El destructivo legado de Obama

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Hace ocho años, la administración del Presidente Obama comenzó llena de esperanza y de deseos de cambio. Ocho años más tarde, terminamos con un legado de nada más que desperdicio, muerte y destrucción. Por supuesto, los libertarios nunca esperamos que Obama desmantelase ningún aspecto del estado de bienestar. Como progresista recalcitrante, tenía un compromiso inquebrantable con el socialismo, las regulaciones y el intervencionismo económico. Por ejemplo, cuando culpó al pueblo estadounidense del fracaso de Medicare, Medicaid, las regulaciones y el intervencionismo, a los libertarios no nos sorprendió. Donde los libertarios (y muchos progresistas) tenían esperanzas era en que Obama cambiase la dirección que Bush había tomado para la política exterior y las libertades civiles estadounidenses. Después de todo, Obama presumía de haberse opuesto a la Guerra de Irak de Bush. Durante su campaña también enfatizó su supuesto compromiso profundo con las libertades civiles, especialmente gracias a su comprensión jurídica de los principios constitucionales.

Desgraciadamente, no hubo cambio. Los ocho años de Obama resultaron no ser más que la continuación de los ocho años de Bush, que, como los de Obama, estuvieron plagados de derroche, muerte y destrucción.

Qué vergüenza. Obama tuvo la oportunidad de haber pasado a la historia como un presidente extraordinario, que terminó con el imperio y el intervencionismo en el extranjero, que trajo a todas las tropas de vuelta a casa y las licenció, que terminó la “guerra contra el terrorismo” de Bush (y la guerra contra los musulmanes) y que desmanteló los extraordinarios poderes totalitarios que Bush había adoptado unilateralmente y que se suponía que iban a ser solo “temporales”. Hoy en día, las tropas estadounidenses siguen luchando, matando y muriendo en Irak y Afganistán y esto no parece que vaya a acabar nunca. Muchos estadounidenses no tienen esperanzas de que esto vaya a terminar algún día. Ambas se han convertido en las guerras sin fin de EEUU.

Los estadounidenses viven hoy en día bajo un régimen que tiene poderes omnipotentes para asesinarlos, encerrarlos en campos de concentración y espiarlos de forma secreta. ¿Cómo pueden semejantes poderes totalitarios ser compatibles con los principios de una sociedad libre?

Por desgracia, eso no es todo. Obama también puso en marcha una de las clásicas operaciones de cambio de régimen del estado de seguridad nacional, esta vez en Libia. Al igual que todas las demás, el resultado ha sido caos, crisis, guerra civil, violencia, muerte y destrucción.

Y por supuesto, lo mismo ocurre con Siria, otro de los objetivos de una operación estadounidense de cambio de régimen, esta vez contra un gobernante, Bashar Al Assad, que en su día fue aliado de EEUU, ejecutando torturas en su lucha contra el terrorismo. Simplemente pregúntele al ciudadano canadiense Mahar Arar, a quien la CIA secuestró en el aeropuerto de Dulles y fue entregado a Siria tras acordar que sería torturado, un acuerdo tan secreto que el pueblo estadounidense no está autorizado a conocer sus términos. Cabe mencionar que Arar, después de sufrir un año de brutal tortura en Siria a causa de la CIA, resultó ser un hombre totalmente inocente.

¿Cuál es el resultado de las operaciones de cambio de régimen del gobierno estadounidense en Siria? Muertes sin fin, destrucción y miseria, al igual que en Irak, Afganistán y Libia.

Tampoco olvidemos que todo este caos producido por Estados Unidos fue el causante de la enorme crisis de refugiados en Europa.

Los medios de comunicación informan de que el ejército de Obama dejó caer más de 26.000 bombas en Oriente Medio solo en 2016. Eso obviamente hace que nos preguntemos: ¿Cuántas bombas han caído en los últimos 7 años? Seguro que muchas. Y como todo el mundo sabe, cuando las bombas caen, traen consigo muerte y destrucción.

