El fracaso de los kibbutz bajo el modelo socialista

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Uno de los testimonios más interesantes del fenómeno del socialismo y los muros lo presentan los kibbutz israelíes. Originalmente comunidades socialistas, sin los tradicionales muros coercitivos de los estados socialistas, pero con fuertes muros establecidos por los lazos comunitarios inculcados en el seno de tales sociedades, que se fueron debilitando generación tras generación, debido a las frustraciones individuales de los más jóvenes, su necesidad de ver el mundo exterior, y los problemas económicos surgidos. Por otra parte, la inhibición de las aspiraciones individuales y su sumisión a la comunidad tuvo, paradójicamente, el efecto de hacer a unos menos iguales que los demás, creando un sistema estratificado y autoritario:


Para resumir, hemos enfatizado que los kibbutz siempre han enfrentado dilemas y tensiones, y por lo tanto conflicto y cambio. La comunidad de kibbutz es motivada por el igualitarismo y la coparticipación, pero está en constante transformación, y estos principios han sido gradualmente restringidos a un rol menos central en la vida social, dejando incrementalmente más espacio al individualismo y la familia. El endémico principio comunitario binario ha por lo tanto evolucionado hacia un polo individualista y alejado del colectivismo.

Este desarrollo ha sido influenciado por el hecho de que los miembros de un kibbutz también constituyen un empresario colectivo. El emprendimiento ha influenciado profundamente a la comunidad, alentando la diferenciación social que, en los kibbutz se desarrollan sobre la base de la autoridad, el prestigio y la influencia y, como en cualquier lado, forman la base de las distancias sociales, tendencias oligárquicas, la política de camarilla, y otras formas de vida social que son el resultado de la estratificación. Es más, cuando la relación entre los miembros se torna más formal, fría e inexpresiva, el aislamiento y la alienación tienden a extenderse en los entornos marginales. Tales procesos debilitaron la cohesión social de los kibbutz y alentaron su deslizamiento hacia una individualización aún más pronunciada.1

En los 50 se instituyó el intercambio temporario de jóvenes entre los diferentes kibbutz de la federación. En los 60 se permitió la salida temporal fuera de la federación, para trabajar, hacer dinero y financiarse un viaje por el mundo antes de establecerse definitivamente en el kibbutz. Ya en los 70 se empezó a permitir largos años fuera para estudiar en la educación superior:


Es de la convicción de los investigadores que estos diez o más años de estado temporal reflejaban nada menos que la reluctancia de la juventud de pensar en su establecimiento en los kibbutz. Esta moratoria expresa la falta de entusiasmo de los jóvenes de ingresar a la vida de los kibbutz como adultos y, por el otro lado, su resistencia a enfrentar la crucial decisión de separarse definitivamente de sus kibbutz. Es más, en la presente era de transformación, estos jóvenes son una tercera generación, cuyos padres, la segunda generación, les expresaban una actitud hacia la vida en los kibbutz mucho menos clara e inequívocamente comprometida que la que los fundadores, sus abuelos, expresaban hacia sus hijos.2

De esta forma no lograron sobrevivir a los principios socialistas y tras su crisis en los años 80 comenzaron a flexibilizarse y volverse progresivamente capitalistas, al punto que actualmente muchos kibbutz son industrias privadas cuyas acciones se comercian en las bolsas de Tel Aviv, Nueva York y Londres.

En fin, la historia del socialismo es la misma en todos lados, haya o no un estado detrás. Si los experimentos socialistas comunitarios de los inicios de la revolución rusa no hubieran sido desmantelados por el creciente poder de la burocracia soviética y el advenimiento del estalinismo, hubieran fracasado de todas formas. El socialismo, bajo la forma que sea, implica una institucionalidad extremadamente conflictiva, una economía muy costosa, hasta insustentable, y de escasa proyección de desarrollo. Y una sociedad que frustra y limita las aspiraciones individuales bajo el principio o la excusa del colectivismo, de tal forma de crear las condiciones propicias para que el propio igualitarismo sea rápidamente sustituído por un nuevo sistema de verdaderas castas sociales.


