Contra el apartheid anarquista

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Considere las siguientes listas de nombres

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es obvio que ambas listas tienen algo en común: todos los nombres pertenecen a pensadores que apoyan radicalmente los mercados libres y la abolición del estado; por tanto, podemos inferir que todos son anarquistas de mercado.

Sin embargo, en los círculos anarco-izquierdistas se insiste en que los pensadores del Grupo 1 son anarquistas genuinos, y que los del Grupo 2 no son anarquistas en absoluto –dado que los verdaderos anarquistas deben oponerse no sólo al estado, sino también al capitalismo. Se dice que los del Grupo 1 son claramente anti-capitalistas y, por consecuencia, anarquistas auténticos; pero los del Grupo 2 quedan excluidos porque defienden al capitalismo. (No estoy seguro dónde meter a geoliberales como Albert J. Nock y Frank Chodorov, o a pensadores emigrantes como Karl Hess; de modo que prefiero no mencionarlos)

No hace falta decir que no soy fan de esta supuesta dicotomía entre “verdaderos” y “falsos” anarquistas de mercado. Pienso criticar con más detalle esto en el futuro; por lo pronto me limitaré a dos cuestiones generales.

Primero: Quienes se empeñan en sostener dicha dicotomía difícilmente son anarquistas de mercado ellos mismos. Por lo general son los anarcocomunistas o los anarcocolectivistas quienes consideran que los pensadores de ambos Grupos hacen concesiones inaceptables al individualismo económico. (De hecho suelen descalificar como “stirneritas” incluso a sus favoritos del Grupo 1 –con la sola excepción de Proudhon-, y eso aun cuando la mayoría de los pensadores del Grupo 1 desarrollaron sus ideas muy aparte de Max Stirner; incluso Tucker, el más claro “stirnerita” del Grupo, fue un anarquista de mercado antes de conocer las ideas de Stirner). Cuando los anarquistas anti-mercado pretenden tener el derecho a decidir quién es y quién no es un genuino anarquista de mercado, se parecen un poco a los cristianos que exigen el derecho a decidir en la disputa entre chiítas y sunnitas. (Yo sospecho que lo que realmente quisieran los anti-mercado es hacer una purga en ambos Grupos; pero como las credenciales anarquistas del Grupo 1 están bien establecidas, no es una solución práctica).

Entonces, en lugar de investigar las opiniones de los anarquistas anti-mercado, me parece más relevante saber si los pensadores del Grupo 1 consideraban a los del Grupo 2 como compañeros anarquistas, o no. Y, de hecho, algunas luminarias del Grupo 2 –como Molinari, Donisthorpe y el primer Spencer- fueron saludados como anarquistas, o (en el caso de Herbert Spencer) como “cercano al anarquismo” –eso en las páginas de Liberty de Tucker, el principal órgano del anarquismo individualista norteamericano, donde publicaban la mayoría de los escritores del Grupo 1. (Donisthorpe, incluso, escribía para tanto para Liberty como para el periódico de la Liberty and Property Defence League, con lo cual transitaba a través de un golfo ideológico supuestamente intransitable). Así, el líder y vocero del Grupo 1, aunque ciertamente criticaba algunos puntos de los pensadores del Grupo 2, no tenía problema en reconocerlos como compañeros anarquistas. (Compárese también la muy favorable actitud del tuckeriano contemporáneo Kevin Carson hacia los rothbardianos y konkinianos).

No es que Tucker fuera especialmente generoso con el término “anarquista”. Al contrario, Tucker negó el derecho a ese término a anarcocomunistas como Johann Most, Pëtr Kropotkin y los mártires del Haymarket; desde el punto de vista de Tucker, eran ellos, y no los spencerianos, los anarquistas “falsos”. Por supuesto, yo no sigo a Tucker en este punto concreto; un parroquialismo no es mejor que otro cualquiera. Pero el hecho es que el editor de Liberty –quien siempre denominó a su propia postura como “manchesterianismo consistente”- se sentía menos cercano a los anarcocomunistas de su tiempo que a los precursores del “anarcocapitalismo” (ciertamente, los puntos de vista de Tucker sobre Molinari y los spencerianos radicales son la mejor guía que podemos tener acerca de lo que Tucker pensaría hoy sobre Rothbard, Friedman, etc); y eso habla contra la división simplista de los anarquistas de mercado en ovejas socialistas y cabras capitalistas. (En verdad, los escritores de Liberty citaban a Spencer tanto como a Proudhon; y, para el efecto, Karl Marx se quejaba de que Proudhon respetara más a un liberal clásico cuasi-anarquista como era Charles Dunoyer que a un revolucionario comunista como Étienne Cabet).

