Menger y Walras] me parece que derivó totalmente de su conciencia de la inadecuación del cuerpo teórico que prevalecía entonces a la hora de explicar cómo funcionaba en realidad el orden del mercado”.[27] Esto es aparentemente coherente con lo que Menger decía a Wieser acerca de desarrollo de la teoría de la utilidad marginal del primero:

Wieser dijo a Menger que había llegado al desarrollo de sus ideas al ser un periodista ocupándose de las condiciones del mercado para el Wiener Zeitung. Parece que en ese momento advirtió que los precios de los bienes no parecían estar determinados en la manera que sus estudios de economía le habrían llevado a creer. En consecuencia, empezó a creer que era la utilidad en lugar del coste lo que controlaba el precio de un bien. (Howey, pp. 24-25)

Esta explicación del desarrollo de la teoría de la utilidad marginal está por tanto de acuerdo con la observación de Toulmin de que “los problemas de la ciencia nunca han estado determinados solo por la naturaleza del mundo, sino que han derivado siempre del hecho de que, en el campo afectado, nuestras ideas sobre el mundo están en desacuerdo con la naturaleza o con otras” (1972, p. 150). La única dificultad real paa nuestra explicación se plantearía si aceptamos la afirmación de Schumpeter de que la economía después de Ricardo se convirtió en un campo estancado e infértil, permaneciendo así hasta la revolución marginalista (1952, pp. 570-571). Si esta afirmación es cierta, tendríamos que concluir que el momento estaba igualmente “maduro” para la teoría de la utilidad marginal durante un periodo de cincuenta años.[28] Pero en este caso, nuestra explicación no sería muy informativa, es decir, ¿qué nos queda del significado de madurez en este caso? Tal vez tendríamos que concluir o que la economía había dejado de ser una ciencia en este periodo de cincuenta años o, si no, que todavía no se había llegado a convertir en una. Sin embargo estas dificultades podrían no existir si Hayek tiene razón en oponerse a la afirmación de Schumpeter sobre la esterilidad de la economía postricardiana (1973, p. 1). Así que podemos concluir, al menos provisionalmente, que la invención de la utilidad marginal llegó más como un resultado de problemas internos, ideales explicativos y desarrollo de la economía como disciplina que como resultado de cualquier influencia del entorno vienés de los últimos Habsburgo.[29]

El entorno austriaco

Como dije al principio, en esta tercera y última sección trataré de indicar lo que podemos aprender de los economistas austriacos acerca del entorno vienés en general. En particular, me ocuparé de las cuestiones acerca de si la sociedad de los Habsburgo estaba realmente estancada y en decadencia y si no había en realidad ninguna oportunidad de participación en el mundo como alternativa al subjetivismo introvertido. Esta sección será más breve y más especulativa que las dos anteriores, en buena parte porque trata más lo que podría haber sido de lo que fue. En Wittgenstein’s Vienna se afirma que:

Aparte de la Guerra de 1914, no hay manera de lo fanáticamente decididos que habrían sido los sucesores de Francisco José a la hora de proteger su poder absoluto sobre la defensa y los asuntos exteriores, así que no podemos si, bajo otras circunstancias, Austria no podría haber evolucionado hacia una monarquía constitucional capaz de responder a las demandas políticas, económicas y sociales del siglo XX. (p. 274)

Aunque es verdad que no hay manera de saberlo son seguridad, creo sin embargo que hay indicadores claros de que Austria estaba evolucionando en una dirección positiva. Siete de estas indicaciones son las siguientes:

  1. El reconocimiento de Francisco José de que había durado demasiado (mayo de 1956, vol. 2, p. 815).
  2. Los nombramientos del gabinete y la comisión de Menger, Böhm-Bawerk y Wieser (mayo de 1951, p. 318).
  3. La mejora económica general del imperio (Murad, p. 197).
  4. La reforma monetaria con éxito (Murad, p. 197).
  5. Los esfuerzos de Böhm-Bawerk contra las subvenciones económicas públicas (Sennholz, 1973, p. xi).
  6. La existencia de una asamblea electa y el emperador hablando de un interés genuino en ella (Redlich, pp. 306-309).
  7. El poder y la influencia crecientes de la burguesía liberal (Murad, p. 189).

Es verdad que en la Austria de los últimos Habsburgo no había una monarquía constitucional completa. Pero esto no es incompatible con una evolución progresiva continua en una sociedad. Se ha dicho que la única fuerza que mantenía unido el imperio eran los Habsburgo.[30] Para ellos, perder el control habría significado discordia y disolución. Que significaba esto se expresaba vigorosamente en Churchill: “Ninguno de los pueblos o provincias que constituían el imperio de los Habsburgo al obtener su independencia ha dejado de sufrir la torturas que los antiguos poetas y teólogos reservaban a los condenados” (p. 18). Por otro lado, una combinación de control político relativamente autocrático con una creciente libertad económica y material habría dado a las fuerzas librecambistas una oportunidad de mejora material, que habría ocasionado sus naturales efectos gradualmente crecientes de pacificación y unificación.