Notas
[1] Eliezer Ben Rafael, Crisis and transformation: the kibbutz at century’s end (1997), p.87-88
[2] íbid, p.82

  • A pesar de que los kibbutz (“agrupación” en hebreo) fueron claves para la creación del estado de Israel y aglutine miembros de ideología socialista (en absoluto exclusivas), no es cierto que su naturaleza sea “socialista”. Son más bien comunidades cooperativas y voluntarias. La historia muestra que esta iniciativa, no solo no ha fracasado, sino que, además, se han transformado en fuentes de riqueza y paz para muchos de sus miembros (que de otra manera difícilmente habrían conseguido).

    Es un grave error catalogar o etiquetar de “socialista” a la cooperación pacífica y voluntaria (que es como funcionan realmente los kibbutz actuales, donde la entrada y salida es libre), independientemente de la manera o formas de gestión que escojan internamente.

    • David Bieler

      Creo que lo que intenta decir Wolvh es que el estilo igualitarista de gestión se demostró mayormente no eficiente (de la misma forma que el cooperativismo no logro masificarse y se mostró eficiente sólo para un reducido nicho), en favor de la gestión empresarial tradicional.

      • En ese caso, sería un problema de “gestión”, no de “socialismo”. En todo caso, en este párrafo da a entender que exsite una forma de “socialismo” distinta a la coerción estatal:

        “(…) sin los tradicionales muros coercitivos de los estados socialistas, pero con fuertes muros establecidos por los lazos comunitarios inculcados en el seno de tales sociedades (…)”

        Relacionar los “muros coercitivos” con los “muros” de “lazos comunitarios” es un error.

        • Wolvh Lorien

          Es un problema de socialismo desde el momento en que internamente no era posible el comercio y se digitaba quiénes recibían qué cosa y quién podía salir y quién no. El individuo pertenecía institucionalmente al grupo.

          Esos son problemas de una sociedad de institucionalidad socialista, no problemas de gestión.

          Por otro lado, ¿debe haber coerción estatal para que exista socialismo? El estado no es más que una institución avanzada de coerción, pero ésta puede institucionalizarse sin aquel. A menos que definas estado como el monopolio de la coerción sobre un territorio particular. En ese caso, no tenés alternativa que considerar a los kibbutz como estados en sí mismos.

          • Wolvh, el punto es que un kibbutz no es una “sociedad” (orden: en sentido hayekiano), sino un grupo de personas organizados de manera deliberada (organización: también en sentido hayekiano).

            Si a una persona, dentro del grupo (sea el que sea), se la coacciona, se está cometiendo un acto inmoral, pero eso no es socialismo (ni estatismo). No toda coacción es “socialismo” o “estatismo”. Ambos (socialismo o estatismo) implican coacción sistemática como modo de orden social, no organizacional.

            Lo que muestras en el artículo, en todo caso, es precisamnte que el modo de gestión de los kibbutz ha ido evolucionando o cambiando, consiguiendo así mayor eficiencia como comunidad.

            Considero que sí existen extensiones o aplicaciones de principios aplicados a la gestión, que pueden ser más o menos eficientes según acepten e integren ideas o conceptos “capitalistas”, “socialistas”, etc. Pero esto no implica que el grupo como tal sea de una o tal “naturaleza”.

          • Wolvh Lorien

            Un problema de gestión sería si los miembros de esa cooperativa pudieran libremente comerciar con individuos de afuera, como lo es un emprendimiento cooperativo cualquiera en una sociedad como la uruguaya. Sería si ellos como individuos puderan salirse de la cooperativa cuando quieran y trabajar en otro lado. Si su mano de obra pudiera libremente ofrecerse en el mercado.

            Los kibbutz no eran cooperativas en ese sentido. Eran sociedades socialistas en todo sentido. Sus problemas eran problemas de cálculo económico, no de gestión. Que hayan evolucionado no niega ese hecho.

          • Wolvh, dicho queda lo que pienso: Un kibbutz es, para mí, una “organización”, no una “sociedad”. Sin este acuerdo técnico, el resto, quizá, sea un problema “semántico”. Mi opinión busca mostrar que no es correcto aplicar términos del análisis social extenso a las organizaciones.

