“La Catedral”, teoría del origen del poder del establishment

1

[Extracto de un artículo más largo (que además es la parte 4 de una serie de artículos aún más larga, An open letter to open-minded progressives, pdf) del blogger americano Curtis Yarvin, “Mencius Moldbug“, en que trata del origen real del poder en las sociedades occidentales. Se centra en EEUU, pero realmente todos los países bajo su influencia directa (Europa, Japón, Australia, etc) funcionan exactamente bajo los mismos parámetros, ya que su establishment está hecho a imagen y semejanza de aquel. Quizá alguna cosa resulte un poco confusa ya que es un extracto, pero me parece que se entiende bien. Solamente aclarar que Yarvin usa el término whig, que es el viejo nombre del partido liberal (los progresistas en el siglo XVIII en inglaterra), como sinónimo de progresista a nivel ideológico.

Vamos a jugar un juego divertido. Separaremos las sociedades civilizadas en tres tipos – 1, 2, y 3 – de acuerdo a su relación entre la opinión y la autoridad. Para hacer que el juego sea divertido, voy a describir las clases de manera abstracta, sin dar ejemplos. A continuación vamos a tratar de averiguar en qué clase vivimos.

El tipo 3 es lo que Karl Popper llamaba sociedad abierta. En una sociedad de tipo 3, los pensamientos compiten en base a su semejanza con la realidad. Las instituciones que propagan pensamiento compiten en base a la calidad de los pensamientos que propagan. ¿Es esto ciencia espacial? No lo es.

Las buenas ideas superan y desplazan a las malas en una sociedad de tipo 3, porque la mayoría preferiríamos estar en lo cierto que ser unos ilusos. Si bien muchas personas tienen sesgos cognitivos – como una preferencia natural por predicciones optimistas sobre predicciones pesimistas, o al revés – están lejos del promedio y son empequeñecidos en comparación con la ambición general de los intelectuales por ver la realidad tal como es. Los intelectuales son brutalmente competitivos por naturaleza, y se deleitan en hacer escarnio de los autoengaños y sesgos de los demás. Lo absurdo, no debe durar mucho tiempo alrededor de ellos.

De este modo, en una sociedad de tipo 3, no podemos decir que todo el mundo estará de acuerdo y que todo estará bien. Pero podemos estar bastante seguros de que los mejores pensamientos estarán fácilmente disponibles para aquellos que se preocupan de pensar por ellos. En una sociedad de tipo 3, siempre habrá supersticiones, porque siempre habrá gente supersticiosa, que pueden como todos los demás, pensar y hablar como les plazca. Siempre habrá diferencias de opinión, ya que muchas preguntas no pueden ser respondidas por métodos precisos y objetivos – ¿Quién actuó mejor, Humphrey Bogart en Casablanca o Rutger Hauer en Split Second? Pero puesto que la realidad es una, y la gente es como es, la gente que es inteligente y quiere entender la realidad, generalmente se agruparán en torno a la verdad.

Así que cuando se vive en una sociedad de tipo 3, si bien puedes pensar por ti mismo, por lo general, no necesitas pensar por ti mismo. ¿Por qué comprar una vaca, cuando la leche es tan barata? La sociedad de tipo 3 tiene una percepción exacta de la realidad fácilmente disponible para cualquier persona que lo desee. Si deseas una comprensión precisa de la historia, simplemente compras un libro de historia. Si quieres una rara y espeluznante comprensión de la historia, es probable que puedas encontrar eso también, pero primero tendrás que encontrar un grupo de historiadores que comparten tus raros y espeluznantes sesgos. Es casi seguro que los cuerdos serán mayoría.

Creo que tú y yo podemos estar de acuerdo en que una sociedad de tipo 3 es donde querríamos vivir. La pregunta es: ¿Vivimos en una? Dejemos la respuesta para más tarde.

El tipo 1 es básicamente lo contrario del tipo 3. La llamaremos sociedad leal. En una sociedad de tipo 1, tus pensamientos son coordinados por el gobierno. La opinión pública es un asunto de seguridad del Estado.

¿Por qué la opinión pública es un asunto de la seguridad del Estado? Porque la gente es jodidamente peligrosa. Cualquiera que haya criado un hijo varón ha visto su afecto instintivo por las armas. ¡Demonios!, los chimpancés son jodidamente peligrosos. Y te habrás dado cuenta de que la mayor parte de la superficie de la tierra está controlada por sus parientes sin pelo, que claramente no es cómo sería si nuestros hermanos primates hubieran podido elegir.

