Lo que el anarquismo significa para mí

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El anarquismo es mi declaración de paz contigo. Es un repudio del uso coercitivo del poder para poder alcanzar mis propios fines, o bien amparar la dominación de cualquier hombre a sus prójimos, o sobre sus prójimos. Es una renuncia al uso y apoyo de las estructuras que funcionan para crear discordia y disparidad entre los hombres y las naciones, y que vende el caos y la malicia bajo la égida de protección y seguridad, y la matanza como un costo aceptable —no de supervivencia, sino de saciedad.

El anarquismo es mi declaración de independencia de la corrupción y de la perversidad de los sistemas que institucionalizan el dominio y la sumisión de la mente y conciencia, saqueando la propiedad de los pacíficos y expoliando el espíritu humano. La autoridad es una forma de privilegio. Existe una clase de riqueza que uno sólo puede ganar a expensas de otro, y ésa es el privilegio; el dinero puede que siga al privilegio, pero solamente puede comprar el privilegio cuando existe una autoridad que los alberga y asigna.

El anarquismo es mi declaración de intenciones de ocuparme de mis propios asuntos, y no interesarme en los tuyos mas allá de lo que pueda ser bienvenido, educadamente, y apropiado a nuestras relaciones, porque yo espero la misma cortesía de ti. Solamente nos interesaremos los unos por los otros cuando nuestra relación sea pacífica, y no es un acto pacífico hacerlo hasta el punto de violar los límites de la otra persona.

El anarquismo es mi voto de confianza en ti. No es del interés de ningún vecino dañar a su vecino. Como vecinos y compañeros puede ser que no siempre nos llevemos bien, pero es tan improbable que nos hagamos daño el uno al otro como que nos dañemos a nosotros mismos, ya que lo primero indirectamente significa cometer lo segundo —como el suicidio mediante la provocación a un policía. Siempre y cuando los vecinos no lleven insignias que transmitan la idea de que estarían inmunes al cometer juicios apresurados, no escucharemos una gran cantidad de “suicidios por vecinos”.

El anarquismo es mi objeción consciente a la tiranía de las visiones, opiniones, esquemas, fijaciones y prioridades de otras personas. No es necesario entender cuáles son las motivaciones de los otros, sus necesidades, o preocupaciones, pero sí es necesario extender a otros el mismo respecto que nosotros esperamos de ellos. Lo que compartimos voluntariamente es un regalo o un préstamo; lo que somos obligados a compartir es un objeto robado; y es por eso que el libre intercambio trae consigo paz entre las personas: crea menos deudores y premia a menos ladrones.

El anarquismo significa muchas cosas para muchas personas, pero para mí es un estado de gracia. Las estrellas en el cielo no designan a gobernantes para cuidar su jerarquía; ni los pájaros tienen dinastías políticas, ni los peces del mar crean tronos para las ballenas. La ley y orden natural no es un pandemónium; fue necesario el acto del hombre para crear el caos a partir de la ley y orden natural, y yo soy un amante de la naturaleza.

El anarquismo es mi carta de derechos, escrita por el dedo de la fuerza vital benigna que forjó el tiempo y el espacio, día y noche, hombre y mujer, y firmada por aquellos que creen que todos somos dignos de respirar el mismo aliento perpetuo e imparcial del universo. El hombre sólo puede ocasionar desigualdad si define a la igualdad en términos que nos convenzan de que nunca fue nuestra para empezar. Somos solamente iguales en la manera y en los términos que nosotros nos percibamos iguales. Que te consideres mi igual significa concederme el respeto de ser tu igual también.

El anarquismo es mi profesión de fe en la hermandad del hombre. El hecho de que seamos diferentes es un hecho honorable entre hermanos, y una fuente a ser disfrutada por aquellos que quieran aprender los unos de los otros. Nosotros honramos las diferencias con las personas que respetamos; ellos no buscan la aprobación de los otros, ni nosotros la de ellos, sin embargo, observa, nos llevamos bien. El respeto mutuo es una afirmación de humanidad compartida, y esto se habla en un lenguaje universal.

El anarquismo es socialmente responsable, no contamina el ambiente, no incentiva la creación de granjas de explotación, ni se involucra en nefastas conspiraciones. Se necesita una forma corporativizada de gobierno, o una corporación politizada, para hacer esas cosas; porque ninguna otra institución puede racionalizar por mucho tiempo —mucho menos obtener ganancias— tal comportamiento cortoplazista y dañino.

El anarquismo no es un proyecto utópico, porque si podemos crear nuestras pequeñas utopías interconectadas, entonces no habría dos de ellas similares. No existe un paraíso de talla única, y ciertamente el cielo de una persona puede ser el infierno de otra; forzar a otra persona a aceptar tu cielo es un acto atroz tanto como crear un infierno para esa persona. Las buenas intenciones no son una excusa para tomar prisioneros o rehenes a personas que poseen menos influencia política que ti.

El anarquismo no nos divide en sistemas bipartidistas; nos une mediante la comprensión de que si no funcionamos como parte de una red sublime e interrelacionada de vidas, estamos nadando contra la corriente, cuando es mucho menos extenuante —y mucho más agradable y gratificante— ir a la deriva con él.

El anarquismo no se llena la boca hablando de la diversidad. El anarquismo es la creencia sincera en la diversidad puesta a prueba en la práctica, y una garantía de que la diversidad prosperará. Si honestamente valoras la diversidad, y sin embargo crees que debe ser administrada o repartida por una autoridad central, estás esperando que la única cosa que está mejor capacitada para matar a la diversidad, y que también tiene el mayor incentivo para destruirla, mágicamente actuara para preservarla. No se honra a la diversidad dándole una gama limitada de maneras aceptables en la que se puede manifestar, no más que las “zonas de protesta” honran el derecho a la libre expresión; eso es sólo otra manera de poner en cuarentena a los elementos sanos de la sociedad para no infectar a los enfermos.

El anarquismo, en su mejor expresión, es una muestra de amor incondicional. No ata las manos, ni pone grilletes a los pies; no pretende tener autoridad superior o mejor sabiduría; no limita la palabra o prohíbe opciones, incluso para tu propio bien. Sabe que la decisión sobre lo que es bueno para ti debe recaer en ti, porque sólo siendo responsables de nosotros mismos podemos cumplir con nuestra obligación con nosotros mismos, y crecer como algo más allá de nosotros mismos. Somos capaces de ello. ¿Por qué conformarse con menos?

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