Las ocho características de una política fascista

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[Extraído del artículo “What is Fascism?”, publicado originalmente en The Free Market 29, nº 7 (Otoño de 2011)]

El estudio más concluyente sobre el fascismo escrito en estos años fue As We Go Marching, de John T. Flynn. Flynn era un periodista e intelectual de espíritu liberal, que había escrito varios libros superventas en la década de 1920. El New Deal le hizo cambiar. Todos sus colegas siguieron a Roosevelt hacia el fascismo, mientras Flynn mantenía la vieja fe. Eso significó combatir a Roosevelt en todo momento y no solo a sus planes nacionales. Flynn era un líder del movimiento America First, que veía la evolución de FDR hacia la guerra como una extensión del New Deal, algo que indudablemente era.

As We Go Marching se publicó en 1944, justo al final de la guerra y en medio de los controles económicos de tiempo de guerra de todo el mundo. Sorprende que pudiera pasar la censura. Es un estudio a escala completa de la teoría y la práctica fascistas y Flynn veía exactamente dónde terminaba el fascismo: militarismo y guerra, para cumplir el programa de estímulo del gasto. Cuando te quedas sin nada más en lo que gastar dinero, siempre puedes confiar en el fervor nacionalista para respaldar más gasto militar.

Flynn, como otros miembros de la Vieja Derecha, estaba disgustado por la paradoja de que lo que él veía, casi todos los demás elegían ignorarlo. Después de revisar esta larga historia, Flynn procedía a resumirla con una lista de ocho puntos que consideraba que eran las características principales del estado fascista.

Al presentarlas, también ofreceré comentarios sobre el moderno estado centralizado estadounidense.

Punto uno: El gobierno es totalitario porque no reconoce ninguna restricción a sus poderes

Si alguien se ve directamente atrapado en sus redes, descubre rápidamente que realmente no hay límites a lo que puede hacer el estado. Esto puede pasar subiéndose a un avión, conduciendo en tu ciudad o haciendo que tu negocio se enfrente a alguna institución pública. Al final, hay que obedecer o ser encerrado como un animal o muerto. De esta manera, no importa lo libre que puedas creer ser, todos nosotros estamos a un solo paso de Guantánamo.

Ningún aspecto de la vida es incólume a la intervención pública y a veces toma formas que no esperábamos ver. Toda la atención sanitaria está regulada, pero lo mismo pasa con todos los aspectos de nuestros alimentos, transporte, ropa, productos del hogar e incluso relaciones privadas. El propio Mussolini expuso así su principio: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”. Dejo a vuestro criterio evaluar si esta es la ideología que predomina hoy en Estados Unidos. Esta nación, concebida en libertad, ha sido secuestrada por el estado fascista.

Punto 2: El gobierno es una dictadura de hecho basada en el principio de liderazgo

Yo no diría que realmente tenemos una dictadura de un hombre en este país, pero sí tenemos una forma de dictadura de un sector del estado sobre todo el país. El poder ejecutivo se ha expandido tan enormemente a lo largo del último siglo que hablar de controles y equilibrios se ha convertido en una broma.

El estado del ejecutivo es el estado como lo conocemos, de la Casa Blanca hacia abajo. El papel de los tribunales es aplicar la voluntad del ejecutivo. El papel del parlamento es ratificar la política del ejecutivo. Este ejecutivo no es realmente la persona que parece estar al mando. El presidente es solo la fachada y las elecciones son solo los rituales tribales que llevamos a cabo para conferir cierta legitimidad a la institución. En realidad, el estado-nación vive y próspera fuera de cualquier mandato democrático. Aquí encontramos el poder para regular todos los aspectos de la vida y el poder maligno para crear el dinero necesario para financiar este gobierno del ejecutivo.

Punto 3: El gobierno administra un sistema capitalista con una burocracia inmensa

La realidad de la administración burocrática nos ha acompañado al menos desde el New Deal, que se modeló a partir de la burocracia planificadora que se usó en la Primera Guerra Mundial. La economía planificada, ya sea en los tiempos de Mussolini o en los nuestros, requiere burocracia. La burocracia es el corazón, los pulmones y las venas del estado planificador. Y aun así, regular una economía tan integralmente como se hace hoy con esta es acabar con la prosperidad con un millón de pequeños recortes.

