El Bréxit ha puesto a los políticos de la UE en estado de pánico

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14069654181_4d3aec51a9.jpgLa UE no puede permitirse prevaricar acerca del Bréxit porque un mal Bréxit podría causar un daño incalculable. No solo las grandes empresas en Europa quieren una Gran Bretaña con la que puedan comerciar libremente, sino que la confianza en el proyecto europeo está disminuyendo rápidamente. La UE es un mega-estado que se está deteriorando y nadie sabe cómo asegurar su supervivencia. Inevitablemente, los defectos de la UE la están alcanzando y el abandono de Gran Bretaña muestra las consecuencias financieras de décadas de mala gestión, la destrucción de capital a través de una redistribución derrochadora y la falta de cualquier plan de contingencia.

La contribución anual británica de 8.000 millones de euros al presupuesto de la UE es casi la misma que el coste de gestionar toda la administración de Bruselas, así que el Bréxit creará un déficit presupuestario que es casi total y que Bruselas tendrá que resolver con los miembros restantes. Inevitablemente, parte de los proyectos favoritos de redistribución de Bruselas acabarán también recortándose. Es por esta razón por la que los políticos de Bruselas esperan un pago de capital de Gran Bretaña.

La Comisión también tiene un compromiso para redistribuir fondos de los miembros, estimado en 238.000 millones de euros. Debe haber supuesto antes del referéndum del año pasado que Gran Bretaña votaría quedarse y pagaría su parte. Por el contrario, votó a favor del Bréxit y la Comisión tendrá que encontrar el dinero en una contribución de capital, ya sea de gran Bretaña o de algún otro, o cancelar alguno de los proyectos. Con estos problemas, la Comisión está en una posición difícil, pillada a contrapié por el Bréxit. Y como Theresa May dice que no llegar a ningún acuerdo es mejor que llegar a un mal acuerdo y lo dice en serio, esto podría realmente significar el fin para Bruselas como lo conocemos.

Los políticos de la UE se encuentran en estado de pánico

Las preocupaciones acerca de las finanzas de la UE están casi sin duda detrás de las declaraciones salvajes realizadas por algunos de sus líderes. Según Jean-Claude Juncker, Theresa May vive en otra galaxia, lo que plantea la cuestión acerca de su propia residencia galáctica, en términos relativos. Tras solicitudes de diversos estados miembros, que de repente se han dado cuenta de que van a perder subvenciones, la Comisión ha aumentado automáticamente su reclamación de un pago anticipado de Gran Bretaña de 60 mil a 100 mil millones de euros. Esto a pesar del consejo legal a la propia UE de los abogados de la Comisión de que no puede reclamarse ningún dinero. Francia, Hungría, Italia, España y Polonia también quieren que Gran Bretaña continúe pagando a sus granjeros después de que esta haya abandonado la UE.

Se ha convertido en una ópera bufa, una sátira sobre una relación bastante tangencial entre la Comisión de la UE y la democracia británica. Jean-Claude Juncker, presentando un reciente discurso en francés dijo algún tan absurdo como que el inglés está perdiendo importancia en Europa debido al Bréxit, a pesar de ser el idioma más comúnmente hablado. Esta es la mentalidad contra la que estará negociando Gran Bretaña.

El politiqueo de los comisarios veteranos está muy alejado de la realidad democrática. Cuando David Davis, representando a Reino Unido, se siente frente a Michel Barnier, representando a la UE, ¿contestará a la demanda de un pago anticipado de 100.000 millones de euros con una cantidad menor o contrarreclamará la porción británica de los activos en poder de la UE, estimados en 154.000 millones de euros y que la UE no menciona? Una reclamación sobre los activos de la UE está igualmente fuera de lugar. Davis solo puede aceptar una postura de acuerdo con su consejo legal o al menos no muy alejada de él, porque tiene una responsabilidad democrática, mientras que Barnier no la tiene. Los abogados tanto de la UE como de gran Bretaña dicen que no hay  responsabilidad de capital y esta no se menciona en el artículo 50 ni en artículos que se refieran a este. Los pagos de capital y las reclamaciones de activos son solo un calentamiento.

La postura británica es que no tener ningún tratado es mejor que tener un mal tratado, así que la mayoría de los movimientos en las negociaciones deben venir del lado de la UE. Como muestra su tratamiento a Grecia (convenientemente recordado la semana pasada por Yanis Varoufakis en su nuevo libro, Adults in the Room), la UE puede ser obstinada hasta el punto de la destrucción. Por suerte para Gran Bretaña, no está en la posición en la que estaba Grecia y se puede permitir irse.

