¿Quieres paz? Promueve el libre comercio

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Es sabido que Frédéric Bastiat sostuvo que “si los bienes no cruzan las fronteras, lo harán los soldados”.

Bastiat argumentó que el libre comercio entre los países podría reducir el conflicto internacional, porque el comercio forja conexiones entre las naciones y da a cada país un incentivo para evitar la guerra con sus socios comerciales. Si cada nación fuera una isla económica, la falta de interacción positiva creada por el comercio podría dejar más espacio para el conflicto. Doscientos años después de Bastiat, los liberales toman esta idea como un evangelio. Por desgracia, no todo el mundo lo hace. Pero como demuestra investigación reciente, la evidencia histórica corrobora la famosa afirmación de Bastiat.

Comerciar o atacar

En “¿Paz a través del comercio o del libre comercio?”, el profesor Patrick J. McDonald, de la Universidad de Texas en Austin, empíricamente probó si mayores niveles de proteccionismo en un país (aranceles, cuotas, etc.) podían aumentar la probabilidad de conflicto internacional en esa nación. Él usó una herramienta llamada díada para analizar las relaciones internacionales de cada país desde 1960 hasta el 2000. Una díada es la interacción entre un país y otro: Las relaciones entre Alemania y Francia serían una díada, las relaciones entre Alemania y Rusia sería una segunda, las relaciones entre Francia y Australia sería una tercera. Él dividió aún más esto en díada-año; las relaciones entre Alemania y Francia en 1965 sería una díada-año, las relaciones entre Francia y Australia en 1973 sería una segunda, y así sucesivamente.

Utilizando esta medición díadas-años, McDonald analizó el comportamiento de todos los países del mundo durante los últimos 40 años. Su análisis mostró una correlación negativa entre el libre comercio y el conflicto: Mientras más libremente comercia un país, en menos guerras participa. Los países que participan en el libre comercio son menos propensos a invadir y tienen menos probabilidades de ser invadidos.

La flecha causal

Por supuesto, este hallazgo podría ser una cuestión de correlación confusa para la causalidad. Tal vez los países que participan en el libre comercio pelean con menos frecuencia por alguna otra razón, como el hecho de que tienden también a ser más democráticos. Los países democráticos hacen la guerra con menos frecuencia que los imperios. Pero McDonald mantiene el control de estas variables. El control de la estructura política de un Estado es importante, porque las democracias y repúblicas suelen pelear menos que los regímenes autoritarios.

McDonald también mantuvo control sobre el crecimiento económico de un país, ya que es más probable que los países en una recesión vayan a la guerra antes que los que viven en un boom, a menudo con el objetivo de distraer a su pueblo de sus problemas económicos. McDonald incluso mantuvo un registro de factores como la proximidad geográfica: Es más fácil para Alemania y Francia luchar entre sí, que para los Estados Unidos y China, porque las tropas en el primer par sólo tienen que cruzar una frontera compartida.

La conclusión del análisis de McDonald es que el proteccionismo puede conducir a un conflicto. McDonald encontró que un país que se encuentra en el 10% inferior en la escala de proteccionismo (es decir, que es menos proteccionista que el 90% de otros países) es un 70% menos propenso a participar en un nuevo conflicto (ya sea como invasor o como objetivo) que uno de los países que se encuentra en el 10% superior en la escala de proteccionismo.

Proteccionismo y guerra

¿Por qué el proteccionismo conduce a conflictos, y por qué el libre comercio ayuda a prevenirlos? Las respuestas, aunque bien conocidas por los liberales clásicos, son dignas de ser mencionadas.

En primer lugar, el comercio genera buena voluntad internacional. Si los hombres de negocios chinos y estadounidenses negocian de forma regular, ambas partes se benefician. Y el beneficio mutuo dispone a la gente a buscar lo bueno en los demás. El intercambio de mercancías también promueve un intercambio de culturas. Durante décadas, los estadounidenses vieron a China como un país misterioso con valores extraños, incluso hostiles. Pero en el siglo 21, el comercio entre éstas naciones ha incrementado notablemente, y ambos países se conocen un poco mejor ahora. Los adolescentes propietarios de iPods en China son como los adolescentes estadounidenses, por ejemplo. No son terriblemente misteriosos. Del mismo modo, los chinos ahora entienden la democracia y el consumismo americano más de lo que alguna vez lo hicieron. Los países tal vez no encuentren superposición de todos los valores de cada uno, pero el comercio nos ha ayudado por lo menos a entendernos el uno al otro.

