El camino hacia la victoria

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[Adaptado de Speaking of Liberty]

El Instituto Mises se fundó como un centro de investigación basado en ideas clásicamente liberales que siempre han sido atacadas: las ideas de Mises y de la tradición de pensamiento que este representa. Esto significa centrarse en la Escuela Austriaca de economía y, en filosofía política, en la libertad individual y la necesidad de impedir que el estado y sus intereses la aplasten, como todos los estados en todas partes están inclinados a hacer.

La primera prioridad de un instituto así es mantener vivo un cuerpo de ideas. Las grandes ideas no tienen vida propia, especialmente las que se oponen a los supuestos poderes. Deben circular y ser parte de una mente académica y publica para evitar la extinción.

Y aun así debemos hacer más que simplemente mantener vivo un cuerpo de pensamiento. No queremos únicamente que nuestras ideas vivan: queremos que crezcan y se desarrollen, que entren dentro del debate cultural y público, que se conviertan en una fuerza con la que tengan que contar los intelectuales, que se empleen constantemente con el fin de explicar la historia la realidad actual y que acaben ganando las grandes batallas ideológicas de nuestro tiempo.

¿Cuáles son los mejores medios para lograr esa victoria? Este es un tema que raramente se discute en la derecha de libre mercado. Murray Rothbard señalaba que la estrategia es una parte enorme del esfuerzo de la izquierda. Una vez establecida la doctrina, la izquierda trabaja muy fuerte para pulir el mensaje y encontrar maneras de impulsarlo. Es una explicación importante del éxito de la izquierda.

Por otro lado, nuestro bando no discute mucho este tema. Pero como es inevitable algún tipo de estrategia, dejadme simplemente listar unas pocas tácticas que no creo que funcionen. Las siguientes, estoy seguro de que fracasarán por diversas razones:

Quietismo

Ante las mínimas posibilidades en contra del éxito, una tendencia entre los creyentes en la libertad es a desesperarse y consolarse estando entre amigos y hablando solo entre sí. Es comprensible, por supuesto, incluso fructífero a veces, pero también es irresponsable y bastante egoísta. Sí, puede que siempre seamos una minoría, pero siempre estamos aumentando o encogiendo. Si encogemos demasiado, desaparecemos. Si crecemos lo suficiente, ganamos. Por eso nunca debemos renunciar a la batalla por las mentes jóvenes y a cambiar las mentes mayores. Nuestro mensaje tiene un enorme poder explicativo. Nunca debemos esconder nuestra luz bajo un celemín.

Retirada

Una característica de la tradición liberal es su rigor intelectual. Contiene sustancia intelectual más que suficiente para ocupar una mente académica durante varias vidas. Hay por tanto una tendencia a creer que retirarse a la universidad y evitar la vida pública es el camino correcto. La idea es que deberíamos limitarnos a usar nuestro conocimiento para escribir artículos en revistas y mantenemos aparte, con la esperanza de que algún día este camino dé sus frutos en términos de respetabilidad académica. Pero ese no ha sido camino de mentes brillantes de Turgot a Jefferson, Bastiat y Constant, Mises y Hayek, Rothbard y los investigadores adjuntos del Instituto Mises. Todos se dedicaron a algún nivel de debate público. Creían que había mucho en juego como para retirarse a la soledad del estudio privado. No nos podemos permitir ese lujo.

Tener cátedras en la Ivy League

He visto este error relacionado pagar un peaje real sobre grandes mentes. Una persona joven puede empezar con compromisos reales, pero puede temer la marginación que conlleva mantener ideas impopulares. Trata de hacerse pasar como un intelectual convencional, mientras mantiene pensamientos libertarios entretanto. Puede tratar de revelar finalmente sus verdaderas opiniones, pero entonces aparecen las necesidades de estabilidad y promoción y las presiones sociales para ocultarse. En resumen, acaba vendiéndose.

Convencer a los políticos

Otro tipo de problema deriva de la creencia en que la organización política es la respuesta. Pero esta solo puede llevar al desánimo, ya que un intento tras otro fracasa en dar frutos. A pesar de lo que oigáis, a la clase política no le interesan las ideas por sí mismas. Les interesa subvencionar a sus amigos, proteger su territorio y ser reelegidos. La ideología política es para ellos, en el mejor de los casos, una ficción. Sólo es útil en la medida en que proporciona una cobertura para lo que harían en todo caso. Estoy generalizando, y sí, son posibles las excepciones. De hecho, puedo pensar en una en nuestro siglo: Ron Paul.

