Las manifestaciones pacifistas contra la deserción de Obama

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warprotest.PNG[Publicado originalmente por la Future of Freedom Foundation]

Barack Obama hizo campaña por la presidencia en 2008 como un candidato pacifista. Señalaba que cambiaría radicalmente el rumbo de Estados Unidos después de la despiadada carnicería desatada por la administración de George W. Bush. Sin embargo, al acabar la presidencia de Obama, Estados Unidos estaba bombardeando siete naciones extranjeras distintas.

Pero el belicismo de Obama raramente incitaba las manifestaciones o la oposición que generaba la administración Bush. ¿Por qué tantos activistas contra la guerra de la época de Bush abandonado la causa después de que Obama asumiera el cargo?

Una explicación es que los medios de comunicación restaron importancia a los asesinatos de Obama en el exterior. Obama fue nominado al premio Nobel de la paz menos de doce días después de asumir el cargo, y no debido a algo que hubiera logrado, sino debido a los sentimientos que había expresado. Poco después de aceptar el premio de la paz, anunció que aumentaría enormemente el número de tropas estadounidenses en Afganistán. Muchos de los medios de comunicación informaron de la apuesta de Obama como si fuera simplemente una campaña militar pensada para garantizar que se respetaran los derechos los derechos de las mujeres afganas. El hecho de que más de 2000 soldados estadounidenses murieran en Afganistán bajo el mandato de Obama recibió mucha menos atención la prensa que las bajas de la guerra de Irak de Bush.

A principios de 2011, levantamientos populares en varias naciones árabes generaron una esperanza en que la democracia florecería pronto en el norte de África y buena parte de Oriente Medio. Las manifestaciones violentas en Libia pronto amenazaron el veterano régimen del dictador Muammar el Gadafi, que se había convertido en aliado y defensor de EEUU en años recientes. La secretaría de estado Hillary Clinton y otros asesores convencieron a Obama para que interviniera por la fuerza en lo que parecía ser una guerra civil.

En marzo de 2011, Obama dijo los estadounidenses que “los valores democráticos que defendemos se verían desbordados” si Estados Unidos no se uniera al ataque francés y británico al gobierno libio. Obama declaró que un objetivo del ataque de EEUU era “la transición hacia un gobierno legítimo que fuera receptivo al pueblo libio”. Gaddafi, que se enfrentaba a levantamientos en toda la nación, envió a Obama un mensaje personal: “Como usted sabe muy bien, la democracia y la construcción de una sociedad civil no puede lograrse por medio de misiles y aviones o respaldando a miembros armados de al-Qaeda en Bengasi”.

Incluso antes de que Estados Unidos empezara a bombardear Libia, no había ninguna razón seria para esperar que derrocar a Gadafi generara un triunfo de la soberanía popular. Algunos de los grupos rebeldes habían estado degollando civiles: africanos de color a quienes Gadafi había traído a Libia como trabajadores invitados fueron especialmente objeto de masacres. Algunos de los opositores más peligrosos de Gadafi eran grupos a los que estados unidos había calificado oficialmente como terroristas.

Obama decidió que llevar la democracia a Libia era más importante que obedecer a la ley de EEUU. La Ley de Poderes de Guerra, aprobada por el Congreso en 1973 en los días de declive de la Guerra de Vietnam, obliga a los presidentes a terminar los ataques militares en el exterior después de 60 días, salvo que el Congreso apruebe específicamente la intervención. Inmediatamente después de que comenzaran los bombardeos, la secretaria de estado Clinton declaró durante una reunión secreta con miembros del Congreso que “la Casa Blanca continuaría con las acciones militares en Libia incluso si el Congreso aprobara una resolución que limitara la misión”. Recordando a la administración Bush, la administración Obama indicó que las limitaciones del congreso serían “un al ataque inconstitucional al poder ejecutivo”.