En una sociedad de tipo 1, el Estado establece dos categorías de pensamiento: los buenos pensamientos y los malos pensamientos. Penaliza a las personas por expresar malos pensamientos, o los recompensa por expresar buenos pensamientos, o, idealmente, por supuesto, ambas cosas.

Un mal pensamiento es un pensamiento que, si un número suficiente de personas llegaran a pensarlo, podría suponer una amenaza para la seguridad del Estado. Un buen pensamiento es cualquier pensamiento que sea útil para el Estado, aunque sólo sea porque encaja en el hueco donde de otro modo podría ir uno malo.

Para instalar sus buenos pensamientos en tu cerebro, el Estado dará apoyo a un conjunto de órganos oficiales de información, instituciones que emitirán buen pensamiento sobre un sistema de la cuna a la tumba. Los órganos instalan buenos pensamientos en los jóvenes, y los mantienen en los adultos. Los homínidos son máquinas de aprender. Aprenden lo que se pone delante de ellos. En realidad no es tan difícil.

Para evitar que los malos pensamientos se propaguen, el Estado utiliza sus poderes para desalentar, prohibir o destruir órganos de información no oficiales o de otro modo no coordinados. Construye un entorno legal en el que la transmisión directa, de persona a persona, de malos pensamientos, es social y profesionalmente imprudente en el mejor de los casos, o conllevará acciones de algún tipo en el peor. Se podrá eximir a los disidentes de la protección de la ley, o imponer incapacidades legales sobre ellos, o sobre los que los toleran. O, por supuesto, se les puede encarcelar, desterrar o ejecutar.

En una sociedad exitosa de tipo 1 – ha habido muchas – la gama de buenos pensamientos puede ser rica y amplia. Muchos, si no todos ellos, pueden ser bastante sensatos. Debería ser posible para un miembro inteligente de las clases gobernantes el vivir una vida normal y exitosa sin sentir ni una vez la tentación de aventurarse fuera de la reserva.

Sin embargo, desde la perspectiva de las fuerzas de seguridad, puede ser muy útil disponer de una o dos preguntas para las que la mala respuesta sea verdadera, y la buena sea un absurdo. Algunas personas son simplemente agitadores natos. Otros son naturalmente leales. Separar las ovejas de las cabras otorga a las autoridades una excelente manera centrarse en estos últimos.

Por supuesto, no todo el mundo en una sociedad de tipo 1 tiene que ser un creyente. Cuantos más, mejor, sin embargo, sobre todo entre las clases gobernantes. Una estructura ideal es aquella en la cual los creyentes se concentran entre los círculos sociales más de moda y exitosos, y los disidentes (si los hay) tienden a estar poco educados, ser menos inteligentes, y estar lejos de ser igual de ricos. Si esto se puede lograr, los creyentes sentirán un desprecio natural y saludable por los disidentes, quienes estarán así dispuestos a abandonar los malos pensamientos que pueden haber criado si tienen deseo de tener éxito en la vida.

La condición sine qua non de una sociedad de tipo 1 es la coordinación centralizada de la información. Debido a que los órganos son los instrumentos que hacen de la seguridad del Estado una realidad, no se puede permitir que se contradigan entre sí. En un estado que está asegurado exclusivamente por la fuerza militar, ¿Pueden varias unidades del ejército y la armada entrar en pequeñas peleas recurrentes entre sí? Um, no. Del mismo modo, en un estado garantizado por el control del pensamiento (así como probablemente cierta fuerza militar), cualquier conflicto intelectual es una amenaza de primer orden. Incluso en los detalles triviales, el desacuerdo significa inestabilidad.

En otras palabras, los órganos de información de una sociedad de tipo 1 son sinópticos. Ven el mundo a través de un ojo, un conjunto de doctrinas, una historia oficial. Llamémoslo la sinopsis.

¿Cómo puede un Estado de tipo 1 mantener la coherencia de su sinopsis? Una forma fácil es tener un solo líder, quien ejerce una unificada supervisión ejecutiva . Lo ideal sería que el mismo líder gestionara tanto la seguridad física como la intelectual. Si el estado del tipo 1 no tiene un solo líder, debe por lo menos tener una única institución autorizada. Dado que la seguridad depende de la coherencia sinóptica, cualquier divergencia puede llevar literalmente a la guerra civil.

