El desastre del impago de Venezuela

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El socialismo siempre promete el cielo y da un infierno.

A primera hora del jueves, 2 de noviembre, el régimen de Maduro certificaba su último fracaso con lo que prometieron que nunca ocurriría: el impago o default técnico. Con su arrogancia usual, Maduro emitió un “decreto” reclamando “la refinanciación y reestructuración de la deuda desde el 3 de noviembre”. Es decir, impago.

La mala noticia para los inversores o buscadores de rentas altas es que la probabilidad de haber sido engañados de nuevo es casi del 100%.

Chávez dijo una vez: “ponedme el petróleo a cero y Venezuela no sufrirá” y Maduro declaró que “un gobierno revolucionario con poder económico como el que presido tiene planes para superar cualquier situación que derive de cualquier precio del petróleo”. Ahora la realidad ha llamado a la puerta.

Venezuela no fue destruida por los precios bajos del petróleo, sino por el alto socialismo.

El socialismo ha llevado Venezuela a un desastre económico sin parangón. No, no es “el precio del petróleo”. Venezuela es el único país de la OPEP que ha caído en el impago, la depresión y la hiperinflación. No es el petróleo, es el socialismo.

El desastre de gestión es espectacular y el mejor ejemplo del efecto devastador del socialismo es la empresa petrolera de propiedad estatal. PdVSA, la empresa petrolera nacional, ha pasado de ser una de las más eficientes y rentables hace 20 años a acabar importando petróleo.

Aunque Venezuela tiene las mayores reservas de crudo del mundo (296.000 millones de barriles), el país empezó a importar petróleo el año pasado. Su producción es de menos de 2,7 millones de barriles diarios, una caída del 20% en menos de dos décadas, mientras el régimen de Chávez-Maduro multiplicaba su plantilla por cinco, hasta 175.000 “trabajadores”.

Aumentos brutales en los costes, empeoramiento espectacular en la producción, desplome en los márgenes y saqueo de la caja para pagar subsidios llevaron a la empresa de ser una de las más rentables y con mejor balance en el mundo a pedir prestados más de 43.000 millones de dólares.

Durante la presidencia de Maduro, el régimen ha llevado al país a la hiperinflación, que ya excede el 2.000% y a una escasez de más del 80% en bienes, mientras que las reservas de moneda extranjera se han desplomado un 64%, el peor nivel en cuarenta años.

Este desastre no se debe a los precios bajos del petróleo, es un reflejo de la realidad de lo que hace el socialismo. Ningún país productor de petróleo muestra unas cifras tan malas, ni siquiera se acerca.

De hecho, si pude decirse algo acerca de la bajada de los precios del petróleo es que la enorme mayoría de los países productores la han gestionado admirablemente, con caídas en el PIB que fueron mucho menores de las temidas, manteniendo sus reservas de moneda extranjera en niveles cómodos y adaptándose a la nueva realidad rápida y eficazmente. Casi todos, excepto Venezuela.

La verdadera guerra económica en Venezuela: El régimen de Chávez-Maduro contra el pueblo

Venezuela tenía 12.700 empresas privadas cuando Chávez asumió el poder, según Conindustria. Hoy hay menos de un tercio de esa cifra. Para la destrucción económica, el régimen sumó el ataque a la propiedad privada y las expropiaciones de más de 690 empresas en doce años. Hoy, esas empresas expropiadas están técnicamente quebradas y aquellas que sobreviven son zombis produciendo menos de la mitad de las cifras anteriores a la confiscación.

Como siempre ocurre en el socialismo, lo primero fue negar la realidad. “Los inversores no deberían preocuparse acerca de los pagos de deuda de 2017 y 2018”, dijo Rafael Ramírez. Y de hecho no deberían haberse preocupado. Deberían haber entrado en pánico. Uno de los mayores bancos de inversión del mundo, que compró 2.800 millones de dólares de bonos se enfrenta ahora a la falsa “reestructuración” decretada por Maduro.

Maduro “decreta” la reestructuración como si fuera un milagro. Pero es otro clavo en el ataúd del régimen. La destrucción económica no solo no está cambiando, sino que está empeorando.

La reestructuración sencillamente no es ninguna solución. Correa, en Ecuador, ya ha experimentado el “éxito” del impago.

Ecuador, el “ejemplo” que usaban los populistas de cómo “enfrentarse al FMI” y animar al impago, dobló su deuda, hipotecó al país con China a tipos mucho más altos que los del FMI y finalmente tuvo que pedir ayuda a… el FMI. Esto es un “éxito”.

Correa en Ecuador impagó 3.200 millones de dólares al acabar dependiendo de China con un coste muy superior (7,5%) y plazos más cortos (8 años). Y ahora Ecuador descubre que su deuda real es de más de 41.800 millones de dólares en lugar de los 27.800 millones que dejó “oficialmente” Correa. Ese agujero costará miles de millones en ajustes. Esta es la realidad del impago y la reestructuración. Las cosas empeoran.

Pero Ecuador al menos tenía una economía con posibilidades de crecimiento. Maduro busca ahora de financiarse con… ¿qué? Ha devastado el país. Entre 1999 y 2014, Venezuela recibió 960.500 millones de dólares en ingresos del petróleo, 56.500 anualmente durante 17 años, cinco veces más que de la renta real media anual de los gobiernos anteriores entre 1993 y 1998, según la BBC, citando a Ecoanalítica.

Esos enormes ingresos del petróleo se desperdiciaron y al mismo tiempo se destruyó la economía atacando la seguridad legal y la iniciativa inversora con expropiaciones salvajes. ¿Quién va a prestar a unos gestores tan desastrosos, incluso con tipos más altos y plazos distintos? Ahora empezará la cadena de litigios y quejas acerca del incumplimiento de contratos. Y eso cierra el grifo del crédito.

Esta reestructuración no va a ser un alivio ni el principio de la solución. Es la verificación de un fracaso absoluto del gobierno venezolano y costará mucho, como siempre, a los ciudadanos más pobres. Porque nunca ha habido una historia de impago que esté acompañada por un gasto público real superior. Nunca.

La lección de este nuevo ejemplo de fracaso socialista es que es un sistema basado en mentiras que ignora los principios más básicos de la economía y destruye incluso al país más rico.

Al final, la promesa socialista de dinero gratis es muy cara para todos. Aprendamos la lección.


El artículo original se encuentra aquí.

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