Según la Oficina del Consejo Legal del Departamento de Justicia, Obama “tenía la autoridad constitucional” para atacar Libia “porque podía determinar razonablemente que dicho uso de la fuerza era de interés nacional”. Aparentemente, mientras que los asesores presidenciales concluyan que atacar extranjeros que es en EEUU “de interés nacional” la belicosidad del presidente tiene pase (al menos de acuerdo con sus abogados). Los profesores de Yale, Bruce Ackerman y Oona Hathaway lamentaron que “la historia dirá que la Ley de Poderes de Guerra estaba condenada a una muerte tranquila por un presidente que había jurado solemnemente durante la campaña acabar con las guerras indiscriminadas”.

El ataque de EEUU a Libia no provocó prácticamente ninguna manifestación en toda la nación. Después de que muriera Gadafi, la secretaria Clinton se reía durante una entrevista en televisión celebrando su eliminación: “Venimos, vivos, murió”. Pero los misiles y bombas de EEUU dejaron caos, no libertad. Cinco años después, cuando se le preguntó cuál fue el peor error de su presidencia, Obama replicó: “Probablemente no planificar el día después de lo que pensaba que era lo correcto al intervenir en Libia”.

Siria

En 2013, Obama decidió atacar el régimen sirio de Bashar al-Asad. El equipo de Obama alegaba que el régimen de Asad había lanzado un ataque con armas químicas contra civiles sirios.

Un titular de primera página del Washington Post restallaba: “Hay pruebas a mano contra Asad”. Pero esa mano permanecía oculta. En un programa de debate del domingo, el jefe de personal de la Casa Blanca, Denis McDonough, admitía que a la administración le faltaban evidencias “más allá de cualquier duda razonable” que demostraran que el régimen sirio hubiera llevado a cabo el ataque con gas. Pero McDonough afirmaba: “La prueba de sentido común dice que [Assad] es responsable de esto. Debería considerársele como responsable”. Los cargos de la administración Obama también insistían en que atacar a Siria estimularía la “credibilidad” estadounidense. Pero salvo que la “credibilidad” se defina únicamente como garantizar al mundo que el presidente de Estados Unidos puede matar a extranjeros a capricho, es un mal alegato. Este tipo de credibilidad es más apropiada para una pelea de borrachos en un bar que para las relaciones internacionales.

La administración nunca proporcionó evidencias sólidas para respaldar su afirmación. Incluso el aliado de Obama, el senador Tom Harkin (D-Iowa), calificó a las evidencias presentadas en una reunión secreta en el Capitolio como “circunstanciales”. El representante Justin Amash (R-Mich.) comentó: “Las evidencias no son tan fuertes como decían las declaraciones públicas que han realizado el presidente y la administración. Hay algunas cosas que se han adornado en las declaraciones públicas. Las reuniones [secretas] en realidad me han hecho más escéptico acerca de la situación”.

Tratando de atraer a la nación detrás de su causa, Obama pidió en el Congreso que le autorizaron a bombardear Siria. Pero el pueblo estadounidense tenía pocas ganas de otra aventura del exterior. Hubo unas pocas manifestaciones, incluyendo una fuera de la Casa Blanca en el sábalo en el que se esperaba que Obama anunciara que había comenzado los bombardeos. Estuve allí ese día, junto con unos pocos conservadores y libertarios que se oponían a otra guerra. La manifestación fue un poco anémica hasta que llegó desde Baltimore una pareja de autobuses llenos de activistas de la Coalición ANSWER. Tenían grandes pancartas (“Bombardear a siria no protege al pueblo, lo mata”) y marchaban y cantaban al unísono mejor que la mayoría de las bandas de los institutos. La policía de parques de EEUU no estaba contenta con la manifestación y cargó con sus caballos hasta la mitad del grupo. Llegó la policía federal y amenazó con arrestar a cualquiera que no se fueran de la calle detrás de la Casa Blanca. Se realizaron unos pocos arrestos y la multitud se dispersó.

Pero cuando Obama realizó su discurso en la radio a la nación esa tarde podían oírse al fondo los cantos de la manifestación. Obama anunciaba que estaba retrasando una decisión sobre los bombardeos.

