La escuela austriaca de economía. Una nota introductoria

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“El término escuela, cuando se utiliza a propósito de la economía austriaca, se refiere a una orientación frente a la doctrina; se trata, por tanto, de un término doctrinal”. (Mises, 1962)

Introducción

La Escuela Austriaca de Economía comienza con la publicación de los Principios de Economía Política, de Carl Menger, en 1871, según lo afirma, entre otros, uno de sus miembros protagónicos: “Lo que hoy conocemos como Escuela Austriaca de Economía nace en 1871 con la publicación del pequeño libro de Carl Menger titulado Grundsâtze der Volkswirtschaftslehre” (Mises, 2001, p. 173).

Sin embargo, la denominación “escuela austriaca”, o más exactamente “los austríacos” sólo comienza a difundirse a raíz de la controversia que -sobre el método apropiado para el estudio y construcción de las ciencias sociales, incluida la ciencia económica- sostuvo el propio Carl Menger con la Escuela Histórica Alemana, en la década de los 80 del siglo XIX. “En sus orígenes, la expresión “Escuela Austríaca” fue dado a un pequeño grupo de economistas de nacionalidad austriaca por sus adversarios alemanes; cuando fue utilizada por primera vez, en los años 1880, tenía un sentido peyorativo y generaba una cierta dosis de desconfianza” (Mises, 1962)1.

Dicha controversia giró alrededor del método de estudio de las ciencias sociales y, en particular, de la ciencia económica, pues los miembros de la Escuela Histórica postulaban que “la conducta económica y el pensamiento económicos son de carácter cultural y, por lo tanto, limitados en el tiempo y en el espacio, con el resultado de que los componentes  económicos de un sistema social no pueden ser considerados tan autónomos como los economistas clásicos y austriacos creían” (Spengler y Allen, 1971)2.

Por su parte, Menger defendía la posibilidad de construir teorías abstractas, de validez universal, capaces de facilitar el entendimiento de fenómenos particulares, y, al mismo tiempo, destacaba que no todas las instituciones sociales son el fruto del designio humano, de la política económica, sino que muchas, quizás las más importantes (lenguaje, religión, dinero, mercado, legislación, etc.), son el resultado no intencionado de la interacción humana.

El presente ensayo constituye sólo una nota introductoria, como lo dice el subtítulo, al conocimiento de la Escuela Austriaca de Economía, a partir de un somero análisis de las ideas fundadoras de Carl Menger. Para lograr su propósito, contiene, además de esta introducción, cuatro secciones. En la primera, denominada aspectos históricos, se identifican algunas fases o etapas en la historia de de esta corriente de pensamiento; en la segunda, dedicada a los fundamentos teóricos, se abordan algunos elementos conceptuales, que hacen parte del núcleo de la tradición austríaca a partir de los Principios de Economía Política de Menger; en la tercera se mencionan ciertos desarrollos o extensiones de la Escuela; finalmente, en la última se presentan algunas reflexiones de cierre.

  1. Aspectos Históricos

Siguiendo a Caldwell (1990, p. 3), la historia de la Escuela Austriaca puede dividirse en tres episodios: a) el período de 1871 a 1920, en el cual Menger hizo sus contribuciones; b) el período 1920-1950, en el que se extendieron las ideas austriacas al mundo de habla inglesa; c) el período de 1970 a la actualidad, cuando ha ocurrido un resurgimiento de la Escuela Austriaca.

1.1 El período de Menger (1871-1920)

El liderazgo de Carl Menger (1840-1921) en la fundación de la Escuela Austriaca comprende el período que transcurre entre 1871, cuando publica sus Principios de Economía Política (1871), y 1903, cuando se retira de la carrera docente. En este lapso también publicó El método de las Ciencias Sociales (1883), en donde desarrolla sus concepciones epistemológicas y controvierte las hipótesis de la Escuela Histórica Alemana sobre la imposibilidad de contar con teorías abstractas y universales, en lugar de interpretaciones de fenómenos específicos.

Si bien la Escuela Austriaca tiene sus raíces conceptuales y sus orígenes históricos en la publicación de los Principios de Economía Política de Menger, y en la controversia de éste con la Escuela Histórica Alemana, su despliegue inicial y su consolidación estuvieron favorecidos con la labor docente del propio Menger, quien, a partir de 1873, comenzó su vida como profesor de economía política, lo que le permitió encontrar y formar discípulos que difundieron su pensamiento en diversos textos y seminarios3. A los alumnos directos de Menger4, hay que agregar a sus contemporáneos Eugen Bomh-Bawerk y Friedrich von Wieser, quienes -cautivados por la lectura de los Principios de Economía Política– adhirieron a sus postulados conceptuales, pese a que no fueron estudiantes suyos.

En efecto, Menger, Bohm Bawerk y Mises llegaron a ofrecer seminarios académicos del máximo nivel, de carácter postdoctoral, denominados Privatseminar5, a los cuales asistieron estudiantes que posteriormente se convirtieron en figuras destacadas de la Escuela Austriaca.

El propio Mises fue alumno de Bohm Bawerk; mientras que Hayek, Machlup y Morgenstern estuvieron en el seminario ofrecido por Mises en Viena en los años 1920. Posteriormente, en los años 1950, cuando estaba radicado en Estados Unidos, Mises ofreció un seminario similar en Nueva York, al que asistieron, entre otros, Israel Kirzner y Murray N. Rothbard.

Sin embargo, según señalan diversos autores (Hayek, 1986, 1996; Streissler, 1990), la publicación de los Principios de Economía Política de Menger pasó prácticamente inadvertida entre la comunidad académica y científica germana y austriaca. Para Streissler, la razón estaría en que el libro de Menger constituía una exposición más de la teoría subjetiva del valor, ya bastante difundida en lengua alemana: “Nevertheless in the German-language area of his day it was quite difficult not to publish a book in the subjective-value vein. The real revolutionary was Schmoller, not Menger! In fact, after about forty years of subjective-value theory, Menger appeared even a little old-fashioned and outdated; young sparks tended to move on to a ‘fesher’ approach” (Streissler, 1990, p. 44)6.

Streissler respalda su tesis con una descripción -bastante profusa en referencias- sobre los libros de texto que se publicaron entre 1826 y 1870, e indica que en todos ellos se abordaron los mismos temas y en el mismo orden: primero los bienes, luego las necesidades y, por último, la economía. Complementa su argumentación con un recuento de las citaciones que hace Menger en sus Principios de Economía Política y concluye que predominan las citas de autores alemanes, de quienes habría 83 menciones (17 de ellas corresponden a Roscher, “el autor del principal texto alemán existente en la época de Menger”), mientras que habría sólo 47 referencias de autores no alemanes (Streissler, 1990, pp. 34-35).

