Neutralidad en la red: El gobierno no puede saber el precio “correcto” del servicio de Internet

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Los motivos de los defensores de la neutralidad en la red difieren. Pero el hilo común entre ellos es una creencia general en que los proveedores de servicios de Internet (ISP, por sus siglas en inglés) no se enfrentan a ninguna competencia seria y por tanto cobran de más tanto a sus clientes del lado de la oferta (es decir, Netflix) como a los de su lado de la demanda (usuarios de internet) y generalmente tratan mal a sus clientes.

En otras palabras, los ISP tienen “monopolios naturales” que les permiten obtener beneficios sin mejorar el servicio a los clientes o tratar distintos tipos de clientes de una manera equitativa.

Esta perspectiva dio lugar a la “neutralidad en la red”, que la administración Trump condenó rotundamente la semana pasada. Esta medida habría transformado esencialmente Internet en un servicio público, regulando los ISP como otros servicios (electricidad, agua, etc.). Por razones enrevesadas, los reguladores creen que esto garantizaría que servicio de Internet se distribuyera equitativamente entre todos los que están dispuestos a pagar la tarifa actual: no más cobros adicionales a grandes comedores de ancho de banda (como Netflix), ni siquiera con precios mutuamente acordados.

Subyaciendo esta perspectiva está la creencia de que podemos descifrar de alguna manera el nivel de servicio que tendría que ofrecerse en el mercado de los ISP. Para implantar la neutralidad en la red, supuestamente los reguladores examinarían el mercado de los ISP y decidirían, a partir de ciertas cosas, que lo que existe tendría que ser distinto y que un cambio así solo podría producirse mediante regulación pública.

¿Pero bajo qué patrones están juzgando los reguladores que los ISP están actuando injustamente? ¿Quién puede decir que están ganando demasiado u ofreciendo demasiado poco? Es cierto que el servicio de Internet, al ir evolucionando la tecnología, muestra algunas similitudes con servicios públicos como el agua y electricidad. Pero no es el mismo servicio.

Más en concreto, ¿cómo podemos saber qué tendrían que cobrar los ISP?

Hay quien argumenta que los ISP han obtenido favores regulatorios especiales en el pasado que les han permitido construir monopolios injustos en el presente. Es otro argumento que, francamente, no se hace a menudo por parte de los reguladores. Pero incluso si fuera verdad, ¿la solución es acabar completamente con el mercado de servicios de Internet y optar en su lugar por un pseudomercado cuyos límites estén controlados en último término por los reguladores públicos?

Esto recuerda un aspecto del debate del cálculo socialista, en el que los economistas austriacos (entre otros) revelaron la naturaleza autodestructiva de socialismo. Un pilar de su argumento (en concreto de Mises) es que sin un mercado para estudiar y observar, los planificadores centralizados no sabrían qué precios ordenar para qué cantidades de bienes. El resultado sería el exceso o defecto de producción de los bienes regulados, unas malas asignaciones de recursos distorsionadoras que se expandirían a lo largo de la economía y causarían un exceso de oferta o demanda. Además, esas regulaciones perjudican la inversión y la innovación en los sectores afectados, habitualmente limitando indirectamente los beneficios.

No es difícil ver cómo se aplica a esto o al adulto realidad en la red y la regulación de los ISP. Cambian arbitrariamente los mercados existentes de servicios de internet, los reguladores se arriesgan a corromper las frágiles condiciones previas necesarias para que empresas y consumidores calculen racionalmente y los incentivos necesarios para atraer inversión y empresas innovadoras inclinadas al riesgo. El resultado podría ser un exceso de demanda del mercado de servicios de internet si las regulaciones fuerza los precios demasiado la baja, un exceso de oferta si las regulaciones fuerza los precios demasiado al alza o una innovación forzada la tecnología de los ISP en conjunto. La estrella de la tecnología Marc Andreesen explica:

Una visión de una neutralidad pura en la red es difícil de sostener si también quieres tener una inversión continua en redes de banda ancha. (…) Si existieran estas normas de neutralidad pura en la red por las que no se podría cobrar nunca nada a una empresa como Netflix, no vas a conseguir nunca obtener un retorno sobre una inversión continua en la red, lo que significa que dejarás de invertir en la red. Y yo no quiero estar durante los próximos 10 o 20 años con las mismas velocidades de ancho de banda que tenemos hoy.

No es algo complejo, pero es importante en este contexto concreto, dada la importancia de los servicios de Internet en las economías modernas. Un punto más sutil pero igualmente aplicable se refiere a la naturaleza del cambio en un mundo dinámico. En cierto modo, es un reenunciado más formal del problema al comparar las condiciones del mercado con algún modelo basado en un concepto de la economía como rotando en algún equilibrio estático. El economista Peter Boettke explica:

Mises [explicaba] cómo las condiciones estáticas de equilibrio solo resolvían el problema del cálculo económico por hipótesis y que el problema real era el del cálculo dentro del mundo dinámico del cambio, en el que el atractivo del beneficio puro y la sanción de la pérdida servirían a un papel de detección y corrección vital de errores del proceso económico.

En el contexto de este problema, esto es especialmente relevante. El mercado de los servicios de Internet es completamente nuevo y está creciendo y evolucionando rápidamente. Decidir, en un mercado tan joven y dinámico como este, que los precios actuales del mercado no son justos revela un gran grado de confianza en meras “hipótesis”, como dice Boettke, acerca de cómo debería ser el mercado ideal de los servicios de Internet.


El artículo original se encuentra aquí.

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