La ética cristiana detrás del rechazo del comunismo de los Peregrinos

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Históricamente, Acción de Gracias ha sido un día festivo durante el cual se llama a los estadounidenses a agradecer al Señor las muchas bendiciones que nos ha dado. Richard J. Maybury y Gary Galles explican ambos las lecciones a aprender de la experiencia de los Peregrinos y advierten ambos que la razón principal para que Dios les bendijera con una relativa prosperidad después de años de hambre fue alejarse del socialismo y dirigirse a la propiedad privada. En sus ensayos, ambos autores toman pasajes de la History of Plymouth Plantation, de William Bradford, para obtener la historia directamente su fuente.

Un error que persiste entre nosotros es que los peregrinos adoptaron el socialismo debido a sus convicciones religiosas, como si la ética cristiana requiriera una utopía comunista platónica. Galles señala que esto es un error, pero queda fuera del ámbito de este ensayo proporcionar el telón histórico completo de esa malhadada idea económica inicial.

De hecho, como deja claro Bradford, los peregrinos no deseaban establecer un comunismo cristiano. Las disposiciones originales de propiedad comunal de los peregrinos les fueron impuestas por los patrocinadores coloniales. Los patrocinadores hicieron esto después de saber que no se podía conceder un monopolio de derechos de pesca en Cape Cod. El acuerdo original de los patrocinadores con los peregrinos indicaba que estos tendrían que trabajar cuatro días para la empresa patrocinadora y luego tendrían dos días para trabajar para sí mismos. Los patrocinadores cambiaron posteriormente su trato y dijeron a los peregrinos que tendrían que trabajar los seis días de la semana laboral para los patrocinadores. Después de siete años, los peregrinos tendrían derecho a la propiedad en la que habrían trabajado. Los peregrinos no estuvieron contentos con el cambio, advirtiendo varios de ellos que la nueva disposición les haría prácticamente esclavos de los patrocinadores, pero quisieron seguir con el acuerdo porque muchos ya habían realizado grandes inversiones para la mudanza y estaban convencidos de que emigrar al Nuevo Mundo era lo que Dios quería de ellos.

Establecer propiedad privada no era ningún repudio de ninguna creencia que tuvieran de que la caridad cristiana requiriera comunismo. No tenían ninguna intención de implantar un sistema así. El paso de los peregrinos a la propiedad privada fue, en realidad, un paso a una ética cristiana adecuada en lo que respecta a la propiedad.

Históricamente, la mayoría de los cristianos adoptaban la propiedad privada que requería la ética cristiana. La moralidad de la propiedad privada fue reconocida por muchos de los patriarcas de la primera iglesia y la tradición escolástica general. Sin embargo, lo que no siempre reconocen los cristianos evangélicos contemporáneos es que pensadores clave en la tradición protestante también argumentaban a favor de la legitimidad de la propiedad privada.

Una de esas figuras fue Francis Wayland, ministro bautista y educador que fue presidente de la Universidad de Brown durante 28 años. Laurence Vance, director del Francis Wayland Institute, ha escrito un una excelente introducción a Wayland y su pensamiento social. Wayland explicaba la ética cristiana de la propiedad en su tratado sobre ética, The Elements of Moral Science. En su capítulo sobre libertad personal, Wayland explica que todos poseen un cuerpo físico, comprensión mental y voluntad. Luego argumenta que si una persona los usa “de tal manera que no interfiere con el uso de los mismos poderes queridos ha otorgado a su vecino, con respecto a este (…) ha de ser considerado inocente. Mientras los haya usado dentro de este límite, tiene derecho, en lo que respecta a sus conciudadanos, a usarlos de la forma más ilimitada, suo arbitrio, a su propia discreción”.

Esa visión de la propiedad tiene claras implicaciones para la política económica. Wayland hablaba en contra de las leyes de usura, las restricciones comerciales públicas, las mejoras internas financiadas públicamente y la intervención del gobierno del sector bancario. También se oponía a los impuestos confiscatorios, los monopolios concedidos por el estado y la regulación pública del dinero. Lo hacía porque creía que la política económica intervencionista no solo era económicamente destructiva, sino que también violaba la ética cristiana.

El alejamiento del socialismo de Bradford y los peregrinos y su acercamiento a la propiedad privada no fue, por tanto, un rechazo de su visión del ideal cristiano. Fue un movimiento hacia la obediencia a su creador. Bradford interpretaba la abundancia material de la que disfrutaron tan pronto como abandonaron sus disposiciones económicas socialistas como una bendición de Dios por adoptar un sistema más de acuerdo con la ética cristiana.


El artículo original se encuentra aquí.

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