Hayek, por su parte, considera que “el hecho de que el libro de Menger hubiera pasado prácticamente inadvertido en Alemania se debió principalmente a que el predominio de la Escuela Histórica había eliminado prácticamente la enseñanza de la teoría económica en las universidades alemanas” (Hayek, 1992, p. 55).

A partir de la aparición de El método de las Ciencias Sociales, “en el curso de seis años, entre 1884 y 1889, aparecieron en rápida sucesión los libros llamados a fundamentar la fama universal de la Escuela” (…) En 1884, dos discípulos directos de Menger, V. Mataja y G. Gross, publicaron sus libros sobre los beneficios empresariales. E. Sax contribuyó con un estudio sobre el problema del método, en el que sostenía la actitud básica de Menger, aunque criticándole en algunos puntos concretos. En 1887 apareció la obra de Sax que más ha contribuido al desarrollo de la Escuela austriaca (…), el primero y más completo intento de aplicación del principio de la utilidad límite a los problemas de la ciencia de la Administración (…) Probablemente la exposición más brillante de las teorías de la Escuela Austriaca en lengua no alemana fueron los Principii di economia pura, de Pantaleón, cuya primera edición es también del año 1889”. (Hayek, 1986, p. 30).

 La expansión al mundo de habla inglesa

La Escuela Austriaca se extiende al mundo de habla inglesa a partir del seminario privado (no incluido en un pensum académico) que ofreció Mises en Viena, entre 1920 y 1934. Entre los alumnos se encontraban Friedrich Hayek, Gottfried Haberler, Fritz Machlup, Oskcar Morgensten, e Ilse Mintz, quienes luego se convertieron en profesores en universidades de Estados Unidos, como Harvard (Haberler), Princeton (Machlup y Morgensten) y Columbia (Mintz).

Hayek, por su parte, estuvo primero en Nueva York, como asistente del profesor Jeremiah Jenks, de la Universidad de Nueva York, y luego, a partir de 1931, como profesor de la London School of Economics (Mises, 1962; Cachanosky, 2008). El propio Mises emigró en 1940 hacia Nueva York.

Entre 1930 y 1950, la economía austriaca se consolidó y difundió con las publicaciones y con la actividad académica desarrollada especialmente por Hayek en Londres y Mises en Suiza, primero, y luego en Nueva York. Este período fue el de mayor florecimiento del pensamiento austriaco gracias a la defensa del libre mercado, en contra de las ideas keynesianas y socialistas; florecimiento que se logró mediante el desarrollo de arduos debates -liderados por Mises y Hayek- acerca del cálculo económico en el socialismo, por una parte, y de la naturaleza y causas de los ciclos económicos, de la otra.

Hayek trabajó en la London School of Economics entre 1931 y 1949; en ese lapso mantuvo una abierta controversia con Keynes, de quien analizó y criticó varios trabajos, como el Tratado Sobre la Moneda. De este período datan algunas de sus obras más importantes en el análisis económico, como Precios y Producción (1931), en donde desarrolla la teoría austriaca sobre la estructura intertemporal de la producción y sobre el carácter monetario de los ciclos económicos; la Teoría Pura del Capital (1941); e Individualismo y Orden Económico (1948), en donde reunió diversos ensayos sobre la importancia del conocimiento en la sociedad.

También Mises escribió algunas de sus obras de Economía más importantes en este lapso, como Las Causas de las Crisis Económicas (1932), Problemas Epistemológicos de la Economía (1933), y en, especial, La Acción Humana (1949), en donde condensa la teoría económica austriaca.

Sin embargo, según coinciden diversos autores, la hegemonía teórica y política del pensamiento y de la macroeconomía keynesiana llevaron a que “Hayek y otros críticos de la economía keynesiana fueron dejados de lado ante la eufórica creencia de que el gobierno podría restablecer el pleno empleo” (Ebeling, 2001). En forma similar, escribió Vaughn: “… during the 1930s and early 1940s Hayek lost two important debates: first, he lost out to Keynes over the question of the trade cycle, and then, more important to our story, he lost out to Oscar Lange over the issue of the economics of socialism. That he lost out so completely was largely due to the fact that he had a fundamentally different understanding of market economies from his English colleagues” (Vaughn, 1990, p. 389)7.

La economía austriaca después de 1970

Diversos seguidores del pensamiento económico austriaco (Kizner, 2009; Wachnitz, s.f.; Klein, 2008) coinciden en afirmar que -en los últimos 25 años del siglo XX- ocurrió un resurgimiento de las ideas económicas austriacas, principalmente en los medios académicos de Estados Unidos, debido tanto al ocaso del keynesianismo, como al Premio Nobel otorgado a Hayek en 1974 -que algunos interpretan como un reconocimiento al pensamiento económico austriaco en su conjunto, a raíz de la muerte de Mises en 1973-; pero también, a la aparición de nuevas generaciones de “economistas austriacos”, contemporáneos, en universidades norteamericanas.

Una buena descripción de este nuevo florecimiento lo hace Verena Wachnitz, en su ensayo “El resurgimiento de la Escuela Austriaca de Economía” (s.f., disponible en internet):

…estamos presenciando un fuerte resurgimiento de la Economía Austriaca, no sólo en los Estados Unidos, sino también a nivel mundial, principalmente en América Latina y los países del ex bloque soviético. El auge del pensamiento austriaco se pone de manifiesto a distintos niveles: Las ideas austriacas han sido incorporadas a disciplinas tales como teoría monetaria, organización industrial, y economía política. A su vez, existe un creciente interés en la Escuela Austriaca por parte de los historiadores del pensamiento económico. Numerosos libros de economistas austriacos han sido publicados por editoriales tradicionalmente dedicadas a la Economía convencional.

Por otro lado, el renovado interés por la Economía Austriaca también se manifiesta en el crecimiento del número de profesionales identificados con la misma, y en la creciente difusión de las ideas austriacas. Dos publicaciones dedicadas al desarrollo, la difusión y el debate de las ideas y aportes de la Economía Austriaca merecen ser destacadas: Entre 1987 y 1997 se publicó “The Review of Austrian Economics”, fundada por Murray Rothbard. Como continuación directa de esta publicación surge, a partir de 1998, “The Quarterly Journal of Austrian Economics” (http://www.qjae.org). En 1996   se funda la Sociedad para el Desarrollo de la Economía Austriaca (Society for the Development of Austrian Economics), que lleva a cabo numerosos paneles y reuniones anuales, y cuenta en la actualidad con más de 100 miembros. Se ofrecen además un creciente número de cursos con contenido explícita e implícitamente austriaco en varias universidades tanto dentro como fuera de los Estados Unidos, así como una variedad de seminarios, tales como el Seminario de Economía Austriaca Avanzada coorganizado por The Foundation for Economic Education y la Universidad de Nueva York; y “Mises University”, organizado por el Instituto Ludwig von Mises (http://www. mises.org)8 .