Esos periodos son los más creativos en sus luchas de ideas y puntos de vista. Junto con un aumento en la creatividad, esas atmósferas también reducen la certidumbre y por tanto crean tensión psicológica. Por eso no es sorprendente que muchos dogmáticos tradicionales, así como intelectuales creativos (los que tienen más tensión) a menudo ven su cultura desde el interior como decadente. Con nuestro conocimiento de que una cultura se desplomó, es por tanto siempre posible encontrar voces antes del colapso que afirman nuestra visión previa de que la cultura era “decadente”. Pero las culturas no mueren solo por factores endógenos. También pueden matarlas factores exógenos, como invasiones y catástrofes naturales, por ejemplo, el breve renacimiento cultural justo antes y durante el gobierno de Dubcek no murió por debilidades internas: lo mató la invasión soviética. Igualmente, creo que podría argumentarse que la Atenas de Pericles y la Austria de los Habsburgo colapsaron debido a fuerzas externas. Esto nos permite afirmar que las culturas eran los suficientemente fuertes como para continuar indefinidamente un desarrollo evolutivo creador y progresivo.[31] Esto no quiere decir que a lo largo del tiempo no habría habido un cambio institucional gradual, pero fundamental.

El segundo asunto que debe tratarse en esta sección es si hubo oportunidad o no de implicación en el mundo como alternativa al subjetivismo introvertido. La indicación más clara de que existió esa oportunidad tal vez pueda provenir del ejemplo de la economía austriaca. A través de sus actividades teóricas y de servicio civil, tuvo un impacto importante tanto en Austria como en el mundo.

Si la generación de Wittgenstein buscaba una vía de escape de “el corsé de la sociedad burguesa” (Janik y Toulmin, p. 66) había otras maneras de hacerlo que no fueran la búsqueda de un lenguaje auténtico. Al menos para Wittgenstein, estaba el ejemplo concreto de su padre, que había “escapado” de su propio padre, viniendo a Estados Unidos, volviendo para crear una fortuna y luego gastándola con buen sentido. Con el contraejemplo de su padre constantemente ante él, es imposible que pudiera haber visto (salvo a través del autoengaño) una relación necesaria entre la actividad empresarial y la vulgaridad burguesa.

En conclusión, aunque las evidencias presentadas en este artículo acerca de la Escuela Austriaca de economía socavan en cierta medida la imagen de una atmósfera cultural monolítica y unificada, no disminuye la interpretación de Tractatus de Wittgenstein’s Vienna. Pues todavía puede ser que solo podamos entender la filosofía de Wittgenstein observando cuáles de las subculturas alternativas tomó en serio y decidió asociarse a ellas. Así que, en la medida en que la Escuela Austriaca de economía sea indicativa de la diversidad cultural vienesa, afecta a la tendencia a ver la postura ética y lingüística de Wittgenstein como determinad apor su entorno (una tendencia que puede estimularse implícitamente en Wittgenstein’s Vienna).[32] Si lo que se ha dicho en estas páginas tiene alguna validez, puedo concluir que había más diversidad en el entorno y más alternativas en la elección de problemas de las que se pueden encontrar en Wittgenstein’s Vienna.

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El artículo original se encuentra aquí.

 

[1] Los afirmativos incluyen Max Black, A Companion to Wittgenstein’s Tractatus, pp. 5, 50, 319, 363, 367, y Erik Stenius, Wittgenstein’s Tractatus, capítuloXI. Los ignoradores incluyen G.E.M. Anscombe, An Introduction to Wittgenstein’s Tractatus, y Anthony Kenny, Wittgenstein. Los discutidores incluyen a W.W. Bartley, Wittgenstein, p. 75.

[2] Emil Kauder, “Bohm-Bawerk, Eugen von”, en Sills, ed., International Encyclopedia of the Social Sciences, vol. 2, p. 120. Cf. also Emil Kauder, “The Retarded Acceptance of the Marginal Utility Theory”, Quarterly Journal of Economics (Nov. 1953): 572-573.

[3] F.A. Hayek, “The Place of Menger’s Grundsatze in the History of Economic Thought”, en Hicks y Weber, eds., Carl Menger and the Austrian School of Economics, pp. 4-5. Cf. también T.W. Hutchison, “Some Themes from Investigations into Method”, en Hicks y Weber, eds., p. 15.

[4] Carl Menger, Problems of Economics and Sociology, pp. 168-169. Cf. también pp. 87, 194, 220-222.