No hay ningún misterio en torno a la identidad histórica de las sociedades del tipo 1. Este es un patrón inequívocamente de derecha. Es también la estructura por defecto del gobierno humano: el Dios-Rey. Los griegos la llamaron “despotismo oriental”. En la historia cristiana se conoce como cesaropapismo. En la historia anglo-americana, es el Estado trono y altar, representado en la tradición de la alta iglesia anglicana o la católica. Cuando los estadounidenses expresan su afecto por la separación de Iglesia y Estado, están expresando una antipatía hacia el diseño del tipo 1.

El término nazi Gleichschaltung, generalmente traducido como “coordinación”, es más o menos la personificación moderna del diseño de tipo 1. Los nazis también usaron la palabra Aufklärung, que significa “ilustración” o, literalmente, “aclaramiento” para la inculcación de pensamientos útiles en el pueblo alemán. Pienso en este término cada vez que veo un “mensaje de servicio público”.

También vemos el patrón de tipo 1, aunque no tan claramente, en los estados comunistas. Tiende a ser más institucional y menos personal. Es fácil identificar Hitlers comunistas, pero no existe un equivalente comunista claro de Goebbels. Los estados comunistas experimentaron a través del tiempo un declive de la autoridad personal, que pasó en cambio a las instituciones. Pero el partido en un estado moderno de un solo partido es más o menos equivalente a la Iglesia en la antigua dispensación cristiana y una iglesia establecida es una iglesia establecida ya sean gobernadas por papa o sínodo.

El estado de tipo 1 es sin duda la forma más común en la historia. No es el fin del mundo. La China de hoy es una sociedad de tipo 1. También cuenta con la economía más exitosa del mundo, y no es un mal lugar para vivir en absoluto. La Inglaterra isabelina, que experimentó tal vez la mayor explosión artística en la historia humana, era una sociedad de tipo 1, con abundancia de policía secreta. Por otra parte, Corea del Norte es una sociedad de tipo 1, y es horrible en casi todas las formas posibles. Puedo decir que, en general, preferiría vivir en una sociedad de tipo 3 que en una sociedad de tipo 1, pero los detalles importan.

Pero aquí está el problema.

El problema es: la sociedad occidental moderna post-1945, ciertamente no coincide con la descripción de una sociedad de tipo 1. Por ejemplo, no hay autoridad coordinadora. A menos que uno se traiga alguna teoría de la conspiración (¡Ju ju ju!), simplemente no existe. No existe un Goebbels que le diga a los escritores qué escribir, a los realizadores de cine que filmar, a los periodistas que imprimir, o a los profesores que enseñar. No hay Papa, no hay Iglesia, no hay partido, no hay nada. Y como hemos visto, el diseño de tipo 1 no tiene sentido sin coordinación.

Por otro lado, sin embargo…

Uno, mientras que nuestra sociedad no coincide con la descripción de tipo 1 en este sentido esencial, parece coincidir bastante bien en otros. Y dos, si bien coincide con la descripción del tipo 3, en cierto modo, no parece coincidir en otros.

En una sociedad de tipo 3, por ejemplo, deberíamos ver heterogeneidad intelectual entre las instituciones en competencia. Harvard y Yale deben estar de acuerdo en su mayoría, porque la realidad es una sola cosa. Lo mismo entre el New York Times y el Washington Post. Pero siempre habrá esclerosis, estancamiento, deriva. La competencia, no sólo entre ideas, sino entre instituciones, es esencial para el ideal Popperiano. Deberíamos ver a estas instituciones alejándose de la realidad. Y deberíamos ver el mercado de ideas castigándoles cuando lo hacen, y recompensando a aquellas que no lo hacen.

¿Tú ves esto? Porque estoy seguro que yo no. Lo que veo es sinopsis.

Desde mi punto de vista, no sólo Harvard y Yale, sino en realidad todas las universidades americanas u occidentales de la corriente principal (o mainstream), ofrecen exactamente el mismo producto intelectual. ¿Qué institución está más a la izquierda, por ejemplo? ¿Harvard, o Yale? Puedes elegir dos universidades cualquiera de entre las principales y no serás capaz de responder a esta pregunta. Es una especie de pelotón intelectual.

Y no es que no veamos desviación. Hay un montón de desviación. Si preguntas cual está más a la izquierda, la Harvard de hoy o la Harvard de 1958, la respuesta es fácil. Pero de alguna manera, todo el pelotón va derivando en la misma dirección y a la misma velocidad. ¿Esto te dice a gritos “tipo 3”? Y, sin embargo, si hay algún Goebbels diciéndole a los profesores de Harvard y Yale lo que enseñar, el secreto está muy bien guardado.