El desarrollo conceptual de este período se ha caracterizado, en gran medida, por trabajos académicos de tipo hermenéutico, dedicados a interpretar y recrear el pensamiento de Menger, Mises y Hayek; o a saldar cuentas con las teorías recientes, como el institucionalismo, la organización industrial, y las expectativas racionales. En este último caso, se ha tratado de demostrar que, en la obra de los fundadores de la escuela austriaca se encuentran las bases de los temas abordados por dichas teorías. Como ejemplos puede mencionarse: Garrouste (2008), Hoyos (2006) y Lewin y Phelan (1999).

También han sido características de la evolución reciente de la escuela austriaca, por una parte, la consolidación de corrientes al interior de la propia escuela, y, por la otra, la búsqueda de un cuerpo teórico y de un programa de investigación propios, que, sin embargo, conserven la tradición austriaca.

En cuanto a la aparición de corrientes dentro de la propia Escuela Austriaca, no parece ser un fenómeno nuevo, de acuerdo con las apreciaciones de uno de los discípulos más destacados de Mises, Murray Rothbard (1926-1995), quien identificó tres grandes paradigmas originales, es decir, generados por quienes han liderado esta corriente de pensamiento: “my contentions are: that the correct Austrian paradigm is and can only be the Misesian, that is, the paradigm of Misesian praxeology; that the competing Austrian paradigms, in particular the fundamentally irracional ‘evolved rules’, ‘knowledge’, ‘plans’, and ‘spontaneous order’ paradigm of Hayek and the more extreme ‘ultra-subjectivist’ or nihilist paradigm of Lachmann, have both been fallacious and pernicious” (Rothbard, 1992, disponible en www.mises.org)9.

Posteriomente, en 1993, en el prefacio para la reedición de su obra El Hombre, La Economía y el Estado (versión en español de 2004), Rothbard persiste en identificar la existencia de tres corrientes dentro de la Escuela Austriaca:

El número de austriacos ha crecido tanto, y la discusión ha adquirido tales proporciones, que se han originado diferencias de opinión y ramas de pensamiento que, en algunos casos, han evolucionado hasta transformarse en auténticos conflictos de opiniones…. Por cierto, en los últimos años se ha puesto de manifiesto que dentro de la economía austriaca hay tres paradigmas muy diferentes y encontrados: el modelo original de Mises o paradigma praxeológico, al cual adhiero; el modelo propugnado por Hayek, que pone el énfasis en el ‘conocimiento’ y el ‘descubrimiento’, más que sobre la ‘acción’ y la ‘elección’ praxeológicas y cuyo principal exponente en la actualidad    es el profesor Israel Kirzner; y el punto de vista nihilista del extinto Ludwig Lachmann, un enfoque institucionalista anti-teórico tomado del ‘subjetivista’ keynesiano inglés G.L.S. Shackle” (Rothbard, 2004, p. 26).

En lo concerniente a la búsqueda de un cuerpo teórico y de un programa de investigación propios, que, sin embargo, conserven la tradición austriaca, debe recordarse que, en 1962 con la publicación “The historical setting of the austrian school of economics”, Mises descartó la continuidad de una especificidad propia de las teorías austriacas: “el apelativo de ‘Escuela Austriaca’ se convirtió en el nombre que se dio a un importante capítulo de la historia del pensamiento económico; dejó de ser el nombre de un sector específico, con doctrinas distintas de las defendidas por otros economistas” (Mises, 2001, p. 206).

De igual forma, se habría pronunciado Hayek en su artículo de 1968 para la Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales (Klein, 2008), al indicar que su generación de la Escuela Austriaca (la cuarta) ‘ya no puede ser vista, como antes, como una escuela separada en el sentido de representar doctrinas particulares. Una escuela tiene su mayor éxito cuando deja de existir como tal, debido a que sus ideales principales se han convertido en parte de la enseñanza general dominante. La escuela de Viena ha logrado en gran medida disfrutar de tal éxito10.

Pese a estas consideraciones, los sucesores del pensamiento austriaco debaten asuntos como la posible inserción en la corriente ortodoxa de la economía, el desarrollo de una economía austriaca aplicada, y la consolidación de un núcleo teórico propio, entre otros temas (Boettke y Lesson, 2002; Wachnitz, s.f; Kirzner, 2009; Klein, 2008).

Respecto a la consolidación de un cuerpo teórico propio, que permita germinar un programa de investigación, cabe resaltar dos propuestas. En primer lugar, Boettke y Leeson (2002) identifican 8 principios distintivos de la Escuela Austriaca: individualismo metodológico (la actividad económica es el resultado de acciones individuales); subjetivismo metodológico (la ciencia económica se construye a partir de los juicios y valoraciones de los individuos); marginalismo (todas las decisiones económicas se fundamentan en la valoración marginal); gustos y preferencias (la demanda de bienes y servicios depende de las valoraciones subjetivas de cada persona); costo de oportunidad; y estructura temporal de la producción y el consumo (las decisiones de producción y consumo dependen de las preferencias temporales de los individuos); soberanía del consumidor (las demandas de los consumidores determinan el mercado y la asignación de recursos), y, finalmente, individualismo político (la libertad política es imposible sin libertad económica).

En segundo lugar, conviene mencionar una propuesta más reciente, formulada por Peter Klein: “I call mundane economics—price theory, capital theory, monetary theory, business-cycle theory, and the theory of interventionism. Call this the “hard core” of Austrian economics. I argue that this hard core is (1) distinct, and not merely a verbal rendition of mid-twentieth-century neoclassical economics; (2) the unique foundation for applied Austrian analysis (political economy, social theory, business administration, and the like); and (3) a living, evolving body of knowledge, rooted in classic contributions of the past but not bound by them” (Klein, 2008, p. 4)11.

Sin embargo, algunos miembros de la Escuela, como Kirzner (2009), advierten contra el riesgo de perder la identidad:

La Tradición Austriaca.- Algo parecido hay entre algunos economistas austriacos contemporáneos, quienes les gustarían moldear el futuro de la economía austriaca por medio de la interacción generadora, no con otras escuelas de economía, pero sí con otras disciplinas intelectuales relativas o vecinas, particularmente filosofía, filosofía política y sociología. De nuevo, este autor, mientras tanto, no desea ciertamente desmotivar la posibilidad de un fructífero cruce interdisciplinario; confío fervientemente que al menos algunos seguidores eruditos de la tradición austriaca en economía continuarán para conseguir que esa tradición sea dentro de (claramente definido) reconocidos límites de esta disciplina. A no ser que esto continúe, por ser el caso, hay un claro y presente peligro que lo fundamental del discernimiento austriaco, que ricamente comprobado su importancia para el entendimiento económico, tal vez llegaría a ser confundido o perdido.