[5] William M. Johnston, The Austrian Mind, p. 80. La historia críticamente aclamada de Johnston contiene varias referencias a los economistas austriacos, pero debe leerse con cuidado. Por ejemplo, Johnston afirma que “salvo Schumpeter y Mises, estos teóricos despreciaban las matemáticas” (p, 85), dando a entender que Ludwig von Mises simpatizaba con el uso de las matemáticas en economía.

[6] Lo que quiere decir Hayek puede estar más claro si la cita se lee en contexto. En la frase antes de la citada en el texto, Hayek escribe que en el último libro de Wieser, “Donde Wieser se sacude las cadenas de la especialización y los métodos disciplinarios, su personalidad única aparece con toda su grandeza, combinando un interés universal por todos los campos de la cultura y el arte, su sabiduría y experiencia mundanas, su desapego por los asuntos cotidianos, simpatía por el conciudadano y su libertad frente al estrecho nacionalismo”.

[7] Emil Kauder, “Intellectual and Political Roots of the Older Austrian School”, p. 420.  Recordar que en Wittgenstein’s Vienna (p. 174) se señala que, debido a su tutoría privada, Wittgenstein no aprendió griego.

[8] Cf. Friedrich von Wieser, Social Economics, p. 5.

[9] Por otro lado, al propio Kant le costaba distinguir lo que estaba haciendo de la psicología. Cf. Immanuel Kant, p. 95 (A 54, B 78).

[10] El que Wieser y Weber debían estar familiarizados con el trabajo de cada uno se indica en el comentario de Wesley Claire Mitchell de que “Cuando se planificó el nuevo Grundriss der Sozialokonomie, Max Weber, que tenían un papel principal en la dirección, condicionó su participación a que von Wieser debería proporcionar la sección principal sobre teoría económica. Wieser aceptó a regañadientes” (del prólogo de Mitchell a la traducción inglesa de Economía Social de Wieser, p. ix). Rothbard nos informa de que entre los amigos de Weber estaba otro economista austriaco, Ludwig von Mises (1968, p. 381). En otro lugar, Rothbard señala de pasada la relación entre la metodología de los primeros austriacos y la de Weber (1973, p. 332). También es relevante la explicación de Lachmann de la relación entre la metodología de Menger y la de Weber (1970, pp. 23-26, 55-60). En un trabajo futuro, puede ser prometedor considerar la afirmación de Mitchell de que una influencia clave de la decisión temprana de Wieser de estudiar economía fue la primera obra de Herbert Spencer (p. ix).

[11] Cf. Joseph A. Schumpeter, en Spiegel, ed., The Development of Economic Thought, p. 578.

[12] Una explicación detallada de la teoría de Aristóteles puede encontrarse en Joseph J. Spengler, “Aristotle on Economic Imputation and Related Matters”, Southern Economic Journal 21 (Abril de 1955), p. 371-389.

[13] Ludwig von Mises, Human Action, pp. 35 y 40; Epistemological Problems of Economics y The Ultimate Foundation of Economic Science. Es possible que Ludwig pueda haber estado influido en su kantismo por su hermano Richard, del Círculo de Viena. El alumno de Mises, Murray Rothbard sugiere una relación entre las obras de los dos hermanos cuando afirma que Richard “realizó una importante contribución a la teoría de la probabilidad que tiene implicaciones importantes para una aproximación sólida a las ciencias sociales” (Rothbard, 1975, p. 9). Por otro lado, no hay referencias a Richard von Mises en la obra maestra de Ludwig, La acción humana, y la única referencia a Ludwig en Positivismo lógico, de Richard, a juzgar por su contexto, es fría, si no despectiva. (Cf. La cita de Richard: “No merece la pena examinar los argumento de aquellos que afirman que [una aplicación de métodos matemáticos a la economía] es contraria a la ‘esencia’ de la economía y la ‘no mensurabilidad’ de sus objetivos, etc.” En p. 251). Por supuesto, la persona más notable exponiendo esos argumentos era Ludwig von Mises. Según Rothbard:

Estaba bastante claro que los dos hermanos, a los que solo les separaban dos años de edad, se odiaban uno a otro, tanto personalmente como metodológica-ideológicamente. Cuando se publicó Positivismo, pregunté a Lu lo que pensaba del libro. Lu se irguió y dijo, con palabras indiscutibles: “Estoy en desacuerdo con ese libro desde la primera frase hasta la última”. Dada esta situación, es dudoso que Lu se hubiera referido nunca favorablemente a Richard. Sin embargo, sigo creyendo que la teoría de la probabilidad de Lu que aparecía particularmente en “Probabilidad de clase y de caso” en La acción humana es una aplicación brillante de la teoría frecuentista y objetiva de la probabilidad de Richard a las ciencias sociales. Se ajusta maravillosamente a la idea de Lu de que la teoría de la probabilidad solo puede aplicarse a acontecimientos que sean homogéneos, aleatorios y disponibles en un número de casos cercanos al infinito y que esas situaciones no aparecen en ninguna situación de la acción humana, salvo en aquellos mismos casos en que la teoría subjetivista de la probabilidad siempre ofrece: por ejemplo, loterías. (Murray Rothbard, correspondencia con el autor con fecha 14 de febrero de 1985).