Publicar artículos de alto nivel

Conozco gente en think-tanks que haría cualquier cosa para entrar en el New York Times o el Wall Street Journal. Es una trampa y un engaño. Una vez das prioridad al medio sobre el mensaje (y esto es inevitable una vez empiezas a pensar de esta manera) estás olvidando por qué entraste en este negocio para empezar. Si te llegan estas oportunidades y te piden ofrecer una opinión que tengas, hazlo por todos los medios. Pero no funciona así.

Salir en televisión

Aquí pasa lo mismo. Conozca personas que en su momento defendían las ideas de la libertad y que desarrollaron un anhelo por la atención de los medios de comunicación y acabaron olvidando porque entraron en el negocio de las ideas en un principio.

Crear más think-tanks

Ya sé que esto parece una tontería, pero algunas personas en nuestro lado de la valla creen que cuantas más organizaciones sin ánimo de lucro haya, más probable es que ganemos la batalla de las ideas. Para mí, esto equivale a confundir el éxito que representa la franquicia en el mercado comercial con el éxito ideológico, que no está garantizado por la proliferación de sitios web e institutos. De hecho, la ideología no es solamente una empresa comercial. Somos un instituto de investigación sin ánimo de lucro por una razón. Lo que hacemos da enormes réditos a la civilización, pero no en forma de beneficios contables. Nuestra recompensa llega por otras vías.

Crear una fundación inmensa y contratar una enorme cantidad de personal

La financiación y el personal no resuelven nada por sí solos. La financiación es crucial y Dios sabe que el Instituto Mises necesita más. El personal es estupendo, siempre que la gente esté comprometida y sea competente. Pero tampoco es un fin en sí mismo. La cuestión crucial es si estaba ahí la pasión por las ideas, no solo los medios financieros. Cosas asombrosas son posibles con presupuestos pequeños, como creo que demuestra el éxito del Instituto Mises.

Esperar al desplome

Sabemos que el socialismo y el intervencionismo no pueden funcionar. Sabemos que fracasan y sospechamos que podrían fracasar finalmente de una manera catastrófica. Esto puede ser verdad, pero nos equivocamos si creemos que las ideas de la libertad emergerán naturalmente en esa situación. Una crisis puede presentar oportunidades, pero no garantías.

Es fácil encontrar errores como estos, y podría listar una docena más. Dejadme señalar unos pocos puntos que creo que deberíamos recordar.

Nuestras ideas no son populares. Estamos en minoría. Nuestras ideas no son bienvenidas por el régimen. A menudo caen en los oídos sordos de un público indiferente. A los grandes periódicos a menudo no les importa lo que pensamos. De hecho, quieren mantenernos fuera de sus páginas. Los políticos siempre nos considerarán poco prácticos en el mejor de los casos y amenazantes en el peor.

En resumen, luchamos cuesta arriba. Debemos darnos cuenta de esto desde el principio. Somos lo que Albert Jay Nock llamaba el remanente, una pequeña banda fraternal que tiene un conocimiento especial de la teoría y la historia y una preocupación por el bienestar de la civilización. Lo que hagamos con ese conocimiento y preocupación es cosa nuestra. Podemos retirarnos o vendernos o podemos usarlos como nuestro grito de batalla y avanzar a través de la historia para enfrentarnos al enemigo.

Dejadme que os ofrezca solo una rápida lista de algunos principios que uso:

Formar a todos los estudiantes

Atraer a cualquiera que esté interesado en lo que hacemos. Nunca dejar a nadie de lado. Nadie sabe nunca de dónde va a salir el próximo Mises o Rothbard o Hayek o Hazlitt.

Estimular la proliferación de talentos

Hay quienes son buenos escritores. Otros son buenos maestros. Otros más tienen talento para la investigación. También hay otras habilidades, como hablar en público y la competencia tecnológica. Hacen falta todas estas habilidades para crear el gran movimiento de la libertad de nuestros tiempos. No hay necesidad de insistir en un solo modelo; más bien, deberíamos hacer uso de la división del trabajo.

Usar todos los medios

Usemos todo lo que podamos para presentar nuestrasideas, desde el boletín más pequeño al sitio web más grande. No creas nunca que un medio está por debajo o por encima de ti. Debemos estar en las revistas académicas y debemos estar en las páginas del periódico local. Entretanto, la web ha resuelto el mayor problema que hemos afrontado a lo largo de la historia, que es encontrar un medio para comunicar nuestras ideas de una manera que las haga disponibles a todo el que esté interesado. Pero esto nunca ocurre automáticamente. Hace falta un esfuerzo tremendo y creatividad para producir un cambio.