Bajo esta perspectiva, en donde sobresalen la disparidad de objetivos y de visiones, cobra vigencia la reflexión de Karen Vaughn, en el sentido de que: “las escuelas son arreglos temporarios que permiten que puntos de vista heterodoxos se desarrollen dentro de ella y sean puestos a prueba. La Escuela Austriaca ha cumplido este propósito…Ahora, más que una escuela, existe una amplia comunidad de intelectuales interesados en explorar e incorporar ideas austriacas a un todo más amplio” (citada por Wachnitz, s.f.).

  1. Aspectos teóricos

Streissler atribuye a Menger la utilización, en forma extensa, de las notas de clase que habría tomado cuando fue alumno de Peter Mischler (1821-1864), pero sin mencionar a su autor. “Menger does not quote Mischler’s textbook, but he was in fact considerably influenced by him, to the exten of taking over from him otherwise unexplainable passages nearly verbatim. There may be several reasons for Menger’s not citing Mischler. One could be that he quoted from lecture notes without having the actual book at hand (professors then basically read their textbooks during lectures); another that Mischler, a strict Catholic, a conservative, and a protectionist, was politically obnoxious to him” (Streissler, 1990, p. 37)12.

En una nota a pie de página Streissler precisa cuáles serían los textos de Mischler utilizados por Menger, sin citación alguna, y que le permiten afirmar “for Menger did borrow extensively from Mischler without ever quoting him, especially repeatedly on ten pages within the first thirty-five pages of Principles, i.e., the first chapter and the beginning of the second. If we call the first forty pages (approximately) in Menger’s Principles the Mischler layers, we can note first that we find embedded in them all off Menger’s deviations from methodological individualism in the evaluation of wants.” (Streissler, 1990, p. 60)13.

Sin embargo, el propio Streissler reconoce profundas diferencias entre Menger y su maestro; y, además, indica que estas diferencias, sumadas a las que tenía Menger frente a la Escuela Histórica Alemana, lo convierten en un innovador en el pensamiento económico.

Against the background of the German ‘protonecolassical’ tradition Menger’s achievement  can be seen not  so much  as the ‘invention’ of marginal utility or marginal productivity but much rather as the formulation of marginal productivity in marginal utility terms and its application to all factor remunerations in exactly the same manner. (Streissler, 1990, p. 59)14

What is important and what is new in Menger is what comes first in chapter 1, §2 and chapter 1, §4. It is, on the one hand, the vertical order of goods, which is the key to Menger’s general interactive price system. It is the explanation of the interaction of prices over the whole array of intertemporal production structure. This is Austrian ‘capital theory’, which so puzzled and fascinated English economists around 1930. This capital theory has no precursors whatsoever in German economics. And it is, on the other hand, the “time-error” paradigm, the paucity of economic information due to the time-consuming nature of the satisfaction of wants, which is the key to the peculiar variant of Austrian subjective value theory. This idea too had briefly and occasionally been touched upon by German authors (Rau, or Roscher, or Mangoldt, for instance) but had never been systematically pursued” (Streissler, 1990, p. 60)15.

Bajo la perspectiva de Streissler, según la cual Menger es un continuador y, al mismo tiempo, un renovador del pensamiento económico alemán, cabe pensar que sus Principios de Economía Política inician  el desarrollo de una situación clásica en la historia del pensamiento económico, en los términos en que es definido este fenómeno por Heilbroner: “…nos referimos a la situación clásica como de ‘equilibrio puntuado’ en el desarrollo de dicho pensamiento; o sea, periodos en que el impulso de su desarrollo, evolutivo o no, alcanza un punto de estancamiento y consolidación marcado por un amplio acuerdo con el tipo de preguntas a las que se dirige la doctrina en sí misma y el tipo de respuestas que considera más aceptables” (Heilbroner y otro, 1998, p. 30).

En otras palabras, Menger marca un hito en el desarrollo de la teoría económica, el cual, si bien comparte con Jevons y Walras en la denominada revolución marginalista16, tiene sus propios matices, los cuales fundamentan y originan la denominada Escuela Austriaca de Economía. Sobre algunos de éstos temas tratarán las secciones siguientes.

 Una economía individualista y naturalista

El punto de partida de la economía mengeriana no es una perspectiva racionalista, o hedonista como en Jevons, sino el carácter natural de las necesidades. Se puede, pues, hablar de leyes exactas de la naturaleza porque los resultados de las opciones subjetivas, con las que los individuos tratan de satisfacer sus necesidades (naturales), encontrándose con los resultados de otras infinitas opciones individuales, no degeneran en el caos, sino que se componen según un orden que es natural al hombre (Cubeddu, 1997, p. 43).

En efecto, la reflexión mengeriana sobre la economía toma como unidad de análisis al individuo que requiere satisfacer sus necesidades y, por tanto, alcanzar un cierto nivel de bienestar. Para hacerlo, el individuo debe tener consciencia de su estado de malestar, es decir, de sus propias necesidades, y, al mismo tiempo, identificar los medios para alcanzar el bienestar deseado. Esto implica que la economía austriaca tiene como puntos de partida el conocimiento, la deliberación (planeación) y la acción. “La acción humana es una conducta consciente, movilizada voluntad transformada en actuación, que pretende alcanzar precisos fines y objetivos; es una reacción consciente del ego ante los estímulos y las circunstancias del ambiente; es una reflexiva acomodación a aquella disposición del universo que está influyendo en la vida del sujeto”. (Mises, 2004, p. 15).

Sin acción no hay solución de las necesidades ni economía propiamente dicha; por ello, frente al homo economicus de la economía clásica inglesa, racionalista, hedonista y maximizador; los austriacos interponen el homo agens, el individuo que actúa racionalmente en la medida en que relaciona fines y medios, toma decisiones y actúa para lograr los primeros.

Las necesidades surgen de nuestros instintos y éstos se enraízan en nuestra naturaleza. (…) Preocuparse por la satisfacción de nuestras necesidades equivale, por consiguiente, a preocuparse por nuestra vida y nuestro bienestar” (…) “A la cantidad de bienes que un hombre necesita para la satisfacción de sus necesidades lo llamamos su necesidad. Así, pues, la preocupación de los hombres por la conservación de su vida y de su bienestar se convierte en la preocupación por cubrir su necesidad (Menger, 1986, p. 69).

En otras palabras, la teoría mengeriana toma al ser humano con sus necesidades, conocimientos y juicios (valoraciones), para resolverlas; como el centro de la actividad económica. “Tal vez la expresión más significativa de la importancia de la escuela austriaca en la historia de las ideas sea el enunciado según el cual el hombre se encuentra en el centro de los sucesos económicos como actor” (Lachman, 2006). Bajo esta perspectiva brotan los denominados individualismo y subjetivismo metodológicos, característicos de la Escuela Austriaca.

