El Profesor Yeager y el oro al 100%

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Resultado de imagen de Leland B. YeagerUna de las más importantes explicaciones del patrón 100% oro en años recientes es la del Profesor Leland Yeager.[1] El Profesor Yeager, aunque realmente en el polo opuesto como defensor de las monedas fiduciarias de libre fluctuación, reconoce la gran superioridad del oro 100% por encima del tipo habitual previo a 1933 del patrón oro. Las principales objeciones al patrón oro son su vulnerabilidad a grandes y súbitas deflaciones y las dificultades que afrontan las autoridades nacionales cuando una absorción del metálico en el extranjero amenaza las reservas bancarias nacionales y obliga a la contracción. Con un oro al 100%, reconoce Yeager, no existiría ninguno de estos problemas.

Bajo un patrón oro internacional de moneda fuerte, la divisa de cada país consistiría exclusivamente en oro (u oro más recibos de depósito de oro completamente respaldados en forma de papel moneda y monedas representativas). El gobierno y sus agencias no tendrían que preocuparse acerca de ninguna absorción de sus reservas. Los almacenes de oro nunca se verían molestados por solicitudes de redimir el papel moneda en oro, ya que cada dólar de papel moneda en circulación representaría un dólar de oro realmente existente en un almacén. No existirían políticas monetarias nacionales independientes, el volumen de dinero en cada país estaría determinado por las fuerzas del mercado. La oferta mundial de oro estaría distribuida entre los diversos países de acuerdo con las demandas de efectivo de las personas de los distintos países. No habría peligro de que el oro abandonara algunos países y se acumulara en exceso en otros pues cada individuo se preocuparía de no dejar que su balance de efectivo encogiera o se expandiera hasta un tamaño que considere inapropiado a la vista de su propia renta y riqueza.

Bajo un patrón 100% oro, lo distintos países tendrían un sistema monetario común, igual que los distintos estados de Estados Unidos tienen hoy un sistema monetario común. No habría más razones para preocuparse acerca del desequilibrio en la balanza de pagos de Nueva York. Si cada individuo (e institución) se preocupara por evitar un desequilibrio persistente en su balanza  personal de pagos, sería bastante. Las acciones de los individuos al mantener los balances de efectivo a niveles apropiados “automáticamente” se ocuparían de la adecuación de la oferta monetaria de cada país.

Los problemas de las reservas nacionales, la deflación y otros, apunta Yeager, se deben a la naturaleza de reserva fraccionaria del patrón oro, no al propio oro. “Los sistemas de reserva fraccionaria nacional son el origen real de la mayoría de las dificultades para las que se echa la culpa al patrón oro”, Con reservas fraccionarias, las acciones individuales ya no bastan para asegurar automáticamente la distribución adecuada de la oferta de oro. “Las dificultades aparecen porque las divisas nacionales mixtas (divisas que son en buena parte papel y solo parcialmente oro) son insuficientemente internacionales. El principal defecto del patrón oro histórico es la necesidad de ‘proteger’ las reservas nacionales de oro”. La banca centralizada y su gestión solo empeoran las cosas: “En resumen, si un Banco Central amplifica los efectos de los flujos de oro, permanece pasivo ante dichos flujos o los ‘compensa’, su comportamiento en incompatible con los principios de verdadero patrón oro. En realidad, cualquier tipo de gestión monetaria va en contra de los principios del patrón oro puro”.[2]

A la vista de esta elocuente descripción del patrón 100% oro, ¿por qué lo rechaza Yeager de plano y reclama por el contrario dinero fiduciario fluctuando libremente? En buena medida porque solo con dinero fiduciario puede cada unidad gubernamental estabilizar el nivel de precios en su propia área en tiempos de depresión. Ahora no puedo detenerme a explicar más la política de estabilización, que creo que es al tiempo falaz y desastrosa. Solo puedo apuntar que, al contrario de lo que dice el Profesor Yeager, las bajadas de precios y la depreciación del tipo de cambio no son alternativas sencillas. Creer esto es sucumbir a un holismo metodológico fatal y abandonar el camino sensato del individualismo metodológico. Si por ejemplo, un sindicato metalúrgico en cierta área está causando paro en el sector al insistir en mantener altos sus salarios aunque hayan caído los precios, considero al mismo tiempo injusto, una causa de malas asignaciones y distorsiones en la producción y positivamente inútil tratar de arreglar el problema obligando a todos los consumidores del área a pagar precios más altos por sus importaciones (mediante una bajado en el tipo de cambio del área).

Un problema que ningún estatista y nacionalista monetario ha afrontado es el límite geográfico de cada moneda. Si debe haber moneda fiduciaria nacional fluctuante, ¿cuáles deberían ser los límites de la “nación”? Indudablemente las fronteras políticas tienen poco o ningún significado económico. El Profesor Yeager tiene el coraje suficiente como para reconocerlo y llevar al dinero fiduciario casi hasta la reducción al absurdo al defender, o al menos considerar, monedas completamente independientes para cada región o incluso localidad en una nación.