Segundo: hasta el momento no es claro bajo qué criterios hay que separar a los del Grupo 1 de los del Grupo 2. Los partidarios de la dicotomía insisten en que el Grupo 1 es “anti-capitalista”, mientras que el Grupo 2 es “pro-capitalista”; pero esta etiqueta no es útil si no hay detrás algo sustantivo, no meramente terminológico. El hecho de que los pensadores del Grupo 1 acostumbraran usar “socialismo” como una palabra virtuosa, y “capitalismo” como una palabra viciosa, mientras que los pensadores del Grupo 2 solían a hacer lo contrario, importa muy poco; porque, claramente, ambos grupos no hablan de lo mismo cuando emplean dichas palabras. La mayoría de los pensadores del Grupo 2 usan la palabra “capitalismo” parta hablar de un libre mercado no regulado, y usan “socialismo” para hablar del control gubernamental; mientras que la mayoría del Grupo 1 usan esas palabras con significados diversos, pero coinciden con los del Grupo 2 en favorecer a los mercados libres y en oponerse al control del gobierno, sin importar qué nombres utilicen para referirse a todo eso. Como lo dijo Thomas Hobbes: “La palabras son las fichas de los sabios, les sirven para calcular; pero son el dinero de los tontos”.

Dados los muchos significados de “capitalismo”, es muy difícil sustentar una dicotomía crucial entre pensadores antiestatistas basados solamente en su actitud hacia una abstracción indefinida llamada “capitalismo”. Tenemos que conocer qué posiciones específicas dividen a los del Grupo 1 de los del Grupo 2. Pero es excesivamente difícil descubrir posturas que separen a ambos Grupos de la manera deseada.

¿Será, acaso, su postura sobre la teoría laboral del valor? Mientras eso no se traduzca en diferencias prácticas, ¿qué diferencia hace?

¿O es su postura sobre el sistema salarial y la explotación del trabajo por el capital? Bajo ese criterio, pensadores del Grupo 2 como Spencer, Konkin y Friedman, que apoyan la abolición del trabajo asalariado, pertenecerían al Grupo 1, mientras que Molinari y Donisthorpe, que proponen reformar el sistema de salarios para dar mayor poder a los trabajadores, quedarían en algún lugar intermedio entre los dos Grupos.

¿Es su postura sobre la propiedad de la tierra y la renta? Bajo ese criterio, Spencer, quien rechazaba en su totalidad la propiedad de la tierra, sería más “socialista” que Tucker y pertenecería así al Grupo 1; mientras que Spooner, quien legitimaba al propietario ausente, sería más “capitalista” que Tucker y pertenecería entonces al Grupo 2.

¿Es su postura sobre la agencias de protección y policías privadas como cuasi-gubernamentales? Bajo ese criterio, Tucker, Tandy y Proudhon, que apoyaban las policías privadas, serían “pseudoanarquistas” del Grupo 2; mientras que LeFevre, quien rechazaba toda violencia, incluso la defensiva, tendría que ser movido al Grupo 1.

¿Es su postura sobre la propiedad intelectual? Bajo ese criterio, un fan de la PI como Spooner tendría que ser transferido al Grupo 2 “pro-propietarista”; mientras que los rothbardianos contemporáneos, como enemigos de la PI, tendrían que ser acomodados en el Grupo 1 “anti-propietarista”.

¿Es su postura sobre la legitimidad del interés? Bueno, quizá en abstracto, pero ambos bandos tienden a predecir una caída drástica en el precio de los préstamos como resultado de la competencia libre en la industria del crédito; pero ambos niegan que la caída llegará hasta cero: Los pensadores del Grupo 1 solían llamar “costo” a ese residuo diferente de cero; mientras que los del Grupo 2 acostumbran llamarlo “interés” –y ya basta, hum. Esto parece una caña muy frágil para algo tan pesado.

Ninguno de los criterios a los que se suele apelar parece sustentar, sobre bases concretas, la división en dos Grupos. Sospecho que lo que de verdad motiva a los partidarios de la dicotomía no es alguna política específica, sino más bien la sensación de que la retórica pro-mercado del Grupo 2 es un disfraz para ocultar la racionalización de las relaciones de poder que prevalecen en el capitalismo corporativo, lo cual no sucede en la retórica pro-mercado del Grupo 1 –por más que también les parezca errónea a los dicotomistas. Y, a su vez, tal percepción se basa, creo yo, en el hecho de que los pensadores del Grupo 2 son más proclives a caer en lo que Kevin Carson llama “libertarismo vulgar”, esto es, el error que consiste en confundir la defensa del libre mercado con la defensa del actual orden prevaleciente –y no tan libre.

Ahora bien, es verdad que el Grupo 2 está más expuesto que el Grupo 1 a caer en esa infortunada tendencia. Empero:
a) pocos pensadores del Grupo 2 cometen ese error consistentemente;
b) algunos del Grupo 2 (vgr, Konkin, o el Rothbard de los 60’s, o incluso Hess, si cuenta como parte de este Grupo) no lo cometen en absoluto;
c) el error de los libertarios vulgares no es más grave que, digamos, la egregia misoginia o el anti-semitismo de Proudhon –esto es, no es una razón poderosa para botarlos del club anarquista; y
d) si confundir el libre mercado con el capitalismo corporativo no descalifica a los anarquistas anti-mercado (quienes frecuentemente cometen el mismo error, aunque viajen en dirección opuesta), ¿por qué debería ser suficiente para descalificar a los libertarios vulgares?

Por tanto, no veo bases sólidas para admitir la dicotomía entre los Grupos 1 y 2. Todos son anarquistas de mercado –con virtudes y fallas diversas, pero todos camaradas.


Traducido por William Gilmore. El original se encuentra aquí.

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