El individualismo metodológico no implica, de manera alguna, homogenizar a todos los hombres bajo la figura de un agente representativo, como lo hace la economía política inglesa; sino, por el contrario, reconocer que cada ser humano es único y como tal tiene necesidades específicamente diferentes a las de sus semejantes y, por tanto, construye sus propios juicios de valor sobre los bienes que requiere para satisfacerlas.

El subjetivismo metodológico implica que la percepción y el conocimiento, y los juicios de valor sobre los objetos del mundo exterior, se encuentran limitados y relativizados por el ser humano mismo. Es decir, se identifica un dualismo en la existencia misma de los objetos reales: por una parte, existen como objetos independientes con dimensiones cualitativas y cuantitativas específicas; por la otra, su existencia y valor dependen del sentido que tienen para el ser humano que los percibe como medios para satisfacer una necesidad. “Los bienes tienen siempre ‘valor’ para unos determinados sujetos económicos, y, además, para estos sujetos sólo tienen un determinado valor”, precisa Menger (1986, p. 31).

De acuerdo con el subjetivismo metodológico, los seres humanos son individuos particulares dotados de una constitución mental y cognitiva, que permite caracterizarlos como homo sapiens; es decir, como seres de capaces de reconocer      -en el mundo exterior- aquellos objetos que para él tienen el carácter de bienes o cosas útiles para satisfacer sus necesidades específicas.

Pero el ser humano también tiene una habilidad adicional, propia del interés de los economistas, cual es la capacidad de actuar sobre el entorno -en busca de sus propios intereses y objetivos (la satisfacción de sus necesidades)- a la luz de su conocimiento específico, lo que lo identifica como homo agens.

El carácter de homo agens de los seres humanos es importante al utilizar el subjetivismo en el análisis económico, porque permite dirigir la atención hacia aquellas acciones que buscan propósitos deliberados y que se originan en decisiones razonadas y en elecciones (preferencias).

No todas las acciones humanas reúnen estas calidades, pero sólo las acciones de esta naturaleza constituyen el origen de los fenómenos propios de la Economía. En este sentido, el subjetivismo metodológico concibe a los hombres (no al ser humano en abstracto, no al individuo en abstracto), como agentes económicos que buscan, mediante la interacción con el entorno, la satisfacción de sus necesidades de acuerdo con escala propia (individual y subjetiva) de preferencias; es decir, cada persona clasificará las necesidades en orden a la importancia (jerarquía) que ella misma le otorga a cada una de sus necesidades.

En síntesis, “es el hombre, con sus necesidades y su poder sobre los medios para la satisfacción de las mismas, el punto de partida y el objetivo de toda humana economía. El hombre experimenta en primer lugar la necesidad de bienes del primer orden y convierte en objeto de su actividad económica aquellos bienes cuya masa disponible es inferior a la necesidad, es decir, los convierte en bienes económicos, mientras que no encuentra ningún motivo práctico para introducir a los restantes en el círculo de dicha actividad” (Menger,1986, p. 96).

La teoría del valor

Cuando Menger (1986, p.69) define que “la cantidad de bienes que un hombre necesita para la satisfacción de sus necesidades lo llamamos su necesidad” sienta las bases de su teoría sobre la naturaleza de los bienes. El punto de partida es el principio aristotélico de causa y efecto, al cual no escaparía ningún fenómeno ni cosa, y que, llevado a la teoría económica, le permite afirmar que “a aquellas cosas que tienen la virtud de poder entrar en relación causal con la satisfacción de necesidades humanas, las llamamos utilidades17, cosas útiles. En la medida en que reconocemos esta conexión causal y al mismo tiempo tenemos el poder de emplear las cosas de que estamos hablando en la satisfacción de nuestras necesidades, las llamamos bienes” (Menger, 1986, p. 47).

Con el subrayado, Menger desea resaltar una condición esencial para que una cosa útil adquiera el carácter de bien: el poder de disposición sobre ella por parte del sujeto necesitado; condición esencial que se encuentra acompañada de otras: la existencia de la necesidad misma, la capacidad de la cosa para satisfacer esa necesidad, y el conocimiento del sujeto sobre esa capacidad (relación causal).

De esta manera, puede decirse que el carácter de bien no es una cualidad intrínseca a los objetos mismos, sino que es una relación entre el objeto y el sujeto, el ser humano; relación establecida por este último en la medida en que siente una necesidad, conoce un elemento adecuado para satisfacerla y puede utilizarlo en la solución de su necesidad: “la presencia de necesidades humanas es un presupuesto o condición esencial de la cualidad de bien y que en el caso de que desaparezcan totalmente aquellas necesidades a cuya satisfacción está causalmente ordenado un bien, sin que surjan en su lugar nueva necesidades de dicho bien, éste pierde inmediatamente su cualidad de tal” (Menger, 1986, p. 58).

Esta definición de bien conlleva la correspondiente de valor; en efecto, a partir de los supuestos que determinan la existencia de un bien, puede colegirse que “si los sujetos económicos adquieren conciencia de que la posibilidad de satisfacer una necesidad depende con mayor o menor plenitud de la disposición sobre una cantidad parcial de bienes (…) entonces tales bienes adquieren para estos hombres aquella significación que llamamos valor. Por consiguiente, valor es la significación que unos concretos bienes o cantidades parciales de bienes adquieren para nosotros, cuando somos conscientes de que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras necesidades” (Menger, 1986, pp. 102-103).

Así como las cosas no son bienes por sí mismas; tampoco tienen un valor inherente a su naturaleza, algo así como una cualidad intrínseca propia; por el contrario, su valor depende del conocimiento que el hombre adquiere sobre la capacidad de la cosa para satisfacer sus necesidades. En este sentido, el valor de un bien “es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia” (Menger, 1986, p. 108).

El desarrollo de actividades previsoras

En su análisis de la actividad económica, Menger (1986, p.70) delimita temporalmente el concepto de necesidad: “llamamos necesidad de un hombre a la cantidad de bienes que le son necesarios para satisfacer sus necesidades dentro del período de tiempo a que se extiende su previsión”.

Pero la previsión humana también implica reconocer que las necesidades son temporales, variables, que no son eternas ni estáticas, y que el carácter económico de los bienes puede desaparecer si la cantidad disponible de ellos supera la de las necesidades a satisfacer, debido a reducciones en la demanda, o a cambios culturales (gustos y preferencias) de los agentes económicos.