Sin embargo Yeager no ha llevado lo bastante lejos su reducción al absurdo. Lógicamente, lo definitivo en las monedas fiduciarias fluctuando libremente es un dinero distinto emitido por todas y cada una de las personas. Hemos visto que esto no se produciría en el mercado libre. Pero supongamos que esto se produce por evolución del sistema actual o por cualquier otro método. ¿Qué pasa entonces? Tendríamos realmente un caos mundial, con “rothbards”, “yeagers”, “joneses” y miles de millones de otras divisas individuales fluctuando libremente en el mercado. Pienso que sería instructivo si algún economista se dedicara a un análisis intensivo de cómo sería un mundo así. Creo seguro decir que el mundo volvería a una forma de trueque enormemente compleja y caótica y que el comercio se reduciría a una paralización virtual. Pues ya no habría ningún tipo de medio monetario para intercambios. Cada intercambio independiente requeriría un “dinero” diferente. De hecho, como dinero significa un medio general de intercambios, es dudoso que el mismo concepto de dinero pudiera seguir aplicándose. Indudablemente el indispensable cálculo económico proporcionado por el dinero y el sistema de precios tendría que cesar, ya que no habría una unidad común de cuenta.[3] Es una crítica sería y no inverosímil de las propuestas de moneda fiduciaria, porque todas ellas introducen algo de este elemento caótico en la economía mundial. En resumen, las monedas financieras fluctuantes son desintegradoras de la misma función del propio dinero. Si todo individuo tuviera su propio dinero, la desintegración de la misma existencia de dinero estaría completa, pero las monedas fiduciarias nacionales (y aún más las regionales y locales) ya desintegran parcialmente el medio monetario. Contradicen la esencia de la función monetaria.

Finalmente, el Profesor Yeager se preguntaba por qué debían haber insistido en el “internacionalismo monetario” del patrón oro “liberales ortodoxos” como Mises, Hayek y Robbins. Sin pretender hablar en su nombre, creo que la respuesta puede hacerse en dos partes: (1) porque estaban a favor de la libertad monetaria en lugar de la dirección y manipulación pública del dinero y (2) porque estaban a favor de la existencia del dinero frente al trueque, porque creían que el dinero es una de las mayores y más significativas características de la economía moderna de mercado y de hecho de la propia civilización. Cuanto más general sea el dinero, mayor el ámbito de división del trabajo y del intercambio interregional de bienes y servicios que deriva de la economía de mercado. Un medio de intercambio es por tanto crítico para el libre mercado y cuanto más amplio sea el uso de este dinero, más extenso será el mercado y mejor podrá funcionar. En resumen, la verdadera libertad de comercio requiere un dinero producto internacional (como ha demostrado la historia de la economía de mercado de siglos recientes) oro y plata. Cualquier división de ese medio internacional por papel fiduciario estatista inevitablemente dificulta y desintegra el libre mercado y priva al mundo de los frutos de ese mercado. En definitiva, el asunto es claro: podemos volver al oro o podemos seguir la vía fiduciaria y volver al trueque. Tal vez no sea una exageración decir que la propia civilización está en juego en nuestra decisión.[4]


[1] Leland B. Yeager, “An Evaluation of Freely-Fluctuating Exchange Rates”, tesis doctoral inédita, Universidad de Columbia, 1952.

[2] Ibíd., p. 9-17.

[3] De hecho, el Profesor Yeager concede en que una moneda independiente para cada persona o empresa sería ir demasiado lejos. “Más allá de algún punto que reconozco indefinible, l proliferación de divisas independientes en territorios cada vez más pequeños y estrechos empezaría a negar el mismo concepto de dinero”. Pero nuestro punto de vista es que el “punto indefinible” es definible con precisión en el mismo primer punto en que el papel fiduciario entra a romper el dinero del mundo. Ver Leland B. Yeager, “Exchange Rates within a Common Market”, Social Research (Invierno de 1958): 436-437.

[4] Otras críticas de Yeager son realmente, como reconoce en un momento determinado, críticas a cualquier plan de banca al 100%, fiduciaria o de oro. Por ejemplo, está el problema de cómo suprimir nuevas formas de obligaciones a la vista que bien podrían aparecer para eludir las restricciones legales. No creo que sea una discusión importante. El fraude siempre es difícil de combatir y en realidad continúa en diversas formas hasta hoy (como todos los tipos de delitos). ¿Significa que deberíamos dejar de prohibir y castigar el fraude y otros delitos contra personas y propiedades? En segundo lugar, estoy seguro de que los problemas prácticos de la aplicación de la ley se reducirían mucho si la gente recibiera una buena educación en los fundamentos de la banca. Si, en resumen, se permitiera a los defensores del dinero 100% formar Ligas de Vigilancia contra Bancos para señalar la fragilidad e inmoralidad de la banca de reserva fraccionaria, la gente estaría mucho menos inclinada a eludir esas restricciones de lo que lo está ahora.

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