Tres cosas en las que los críticos se equivocan con la praxeología

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mises_0.PNGJeff Deist nos da un excelente consejo: escuchar a economistas muertos. Explica cómo la economía ha perdido el rumbo al tratar de emular a las ciencias físicas y su método empírico. Cita a Menger, Mises, Hayek y Rothbard como recursos principales para los interesados en entender la economía como una “ciencia teórica”. Según los economistas austriacos, la teoría económica se construye través de la deducción y no de la experimentación o el modelado matemático.

Es triste que esta postura produzca más rechazo que casi cualquier otra afirmación realizada por los economistas austriacos, porque esta es esencial. Si no puede haber acuerdo acerca de cómo hacer economía, ¿cómo puede entonces mantenerse en una discusión fructífera acerca de políticas?

Muchas de las críticas que veo se basan en una incomprensión y caricaturización de lo que Mises llamaba la “praxeología”. Esos mismos críticos no dirían las mismas cosas acerca de la lógica, pero la praxeología es lógica, solo que aplicada a la decisión humana o acción. Por eso a menudo evito el término “praxeología” en compañía de ortodoxos y me limito a usar “la lógica de la acción”.

Crítica nº 1: “‘¿Lógica de la acción?’ ¡Pero si alguna gente es irracional!”

Un error inicial que aparece normalmente es que este método debe suponer que todas las personas son “lógicas” o “racionales” en los sentidos coloquiales de estos términos. En relación con esto, algunos consideran que esta terminología significa que los economistas austriacos creen que todo comportamiento humano es deliberado. Nada de esto es así. La lógica de la acción atañe tanto al hombre primitivo que elige danzar lluvia para atraer la lluvia como al científico climático que elige qué tipo de termómetros emplear en su siguiente experimento.

Asimismo, tomar decisiones conscientes e intencionadas como objeto no significa que se niegue la existencia de comportamientos inconscientes e irreflexivos. Los científicos climáticos toman el clima como objeto, pero no niegan la existencia de todo lo que no sea clima. No hay una “economía del estornudo” por la misma razón que no hay una “climatología del estómago”.

Crítica nº 2: “¿Pero qué puede hacer?”

Otra crítica común es que dicho método no lleva a ninguna parte. El crítico pregunta: “¿Cuánto puede en realidad deducirse lógicamente de ‘La acción humana es un comportamiento intencionado’?” Señalaría este crítico algunos de los grandes volúmenes de la literatura austriaca, como La acción humana y El hombre, la economía y el estado. Mises y Rothbard partieron del mismo punto (la acción humana) y llenaron cientos de páginas de valiosa teoría económica y análisis político.

Para quienes sigan dubitativos acerca de la practicidad de dicho método, pero no quieran leer tantas páginas, puedo demostrar brevemente cómo llegar a la utilidad marginal decreciente. Toda la teoría económica se basa en ser capaz de llegar esta conclusión.

Cuando las personas actúan, emplean necesariamente algunos medios para la satisfacción de un fin preferido. Una oferta limitada de medios solo puede satisfacer un número limitado de fines. Una existencia homogénea de medios puede dedicarse a una variedad de fines. Por tanto, una persona usará esta existencia de medios para satisfacer los fines más importante o los más deseados y dejará sin satisfacer los fines menos importantes. Por tanto, unidades adicionales de esta existencia homogénea de medios se emplearían por parte de la persona en satisfacer fines peor valorados, porque se habrían alcanzado primero los fines con mayor preferencia que podrían satisfacerse por esos medios.

Esta línea de razonamiento nos lleva a una poderosa afirmación: la utilidad marginal decreciente. Es una explicación sólida de la manera en que valoramos las cosas que nos rodean. Nos cuenta mucho acerca del mundo y la forma en que tratamos la escasez. Es universal e indiscutible debido a la forma en que se deduce y es imposible actuar violando de esta ley.

Es inútil tratar de idear algún experimento para refutarlo. Literalmente no puede refutarse, de la misma manera que 1+1=2 no puede refutarse. Puede que os preguntéis: “¿quién está tratando de refutar la utilidad marginal decreciente?” Os señalaría la fascinación de la corriente principal con los bienes Giffen, que son bienes que supuestamente violan la ley de la demanda, un corolario cercano a la ley de la utilidad marginal decreciente.[1]

Crítica nº 3: “¿Por qué odiáis tanto los datos?”

Esta es la base para una tercera crítica frecuente a los economistas austriacos. Los detractores dicen que los austriacos temen a los datos y se tapan tercamente sus oídos y cantan “la la la” siempre que se enfrentan a hechos supuestamente incómodos acerca del mundo real. Pero hemos visto que no hay aversión a los datos, la matemática o la estadística. Sencillamente se usan apropiadamente en historia económica o psicología y no en la prueba de la teoría económica. Lo más que puede hacer la observación por la teoría es guiar al teórico para crear teoría relevante y tal vez para animarle a echar otro vistazo a una teoría cuando todos los datos “van contra ella”, por decirlo así. Es importante que las observaciones no pueden falsar teoría económica deducida lógicamente, pero pueden señalar a veces con un dedo acusatorio pasos defectuosos en la lógica.

Así vemos como las diferencias en el método llevan rápidamente a diferencias en las conclusiones teóricas. Las diferencias en las conclusiones teóricas llevan inevitablemente a debatir acerca de propuestas políticas. Aunque afirmaciones normativas como “no tendría que haber un salario mínimo” están técnicamente fuera del ámbito de la economía positiva, no hay un gran salto de “Las leyes de salario mínimo obligatorio causan desempleo” a “No deberíamos aprobar leyes de salario mínimo”. Por eso existe ese gran solapamiento de los economistas austriacos con los libertarios.

Las consecuencias de empezar desde bases metodológicas diferentes

El concepto de bien Giffen evidentemente no es la única de las diferencias entre los ortodoxos y los austriacos. Las dos escuelas parten de bases epistemológicas y metodológicas diferentes y crean dos armazones distintas de teoría económica. Las diferencias se convierten en especialmente polarizadas en teoría al nivel macro, aunque haya algunas fachadas similares a nivel micro.

La macroeconomía ortodoxa tiene tantos defectos que incluso los macro economistas ortodoxos están empezando a admitirlo. Se caracteriza por ridículos niveles de agregación, propuestas políticas extravagantes y modelos matemáticos muy capaces que no parecen tener nada que ver con la forma en que viven y actúan los seres humanos reales. Aunque su ciencia se basa en la predicción, la crisis financiera de 2007-08 pareció pillarles a todos por sorpresa.

Los economistas austriacos habían estado advirtiendo acerca de una burbuja en la vivienda durante años y era así porque estaban equipados con un método de hacer economía que está firmemente basado en las implicaciones lógicas de las decisiones reales tomadas por seres humanos reales.


El artículo original se encuentra aquí.

 

[1] Los bienes de Giffen son teóricamente posibles en la microeconomía neoclásica cuando el efecto renta supera al efecto sustitución para un bien inferior. Son teóricamente imposibles en la microeconomía austriaca porque los dos lotes de bienes que se comparan cuando cambia el precio de uno de ellos no son vistos como homogéneos para el individuo. Por ejemplo, se consumen dos libras de patatas y 16 onzas de carne con un precio más bajo de las patatas frente a cinco libras de patatas y 10  onzas de carne con un precio superior de las patatas. La utilidad marginal decreciente solo se aplica a una valoración individual de una existencia homogénea de un bien y los lotes de bienes satisfacen un fin distinto para el individuo de lo que las cosas satisfacían independientemente para dicho individuo. Podéis ver aquí la explicación completa de Peter Klein.

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