¿Se crea dinero por decreto?

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3320092480_d021ea4d9a_z.jpgDe acuerdo con una visión popular, la gente acepta dinero por decreto del gobierno.[1] Se argumenta que un decreto hace que una cosa concreta se acepte como medio general de intercambio. ¿Pero tiene sentido esto?

La demanda de un bien deriva de su beneficio percibido. Por ejemplo, la gente demanda comida por la nutrición que le ofrece. Con el dinero no pasa lo mismo, la gente lo demanda, no para su uso directo del consumo, sino para intercambiarlo por otros bienes y servicios.

El dinero no es útil por sí mismo, sino porque tiene un valor de intercambio, es intercambiable con respecto a otros bienes y servicios. El dinero se demanda porque el beneficio que ofrece es su poder adquisitivo (es decir, su precio). Consecuentemente, para que algo sea aceptado como dinero, debe tener un poder adquisitivo preexistente, un precio. ¿Cómo puede por tanto una cosa que el gobierno proclama que se convertirá en medio de intercambio adquirir ese poder adquisitivo, ese precio?

En sus escritos, Carl Menger planteaba dudas acerca de la sensatez de la opinión de que el origen del dinero es la proclamación de gobierno. Según Menger:

Un elemento de una importancia tan grande y universal y de una notoriedad tan inevitable como el establecimiento por ley o convención de un medio universal de intercambio sin duda se habría mantenido en la memoria del hombre, con más certeza porque se habría llevado a cabo en un gran número de lugares. Sin embargo, ningún monumento histórico nos da indicaciones dignas de confianza de que en ninguna transacción, ya sea confiriendo un reconocimiento claro de los medios de intercambio en uso o refiriéndose a su adopción por pueblos de culturas comparativamente recientes, ni mucho menos atestigua una iniciación de las primeras etapas de la civilización económica en el uso del dinero.[2]

Históricamente, se han usado muchos bienes distintos como medio de intercambio. Sobre esto, Mises observa que a lo largo del tiempo habría una tendencia inevitable para que los menos comercializables de esta serie de bienes usados como medio de intercambio fueran rechazados uno por uno hasta que permaneciera solo un producto, que se usaría universalmente como medio de intercambio; en una palabra, dinero.[3]

Igualmente, Rothbard escribía que:

Igual que en la naturaleza hay una gran variedad de habilidades y recursos, hay una variedad en la comerciabilidad de los bienes. Algunos bienes son más demandados que otros; algunos son más divisibles en unidades más pequeñas sin pérdida de valor, algunos son más duraderos durante periodos largos de tiempo, algunos son más trasportables a largas distancias. Todas estas ventajas constituyen una mayor comerciabilidad. Está claro que, en cualquier sociedad, los bienes más comercializables serán seleccionados gradualmente como medios de intercambio. Al ser cada vez más elegidos como medios, su demanda aumenta debido a este uso y por tanto se convierten en todavía más comercializables. El resultado es una espiral que se refuerza: más comerciabilidad causa un mayor uso de un medio, lo que causa más comerciabilidad, etc.

Finalmente, uno o dos productos se acaban usando como medios generales (en casi todos los intercambios) y a estos se les llama dinero.[4] Y para este proceso de selección es crítico el hecho de que la demanda de dinero depende de su precio preexistente. Sobre esto, Rothbard sostenía que:

El dinero no puede originarse de ninguna otra manera: ni por nadie que decida repentinamente crear dinero a partir de material inútil, ni por el gobierno llamando “dinero” a trozos de papel. Pues dentro de la demanda de dinero está el conocimiento de los precios monetarios del pasado inmediato.[5]

