El pobre legado de Yellen y los desafíos de Powell

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El nombramiento de Jerome Powell como nuevo presidente de la Reserva Federal debe ser interpretado por los mercados como una señal de continuidad. No es el halcón que temía muchos participantes en el mercado ni tampoco mantiene una postura peligrosa de paloma.

El mandato de Yellen ha sido ampliamente criticado por muchos inversores y economistas. Heredó una economía en el que el desempleo estaba en los niveles objetivo de la Fed, la inflación estaba repuntando y el crecimiento se estaba fortaleciendo y aun así retrasó innecesariamente y durante demasiado tiempo aumentar los tipos y reducir el balance. La confianza del presidente, a pesar de las palabras amables, había desaparecido hacía meses. El equipo de Trump criticaba a la Reserva Federal por retrasar el anunciado aumento de tipos después de las elecciones, pero la crítica aumentó cuando Yellen lanzó mensajes de advertencia acerca de la economía después de la nominación. Considerada como una “reconocida paloma”, fue criticada por retrasar los muy necesarios aumentos en los tipos, a pesar de los mercados en máximos históricos, los mínimos rendimientos en muchas décadas, la inflación en aumento y el desempleo en el 5% y algunos sospecharon que era una “orden” de la administración Obama. Ahora que vemos que las últimas cifras muestran un crecimiento del 3% de la economía de EEUU, las voces críticas han aumentado, acusando a la ahora expresidenta de la Reserva Federal de actuar con una prudencia innecesaria, ignorando los riesgos que se acumulaban en los mercados financieros y no haciendo un diagnóstico correcto.

El legado de Yellen es realmente pobre. La Reserva Federal, bajo su mandato, ha ido constantemente yendo retrasada en más de 250 puntos básicos. También ha sido muy pobre en lo que se refiere analizar la economía de EEUU, infravalorando la inflación, el empleo y el crecimiento. Esencialmente, se le ha acusado de perpetuar simplemente las medidas tomadas por Bernanke y evitar actuar de manera decisiva para acabar con la extrema complacencia en los mercados financieros.

Yellen también sobreestimó la fortaleza del mercado laboral, ignorando por qué no aumentaron los salarios reales a pesar del bajo desempleo, e infravaloró completamente el rápido aumento los precios de la vivienda. Lo que es más importante, nunca comentó acerca del creciente problema del gasto y la deuda públicas, los aumentos en los impuestos y la regulación y el impacto negativo de estos factores sobre aspectos clave de la economía, especialmente salarios e inversión.

El mandato de Yellen puede resumirse en dos palabras: oportunidad perdida. Llegó cuando la economía ya estaba curada y creciendo y no identificó las cargas sobre el crecimiento creadas por la deuda y los impuestos excesivos. Lo que es más importante, tuvo una fantástica ventana de oportunidad para reducir el balance de 4,5 billones de dólares de la Reserva Federal cuando los mercados estaban creciendo y de aumentar los tipos más cerca del nivel de la inflación y decidió no hacerlo, perdiendo una crítica ventana de oportunidad.

Jay Powell no supone un cambio real frente a los anteriores presidentes de la Reserva Federal. Es un claro seguidor de las mismas políticas que han llevado a cabo Greenspan, Bernanke y Yellen, que son inclinarse por permanecer acomodaticios. Es un gran defensor de la iniciativa privada, por lo que parece ser cauteloso a la hora de pensar en aumentar los tipos, prestando atención al posible impacto sobre las empresas. Sin embargo, se sabe que ha sido crítico con la compra masiva de bonos públicos, porque estimulan un excesivo gasto público. También es conocido por ser crítico con el exceso de deuda, siendo al mismo tiempo una persona menos política que otros predecesores.

Por tanto, lo que los mercados deberían esperar es una continuidad en la política, pero más cerca de las tesis del Partido Republicano: moderación en los aumentos de tipos, pero una política monetaria menos agresiva. Powell nunca ha negado la burbuja de activos financieros, que puede aumentar si se perpetúa la política ultraexpansiva.

El desafío de Powell es triple. Recuperar los tipos más cerca de la realidad de la inflación y el mercado, controlar los riesgos de una excesiva complacencia y, al mismo tiempo, dar mensajes claros que estimulen la inversión en EEUU y apoyen el crecimiento.

No será fácil. Powell recibe un mandato complejo con un balance excesivamente alto en la Reserva Federal, una reducción tímida e insuficiente del suministro y tipos muy bajos a pesar de una economía sana y en crecimiento. Es el primer presidente de la Reserva Federal que llega con los tipos y el balance a niveles tan agresivos que no será capaz de llevar a cabo medidas “expansivas” frente a un problema concreto. Es decir, como Yellen retrasó la normalización tanto como pudo y más, ha pasado la “patata caliente” a Powell dejándole sin herramientas relevantes para combatir una posible recesión o desequilibrios que puedan aparecer en el futuro. Si EEUU afrontara un periodo recesivo o una crisis, Powell estaría al mando sin armas ni escudos.

Los mercados han reaccionado al nombramiento como lo que es, más continuidad. Pero la pregunta es: ¿qué hará Powell con una Reserva Federal sin herramientas si se produce un cambio de ciclo?


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