Lo mismo es cierto para los periódicos. Los denominados “medios de comunicación mainstream” son sin duda una sinopsis. Así como hay una línea clara entre las universidades de la corriente principal y las no convencionales, hay una línea clara entre los medios de comunicación de la corriente principal y los no convencionales. Estos últimos pueden desperdigarse por todo el mapa. Los primeros constituyen una sinopsis. Y las sinopsis periodística y académica son claramente idénticas – los periodistas mainstream no desafían, por lo general, la autoridad académica mainstream.

Estas instituciones “mainstream” se parecen mucho, mucho, al conjunto de órganos de información que podríamos esperar ver en una sociedad de tipo 1. Y su producto es claramente una sinopsis. Sin embargo, es evidente que no están sujetos a ningún tipo de coordinación central.

Creo que la sinopsis de la corriente mainstream post-1945 es lo suficientemente importante como para tener un nombre propio. Llamémosle la Sinopsis. También vamos a dar al conjunto de instituciones que producen y propagan la Sinopsis – mundo académico, periodismo y educación mainstream – un nombre. Llamémosle la Catedral. ¿Qué explica este fenómeno?

La sinopsis, por supuesto, tiene una respuesta. La respuesta es que vivimos en una sociedad de tipo 3, y la sinopsis es el conjunto de todas las ideas razonables. En cuanto a la Catedral, es simplemente la culminación de la gran búsqueda del ser humano por el conocimiento. Es tan permanente como la realidad que existe dentro de ella misma y por tanto, esclarece, que es por lo que seguirá habiendo un Harvard y un Yale en 2108, 2208 y 3008.

Aquí de está de nuevo nuestra hipótesis nula. Si crees en la Sinopsis y confías en la Catedral, eres o un progresista o un idiota. No hay manera de recibir una educación universitaria mainstream, leer el Times cada mañana, confíar en los dos, y no ser un progresista. A menos, claro, que seas un idiota.

Pero hay otra hipótesis, que es la de que vivimos en una sociedad de tipo 2.

La sociedad de tipo 2 es la sociedad del consenso. Su sello distintivo es el fenómeno de la coordinación espontánea. Podríamos llamarlo Gleichschaltung sin Goebbels. La coordinación espontánea puede producir un sistema de información oficial que en todos los demás aspectos, se asemeja al de una sociedad de tipo 1, pero que no es responsabilidad de ninguna autoridad o institución central.

Básicamente, una sociedad de tipo 1 es un gobierno en el que el Estado controla la prensa y las universidades. Una sociedad de tipo 2 es una en la que la prensa y las universidades controlan el Estado. Es fácil distinguir entre los dos tipos, pero la “experiencia de usuario” es más o menos lo misma.

Al igual que una sociedad de tipo 1, una sociedad de tipo 2 puede resultar razonablemente cómoda y agradable para vivir. El diseño de tipo 2 es más estable, en cierto aspectos, y menos estable en otros. No es el fin del mundo. Como alguien que preferiría una sociedad de tipo 3, sin embargo, considero que es perniciosa.

Las sociedades del tipo 2 tienden a formarse a partir del colapso de la autoridad central en sociedades del tipo 1. Recordemos que en una sociedad de tipo 1, la opinión pública es poder. Es el poder de las masas. Una masa no puede derrotar a un ejército, pero si el ejército es neutral, el que tiene el apoyo de la mayor masa gana.

¿Qué sucede en una sociedad de tipo 1 cuando el centro colapsa? ¿Cuando la censura ya no funciona, los periodistas ya no reciben órdenes, los herejes ya no son quemados en la hoguera, los profesores ya no son contratados o despedidos por sus creencias políticas? Se podría pensar que el resultado natural sería una sociedad de tipo 3, un libre mercado de ideas en el que sólo la libertad gobierna y los pensamientos compiten en función únicamente de su valor.

Pero la conexión entre opinión pública y poder político todavía se mantiene. Por lo tanto, los órganos de información están todavía actuando como centros de poder. Si sus puntos de vista difieren, lo que pasará sin una supervisión de tipo 1, pueden competir de dos maneras: sobre la base de la rectitud intelectual, o sobre la base del poder político. Si optan por la primera y abjuran de este último, estarán en desventaja frente a aquellos a los que todas las armas les son amigas. Más aún, dado que el poder político es un arma mortífera, los competidores exitosos tienden a resolver la disyuntiva entre el poder y la rectitud en favor de lo primero.