Pero los comisarios no conocen otra aproximación que la del matón. Recordad que cuando Irlanda rechazó ratificar el Tratado de Niza en un referéndum, la UE le dijo que votara de nuevo y lo hiciera bien. Hicieron de nuevo lo mismo a Irlanda con el Tratado de Lisboa. A Dinamarca se le dijo que realizara un segundo referéndum sobre Maastricht y también que lo hiciera bien. Tal vez pensaron que al aumentar el coste del abandono, Reino Unido podría amedrentarse y buscar un Bréxit suave o incluso decidir quedarse después de un segundo referéndum. Así que cuando Juncker cenó con Theresa May el 26 de abril y se le dijo directamente el punto de vista británico tuvo una rabieta infantil.

Todo lo que han conseguido es hacer que el colectivo electoral británico respalde a sus políticos, igual que hizo Obama cuando dijo que Gran Bretaña iría al final de la fila en el T-TIP. Gracias a estas amenazas, ahora es probable que Mrs. May obtenga una victoria todavía más abrumadora de las próximas elecciones generales, con un mayor número de fervientes partidarios del Bréxit como miembros del Parlamento.

Todo esto es para consumo público. Por suerte, detrás del escenario los funcionarios que realizan la negociación real están haciendo progresos serenamente. El politiqueo es una cosa, la práctica es otra. De acuerdo con Daniel Korski, que fue subjefe de la unidad policial numero 10, en un artículo del pasado miércoles del Daily Telegraph, los negociadores de la UE aceptan ahora que a todos les interesa evitar estar al borde del precipicio. Hace unos meses, Iain Duncan-Smith informaba de que los fabricantes alemanes habían acordado en secreto con la administración de Angela Merkel que las barreras comerciales serían mínimas. La realidad detrás de la palabrería es que las empresas europeas, que después de todo emplean a los ciudadanos de la UE y recaudan y pagan la mayoría de los impuestos, determinarán el resultado.

En teoría, Gran Bretaña tiene dos años desde marzo antes del abandono formal, aunque el artículo 50(3) permite que este periodo se prolongue por acuerdo. Esto abre la posibilidad de acuerdos transitorios si son necesarios. Además, el lado de la UE podrá ratificar la decisión sobre la nueva base de la votación por mayoría cualificada. Esto significa que el apoyo de Alemania, Francia, Italia y España para un acuerdo debería bastar, así que es probable que Gran Bretaña se dirija a estos gobiernos detrás del escenario, junto a sus grandes empresas. La realidad es que las empresas europeas quieren proteger sus mercados e inversiones en Reino Unido y tal vez usar a Reino Unido después del Bréxit como trampolín para negocios globales.

Por tanto, cabe esperar tanteos de los británicos a los grandes fabricantes de coches, bancos y otras grandes multinacionales europeas con sede en estos países. Los temas problemáticos, como las subvenciones agrícolas y los derechos de los ciudadanos, aunque sean importantes, es improbable que se interpongan en un acuerdo. Sin embargo, los procedimientos de la UE, que implican que se consulte a las 27 naciones, normalmente implican tiempos extendidos de demora. La única forma en que el comercio y los derechos de los ciudadanos afectados puedan acordarse dentro del plazo de dos años es que la comisión trabaje inicialmente con Alemania, Francia, Italia y España para completar la negociación, manteniendo las consultas con los demás estados al mínimo nivel, antes de presentar una solución final a todos los demás. En caso contrario, probablemente hará falta mucho más tiempo casi con seguridad.

Caben pocas dudas de dónde está el poder. Gran Bretaña puede irse, la UE no. Los miembros de la Commonwealth británica se alegran con el Bréxit. Además, Gran Bretaña puede llegar rápidamente a un acuerdo de Nación Más Favorecida (NMF) con China, lo que podría llevar décadas a la UE para lograrlo. China ya está mandando mercancías por ferrocarril a Europa, incluyendo Reino Unido. Un rápido acuerdo de NMF con China abriría una red comercial que podría llegar a incluir toda Asia y aquellas partes de Europa que no abarca la UE. Con el tiempo, este probablemente sea un acuerdo mucho mejor para Gran Bretaña que estar limitada por los acuerdos comerciales de la UE. Combinar la Commonwealth y Asia en un acuerdo comercial liberado masivo tiene la ventaja de hacer al Reino Unido una base apropiada para empresas europeas que brindan servicios a lo que promete convertirse en la mayor área comercial del mundo.

Librarse de la UE es pan comido y el electorado británico está empezando a entenderlo. La City también está previendo las nuevas oportunidades con creciente alegría.

Todo esto suponiendo que no haya una crisis bancaria o financiera en marzo de 2019. Nadie resultaría inmune a un desplome bancario en Eurolandia, pero desde el punto de vista británico debe haber una urgencia por salir de la UE antes de que ocurra. También suponiendo que Theresa May obtiene la victoria electoral que busca el 8 de junio.


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