Imagina que no hay países

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Si el otro día hablaba del fin de la gran empresa, hoy me voy a poner más radical aún. John Lennon tenía razón, podemos imaginar un mundo sin países. Es más, no solo podemos imaginarlo, sino que es inevitable.

La existencia de países tiene una lógica económica, como todo. Hay dos motivos poderosos para que existan los países. El primero es que la capacidad de organizar jerárquicamente a miles o millones de personas (y sus recursos) te aporta ventajas competitivas frente a otros grupos desorganizados. La supremacía de Occidente en la Edad Moderna no se debe solo a que tuviera una tecnología más avanzada, sino sobre todo a que los países europeos eran capaces de organizar proyectos complejos. De modo que la gente organizada en estructuras más débiles como la tribu o la ciudad-estado simplemente fue conquistada por los que se organizaban en países, hasta que en prácticamente todo el mundo la pertenencia a un país fue lo habitual.

Y el interés por conquistar desvela el otro motivo para la existencia de países: la riqueza, hasta hace apenas unas décadas, estaba fuertemente ligada al territorio ocupado por un país y sus recursos naturales. El interés por conquistar todo el terreno posible no se debía solo a la megalomanía de los gobernantes. Simplemente, el país más grande podía controlar más recursos naturales y por tanto más riqueza.

Cuando el orden espontáneo es más eficiente que la jerarquía

Ahora la tecnología ha cambiado todo esto. Apenas estamos empezando a ver las posibilidades, pero la capacidad de autoorganización de grupos con intereses comunes fuertes está alcanzando o superando la capacidad de organización del estado. Es muy difícil separar el grano autoorganizativo de la paja financiada o instigada por agentes diversos en las revueltas de Irán de 2009, la primavera árabe, el Tea Party, Occupy Wall Street, el 15M o la oposición a SOPA y PIPA, pero es innegable que todos estos movimientos se han beneficiado en gran medida de la capacidad de comunicación instantánea y anónima que ofrecen las nuevas tecnologías.

Según mejore la capacidad de ocultación de mensajes y personas, según mejore el conocimiento acerca de cómo crear y distribuir información, según mejore la información en tiempo real de los grupos autoorganizados, más difícil va a ser a las fuerzas de la autoridad que dependen de la transmisión de información en estructuras jerárquicas responder con eficacia a estos desafíos. En poco tiempo, los gobiernos, la policía o el ejército solo van a poder enfrentarse a estos movimientos dejando de ser lo que son: grupos fuertemente jerarquizados donde impera la autoridad y se valora ante todo la capacidad de obedecer órdenes rápidamente.

Un grupo jerárquico con obediencia ciega era eficaz hasta el siglo XX, cuando su capacidad de reacción se adaptaba muy bien, por regla general, a la velocidad de creación de problemas por parte de los revoltosos. Ahora está empezando a ser tan lento y tan ineficiente como el caballero medieval cuando se tuvo que enfrentar a las armas de fuego.

El territorio ya no determina la riqueza

En cuanto a la generación de riqueza, cada vez está más alejada de la posesión de recursos materiales. Un país crece y se enriquece por su capacidad para relacionarse y comerciar, no por su capacidad de excavar su terreno. Todavía hay recursos, como el petróleo, que son importantes y pueden influir muy positivamente en la riqueza de un país.

Pero el ejemplo de ciudades o pequeños países como Hong Kong o Singapur con tasas de crecimiento y creación de riqueza espectaculares, están demostrando que el soporte de un imperio ya no es imprescindible. Incluso en el caso de grandes países como Estados Unidos, está siendo ya más importante que los recursos naturales la creación de una cultura homogénea y como consecuencia de un mercado homogéneo. El suburb, el High School, el downtown, los malls… son esencialmente iguales en Seattle y en Georgia. Aparte de exotismos como Nueva York, un estadounidense vive igual que otro estadounidense, y una empresa se encuentra con que necesita solo un mensaje para llegar a cientos de millones de consumidores.

Por otro lado, como vimos en la otra entrada, están apareciendo micro-multinacionales, empresas que venden en todo el mundo facturando millones o centenares de millones de dólares con apenas unas decenas de empleados, muchas veces repartidos en distintos países, y cuyo única “residencia” es la ubicación de sus servidores. Entre otras cosas, porque ahora aparecen oportunidades en forma de grupos de consumidores muy especializados y hasta ahora muy mal atendidos por las empresas tradicionales. Ya no necesito un mercado homogéneo de millones de consumidores iguales que hablan el mismo idioma y comparten el mismo estilo de vida cuando tengo a unas decenas de miles de personas para las que mi producto es perfecto y es único en el mundo.

Todavía es incipiente esta tendencia a la deslocalización. Todavía estamos atados a leyes y regulaciones locales. Pero ideas como la isla libertaria de Peter Thiel pueden hacer que estas empresas con enorme capacidad de creación de riqueza y escasa o nula dependencia territorial se acostumbren a ser apátridas o radicarse en el territorio que les ofrezca mejores condiciones.

Y si los países empiezan a competir entre sí para atraer a estas empresas y captar al menos una pequeña parte de la riqueza que generan, la única manera va a ser eliminar regulaciones, impuestos y rigideces.

Poner puertas al campo

Así como creo que estamos experimentando ya la extinción de las grandes empresas, no creo que viva para ver un mundo sin países. La inercia que tiene una superestructura tan grande como un estado es enorme. Y seguirán intentando regular hasta donde puedan. Pero ¿qué regulación laboral puedes imponer cuando puedes contratar a cualquier persona en cualquier país del mundo en un momento y sin moverte de tu silla? ¿cómo puedes imponer una legislación mercantil cuando tus ciudadanos pueden crear una empresa no ya en otro país sino en otro continente en pocas horas y por menos de 1.000€? ¿y cuando pueden fabricar sin tener fábricas, y transportar sin tener transportes, y vender sin tener comerciales?

El pasar de una economía donde el valor está en las cosas a una economía en la que el valor está en los bits tiene la peculiaridad de que los bits no están sometidos a las limitaciones de las cosas. Se replican a coste cero, se mueven inmediatamente a cualquier parte del mundo a precio cero. Puedes hacerlos muy difíciles de interceptar, o muy fáciles de propagarse.

Los países tienen inercia. Seguirán existiendo muchos años y seguirán intentando regular los bits como regulan las cosas. Pero si no son mis hijos, serán mis nietos o mis bisnietos los que vivan en un mundo en el que los países-estado de la Edad Moderna serán cosa del pasado.

Durante mucho tiempo, como liberal, me he debatido entre la utopía anarcocapitalista y el posibilismo minarquista. Ahora veo que el anarcocapitalismo no solo es posible sino inevitable.

  • Gustavo Garcia

    Coincido con la nota. El estado cada día más expone su torpeza para gobernar, esto es, para conducir el desitno de una sociedad que es heterogénea. Ya no es funcional, por eso tambien se torna más violento. También es cierto que es difícil prever qué forma tendrá el nuevo orden.

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