Sin embargo, en el verano de 2014, el grupo terrorista ISIS emitió imágenes de la decapitación de rehenes. Eso proporcionó cobertura suficiente para Obama como para empezar a bombardear a ese grupo… y a otros objetivos en Siria. Los medios desempeñaron su habitual papel de perros falderos. Un titular del Washington Post proclamaba: “Obama, el guerrero reticente, vende con cautela un nuevo combate”. ¿Así que se supone que tenemos que pensar que el presidente es víctima de una cruel necesidad o qué? Un titular del New York Times anunciaba: “En los ataques aéreos, EEUU tiene como objetivo células militares preparando presuntamente un ataque contra occidente”. “Presuntamente” es la palabra perfecta, tal vez suficiente como para no alertar a lectores con cerebro de que puede que falte algo (por ejemplo, evidencias). A mediados de 2016, la administración Obama había dejado caer casi 50.000 bombas sobre las fuerzas del ISIS (o civiles de los que se sospechaba erróneamente que eran combatientes del ISIS) en Siria e Irak. Un artículo de setiembre de 2016 de Daily Beast señalaba: “En enero, el Pentágono admitió haber bombardeado a civiles en al menos 14 ocasiones distintas. En julio, un ataque aéreo erróneo en el norte de Siria mató a más de 60 personas”.

Obama actuaba como se estuviera haciendo el trabajo de Dios bombardeando de nuevo Oriente Medio. Pero los supuestos beneficiarios no estaban convencidos. En vísperas de las elecciones estadounidenses de noviembre de 2016, la periodista independiente Rania Khalek (que estaba visitando Siria) tuiteaba: “He estado preguntando a los sirios quién quieren que gane la presidencia. La gran mayoría dice que Trump, porque creen que es menos probable que les bombardee”. La retórica presidencial no fue compensación suficiente para las vidas y hogares que se destruirían por las mayores matanzas que la candidata demócrata Hillary Clinton parecía prometer.

¿Contra la guerra o contra los republicanos?

Miles de extranjeros inocentes murieron por los bombardeos y ataques con drones de EEUU durante la administración Obama. En su discurso del estado de la Unión de 2016, Obama se burlaba de “reclamaciones para hacer bombardeos de alfombra contra los civiles”. Tal vez consideraba mucho más prudente reventar en su lugar fiestas de boda (como ocurrió durante su reinado en Yemen y Afganistán). Mientras los portavoces de la Casa Blanca o el Pentágono anunciaban que Estados Unidos estaba usando “bombardeos de precisión” la polémica en los medios sobre las víctimas inocentes se limitaba, si no se evitaba completamente.

¿Por qué Obama sufrió mucha menos oposición que George W. Bush? El columnista de Salon, David Sirota, resumía un estudio académico publicado en 2013: “evaluando encuestas de más de 5.300 manifestantes contra la guerra de 2007 a 2009, los investigadores descubrieron que muchos manifestantes que ese autoidentificaban como demócratas ‘abandonaron las manifestaciones contra la guerra cuando el Partido Demócrata logró el éxito electoral’ en las elecciones presidenciales de 2008”.

Sirota señalaba que los investigadores concluían que “durante los años de Bush, muchos demócratas no estaban necesariamente motivados para participar en el movimiento pacifista porque se opusieran al militarismo y la guerra, más bien estaban ‘motivados para participar por sentimientos contra los republicanos’”.

Ha habido multitud de fuertes críticas al belicismo de Estados Unidos en años recientes, incluyendo Antiwar.com, la Future of Freedom Foundation, Ron Paul, el Instituto Mises y algunos progresistas e izquierdistas con principios como CounterPunch y Glenn Greenwald y The Intercept. Pero, en general, el foco de los medios de comunicación raramente se pone sobre las carnicerías de EEUU en el exterior en el grado en que se hacía en tiempos anteriores. Tal vez el movimiento contra la guerra se reavive si Donald Trump empieza a bombardear nuevas naciones extranjeras. Pero está claro que demasiados estadounidenses no han aprendido todavía lo absurdo que es “mata primera los extranjeros, pregunta después”.


El artículo original se encuentra aquí.

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