Lo que significa Trump para el Bréxit, China y la UE

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El patrón sencillo de prolongadas negociaciones comerciales ha sido interrumpido bruscamente por el presidente Trump. Incluso antes de haberse convertido en presidente, su presencia anticipada la Casa Blanca cambió las actitudes y expectativas globales. En Europa, los cargos de la UE han perdido el paso, mientras que los cargos oficiales británicos no pueden creer en su suerte.

Los cargos oficiales de la UE estaban dispuestos a castigar a Reino Unido sabiendo que podrían tergiversar eternamente las cosas, porque la UE, en su opinión, no debería ser puesta en cuestión por un estado miembro. Reino unido ha sido un miembro perturbador y debía desanimarse a otros miembros para que no siguieran la salida de Gran Bretaña en un momento en el que hay cada vez más señales de rebelión por parte de los “deplorables” de Europa. Gran Bretaña, habiendo sacudido a su propio establishment votando a favor del Bréxit, afrontaba la perspectiva de largas negociaciones con la UE que podrían, en palabras de un cargo oficial británico que posteriormente ha dimitido, llevar una década o más.

El presidente Trump ha cambiado radicalmente el equilibrio de poder en las negociaciones comerciales de Gran Bretaña con la UE. Probablemente no sea casualidad que se haya declarado finalmente la aproximación británica después de que Trump ganará las elecciones presidenciales y su actitud hacia el comercio con Gran Bretaña fuera más amistosa que la de Obama. La estrategia negociadora británica es notablemente sensata para un gobierno que hasta ahora no ha creído en los mercados libres, al menos en la medida en que está dispuesto a respaldar el genuino libre comercio como política. En la práctica, a la UE se le ha dicho por parte de la primera ministra Theresa May que Gran Bretaña propondrá, y pueden tomarlo dejarlo, porque el foco británico está ahora en comerciar de manera relativamente libre con el resto del mundo. Y si no están de acuerdo, Gran Bretaña rebajará los impuestos a las empresas para compensar a las ubicadas en Gran Bretaña por la intransigencia de la UE.

Las amenazas de los miembros del establishment político europeo parecen cada vez más desesperadas, indicando que están percibiendo la debilidad de su postura. Afirman que Gran Bretaña quedaría fuera de los acuerdos comerciales existentes en la UE. Pero cuando los miras, ves que sólo hay dos con otros miembros del G20: Corea del Sur y México. El resto son con estados pequeños, una evidencia concluyente del fracaso de la UE en interactuar con el resto del mundo. Las grandes empresas en Europa están ahora mismo cambiando de bando, después de argumentar sin éxito en contra de un bréxit duro. Ahora por el contrario están cabildeando en los gobiernos europeos por un comercio libre de aranceles con Reino Unido.

Trump y el comercio

Donald Trump aparentemente se ve a sí mismo llevando prioridades empresariales al gobierno. Pretende dirigir Estados Unidos a la manera de un mercantilista del siglo XIX, donde la prioridad es que Estados Unidos S.A. deba ser de nuevo grande, con toda persona capaz considerada como contribuidor potencial a la empresa nacional. Con respecto a los acuerdos comerciales, acabará con las normas acordadas entre diplomáticos charlatanes a favor de resoluciones más eficaces dirigidas a las empresas, favoreciendo a Estados Unidos. Se implantarán estrategias de negociación empresarial, como podemos ver con las primeras señales de negociaciones públicas entre el mercantilista Trump y el mercantilista chino Xi.

Los librecambistas británicos probablemente estén en desacuerdo con Trump. Este está señalando que no le interesa el libre comercio. Su actitud hacia la UE también señala un cambio importante en el pensamiento geopolítico estadounidense. Europa se considera ahora una sanguijuela, sorbiendo sangre estadounidense, no pagando su parte en la OTAN. Su socialismo es extraterrestre para Trump. Ese es el nuevo mundo propuesto por Trump, pero cabe esperar que la realidad resulte ser algo diferente.

Falacias comerciales

Todo esto estaría bien si el Presidente Trump basara su comprensión sobre la economía de los desequilibrios comerciales. Como la mayoría de la gente, parece pensar que un déficit comercial es el resultado de una competencia extranjera injusta. No lo es. Es el resultado de la expansión monetaria. En un entorno de moneda fuerte, todo se paga con dinero real. Si compras un bien extranjero, debe igualarse por la exportación realizada por un conciudadano. Si la gente cambia sus preferencias de dinero real, habrá un superávit o un déficit temporal, pero los precios se ajustarán rápidamente para encontrar un nuevo equilibrio, los flujos se detendrán y el comercio se equilibrará de nuevo.

En un entorno de moneda fuerte no pueden existir ni superávits ni déficits comerciales permanentes o semipermanentes. Con dinero no fuerte, en otras palabras, si se crea más dinero de la nada y se gasta en la economía, se crea un exceso de demanda, lo que, o bien aumenta los precios en el interior, o bien se gasta en bienes importados. Y dado que la producción total de un país normalmente iguala su consumo total, ese dinero extra es seguro que llevará a un aumento en las importaciones.