Esta delimitación temporal de las necesidades, y de sus posibilidades de satisfacción, introduce otro de los principios característicos de la Escuela Austriaca, como es la temporalidad también de las acciones humanas. Todas las decisiones tienen lugar en el tiempo; esto significa que los seres humanos deben planear las actividades requeridas para lograr la satisfacción de sus necesidades, dentro de un lapso preciso; de esta manera, y como contrapartida, la distribución social de recursos entre consumo e inversión sería un reflejo de los planes y las preferencias temporales de los individuos.

En efecto, para la economía austriaca el ser humano es, primordialmente, un consumidor de bienes, con capacidad de decisión sobre la forma y el momento de satisfacer sus necesidades. Esta capacidad de elegir el momento de la satisfacción se manifiesta en las elecciones intertemporales que realiza, cuando decide posponer el consumo actual, al menos en su magnitud, con miras a disfrutar de un consumo superior en el futuro. De esta decisión nace el ahorro y la disponibilidad del mismo para la inversión empresarial que generará nuevos bienes y, por ende, facilitará el mayor consumo futuro.

También la producción de bienes se realiza a lo largo del tiempo. Es decir, los bienes necesarios para satisfacer necesidades humanas, denominados bienes de primer orden, son el resultado de procesos de producción, o de transformación de bienes de orden superior: “los bienes de un orden superior se transforman, siguiendo las leyes de la causalidad, en bienes del orden inmediatamente inferior y éstos en el siguiente hasta llegar a convertirse en bienes del primer orden y, finalmente, alcanzar aquel estado que llamamos satisfacción de las necesidades humanas” (Menger, 1986, p. 63).

La consecuencia económica de esta clasificación de los bienes, y del proceso productivo que permite transformar unos en otros, es que el valor y la necesidad (demanda) de los bienes de orden superior (actividad empresarial, materias primas y bienes de capital) estará determinado por el valor de los bienes finales que permiten obtener18; y, a su vez, el valor de éstos dependerá de su capacidad para satisfacer necesidades; es decir, de la utilización (demanda) de los mismos, por parte de los seres humanos. “Debemos comenzar, pues, por el estudio de la necesidad de bienes del primer orden de los hombres y, a partir de aquí, desarrollar los principios que regulan la necesidad humana de bienes de órdenes superiores” (Menger, 1986, p. 72).

Sin embargo, las cantidades específicas de todos los bienes de primer orden, necesarias para satisfacer las necesidades humanas dentro de un período de tiempo, no se conocen con antelación y precisión, sino que existe incertidumbre frente a ellas. Cuando las cantidades disponibles de ciertos bienes son inferiores a las necesidades de ellos, estos bienes adquieren el carácter de bienes económicos, “en contraposición a aquellos otros de los que los hombres no tienen ninguna necesidad para su actividad económica” (Menger, 1986, p. 84).

El uso racional de los bienes económicos constituye el objeto propio de la Economía. Este uso racional se sintetiza en cuatro fines: conservar la cantidad relativa (a las necesidades existentes) de dichos bienes; conservar sus propiedades útiles; asignarlos a las necesidades más importante, dejando insatisfechas las demás; y, por último, lograr eficiencia en la utilización de dichos bienes; es decir, satisfacer la mayor cantidad posible de necesidades con la menor cantidad posible de dichos bienes. “A la actividad humana encaminada a la consecución de los mencionados fines la denominamos, considerada en su conjunto, economía” (Menger, 1986, p. 84).

El desarrollo de actividades previsoras incluye, entonces, la estimación de los bienes necesarios para satisfacer las necesidades de un período determinado; la planeación y producción de los bienes de primer orden que satisfarán las necesidades calculadas; y, por último, el uso eficiente de los bienes económicos dentro del lapso previsto para satisfacer las necesidades proyectadas.

Es decir, la actividad empresarial también hace parte de la previsión humana, pues es la responsable de planear y dirigir la producción de los bienes de primer orden (aquellos cuyo uso satisface directamente las necesidades): “el proceso de transformación de unos bienes del orden superior en otros de órdenes inferiores o del primer orden está condicionado además, y bajo cualquier circunstancia -para ser un proceso económico-, por el hecho de que lo prepara y dirige en sentido económico un sujeto asimismo económico (…) Por consiguiente, esta actividad (empresarial) adquiere el carácter de un bien de orden superior, de tal modo que es también un valor, ya que de ordinario tanto la producción como los bienes de orden superior son un bien económico” (1986, pp. 144-145).

  1. Extensiones

El desarrollo del pensamiento austriaco ha sido amplio, profuso y diverso. En este ensayo, a partir de los tres elementos identificados en la sección anterior, se esbozarán algunas extensiones.

 3.1 Una epistemología austriaca

En primer lugar, la visión individualista de la sociedad y de la actividad económica ha permitido la aparición de una epistemología austriaca de las ciencias sociales, basada en dos elementos: primero, que cada individuo posee un conocimiento específico, pero incompleto de la realidad19; o, lo que es lo mismo, que ninguna persona, ni ningún grupo de personas, posee el conocimiento completo de todos los fenómenos sociales; segundo, que si bien los individuos actúan buscando determinados fines, de manera deliberada, la interacción entre ellos produce efectos sociales no previstos, los cuales se convierten en objeto de estudio de las ciencias sociales: “los problemas a los que las ciencias sociales tratan de dar respuesta se presentan sólo cuando la acción consciente de muchos hombres produce resultados no buscados, en la medida en que las regularidades observadas no son producto de ningún plan previo (…) Sólo se presenta un problema que requiere explicación teórica cuando surge una especie de orden no planeado como resultado de acciones individuales” (Hayek, 2003, p. 71).

En cuanto al método apropiado para abordar las ciencias sociales, Hayek rechaza, abiertamente, el uso de lo que denomina la ingeniería social y que define como la extensión al análisis de los fenómenos sociales, incluidos los económicos, de las técnicas cuantitativas propias de las ciencias naturales, pues éstas exploran las propiedades de materiales.

Contribuciones al marginalismo

La definición subjetiva del valor, como la importancia que le da un individuo a un bien para la satisfacción de sus necesidades, conduce, obligadamente, al concepto de utilidad marginal, si bien este término no se encuentra en los Principios de Economía Política: “El valor de un bien concreto o de una determinada cantidad parcial de la masa total de bienes de que dispone un sujeto económico es igual a la significación que para el mencionado sujeto tiene la satisfacción de las necesidades menos importantes que puede alcanzarse con aquella cantidad parcial y todavía no está asegurada por la cantidad total. La satisfacción de estas necesidades depende, efectivamente, por lo que hace al sujeto económico en cuestión de la disposición sobre el bien concreto correspondiente o sobre la correspondiente cantidad de bienes” (Menger, 1986, p. 123).

