Los controles de precios son desastrosos para Venezuela y para cualquier otro lugar

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Abundan en Internet las imágenes de ciudadanos esperando en cola para obtener bienes básicos (papel higiénico, harina, leche) en los supermercados de Venezuela. Esa imagen surrealista es la norma en la Venezuela actual. De la década de 1950 a finales de la década de 1990, Venezuela fue el país más estable económica y políticamente de Latinoamérica. Avanzando hasta la actualidad, Venezuela no solo está sufriendo un colapso económico sin precedentes, sino que también está al borde de convertirse en un estado fallido.

Comprendiendo la crisis de escasez de Venezuela

¿Cómo ha podido caer tan bajo un país que fue tan próspero? La economía básica señala que los bienes no se desvanecen en el aire. Para entender el fenómeno de las escaseces en Venezuela, se necesita un análisis somero de las medidas económicas aprobadas por el régimen de Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro.

La principal culpable de la tragedia económica de Venezuela es la intervención pública, concretamente los controles de precios implantados por las administraciones Chávez y Maduro. Estos controles han sido los factores subyacentes detrás de la creciente escasez de bienes básicos en Venezuela.

El experimento actual de control de precios de Venezuela

Animado después de un intento fallido de golpe de estado contra su gobierno en 2002, Hugo Chávez inició una serie de medidas intervencionistas con el objetivo de impedir la fuga de capitales. Estas medidas incluían la expropiación de sectores clave, control de cambios y controles de precios.

A pesar de la naturaleza dañina de estas políticas, el flujo de petrodólares gracias a los altos precios del crudo pudo proporcionar a los negocios venezolanos el lujo de importar bienes básicos y materias primas como solución de último recurso a corto plazo. Incluso con altos precios del petróleo, las escaseces de bienes con precios controlados empezaron a aparecer lentamente en 2006, debido a los controles de cambios y precios.

Cuando los precios del petróleo empezaron a caer, empezaron a aparecer las duras realidades económicas. La escasez se convertiría pronto en un fenómeno nacional en Venezuela gracias a los efectos combinados de controles estrictos de cambios que no permitían la entrada libre de dólares y un régimen de control de precios que impide que funcione el sistema de precios en la economía.

Con altos niveles de inflación añadidos a la mezcla, el gobierno socialista de Venezuela reforzaría sus controles de precios. A través de su aprobación de la Ley de Precios Justos de 2014, el gobierno venezolano trató de controlar las escaseces prohibiendo márgenes de beneficio por encima del 30% y reforzando los precios máximos sobre productos básicos.

La ley antes mencionada solo ha agravado la crisis de escasez de Venezuela y ha puesto al país en la vía a la hambruna. Con dureza, el gobierno continuó sus políticas intervencionistas con la creación de los CLAP, comités de suministro y producción local, que solo racionan los alimentos a los que apoyan al gobierno. Estas medidas generarán más miseria y pobreza, ya que el gobierno y sus seguidores serán los únicos beneficiarios de dichas políticas.

Las leyes de la economía deben ser respetadas

En el mercado libre, los precios funcionan como señales tanto para consumidores como para productores sobre cuánto debe demandarse u ofrecerse respectivamente un producto o servicio. Para los productores, los precios comunican si es un buen momento para entrar o salir de ciertos mercados. Los precios a la baja y las pérdidas potenciales indican a los empresarios la necesidad de abandonar un mercado. Por el contrario, precios al alza y beneficios potenciales animan a los productores a entrar en un mercado.

En el lado del consumidor, los precios bajos indican a los consumidores que es un buen momento para comprar ese bien o servicio. Los precios altos generalmente desaniman a los consumidores en la compra de cierto producto o les animan a buscar sustitutivos más baratos. Esta dinámica acaba llevando a un precio de equilibrio que es el producto de las fuerzas del mercado, no de los decretos del gobierno.

Cuando se implantan precios máximos, este mecanismo de coordinación de precios se vuelve de cabeza. Un precio artificialmente bajo lleva a los consumidores a demandar más de un bien de lo que los productores están dispuestos a ofrecer. Cuando la demanda supera a la oferta, aparecen las escaseces.