[14] Expresado en conversación el 26 de abril de 1975 en un seminario en St. Louis.

[15] Para unos comentarios breves, ver The Pure Theory of Capital (1941), p. vii.

[16] La postura metodológica desarrollada por Hayek puede encontrarse en La contrarrevolución de las ciencias y en los tres primeros capítulos de Estudios de filosofía, política y economía. En “Grados de explicación” de este último libro es donde Hayek adopta más claramente una opinión popperiana. En el prólogo (que está dedicado a Popper), Hayek explica su deuda con su “viejo amigo”. Hutchison ofrece una explicación del desarrollo de las opiniones metodológicas de Hayek en “Austrians on Philosophy and Method (since Menger)”, pp. 214-219.

[17] Para Popper como alumno de Mises, ver William H. Peterson, “Ludwig von Mises”, The Intercollegiate Review (Invierno 1973-74): p. 37. Para la influencia de Kant sobre Popper, ver Popper, “The Autobiography of Karl Popper” en Schilpp, ed., The Philosophy of Karl Popper, p. 12. No me queda claro que con uso del esencialismo de Popper la metodología de Menger no tenga que calificarse necesariamente como esencialista. Después de todo, los economistas austriacos estaban preocupados por la esencia de los fenómenos, no de las palabras y a lo que objeta Popper es a la búsqueda de la esencia de las palabras. Así que no estoy seguro de que el antiesencialismo de Popper condene el esencialismo aristotélico. La relación entre el esencialismo metodológico de Menger y el antiesencialismo de Popper se ha discutido brevemente por Hutchison (T.W. Hutchison, “Some Themes from Investigations into Method”, en Hicks y Weber, eds., Carl Menger and the Austrian School of Economics, p. 18).

[18] Cf., Bohm-Bawerk, “The Austrian Economists”, en Gherity, ed., Economic Thought, p. 285 y Hayek en Spiegel, ed., The Development of Economic Thought, p. 532.

[19] Aunque fue Wieser el que propuso por primera vez la expresión utilidad marginal.

[20] Böhm-Bawerk hace la comparación copernicana en “The Austrian Economists”, reproducido en el libro de Gherity. Recordemos que Kant en la Crítica había afirmado que estaba ofreciendo un cambio de perspectiva similar al de Copérnico [p. 22 (Bxvii)].

[21] Cf. Emil Kauder, A History of Marginal Utility Theory, p. 83: “Menger estaba especialmente interesado en la interpretación del valor de Eberhard Friedlander”.

[22] Cf. Kauder, A History of Marginal Utility Theory, pp. 82-83, 90-91 y Howey, The Rise of the Marginal Utility School. 1870-1889, pp. 26-27.

[23] Cf. Stigler, “The Influence of Events and Policies on Economic Theory”, pp. 16-30: “La influencia dominante sobre el rango de trabajo de los teóricos económicos es la serie de valores internos y presiones de la disciplina. Los temas de estudio se plantean por el curso del desarrollo de la evolución científica”.

[24] “La doctrina del valor subjetivo” y “la teoría de la utilidad marginal” son dos nombres para la misma cosa.

[25] Cf. Richard M. Ebeling, “Austrian Economics on the Rise”, Libertarian Forum (Oct. 1974): p. 4.

[26] Ver, por ejemplo, Menger, Principles of Economics, p. 53 y Ludwig von Mises, Epistemological Problems of Economics, p. 152.

[27] Hayek, “The Place of Menger’s Grundsatze in the History of Economic Thought”, en Hicks y Weber, eds., Carl Menger and the Austrian School of Economics, p. 3. Hayek continúa diciendo (p. 4): “Viena no podía haber parecido en ese tiempo un lugar apropiado desde el que pudiera esperarse una contribución importante a la teoría económica”.

[28] Ricardo publicó Principles of Political Economy and Taxation in 1817. (Cf. Spiegel, The Development of Economic Thought, p. 158).

[29] Cf. Toulmin, Human Understanding, Vol. 1, p. 154.

[30] Por ejemplo, Wittgenstein’s Vienna, p. 38.

[31] Por otro lado, debemos considerar lo que dice Mises de que “Menger, Böhm-Bawerk y Wieser veían con completo pesimismo el futuro político del Imperio Austriaco” (The Historical Setting of the Austrian School of Economics, p. 37).

[32] Aunque por supuesto se desanima explícitamente ((Cf. Wittgenstein’s Vienna, p. 32.)

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