En el desarrollo de su análisis, Menger incluye, a título de ejemplo, varias tablas en su obra (Menger, 1986, p. 113 y ss.), que constituyen una exposición inductiva del concepto de utilidad marginal, en sus versiones seminales, es decir, en términos de preferencias ordinales y de cantidades cardinales.

Sin embargo, los sucesores de la Escuela Austriaca consideran que existen notorias diferencias entre el pensamiento de Menger, Mises y Hayek, respecto a la corriente neoclásica (ver, por ejemplo, Huerta de Soto, 2006).

Una macroeconomía centrada en el capital

A partir del concepto de economía previsora, delimitado con mayor claridad por el propio Menger en su texto sobre el método de las ciencias sociales20, comienza a elaborarse una macroeconomía centrada en el capital como alternativa a la macroeconomía tradicional, centrada en el trabajo21.

En efecto, la actitud previsora del individuo exige considerar no sólo la disponibilidad y posesión de bienes de consumo para el momento presente y para el futuro inmediato, sino, además, prever la producción de éstos; es decir, calcular las necesidades de bienes de producción y materias primas requeridas; y, por ende, también estimar las necesidades futuras de esta segunda clase de bienes (llamados medios de producción), a fin de garantizar la continuidad de su abastecimiento y, por ende, la satisfacción de las necesidades más remotas.

Se establece así una estructura de producción que puede extenderse y volverse más compleja cuanto más diversa sea la oferta de bienes y cuanto mayor sea la cantidad de bienes de órdenes superiores comprometidos en la generación de la oferta total. Como contrapartida, también aparece una estructura temporal del consumo, la cual determina las posibilidades de satisfacer las necesidades presentes y futuras.

Los elementos determinantes de la actividad económica -requerida para satisfacer las necesidades de todos los individuos de una comunidad- pasan a ser, entonces, la estructura misma del capital, el tiempo invertido para desarrollar todos los procesos involucrados en el logro de todas las producciones exigidas para la satisfacción de tales necesidades, y las preferencias intertemporales de los individuos, las cuales definen la distribución de sus ingresos entre consumo y ahorro y, por ende, las posibilidades de crecimiento sano de la frontera de posibilidades de producción (Hayek, 1996, p. 58).

  1. Comentarios Finales

En lo relativo a la teoría del valor, se atribuye a Menger y sus discípulos el mérito de haber sustituido con éxito la teoría objetiva de la escuela clásica inglesa, centrada en el valor-trabajo, y, por tanto en la producción y sus costes, por la teoría subjetiva, centrada en la valoración personal de los bienes en concordancia con las propias necesidades, y, por tanto, determinante de la demanda, en primera instancia, y de la producción, de manera subsiguiente.

De esta manera, la Escuela Austriaca se constituyó en uno de los pilares de la teoría neoclásica, pese a las reservas conceptuales y metodológicas que guardan los herederos del pensamiento austriaco frente a la corriente ortodoxa, como son, por una parte, los cuestionamientos hechos, entre otros, a los modelos de equilibrio y al uso de las matemáticas en Economía y Ciencias Sociales.

En efecto, en sentir de los austriacos, los modelos de equilibrio corresponden a las características de una economía de giro uniforme, concepto que define “un esquema ficticio en el cual los precios de mercado de todos los bienes y servicios coinciden con los precios finales. Los precios ya no varían; existe perfecta estabilidad” (Mises, 2004, p. 301). Bajo esta concepción, la construcción de un modelo de competencia perfecta constituye un contrasentido, pues significa la ausencia de competencia debido al supuesto de que ningún empresario puede actuar, pues las reacciones de los demás neutralizarán su iniciativa. Frente a la concepción de modelos de equilibrio, los austriacos contraponen la concepción de proceso de mercado, como la interacción competitiva de distintos agentes buscando aprovechar oportunidades que les permitan beneficios mayores a los de sus competidores.

Por último, el énfasis en la acción individual como eje de la actividad económica, ha derivado en la exaltación de la Praxeología22, como núcleo de la teoría económica: “la praxeología no se ocupa del mundo exterior, sino de la conducta del hombre al enfrentarse con él; el universo físico per se no interesa a nuestra ciencia; lo que ésta pretende es analizar la consciente reacción del hombre ante las realidades objetivas (…).

La teoría económica no trata sobre cosas y objetos materiales; trata sobre los hombres, sus apreciaciones y, consecuentemente, las acciones humanas que de aquéllas derivan. Los bienes, mercancías, la riqueza y todas las demás nociones de la conducta, no son elementos de la naturaleza, sino elementos de la mente y de la conducta humana; quien desee entrar en este segundo universo debe olvidarse del mundo exterior, centrando su atención en lo que significan las acciones que persiguen los hombres. (Mises, 2004, pp. 111-112)

Esta concepción subjetivista de la economía fue cuestionada de manera amplia por los contradictores de la escuela austriaca, alegando que la misma constituye una desnaturalización de la ciencia económica (Lange, 1969, pp. 205-236).

 

Referencias 

1En igual sentido se pronunció Böhm-Bawerk: “Este nombre, que nos han dado nuestros oponentes, incluye a un cierto grupo de economistas teóricos. No todos los incluidos son austriacos, ni el grupo abarca a todos los economistas austriacos” (El determinante último del valor, 1894, p. 6)

2Un análisis detallado de la controversia con la Escuela Histórica Alemana puede encontrarse en Cubeddu (1997).

3Un seminario era una reunión informal de profesores y estudiantes que reemplazaban los monólogos de las cátedras universitarias con diálogos entre docentes y alumnos interesados en un tema (Clark, 1997).

4Hacia 1873 Menger pudo tener cerca de 200 estudiantes por año y 400 hacia 1895. Los compromisos docentes de dictar clases y de evaluar a todos estos alumnos habría reducido el tiempo de Menger para la producción de nuevos textos y para la revisión de sus Principios de Economía Política (Streissler (1990, p.62 y ss.).

5Un Privatseminar no tenía nada que ver con la Universidad; era simplemente una institución que permitía a un profesor reunirse regularmente con sus estudiantes para trabajar y discutir problemas de economía y de historia” (Mises, 1962).

6“Sin embargo, en el mundo de la lengua alemana de su tiempo, era algo difícil no publicar   un libro bajo la perspectiva de la teoría subjetiva del valor. El verdadero revolucionario era Schmoller, no Menger! De hecho, después de unos cuarenta años de teoría subjetiva del valor, Menger parecía un poco desactualizado y anticuado; los jóvenes brillantes tendían a abordar un enfoque más ‘fresco’.”