Podemos describir la patología tipo 1 como el poder de distorsión por coerción. El poder político distorsiona el panorama de las ideas, haciendo que el campo de juego no sea plano. Las ideas que favorece el Estado, son popularizadas artificialmente. Las ideas que desfavorece, se desalientan artificialmente.

Su equivalente tipo 2 es el poder de distorsión por atractivo. No existe el Estado coercitivo, o al menos no coacciona. Pero la conexión entre poder y opinión pública se mantiene. Las ideas, por lo tanto, se ven favorecidas selectivamente en función de su capacidad para servir como estándares en torno a los cuales organizar coaliciones, que pueden luchar por el poder por cualquier medio que les sea eficaz.

Una vez más, desde el punto de vista del tipo 3, el poder de distorsión por atractivo es patológico por la misma razón que el poder de distorsión por coerción. Se trata de un criterio alternativo que contribuye al éxito o el fracaso de las ideas, y no tiene nada que ver con su relación con la verdad.

Por ejemplo, de muchas maneras, el absurdo es una herramienta organizativa más efectiva que la verdad. Cualquier persona puede creer en la verdad. Creer en el absurdo es una demostración de lealtad infalsificable. Sirve como un uniforme político. Y si tienes un uniforme, tienes un ejército. Vimos este efecto antes en el estado cohesivo de tipo 1, pero funciona igual de bien para facciones del tipo 2 compitiendo unas con otras.

Esto no explica, sin embargo, cómo la caótica sociedad post-tipo-1 se congela en la madura y espontáneamente coordinada sociedad de tipo 2. ¿Por qué tenemos una Sinopsis y una Catedral, en lugar de toda una serie de sinopsis y catedrales en competencia?

La respuesta, creo, es que incluso la sociedad de tipo 2 tiene un solo gobierno. Es imposible que dos sistemas de información en competencia capturen ambos un único gobierno. Y la captura de un gobierno da a un sistema de información una considerable ventaja sobre cualquier competidor. Se puede subvencionar a sí mismo. Puede penalizar a sus competidores. Puede entregarse a toda una gama sórdida de patologías tipo 1.

Sin adquirir un coordinador central, la catedral puede capturar los recursos y poderes del Estado. Puede elaborar teorías de gobierno que puede incorporar en la Sinopsis, y que el Estado deberá seguir. Estas teorías implican naturalmente apoyo pródigo para la Catedral, que se convierte en responsable de la producción del “orden público”, es decir, las decisiones del gobierno. Es decir, el poder real está en manos de los profesores y periodistas, es decir, la Catedral, no debido a su pureza, rectitud y justicia, sino a través de su control auto-sostenible de la opinión pública. La gran pregunta de Lenin: “¿Quién? ¿A quién?”, queda respondida.

Pero ¿Por qué la Catedral no se divide en facciones? ¿Qué mantiene a Harvard alineada con Yale? ¿Por qué ninguna de las dos se da cuenta de que no hay necesidad de un millar de sinópticas universidades progresistas, y hay una gran demanda sin cubrir por una sola universidad conservadora de primera categoría? ¿Por qué, en definitiva, es la sinopsis estable?

Creo que la respuesta es que la Sinopsis incluye sólo las proposiciones políticas cuya adopción tiende a fortalecer la Catedral, y debilitar a sus enemigos. Rechaza y se opone a todas las demás proposiciones. Puesto que estos conjuntos de proposiciones cambian con el tiempo, la Sinopsis cambiará también. De ello se desprende una especie de estrategia de escalada – no en el paisaje de la verdad, sino en el del poder. Por lo tanto, por definición, uno no puede oponerse a ella desde dentro.

Ser progresista es simplemente apoyar la Catedral y la Sinopsis. La Sinopsis de hoy es descendiente por línea directa del primer movimiento tipo 2 de la historia moderna, la Reforma. A través de la Reforma se llega a la Ilustración, cuyo vínculo con la Sinopsis es obvio. El régimen occidental posterior a 1945, cuya victoria sobre todas las fuerzas anteriores a la Reforma o anti-Ilustración parece definitiva e irreversible, es el milenio whig.