Sabemos que la ley de la oferta y la demanda puede explicar el precio de un bien. Igualmente parecería que la misma ley debería explicar el precio dinero. Pero hay un problema con esta manera de pensar, ya que la demanda de dinero aparece porque el dinero tiene poder adquisitivo (es decir, el dinero tiene un precio). Pero si la demanda de dinero depende de su precio preexistente, es decir, del poder adquisitivo, ¿cómo puede explicarse este precio por medio de la demanda? Estamos aparentemente atrapados en un círculo, pues el poder adquisitivo del dinero se explica por la demanda de dinero, mientras que la demanda de dinero se explica por su poder adquisitivo. La circularidad parece crear dudas sobre el proceso de selección histórica del dinero tal y como lo describían Mises y Rothbard y parece dar crédito a la visión de que la aceptación del dinero es el resultado de un decreto del gobierno.

En sus escritos, Mises refutaba con éxito la opinión popular de cómo se consiguió aceptar el dinero.[6] Mises empezaba su análisis señalando que la demanda actual de dinero está determinada por el poder adquisitivo del dinero de ayer.

Consecuentemente, con una oferta determinada de dinero, se establece a su vez el poder adquisitivo de hoy. La demanda de ayer de dinero se fijó a su vez por el poder adquisitivo del dinero del día anterior. Así que, con una oferta determinada de dinero, se estableció el precio del dinero de ayer.

El mismo procedimiento es aplicable a periodos anteriores. Remontándonos en el tiempo acabaremos llegando a un punto en el que el dinero era solo un producto ordinario cuya oferta y demanda establecían su precio. El producto tenía un valor de intercambio en términos de otros productos, es decir, su valor de intercambio estaba establecido en un trueque.

Dicho de manera sencilla, en el día en que un producto se convierte en dinero ya tiene un poder adquisitivo o precio establecido en términos de otros bienes. Este poder adquisitivo nos permite establecer la demanda de este producto como dinero. Esto, a su vez, para una oferta determinada, establece su poder adquisitivo en el día que este producto empieza a funcionar como dinero.

Una vez se ha fijado el precio del dinero, sirve como entrada para el establecimiento del precio del dinero de mañana. De esto se deduce que sin la información de ayer acerca del precio dinero no podría establecerse el poder adquisitivo del dinero de hoy. (Con respecto a otros bienes y servicios, no hace falta la historia pasada para evaluar los precios presentes ya que la demanda de estos bienes deriva de los beneficios percibidos por su consumo. El beneficio que proporciona el dinero es que puede ser intercambiado por bienes y servicios. Consecuentemente, hace falta conocer el poder adquisitivo pasado del dinero para establecer la demanda actual de este).

Utilizando el marco del pensamiento de Mises, también conocido como teorema de la regresión, podemos inferir que no es posible que el dinero pueda haber aparecido como resultado un decreto. Pues el decreto no puede establecer poder adquisitivo a una cosa que el gobierno proclama que se convertirá en medio de intercambio. El teorema demuestra que el dinero debe aparecer como un producto. Sobre esto, Rothbard escribía:

Frente a los bienes de consumo o producción directamente usados, el dinero debe tener precios preexistentes sobre los que basar una demanda. Pero la única manera en la que puede ocurrir esto es empezando con un producto o útil bajo trueque y luego añadiendo demanda por un medio a la demanda previa de su uso directo (por ejemplo, para adorno, en el caso del oro). Así que el gobierno no tiene poder para crear dinero en la economía: solo puede desarrollarlo el proceso del mercado libre.[7]


El artículo original se encuentra aquí.

 

[1] Carl Menger, “On the Origins of Money”, Economic Journal, vol. 2 (1892) p.239-255.

[2] Carl Menger, ibid.

[3] Ludwig von Mises, Teoría del dinero y del crédito, pp. 32-33.

[4] Murray N. Rothbard, ¿Qué ha hecho el gobierno de nuestro dinero?.

[5] Murray N. Rothbard, Ibíd.

[6] Ludwig von Mises, La acción humana, cap. 17.

[7] Murray N. Rothbard, ¿Qué ha hecho el gobierno de nuestro dinero?.

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