¿Dónde está entonces nuestro crecimiento? ¿Dónde está el dividendo de la paz que se supondría que llegaría después del final de la Guerra Fría? ¿Cuáles son los frutos de las asombrosas ganancias en eficiencia que ha permitido esa tecnología? Se los ha comido la democracia que dirige todos nuestros movimientos sobre la tierra. El monstruo voraz e insaciable se llama aquí Código Federal y pide que miles de instituciones ejerciten el poder de policía para impedirnos vivir libremente.

Es como decía Bastiat: el coste real del estado es la prosperidad que no vemos, los empleos que no existen, las tecnologías a las que no tenemos acceso, los negocios que no llegan a existir y el brillante futuro que nos han robado. El estado nos ha saqueado tan indudablemente como un ladrón que entra en nuestra casa por la noche y nos roba todo lo que amamos.

Punto 4: Los productores se organizan en carteles, igual que el sindicalismo

El sindicalista en nuestra actual estructura económica normalmente no es como pensamos. Pero recordad que sindicalismo significa control económico por los productores. El capitalismo es diferente. Pone, en virtud de las estructuras del mercado, todo el control en manos de los consumidores. Así que la única pregunta para los sindicalistas es qué productores van a disfrutar del privilegio político. Podrían ser los trabajadores, pero también pueden ser las mayores empresas.

En el caso de Estados Unidos, en los últimos tres años, hemos visto grandes bancos, farmacéuticas, aseguradoras, empresas automovilísticas, bancos de Wall Street y casas de intermediación y empresas hipotecarias casi privadas disfrutando de enormes privilegios a nuestra costa. Todos se han unido al estado para vivir de forma parasitaria a nuestra costa.

Punto 5: La planificación económica se basa en el principio de autarquía

La autarquía es el nombre que se da a la idea de autosuficiencia económica. En su mayor parte, se refiere a la autodeterminación económica del estado-nación. El estado-nación debe ser geográficamente enorme para sostener un rápido crecimiento económico para una población grande y creciente.

Observemos las guerras en Irak, Afganistán y Libia. Seríamos enormemente ingenuos si creyéramos que estas guerras no están motivadas en parte por los intereses de los productores del sector petrolífero. Es verdad, en general, para el imperio estadounidense, que apoya la hegemonía del dólar. Es la razón para la Unión Norteamericana.

Punto 6: El gobierno sostiene la vida económica mediante gasto y préstamo

Este punto no necesita desarrollo, porque ya no se oculta. En la última legislatura, en un discurso en prime time, Obama se preguntaba sobre cómo es que hay personas sin empleo en un momento en que escuelas, puentes e infraestructuras necesitan reparación. Ordenaba que se aunaran oferta y demanda para atender con empleos el trabajo necesario.

¿Hola? Las escuelas, puentes e infraestructuras a los que se refiere Obama son todos construidos y mantenidos por el estado. Por eso se están cayendo. La razón por la que la gente no tiene empleo es porque el estado ha hecho demasiado caro contratarla. No es complicado. Sentarse y soñar con otros escenarios no es distinto que desear que el agua fluya montaña arriba o que las piedras floten en el aire. Equivale a una negación de la realidad.

Respecto del resto de este discurso, Obama prometía otra larga lista de proyectos de gasto. Pero ningún gobierno en la historia del mundo ha gastado tanto, tomado prestado tanto y creado tanto dinero falso como Estados Unidos, todo gracias al poder de la Fed para crear dinero a voluntad. Si Estados Unidos no puede considerarse como un gobierno fascista en este sentido, ningún gobierno lo ha sido nunca.

Punto 7: El militarismo es un sostén del gasto público

¿Os habéis dado cuenta de que el presupuesto militar nunca se discute seriamente en los debates políticos? Estados Unidos gasta más que la mayoría del resto del mundo combinado. Y aun así oímos a nuestros líderes decir que Estados Unidos no es más que una diminuta república comercial que quiere la paz pero está constantemente bajo la amenaza del mundo. ¿Dónde está el debate acerca de esta política? ¿Dónde está la discusión? No se está produciendo. Simplemente ambos partidos asumen que es esencial para nuestro modo de vida que Estados Unidos sea el país más mortífero del planeta, amenazando a todos con la extinción nuclear si no obedecen.

Punto 8: El gasto militar tiene objetivos imperialistas

Hemos tenido una guerra tras otra, guerras iniciadas por Estados Unidos contra países desobedientes, y creación de aún más estados clientes y colonias. La fortaleza militar de EEUU no ha llevado a la paz, sino todo lo contrario. Ha hecho que la mayoría de la gente en el mundo considere a Estados Unidos como una amenaza y esto ha llevado a guerras inadmisibles en muchos países. Las guerras de agresión fueron definidas en Nuremberg como crímenes contra la humanidad.