De hecho, tras ocho años como presidente, Obama ni siquiera consiguió cerrar el centro de encarcelamiento y torturas del Pentágono y la CIA en Cuba. Algo que, por supuesto, había prometido hacer cuando presentó su candidatura a la presidencia hace ocho años.

Y además de todo eso, Obama logró iniciar una nueva guerra fría contra Rusia, especialmente tras romper la promesa estadounidense a Rusia de que mantendría a la OTAN bajo control. En lugar de eso, la OTAN, rompiendo su promesa, empezó a devorar a los países del Pacto de Varsovia y a movilizar fuerzas de la OTAN (que incluyen soldados alemanes) y  misiles inexorablemente cada vez más cerca de la frontera con Rusia.

No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que esos movimientos, junto con el golpe de Estado en Ucrania, apoyado por Estados Unidos , desencadenaría una crisis con Rusia con respecto a Crimea y Ucrania. Después de todo, ¿qué haría el estado de seguridad nacional estadounidense si Rusia comenzase a enviar tropas y misiles a, digamos, Cuba o México? Todos sabemos que los altos cargos de Estados Unidos se enfurecerían, igual que hicieron los altos mandos rusos cuando ordenaron la ocupación de Crimea en respuesta a lo que hacía la OTAN, dirigida por Estados Unidos.

Mientras tanto, durante sus ocho años en el cargo Obama se dedicó a perseguir a los denunciantes del gobierno con una pasión y una ferocidad difícil de creer. Después de todo, los denunciantes normalmente revelan malos actos del gobierno. ¿Eso no es bueno? Al parecer Obama no piensa así, pese a su tardía conmutación de la sentencia draconiana dictada a la denunciante militar Chelsea Manning, quien cometió el pecado mortal de revelar graves fechorías por parte del ejército estadounidense.

¿Qué ocurrió? ¿Por qué Obama terminó continuando y expandiendo el legado de Bush? ¿Qué pasó con la esperanza y el cambio?

Esas son preguntas fascinantes, que lamentablemente no están planteando los principales medios.

Mi impresión es que Obama simplemente carecía del poder y la fortaleza para imponerse al sector del gobierno federal que realmente tiene el poder, el establishment de la seguridad nacional, es decir, el Pentágono, la CIA y la NSA.

Recomiendo leer el excelente libro National Security and Double Government de Michael J. Glennon, profesor de la Universidad de Tufts. Glennon da en el clavo. Demuestra que es el establishment de la seguridad nacional el que realmente está al mando en el gobierno federal. Y permite que las otras tres ramas (el presidente, el Congreso y el Poder Judicial) mantengan la apariencia de que tienen el poder.

En mi opinión, por eso sigue abierto Guantánamo. Creo que el Pentágono y la CIA no permitieron que se cerrara y movilizaron sus fuerzas en el Congreso para asegurarse de ellos. Creo que es por eso por lo que Estados Unidos sigue en Irak, en el resto del Oriente Medio y en Afganistán. Es por eso por lo que hay que hay una segunda guerra fría con Rusia. Es por eso por lo que los buques de guerra estadounidenses han “girado” hacia el Mar de China Meridional, donde pueden desencadenar una crisis con China. De hecho, creo que es por eso por lo que se enviaron fuerzas estadounidenses a Polonia durante la última semana de la presidencia de Obama.

Podría, por supuesto, estar equivocado. Es completamente posible que Barack Obama de repente decidiese, por alguna razón desconocida, abandonar sus promesas y principios preelectorales y cambiar de rumbo usando su presidencia para imitar el legado de George W. Bush. Creo que mi explicación (que Obama se encontró incapaz de enfrentarse y oponerse al abrumador poder de lo que el presidente Eisenhower llamó el “complejo militar industrial”) tiene más sentido.

Después de todo, no olvidemos quién ha sido el beneficiario de los dieciséis años de muerte y destrucción y pérdida de la libertad y la prosperidad: el establishment de la seguridad nacional.

¿Serán los próximos 4 años diferentes de los últimos 16 años? Pronto lo sabremos.


Traducido del inglés por Verónica Santamaría, editoria de revista Libertario.es. El artículo original se encuentra aquí.

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