Libertarios y tradicionalistas hispanos. Algunos puntos de encuentro

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Hace no muchos años Erik von Kuehnelt-Leddihn, libertario archiconservador, escribió que los antecedentes de la derecha española auténtica  deberían ser buscados no en la tradición liberal española sino en el tradicionalismo carlista. A simple vista esta afirmación podría llevar a confusión o rechazo por parte del lector, dado que nada parece más a priori más incompatible que un ideario basado en la tradición y en la defensa de privilegios e instituciones originados en la noche de los tiempos y otro basado en las ideas de progreso, libertad y razón.  En el caso español esto es aún más evidente, debido a la síntesis liberal-conservadora elaborada principalmente por Cánovas del Castillo a finales del siglo XIX. Esta síntesis, que  a nuestro entender toma lo peor de cada tradición esto es el intervencionismo económico conservador y el estatismo liberal (no hay que olvidar que la idea de un estado abstracto y de una constitución que lo ordene y legitime es básicamente liberal), ha relegado al olvido, tanto en la teoría como en la práctica política elementos muy interesantes del ideario tradicionalista que podrían servir de referencia a la hora de configurar un corpus ideológico a la moderna derecha liberal o libertaria. Queremos por tanto en este breve artículo destacar por lo menos dos de los rasgos del tradicionalismo que a nuestro entender pueden ser más interesantes  para un liberal o libertario contemporáneo.

El primero es el radical antiestatismo del pensamiento tradicional español, tanto el del escrito en el siglo XIX como el más reciente, de mediados y finales del siglo XX y que encuentra su máxima expresión en la obra  de Alvaro D’Ors. Los autores tradicionalistas cuestionan la propia idea de estado entendido como una forma de poder burocrática abstracta y fría, desprovista de cualquier forma de relación personal entre el dominante y el dominado. Recordemos que  Raimondo Cubbedu en su Atlas del Liberalismo nos indica que el principal rasgo diferenciador del liberal o libertario moderno es la posición de radical oposición que este manifiesta hacia la propia figura del estado, al que ve como el ente opresor y negador de derechos por excelencia y, por tanto, el enemigo a batir en la defensa de las libertades. D’Ors llega al extremo de proponer en uno de sus ensayos una estrategia radical de entorpecimiento de la maquinaria burocrática sobre la que descansa el estado contemporáneo.

El segundo rasgo en el que libertarios y conservadores pueden verse reflejados es en su visión sobre la descentralización estatal y su visión en  general  los cuerpos y poderes intermedios. Murray Rothbard afirmó en una ocasión que los fueros  habían sido la mayor aportación de la teoría política hispánica al acervo político de la humanidad. Los fueros implican una radical descentralización de la legislación y del poder político y por tanto esta creación del pensamiento tradicional español, que fue siempre una de sus banderas principales, constituye uno de los principales límites a la expansión sin límites del poder político, pues este para poder ejercer su poder debe lidiar con costumbres y leyes fuertemente arraigadas en la población restringiendo severamente su capacidad de actuación.

Esta breve nota pretende llamar la atención del lector sobre la  tradición intelectual de la derecha vieja hispana y que entendemos que debería ser reivindicada por todos aquellos que pretendan construir una alternativa al dominio irrestricto de los poderes estatales que hoy día  asfixian la vitalidad de nuestras sociedades.

  • En los años 30 el tradicionalismo español había virado a posiciones bastante más colectivistas. Casi han pasado 100 años desde su Canto del Cisne y siguen en esas aunque la escisión CTC hable de patrón oro y más sociedad menos estado.

    Tenemos que rescatar el tradicionalismo hispano de quienes se creen sus herederos.

    • Tenga cuidado que no queremos otro Pedro Varela, dijeron…

  • Enrique Sánchez

    El tradicionalismo Carlista se sustenta en la Fé en el individuo, que se siente vigilado, desde tres aspectos diferentes, pero que convergen. Dios, Patria y Rey:
    -. Dios, lo Divino, el “temor de Dios”, controla, vigila y hace dar lo mejor de la persona para con su prójimo. Espíritu de servicio y responsabilidad común de todos con todos.
    -. Patria, imbrica y crea un sentimiento de pertenencia del individuo con sus semejantes, a la vez que lo hace partícipe de un proyecto de futuro común.
    -. Rey, la tradición hereditaria de la institución la hace garante de los derechos individuales y colectivos, a la vez que establece un vínculo personal con cada uno de los gobernados. Vínculo que se debe renovar periódicamente en cada generación y con cada nuevo Rey, renovándose así la legitimidad del sistema.
    Espíritu Cristiano, responsabilidad individual contrapesada por la rendición de cuentas colectiva. Y renovación periódica de los compromisos, en resumen son las claves del Tradicionalismo Carlista una ideología sin ideología, ya que es un estilo de vida.

Instituto Mises en español
Centro de pensamiento austriaco
Fundado en Madrid, 2011