Declaración de propósitos de Liberty

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Aparecida en el volumen 1 y número 1 de Liberty, 6 de agosto de 1881 y que es su salutación:

La Libertad [Liberty](1) ingresa en el campo de periodismo para hablar por sí misma porque sabe bien que nadie hablara por ella. Ella no escucha voz ni ve pluma que la defiendan. No ve mano alguna que se levante para vengar sus males y reivindicar sus derechos. Muchos exigen hablar en su nombre pero ¿existe alguno que realmente la entienda? Son menos aún los que tienen el valor y la oportunidad de luchar en forma consistente por ella.Por consiguiente, ella sola debe emprender y ganar su batalla.

Su enemigo, la Autoridad, toma muchas formas. Hablando ampliamente, sin embargo, los enemigos de la Libertad se dividen básicamente en tres clases: primero, aquellos que la aborrecen como medio y como fin del progreso, tanto en un aspecto como en el otro, y se le enfrentan en forma abierta, confesa, sincera, consistente y universal; en segundo lugar, aquellos que dicen creer en ella como un medio de progreso, pero que en realidad sólo la aceptan en tanto beneficie sus intereses egoistas y niegan sus bendiciones al resto del mundo; en tercer lugar, aquellos que desconfían de ella como un medio de progreso y que creen en ella como un fin a ser obtenido atropellándola, violándola y ultrajándola. Estos tres bandos de la oposición a la Libertad se encuentran en casi todas las esferas del pensamiento y de la actividad humana. Encontramos buenos representantes del primero en la Iglesia Católica y la autocracia rusa; del segundo, en la Iglesia Protestante y la Escuela de Manchester de política y economía política y del tercero, en el ateismo de Gambetta y el socialismo de Karl Marx.(2)

A través de todas las formas de autoridad otra linea de demarcación corre transversalmente, separando la autoridad humana de la autoridad divina o, mejor aún, la autoridad religiosa de la autoridad secular.La victoria de la Libertad sobre la primera está ya muy cerca. El siglo pasado Voltaire desacreditó la autoridad sobrenatural por completo. Desde entonces, la Iglesia no ha cesado su declinación. Muerde el polvo y aún cuando a veces parece mostrar aquí y allá señales vigorosas de vida, estas corresponden en realidad a la violencia de la muerte. Agoniza y muy pronto su poder no se sentirá más. Es la autoridad humana la única que en adelante debe preocuparnos y su órgano, el Estado, el único que en el futuro debe ser temido. Todos aquellos que han perdido su fe en los dioses para ponerla en los gobiernos; todos los que han dejado de ser adoradores de la Iglesia para volverse adoradores del Estado; todos los que han abandonado al papa por el rey o el zar, o al sacerdote por el presidente o el parlamento, han cambiado de campo de batalla pero no son menos enemigos de la Libertad que antes. La majestad de la Iglesia se ha transformado en un objeto de burla. Lo mismo debe ocurrir con el Estado.El Estado, que para algunos es un mal necesario, debe tornarse innecesario y superfluo. La batalla de nuestro siglo se libra contra el Estado. El Estado, que rebaja al hombre, prostituye a la mujer, corrompe al niño, pisotea el amor, ahoga el pensamiento, monopoliza la tierra, limita el crédito, restringe los intercambios, aumenta el poder del Capital ocioso y, a través de los intereses, las rentas, el lucro y los impuestos, roba sus productos al trabajo duro y honesto.

Cómo el Estado hace estas cosas y cómo se le puede impedir hacerlas es lo que Liberty se propone mostrar con más detalle a medida que avance en la prosecución de sus objetivos. Baste por ahora con decir que el monopolio y el privilegio deben ser destruidos, que la oportunidad existe y que el reto nos anima. Este es el trabajo de Liberty y “¡Abajo la Autoridad!” su grito de guerra.

Notas

(1)Aquí hay un juego de palabras y doble sentido. La revista se llama Liberty. La declaración se refiere tanto a la revista como al propio concepto de libertad. Si alguien posee información sobre las diferencias de matiz existentes entre los términos liberty y freedom, agradeceríamos la información.
(2)Entre los primeros, podríamos mencionar hoy a las diversas tendencias fascistas y neofascistas, a los fundamentalistas de diversas religiones, así como a muchos estalinistas que parecen haber abandonado cualquier pretensión de libertad, incluso para el futuro más lejano; entre los segundos, a los llamados neoliberales, a muchos de los “demócratas” -incluyendo socialdemócratas- y a todos aquellos empresarios llorones y cuasimafiosos que forman lobbies y exigen, ora medidas liberales, ora medidas proteccionistas, según las conveniencias del momento y, entre los terceros, básicamente a los mismos de la época de Tucker, con excepción de los seguidores del ateísmo de Gambetta.

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