La regla de Utley y la alianza BDI

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Sin duda, una de las autoras más dolorosamente olvidadas del siglo XX es Freda Utley. En las palabras inmortales de Rutger Hauer, Utley “vio cosas … que vosotros no creeríais” – se trasladó a Moscú como verdadera creyente en el comunismo en la década de 1930, perdió a su esposo en el Gulag, y nunca se volvió a casar. Su honestidad y valentía no la hicieron popular, especialmente cuando habló en contra de los abusos estadounidenses en la ocupación de Alemania, o en contra del maoísmo 40 años antes de que se pusiera de moda hacerlo.

Como Utley señala en su autobiografía de obligatoria lectura, Odyssey of a Liberal, su amiga Edith Hamilton una vez le advirtió que “no puedes esperar las recompensas materiales de la injusticia, en el ejercicio de la búsqueda de la verdad.” Tales recompensas no aparecieron, y hoy en día sus libros están totalmente olvidados. Pero cuando todos nuestros “liberales” sean de la especie de Utley, como una vez fueron y seguramente serán de nuevo, estaré orgulloso de llevar la etiqueta (N. del T: “liberal” en EEUU significa principalmente “progresista” en oposición a “conservative”, a diferencia del uso que se le da en Europa).

Quizás el hallazgo más agudo de Utley en Odyssey, aunque sobre un tema trivial, es cuando se da cuenta de que su amigo Bertrand Russell siempre utiliza la palabra “nosotros” para referirse al gobierno. Ella señala que este pequeño tic lingüístico es una marca inconfundible de cualquier clase dominante.

Al parecer, este “nostrismo” (si puedo arriesgar otra oscura cuasidefinición) era más inusual en los años 50 de lo que es ahora. Porque, aunque he intentado varias veces romper yo mismo el hábito, yo uso exactamente el mismo pronombre. Es una señal inequívoca de mi crianza Brahmán. No me puedo imaginar el contar el número de veces que he escuchado a alguien decir “deberíamos …”, cuando lo que realmente quieren decir es “el gobierno debería …” El lenguaje es repetición, y aunque mi opinión ponderada es que es tan extravagante definirnos a “nosotros” como el Gobierno Federal de Estados Unidos, sobre todo para alguien que no es en realidad un empleado de dicha entidad, como lo sería el uso de la primera persona del plural para Safeway, Comcast o OfficeMax, los hábitos tardan en morir.

Hoy en día, el nostrismo estilo Russell es peculiar, creo yo, a la casta Brahmán. Ciertamente Ilotas, Dalits y Vaisyas todos piensan en el gobierno básicamente como en “ellos”, no “nosotros”. Si los Optimates usan el “nosotros”, es probable que sea porque están muy acostumbrados a tener que hacerse pasar por Brahmanes. Me resulta bastante difícil de imaginar un cardiólogo o un agresivo operador de hedge funds pensando genuinamente del Tío Sam como “nosotros”.

Es demasiado fácil ver este nostrismo como un tropo de petulancia y arrogancia monstruosa. Esto es en gran medida la visión de los Brahmanes que obtendrás de, digamos, Lawrence Auster (con quien estoy a menudo en desacuerdo, pero que es sin duda uno de los escritores políticos más interesantes y con más principios de nuestra era). Para Auster todos ellos son “liberales” (N. del T: progresistas). Esta etiqueta, que ha significado muchas cosas para mucha gente distinta, no es más que un insulto brutal en su boca. Auster ve a los Brahmanes más o menos en la forma en que la mayoría de nosotros vemos a los nazis.

Y de hecho uno puede imaginar un futuro Austeriano en el que “progresismo” esté tan “desacreditado”, como el nazismo está hoy en día (o como lo estaba durante el Tercer Reich, para el caso). Ciertamente no hay escasez de crímenes de los que un futuro así (que me parece improbable, pero no imposible) podría culpar a la alianza BDI. Por ejemplo, es muy fácil ver a la actual casta Dalit como esencialmente una cínica creación de los Brahmanes, un arma de anarco-tiranía en el sentido del fallecido Sam Francis y un aspecto clave de la limpieza étnica de los blancos Vaisya en los barrios internos urbanos, que seguramente si todavía existieran serían bastiones George-Bushistas. Desde esta perspectiva es sorprendente cómo Europa, en su servil imitación de posguerra del sistema Brahmán, importó su propia clase Dalit para cumplir la misma función política esencial de (a menudo literalmente) aterrorizar a la Vaisyas.

En cierto sentido, esta visión es creíble. Pero en otro sentido, está completamente pasada de rosca. Debido a que ningún Brahmán, al menos ningún Brahmán que me pueda imaginar, piensa nunca que él es (a) la clase dominante, (b) aliada con criminales y campesinos para aplastar a la clase trabajadora blanca y la vieja aristocracia, o (c) un engranaje en una maquinaria política de 75 años de edad, cuyo objetivo es dominar el mundo y convertir a todos los seres humanos a la adoración de un único superestado burocrático transnacional en el que su casta jugará el papel tradicional de los mandarines sacerdote-oligarcas.

Au contraire! Él está trabajando por la paz y la justicia. Él está luchando contra el racismo, los prejuicios, la corrupción y la opresión. Él ni siquiera ha considerado la posibilidad de gobernar el mundo. Si él puede, de alguna manera, servirlo, esto será honor suficiente. Su sinceridad es evidente, y genuina. Ningún salario gordo, ni plan de pensiones, ni paquete de incentivos, es necesario para llevarlo a bordo. Un hombre adulto en sus cuarenta, el trabajará por una suma que es apenas un estipendio.

Sin embargo, para un observador alienígena, sin comprensión de la psicología o las motivaciones humanas, creo que la primera interpretación parece perfectamente plausible. Incluso obvia.

Así que tenemos una gran discrepancia que explicar. ¿Tal vez nuestros “nucleos” y “repetidores” nos puedan ayudar con este rompecabezas? Seguimos más tarde…


El artículo original se encuentra aquí.

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