El comercio ayuda a humanizar a las personas con las que comercias. Y es más difícil querer ir a la guerra con tus socios comerciales que con un país que sólo ves como líneas en un mapa.

En segundo lugar, el comercio da a las naciones un incentivo económico para evitar la guerra. Si la Nación X vende su mejor acero a la Nación Y, y sus empresarios cosechan un montón de beneficios a cambio, entonces los hombres de negocios de ambos lados van a oponerse a la guerra. Este fue el caso de Alemania y Francia, justo antes de la Primera Guerra Mundial. Alemania vendía acero a Francia, y los empresarios alemanes se opusieron firmemente a la guerra. Sólo a regañadientes llegaron a apoyarla cuando los ministros alemanes les dijeron que la guerra sólo duraría unos pocos meses. El acero alemán tenía un fuerte incentivo para oponerse a la guerra, y si la situación hubiese progresado un poco diferente – o si el gobierno alemán hubiese sido un poco más realista en cuanto a la línea de tiempo de la guerra – el incentivo podría haber dejado a Alemania fuera de la Primera Guerra Mundial.

En tercer lugar, el proteccionismo promueve la hostilidad. Es por esto que el libre comercio, no sólo el comercio global (que podría ir acompañado de altos aranceles y cuotas), conduce a la paz. Si Estados Unidos impone un arancel a los automóviles japoneses, ese arancel hace daño a las empresas japonesas: Crea hostilidad de Japón hacia los Estados Unidos. Japón podría incluso tomar represalias con un arancel sobre el acero EE.UU., perjudicando a los fabricantes de acero de Estados Unidos y enojando a nuestro gobierno, que tomaría represalias con otro arancel. Ambos países ahora tienen una excusa para aprovechar los sentimientos nacionalistas para ganar apoyo en casa; eso hace que la guerra abierta con el otro país sea más fácil de vender, en caso de llegar a esa situación.

En los círculos académicos de socio economía, a esto se le llama el proceso de Richardson de las hostilidades recíprocas y crecientes; Estados Unidos perjudica a Japón, que se venga, haciendo que Estados Unidos tome represalias de nuevo. La historia demuestra que el proceso de Richardson puede aplicarse fácilmente al proteccionismo. Por ejemplo, en la década de 1930, los países industrializados elevaron los aranceles y las barreras comerciales; los países evitaron el multilateralismo y se volvieron hacia adentro. Estas decisiones llevaron al aumento de las hostilidades, lo que ayudó a poner a la Segunda Guerra Mundial en marcha.

Estos factores ayudan a explicar por qué el libre comercio lleva a la paz, y el proteccionismo conduce a más conflicto.

Libre comercio y paz

Una nota final: el análisis de McDonald muestra que tomando un país del 10% superior de la escala de proteccionismo y llevándolo al 10% más bajo, se reduciría la probabilidad de conflicto en el futuro en un 70%. Él realizó el mismo análisis sobre la democracia de un país y demostró que el tomar un país del 10% más alto (muy democrático) hacia el 10% inferior (no democrático) sólo reduciría los conflictos en un 30%.

La democracia es un elemento de disuasión bien documentado: Cuanto más democrático se convierte un país, menos probable es que recurra a conflictos internacionales. Sin embargo, reducir el proteccionismo, según McDonald, es doblemente más eficaz en reducir el conflicto que volverse más democrático.

Aquí en los Estados Unidos, se habla mucho acerca de la difusión de la democracia. Invadimos Irak en parte para “difundir la democracia”. Un artículo de opinión del New York Times escrito por el Profesor Dov Ronen, de la Universidad de Harvard, afirmó que “Estados Unidos ha estado librando una campaña ideológica para difundir la democracia en todo el mundo desde 1989. Una de las justificaciones para nuestra cruzada internacional es hacer del mundo un lugar más seguro.

Tal vez, en lugar de esto, deberíamos pasar un poco más de tiempo difundiendo el libre comercio. Eso puede realmente conducirnos a un mundo más pacífico.


El presente artículo fue escrito por Julian Adorney y publicado originalmente en FEE.org. Traducido al español por Rebeca Morla en el blog de Estudiantes por la Libertad. El artículo original se encuentra aquí.

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