Es el factor engañoso de la divisa fiduciaria es el responsable de los desequilibrios comerciales, no la competencia injusta de los extranjeros. Y como todos los países engañan con sus propias divisas fiduciarias, deshacer los superávits y déficits comerciales se convierte en una tarea infructuosa.

Podemos concluir que, sean cuales sean las políticas, de Trump, los déficits comerciales  estadounidenses no desaparecerán. Este necesitaría sujetar con mano firme el déficit presupuestario y la Fed deberá tomar un control más estricto sobre la expansión del crédito bancario y dinero, siendo ambas cosas improbables.

Consecuencias no pretendidas

La administración Trump parece estar dispuesta a desanimar las importaciones mediante la introducción de un impuesto fronterizo o impuestos discriminatorios de sociedades. Sabemos que esto no logrará su objetivo, salvo que deje de crecer el crédito bancario. Y si el crédito bancario deja de crecer a pesar del deseo de la Fed de que esto se produzca, una reducción del déficit comercial sería un elemento de una economía en contracción. Estados Unidos se arriesgaría entonces a iniciar una reedición de la depresión de la década de 1930, que recibió un impulso extra con el arancel Smoot-Hawley ratificado como ley por el presidente Hoover. En esos tiempos, tanto el dólar como la libra esterlina, las dos divisas principales, empezaron la década con un patrón oro, que continuó hasta que el dólar y después de la libra esterlina lo abandonaran en 1931. Esto significa que los precios de las materias primas valorados tanto en oro como en dólares se vinieron abajo, empobreciendo a los productores mineros y agrícolas de todo el mundo. Si pasara lo mismo, el dólar se vendría abajo con los precios de materias primas, porque sabemos que la Fed expandiría la oferta monetaria para evitar una recesión. ero, medidos en oro, los precios de las materias primas seguirían cayendo.

Por ahora, este resultado es considerado por los mercados como un riesgo bajo, pero dadas las declaraciones contradictorias de Trump sobre el comercio sería erróneo rechazar una repetición del Smoot-Hawley. La retórica de Trump es de Hecho alarmantemente similar.

China estaría justificada en considerar la opinión de que las intenciones de Trump son proteccionistas y por tanto representan una escalada de la guerra financiera entre los dos países. Eso dependerá del resultado de las negociaciones entre los presidentes Trump y Xi. China podría igualmente consolarse sabiendo que el dólar se convertiría en menos importante si el comercio bruto estadounidense (frente a la balanza neta) disminuyera debido a las medidas proteccionistas. Por el momento, al dólar le va bien, en parte debido al menor uso del euro. Pero un dólar más alto podría considerarse como una oportunidad para China para vender más valores del Tesoro para invertir en reservas de materias primas antes de que el dólar baje. Y cuando el dólar baje, es probable que el yuan se estabilice y se haga más atractivo como divisa global de liquidación comercial.

Sí, y sólo si, los chinos adoptan este punto de vista, no les preocuparía demasiado Trump y su postura agresiva. A este podría sorprenderle que los chinos renunciaran a muy poco en las negociaciones comerciales previstas para este mismo año. Su opinión podría ser que Trump está peleando en una guerra comercial de ayer. Por el contrario, China se contentaría con acuerdos de libre comercio entre las naciones del Pacífico fuera del TPP. El Sudeste Asiático fabricaría los productos baratos que solía fabricar China, porque China ya está mejorando su economía de servicios y tecnología, reubicando el capital de la fabricación de bienes baratos.

¿Dónde es probable que acaben en Europa y Gran Bretaña con todo esto? La voluntad de una rápida resolución de un acuerdo comercial anglo-estadounidense existe tanto en la Casa Blanca como en Downing Street. Sin embargo, bajo los términos del Bréxit, no puede firmarse un acuerdo antes de marzo de 2019, lo que es mucho tiempo en política. La amenaza de un acuerdo USA/UK es más importante como palanca para poner firme a la UE que su eventual realidad. Adicionalmente, Gran Bretaña puede firmar fácilmente acuerdos con miembros de la Commonwealth, que comprende 52 países y un tercio de la población mundial. Es importante, pues estas son las economías crecientes del futuro. Corea del Sur, México y las pequeñas naciones que tienen acuerdos con la UE deberían ser también signatarios dispuestos, suponiendo que la UE no consiga presionarles con éxito para no firmar acuerdos con Reino Unido. Los países de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) y China totalizan otros 2.000 millones, también creciendo más rápidamente que las naciones desarrolladas, lo que conlleva un total potencial muy por encima de la mitad de la población del mundo.

La oportunidad que representa para Gran Bretaña el Bréxit, facilitada por la elección de Trump, es verdaderamente extraordinaria, pero eso no es cálculo político. Los políticos no definen en el comercio libre de la manera en que deberían hacerlo. Para los políticos, el comercio libre es un acuerdo complejo, que regula todas las provisiones de bienes y servicios. El libre comercio sin políticos es sencillo: todos podemos seguir comprando y vendiendo entre nosotros lo que verdaderamente deseemos.

La mayor amenaza para el comercio mundial no proviene de la ruptura de la UE ni de China. Parece ser la falta de comprensión de Trump de por qué existen los desequilibrios comerciales y su política equivocada de proteccionismo estadounidense.


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