Estos máximos arbitrarios afectan a la estructura productiva de los negocios y no les permiten llevar productos al mercado de una forma efectiva en costes. No es sorprendente que muchas empresas se vean obligadas a incurrir en pérdidas, especialmente si el precio legislado cae por debajo del precio natural de mercado que se necesita para cubrir los costes operacionales. Las empresas con menos suerte se verán obligadas a cerrar sus operaciones, ya que ya no pueden permitirse suministrar productos al mercado, dados los precios artificialmente bajos.

Las empresas que tengan los medios para ajustarse a estas regulaciones acabarán suministrando menos productos o productos de inferior calidad. Los consumidores deben por tanto soportar un mercado produce menos bienes e inferiores, llevando a un menor bienestar del consumidor.

Controles de precios: Un análisis histórico

Los controles de precios han existido desde tiempo inmemorial. No importa el tiempo ni el lugar, el resultado de dichas medidas ha sido siempre el mismo: escaseces y actividad en el mercado negro. Bajo el gobierno del emperador romano Diocleciano, se impusieron controles de precios a través del Edicto de precios máximos del año 301. El propósito de esta ley era combatir los precios inflacionarios presentes en la economía romana y atribuidos a la avaricia de los mercaderes. Una medida a medias, en el mejor de los casos, que no se ocupaba de la causa subyacente de la inflación (el envilecimiento de la moneda) esta ley produjo escaseces, cierre de negocios y aparición de mercados negros.

EEUU tampoco fue una excepción a las duras leyes económicas. En 1971, Richard Nixon aprobó la Orden Ejecutiva 11615 para “estabilizar la economía, reducir la inflación y minimizar el desempleo”. A pesar de haber sido aprobada bajo la justificación de luchar contra la inflación y limitar los efectos de los recortes en la producción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), estos controles de precios no solo demostraron ser ineficaces para limitar la inflación, sino que también crearon un problema nuevo: escaseces.

Analizando los controles de precios de la época de Nixon, el renombrado economista Thomas Sowell señalaba que “los controles de precios convirtieron un pequeño ajusto en una gran escasez”. En lugar de dejar que aumentaran los precios, dando así a las empresas productoras de petróleo un incentivo para producir más, el gobierno de EEUU decidió imponer controles arbitrarios que retrasaron el necesario ajuste del mercado.

Como un reloj, se generaron largas colas. Los consumidores se veían frustrados esperando horas en la cola usarían los mercados negros para conseguir gasolina a precios mucho mayores. Los consumidores que estaban desesperados por conseguir productos con precios controlados recurrirían al mercado negro, sin que importara lo caro que fuera el producto, dada la obvia realidad de que el mercado blanco de precios controlados no puede atender la demanda del consumidor.

Incluso Venezuela se ha aventurado en los controles de precios en un pasado no muy distante. En 1975, el presidente Carlos Andrés Pérez aprobó un precio máximo para la venta de arepas (panecillos de maíz), el alimento básico en Venezuela. En poco tiempo, un número importante de areperas (vendedores de arepas) cerrarían sus negocios o cambiarían su producción hacia otros alimentos, como hamburguesas, bocadillos y tacos.

Irónicamente, fue bajo el segundo mandato de Pérez (1989-1993) cuando se levantaron esos controles. Con el tiempo, las areperas volvieron a sus niveles de producción anteriores a la regulación, viéndose un aumento asociado en su calidad. Aunque estos controles no fueron tan generales como el actual régimen de control de precios, los efectos económicos fueron los mismos a una escala microcósmica.

Las leyes de la economía son universales: se aplican a los países desarrollados igual que a los países en desarrollo. Cuando se implantan controles de precios, cabe esperar escasez y actividad de mercado negro. Ningún gobierno, por muy bienintencionado o poderoso que afirme ser, puede violar estos principios sin consecuencias. En el mundo de la economía, ningún gobierno puede jugar a ser dios.


Publicado originalmente el 17 de agosto de 2016. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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