7Durante la década de 1930 y principio de la década de 1940, Hayek perdió dos importantes debates: primero, perdió frente a Keynes en cuanto a la discusión sobre el ciclo económico, y, posteriormente (y de manera más importante para nuestra historia) perdió frente a Oscar Lange sobre el tema de la economía del socialismo. Perder tan completamente se puede atribuir en gran parte al hecho de que él tenía un entendimiento fundamentalmente diferente de las economías de mercado comparado con aquel de sus colegas ingleses”.

8 En Okon (2003), se encuentra un recuento, descriptivo y extenso, sobre las publicaciones, seminarios y conferencias que evidencian el resurgimiento del pensamiento austriaco después de 1970

9 “Mis argumentos son: que el paradigma Austriaco correcto es y sólo puede ser el Misesiano, es decir, el paradigma de la praxeología Misesiana; que los paradigmas Austriacos que le compiten, en particular el paradigma fundamentalmente irracional de ‘reglas evolucionadas’, ‘conocimiento’, ‘planes’, y ‘orden espontáneo’ de Hayek, y el más extremo paradigma ‘ultra-subjetivista’ o nihilista de Lachmann, han sido ambos falaces y perniciosos”.

10 La cita completa es la siguiente: “Hayek, likewise, wrote in his 1968 entry for the International Encyclopedia of the Social Sciences that his (fourth) generation of the Austrian School ‘can hardly any longer be seen as a separate school in the sense of representing particular doctrines. A school has its greatest success when it ceases as such to exist because its leading ideals have become a part of the general dominant teaching. The Vienna school has to a great extent come to enjoy such a success’”. (Hayek 1968, p. 52, citado por Klein, 2008).

11 “Llamo economía mundana -teoría de precios, teoría del capital, teoría monetaria, teoría del ciclo económico y la teoría del intervencionismo-. Llamemos esto el “núcleo duro” de la economía Austriaca. Argumento que este núcleo duro es (1) distinto, y no sólo una interpretación verbal de la economía neoclásica de mediados del siglo veinte, (2) el fundamento único para el análisis Austriaco aplicado (economía política, teoría social, administración de negocios, entre otros); y (3), un cuerpo de conocimiento viviente y en evolución, basado en las contribuciones clásicas del pasado, pero no obligado y atado por éstas”.

12 “Menger no cita el libro de texto de Mischler, aunque estuvo, de hecho, influenciado considerablemente por él, hasta el punto de tomar prestados de él pasajes, de otra manera inexplicable, casi palabra por palabra. Pueden haber varias razones para que Menger no haya citado a Mischler. Una de éstas puede ser que citó a partir de notas de clase sin tener el libro a la mano (este es el caso de profesores que básicamente leían sus libros de texto en clase); otra, que Mischler, un Católico estricto, un conservador, y un proteccionista, le resultaba políticamente insoportable.”

13 “Menger sí tomó prestados, extensamente, pasajes de Mischler, sin citarlo; especialmente de manera repetida en diez de las primeras treinta y cinco páginas de “Principios”, es decir, el primer capítulo y el principio del segundo. Si llamamos las primeras cuarenta páginas (aproximadamente), en los “Principios” de Menger, las “Capas de Mischler”, podremos discernir que se encuentran incrustados en ellas todas las desviaciones de Menger del individualismo metodológico en la evaluación de los necesidades básicas y suntuarias”.

14 “En el contexto de la tradición alemana ‘proto-neoclásica’, el logro de Menger puede observarse no tanto como la ‘invención’ de la utilidad marginal o de la productividad marginal, sino como la formulación de la productividad marginal en términos de la utilidad marginal y su aplicación a las remuneraciones de todos los factores exactamente de la misma manera”.

15 “Lo que es importante y lo que es novedoso de Menger es lo que se encuentra en primer lugar en el capítulo 1,  §2 y el capítulo 1,  §4. Esto es, por una parte, el orden vertical de  los bienes, clave en el sistema interactivo general de interacción de precios de Menger. Esto es la explicación de la interacción de los precios sobre todo el esquema intertemporal de   la estructura de producción. Es lo que se constituye la ‘teoría austriaca del capital’, la cual tanto confundió y fascinó a los economistas ingleses alrededor de 1930. Esta teoría del capital no tiene precursor alguno en la economía Alemana. Y, por otra parte, está el paradigma “tiempo y error”, entendido como la escasez de información económica frente a la naturaleza consumidora de tiempo en la satisfacción de deseos, paradigma que es clave en la peculiar variante de la teoría austriaca del valor subjetivo. Esta idea también fue retomada breve y ocasionalmente por autores Alemanes (Rau, Roscher, o Mangoldt, por ejemplo), pero no fue estudiada sistemáticamente.”

16 “La denominación ‘escuela marginalista’ para designar la corriente subjetivista es des- afortunada, cuanto toma por criterio el método y no el contenido de la teoría; pues la corriente marginalista no es la única que recurre al cálculo marginal.” (Lange, 1969, p. 212).

17 “Utilidad es la capacidad que tiene una cosa de servir para satisfacer las necesidades humanas y, por consiguiente (en el caso de la utilidad conocida), un presupuesto general de la cualidad de los bienes” (Menger, 1986, p. 107).

18  “El valor de los bienes de órdenes superiores está condicionado por el valor presumible e los bienes de orden inferior a cuya producción sirven” (Menger, 1986, p. 135).

19 “Cada miembro de la comunidad dispone sólo de una mínima parte del conocimiento total; cada uno de ellos ignora, por tanto, la mayor parte de los hechos sobre los que descansa el funcionamiento del orden social” (Hayek, 1994, p. 37).

20 “En realidad, sólo se debe considerar economía la previsora actividad de los hombres dirigida a satisfacer mediata e inmediatamente su necesidad de bienes, mientras que los actos dirigidos específicamente al consumo no pertenecen, en cuanto tales, al concepto de economía” (Menger, 2006, p. 277)

21 La macroeconomía basada en el trabajo supone que, en el corto plazo, la tecnología y el capital son constantes, y, por tanto, las variaciones de la producción dependen de cambios en la oferta laboral. En contraposición, Hayek argumenta como determinantes los cambios en la estructura de la producción (Hayek, 1996, pp. 45-73)

22 “La praxeología no es una ciencia histórica, sino teórica y sistemática. Su objeto es la acción humana como tal, con independencia de todas las circunstancias ambientales, accidentales e individuales de los actos concretos. Sus enseñanzas son de orden puramente formal y general, ajenas al contenido material y a las condiciones peculiares del caso de que se trate. Aspira a formular teorías que resulten válidas en cualquier caso en el que efectivamente concurran aquellas circunstancias implícitas en sus supuestos y construcciones. Sus afirmaciones     y proposiciones no derivan del conocimiento experimental. Como los de la lógica y la matemática, son a priori. Su veracidad o falsedad no puede ser contrastada mediante el recurso a acontecimientos ni experiencias” (Mises, 2004, p. 39).

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