Se suponía que Obama iba a acabar con esto. Nunca prometió hacerlo, pero todos sus seguidores creían que lo haría. En realidad ha hecho todo lo contrario. Ha aumentado los niveles de tropas, prolongado guerras y empezado otras nuevas. En realidad ha presidido un estado belicista tan malo como cualquiera en la historia. La diferencia esta vez es que la izquierda ya no critica el papel de EEUU en el mundo. En ese sentido, Obama es lo mejor que le ha pasado nunca a los belicistas y el complejo militar-industrial.

El futuro

No puedo pensar que hoy en nada más prioritario que en una alianza antifascista seria y eficaz. En muchos sentidos, ya se está formando una. No es una alianza formal. Está constituida por aquellos que protestan por la Fed, aquellos que rechazan continuar con las políticas fascistas dominantes, aquellos que buscan la descentralización, aquellos que reclaman impuestos más bajos y libre comercio, aquellos que buscan el derecho a asociarse con quien quieran y a comprar y vender en las condiciones que elijan, aquellos que insisten en que pueden educar a sus hijos por sí mismos, los inversores y ahorradores que hacen posible el crecimiento económico, aquellos que no quieren ser cacheados en los aeropuertos y aquellos que se han convertido en expatriados.

También está constituida por los millones de empresarios independientes que están descubriendo que la amenaza número uno a su capacidad de atender a otros a través del mercado comercial es la institución que afirma ser su mayor benefactora: el gobierno.

¿Cuántas personas caen dentro de esta categoría? Es más de lo que sabemos. El movimiento es intelectual. Es político. Es cultural. Es tecnológico. Provienen de todas las clases, las razas, los países y las profesiones. Ya no es un movimiento nacional. Es verdaderamente global.

¿Y qué quiere este movimiento? Ni más ni menos que la dulce libertad. No pide que la libertad sea concedida o dada. Solo pide para libertad lo que promete la propia vida y existiría si no fuera por el estado leviatán que nos roba, nos acosa, nos encarcela, nos mata.

Este movimiento no va a desaparecer. Nos rodean diariamente evidencias de que esto es verdad. Todos los días es cada vez más evidente que el estado no contribuye absolutamente en nada a nuestro bienestar: en realidad lo lastra masivamente.

En la década de 1930, e incluso durante la década de 1980, los partidarios del estado rebosaban de ideas. Ya no es así. El fascismo no tiene nuevas ideas, ni grandes proyectos, y ni siquiera sus partidarios creen realmente que pueda lograr lo que pretende. El mundo creado por el sector privado es tanto más útil y bello que cualquier cosa que haya hecho estado, que los propios fascistas se han desmoralizado y son conscientes de que su programa no tiene ningún fundamento intelectual real.

Cada vez se sabe más que el estatismo no funciona ni puede funcionar. El estatismo es la gran mentira. El estatismo nos da exactamente lo contrario de lo que promete. Prometía seguridad, prosperidad y paz: nos ha dado miedo, pobreza, guerra y muerte. Si queremos tener un futuro, será uno que tengamos que construir nosotros mismos. El estado fascista no nos lo dará. Por el contrario, se interpone en el camino.

Al final, esta es la alternativa que afrontamos: el estado total o la libertad total. ¿Cuál elegiremos? Si elegimos el estado, continuaremos hundiéndonos cada vez más y acabaremos perdiendo todo lo que atesoramos como civilización. Si elegimos la libertad, podemos aprovechar ese notable poder de la cooperación humana que nos permitirá continuar creando un mundo mejor.

En la lucha contra el fascismo, no hay razón para desesperar. Debemos continuar luchando con toda la confianza en que el futuro nos pertenece a nosotros y no a ellos.

Su mundo se está desmoronando. El nuestro se está construyendo. Su mundo se basa en ideologías quebradas. El nuestro se basa en la verdad acerca de la libertad y la realidad. Su mundo solo puede mirar atrás, a sus días de gloria. En nuestro mira adelante, hacia el futuro que estamos construyendo.

Su mundo se basa en el cadáver del estado-nación. El nuestro aprovecha las energías y creatividad de todos los pueblos del mundo, unidos en el gran y noble proyecto de crear una civilización próspera mediante cooperación humana pacífica. Poseemos la única arma que es verdaderamente inmortal: la idea correcta. Esta es la que nos llevará a la victoria.


Publicado originalmente el 26 de agosto de 2016. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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