Cumplir con la verdad

Esto significa evitar formas fantasiosas de lanzar nuestras ideas siguiendo las tendencias actuales. Está bien estar atentos a las técnicas de ventas. Pero no dejéis nunca que esta preocupación ahogue vuestro mensaje.

Decir la verdad

Nunca infravaloréis el poder de simplemente decir las cosas sencilla y abiertamente. Sea cual sea el tema, las ideas de la libertad tienen algo que añadir que no aparece en el debate público. Nuestro trabajo es hacer ese añadido.

No olvidar la universidad

Sí, las universidades están corruptas. Pero de ahí vienen las ideas que gobiernan la civilización. No debemos olvidarlas. Debemos publicar revistas, patrocinar coloquios, ayudar a la facultad y los estudiantes. No dejemos nunca que la universidad crea que tiene el lujo de olvidar nuestras ideas. Por eso el Instituto Mises celebra seminarios para profesores y estudiantes, así como profesionales financieros y personas interesadas de todo tipo.

No olvidar la cultura popular

Sí, la cultura popular está corrupta, pero no del todo. No debemos olvidar la porque tiene un enorme impacto sobre la manera en que la gente sencilla sí misma y aprende acerca de su mundo.

Usar tu estatus de minoría en tu propio beneficio

No tiene sentido duplicar lo que ya han hecho otros. Si publicas, publica algo radical y sorprendente. Si escribes un libro, haz un libro que cambie las ideas de las personas. Si realizas un seminario, di cosas que merezca la pena decir. No temas nunca lo no convencional. Es posible ser convencional en forma y radical en contenido.

Recordar que la influencia puede ser indirecta

El efecto de las ideas sobre una civilización es como las olas en el agua. Para cuando llegan a la orilla, nadie recuerda o sabe con seguridad de done vinieron. Nuestro trabajo es ponernos a la tarea. Deberíamos usar todos los medios a nuestra disposición para sacar las ideas: lo que ocurra luego es tan impredecible como es siempre el futuro.

El éxito puede adoptar muchas formas

A menudo me preguntan cómo puedo pensar que estamos triunfando incluso con el gobierno en constante crecimiento. Para mí, esto no plantea ningún dilema importante. Todos los gobiernos quieren un control total. Lo que los detiene, principalmente, es la oposición ideológica. Sin ella, el gobierno podría crecer mucho más rápido y la civilización estaría pronto condenada. ¿En qué medida ha ralentizado el crecimiento del estado la circulación de las ideas de la libertad? ¿Cómo de peor podríamos estar?

El cambio puede producirse rápidamente

Los fundamentos ideológicos del estatismo se debilitan en formas que no son siempre detectables. El cambio puede producirse de la noche a la mañana, después de lo que se convierte en evidente en retrospectiva. Si hubiéramos dicho al ruso medio en 1985 que en cinco años la Unión Soviética estaría muerta, nos hubiera tomado por locos. En mi opinión, el estatismo en Estados Unidos puede haber acabado su recorrido. Todos deberíamos hacer todo lo posible para acelerar el proceso.

En la historia de la guerra, siempre ha habido ejércitos que están gobernados por el centro y destacan los ejercicios, las líneas y la disciplina. Tienen a tratar a sus soldados como prescindibles. Pueden ganar, pero con un precio enorme.

El otro modelo es la guerra de guerrillas, normalmente asumido por los inferiores en la batalla. Los ejércitos de guerrilla normalmente constan de voluntarios: todo soldado es considerado valioso. Sus tácticas son impredecibles. No están gobernadas por el centro, sino que más bien explotan la creatividad de cada miembro. Esos ejércitos han demostrado ser notablemente eficaces en la historia de la guerra. Creo que el modelo de guerrilla es el más apropiado para nosotros: una campaña de guerra de guerrilla ideológica llevada a cabo por el remanente.

No es una garantía de éxito, pero es la mejor garantía contra el fracaso que conozco. Nuestras revistas circulan como nunca antes, en la universidad y en la cultura pública. Nuestros libros han cambiado la historia de muchas maneras. La clave nuestro éxito, creo, es que el Instituto Mises siempre se ha mantenido fiel a los principios y la verdad por encima de todo. Nunca hemos buscado la atención a corto plazo en perjuicio del largo plazo. Mises tampoco lo hizo y pagó un precio personal. Pero sus ideas están cambiando el mundo. Todos debemos seguir su ejemplo, no dándonos nunca por vencidos, no rindiéndonos nunca, luchando por la verdad hasta nuestro último aliento. Tenemos la pasión de la energía. Y lo más importante, tenemos la verdad de nuestro lado. Creo que podemos obtener la victoria.


El artículo original se encuentra aquí.

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Instituto Mises
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