            Por otro lado, aún comportándose inmoralmente (coaccionando personas dentro), un kibbutz (ni ninguna organización como tal) tiene “problemas de calculo económico” (si con ello estás haciendo referencia a la “teoría del problema del cálculo económico socialista”) mientras estén bajo un contexto de mercado/competitivo, dado que disponen de precios de referencia externos a sí mismo, y no tienen fuerza coactiva de monopolio. El problema del cálculo económico socialista solamente limita el tamaño de las organizaciones (sean inmorales o no).

            Gracias por el intercambio.

          • Wolvh Lorien

            «dado que disponen de precios de referencia externos a sí mismo,»

            Con ese criterio, ninguna sociedad socialista tampoco tendría nunca el problema del cálculo económico, porque disponen de precios de referencia de otros países. La única manera en que existíría el problema del cálculo económico de acuerdo a tu criterio sería que el socialismo estuviera impuesto en todo el planeta.

            Creo que se están confundiendo los límites del problema. Una cosa son los precios en que una sociedad socialista comercia con el resto del mundo, y otra distinta son los precios internos dentro de la sociedad, es decir, los aplicados para comerciar entre individuos dentro de la sociedad en cuestión (y más aún cuando individualmente no pueden comerciar con nadie de afuera)

            Tu argumento sólo es válido para los intercambios extra comunidad. Cuando yo hablo del problema del cálculo economico en los kibbutz, estoy hablando de las relaciones comerciales internas.

          • Wolvh Lorien

            Y llamalo sociedad u organización, da lo mismo. El nombre que se le ponga no cambia la discusión sobre el cálculo económico referente a las relaciones de intercambio interno.

          • Los palabras que usamos deberían hacer referencia a un concepto y éstas últimas a una realidad. “Sociedad” y “Organización” no son indistintas. Su naturaleza, en sí misma, es diferente, y por tanto su dinámica, principios, leyes, etc. (vuelvo a remitir, ahora más específicamente, la obra de Hayek “Normas y orden” –dentro de su trilogía, publicada bajo el título de “Derecho, legislación y libertad”. También puedes ver una crítica sobre dicha trilogía, y especialmente sobre dicho apartado en mi libro “Historia económica de la empresarialidad. Hacia una teoría praxeológica de la firma”, en el capítulo 13 “Friedrich August von Hayek (1899-1992). Reglas, orden y organización”).

            Dos son los temas que hemos tratado: (1) Coacción dentro de un “grupo” u “organización”, y (2) Cálculo económico (sobre el cuál tú haces referencia a intercambios internos, y yo advertí que mi comentario iba en dirección a la teoría de la imposibilidad del cálculo económico socialista –en mercados extensos–, que es de naturaleza distinta).

            Por tanto, Wolvh, creo que hemos dado con el principal problema de nuestra falta de entendimiento: (1) Distinción entre “orden social (extenso)” y “orden organizacional (interno)”, en relación a (a) dinámica de la coacción sistemática (social) y asistemática (puntual) y (b) el problema del “cálculo económico” en el socialismo (social) y organizacional (interno).

            Agradezco el intercambio nuevamente (discutir sobre “1” y su relación con “a” y “b”, y más aún en relación a un caso específico como los kibbutz –análisis aplicado de los conceptos anteriores–, resulta complicado, sobre todo a través de este medio).

          • Wolvh Lorien

            Una organización es una sociedad. La palabra sociedad tiene un significado mucho más amplio que el uso específico que le estás dando.

            De todas formas, eso no es lo importante. Incluso si utilizamos el significado de sociedad que estás utilizando, uno no puede simplemente afirmar que dos cosas diferentes se comportan en todo de forma diferente sólo porque son dos cosas diferentes. No me interesan los nombres ni si son o no cosas diferentes. El punto en cuestión no es ese. El punto en cuestión es que el problema del cálculo económico emerge allí donde no es posible el intercambio libre entre individuos mediante un sistema de precios.

            La discusión de si un kibbutz puede o no denominarse sociedad es irrelevante en lo que respecta al problema del cálculo económico.

    • Alejandro Gonçalves López

      Tan voluntaria que expedían permisos para salir…

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