(Me refiero a “milenio” sólo en el sentido de “utopía”. En realidad no espero que dure mil años. La condición terminal de nuestro sistema actual de gobierno es que satisface la demanda de poder sólo mediante la expansión. A medida que se expande, su proceso de elaboración de políticas incluye cada vez más entradas, hasta el punto en el que es completamente ineficaz. Por lo tanto, ya no puede expandirse. No creo que las analogías con el ciclo estelar estén del todo fuera de lugar).

Este análisis, que obviamente es amplio y fácil, todavía explica algunas cosas. Por ejemplo, consideremos el caso del libertarismo.

Los libertarios a menudo se llaman a sí mismos “liberales clásicos”, y de hecho la palabra “libertario” significa hoy en día más o menos lo que John Stuart Mill quería decir cuando se llamaba a sí mismo “liberal”. De hecho, en la Europa de hoy, “liberal” aún significa más o menos “libertario”.

¿Por qué (en los EE.UU.) el término sigue siendo el mismo, pero el significado ha cambiado? Debido a que, de hecho, el significado real no ha cambiado. Tanto en 1858 como en 2008, un “liberal” era y es, un partidario de la Catedral: es decir, un Whig, un progresista, un radical, etc. Es la Sinopsis la que se ha movido, y son los libertarios de hoy en día los que están desacoplados al programa.

Los whigs y los radicales liberales del siglo XIX apoyaron la libertad económica, porque la libertad económica se traducía en la destrucción de los privilegios de los Tories, como las Leyes del Maíz (cuyos beneficiarios eran aristócratas terratenientes), lo que perjudicaba a sus seguidores y beneficiaba a sus enemigos. Puede que se haya explicado esta posición como una cuestión de principios. Pero si no hubiera sido políticamente rentable, la coordinación espontánea habría producido otros principios distintos. O bien Mill habría abrazado estos otros principios, en cuyo caso, a pesar de ello seguiríamos sabiendo su nombre, o bien hubiera estado realmente comprometido con la libertad económica, en cuyo caso nadie lo conocería.

Al comienzo del siglo XX, la vieja aristocracia británica estaba en plena desbandada, sólo se conservaban fragmentos remanentes del sistema Trono-y-Altar, y medidos por el estándar de medio siglo antes, básicamente todo el mundo era un radical. Por lo tanto, el movimiento progresista podría convertirse en socialista, y apoyar la centralización económica y la caridad oficial. Estos objetivos no eran alcanzables en la era de Mill, debido a que los Radicales eran demasiado débiles y los Tories demasiado fuertes. Estos cambios tácticos no emergieron de ninguna conspiración secreta – la coordinación espontánea es la única culpable.

El libertarismo de final del siglo XX y principio del XXI ha ganado poca fuerza política. ¿Por qué? Uno, se opone a la Catedral, que controla la mayoría del poder real y no trata amablemente a sus enemigos. Dos, por definición, no tiene ningún mecanismo para usar ningún poder que gane para crear empleos para sus seguidores, ya que no cree en la expansión del Estado o el gobierno. Tres, atrae principalmente a Townies anti-Catedral o a “conservadores”, lo que lo convierte en algo fuera de la moda, por lo tanto impopular, por lo tanto ineficaz como oposición, o bien trata de congraciarse con la Catedral, haciéndose por lo tanto ineficaz como oposición. No tiene a dónde ir. No puede volver a crear el mundo de John Stuart Mill, con su medio ambiente rico en objetivos Tories latifundistas que atacar.

Así, vemos de nuevo la hipótesis del Dr. Johnson: todos los principios de los whigs, incluso aquellos que parecen austeros y nobles, son coherentes con el objetivo de tomar el poder. Por otra parte, el Whig se preocupa por su propio poder más que por el estado de la sociedad. Él preferirá con diferencia gobernar en el infierno que servir en el cielo, y convertirá cualquier cielo en un infierno para llegar allí. Y sin embargo, es bastante sincero en todas sus whiggerías, lo que lo hace aún más peligroso.

Por supuesto, también existe la hipótesis nula. Tal vez ya vivimos en la sociedad abierta y la sinopsis no es más que la dulce razón misma. Sin duda, sería agradable.

Pero si el Dr. Johnson estaba en lo cierto, ¿Cuál es la respuesta? Después de haber dejado la sociedad leal muy atrás, ¿Cómo podemos pasar de la sociedad de consenso a la sociedad abierta?

 

Print Friendly, PDF & Email

Instituto Mises
Organización educativa no lucrativa.
Contenido libre