Cómo la heroína legal de marca haría más seguras las drogas

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En un mercado libre, los bienes de consumo son notablemente heterogéneos. No nos limitamos a comprar kétchup, tenemos que elegir entre kétchup normal, orgánico, bajo en azúcar, bajo en sodio y multitud de otras variaciones. Lo que es más importante, tenemos que elegir entre Heinz, Hunts, Great Value y otras marcas. En realidad, fue John Henry Heinz quien se convirtió en la primera persona en asociar su nombre con los alimentos procesados no adulterados que fabricaba, permitiendo que su producto se distinguiera de la competencia.

La función económica de las marcas

Sin embargo, económicamente, los nombres de las marcas sirven para una función importante. En Basic Economics, Thomas Sowell explica que los nombres de las marcas “son una manera de economizar conocimiento escaso y obligar a los productores a competir en calidad, así como en precio”.[1] Puede que no haya diferencia física entre Heinz y Great Value y un consumidor que crea que es así comprará el producto más barato. Pero si un consumidor no está familiarizado con la segunda marca, tendrá que comparar el coste-beneficio de una marca más barata con el riesgo de conseguir un producto inferior; con el nombre de marca del producto, la calidad es más segura.

Esto tiene importantes implicaciones sobre el mercado negro. Por ejemplo, en la Unión Soviética se eliminaron las marcas para reducir la heterogeneidad de los productos. Los ciudadanos soviéticos eludieron esto aprendiendo a leer los códigos de barras para identificar qué productos se producían en las mejores fábricas.

Las marcas tienen implicaciones particularmente importantes en el área de los narcóticos. Cuando los bienes se hacen ilegales, los contrabandistas siguen vendiéndolos, pero se elimina la capacidad de establecer una  coherencia de marca. Haría falta que un productor sobreviviera en el comercio ilegal el tiempo suficiente como para establecer esta reputación, un medio de trasladar la información en ausencia de una publicidad abierta y legítima y algún mecanismo de aplicación de los distribuidores para impedir la alteración del producto.

Sin embargo, también ha habido intentos de economizar en conocimiento. Durante la Guerra de Vietnam, el general de Laos, Ouana Rattikone, dirigía una importante red internacional de opio. Fabricaba “heroína nº 3”, que tiene tres fases de procesado y normalmente tiene una pureza entre el 20% y el 40%. Sin embargo, su heroína era constantemente pura en casi un 50%. Como era un bien de calidad constante y superior, Rattikone creó la marca “999” para su heroína (tomada del patrón oro 99.9). Aunque su heroína real no era pura al 99,9%, su nombre sigue asociado a una calidad concreta de heroína en la que pueden confiar los compradores.

La respuesta competitiva a esto puede empezar a producir heroína de mayor pureza. La “heroína nº 4” requiere una fase adicional de procesado que es peligrosa necesita químicos de drogas más preparados para fabricarla, pero genera heroína con niveles de pureza por encima del 80%. Mientras Rattikone mantuvo sus prácticas comerciales, su marca 999 acabaría viéndose como identificador de la heroína de baja calidad en un mercado de la mayor pureza de la nº 4.

Sin embargo, Rattikone sí se adaptó con éxito. Creó sus propias refinerías de heroína nº 4 y a principios de la década de 1970 poseía la mayor refinería de nº 4 en Indochina. Con este nuevo producto, creó la marca  “Double UOGlobe” o “Double Lion Earth Brand” para los chinos. Debajo de las etiquetas de la marca había advertencias a los consumidores de “rechaza imitaciones” y publicitando una pureza del 100%.[2]

En este punto, los críticos de un mercado libre pueden ver esto como un argumento contra la competencia y las marcas de productos peligrosos. Sin embargo, sería una crítica apresurada.

En parte como resultado de la Guerra de Vietnam, la heroína se convirtió en una droga popular en Estados Unidos en la década de 1970. Los traficantes empezaron a exportar masivamente esta droga de alta calidad a Estados Unidos, de forma que a mediados de la década de 1970 el Triángulo de Oro de Indochina era responsable del suministro del 70% de los opiáceos del mundo.

Las drogas del mercado negro son más peligrosas

En The Economics of ProhibitionMark Thornton explica con detalle por qué las sustancias prohibidas tienen mayores niveles de potencia que las sustancias lícitas. De acuerdo con lo que califica posteriormente como “la ley de hierro de la prohibición”, hacer ilegal un estupefaciente evidentemente no acabará con el producto, sino que incentivará la oferta de solo las formas más poderosas de la sustancia. Durante la prohibición del alcohol, por ejemplo, los licores fuertes se hicieron relativamente más comunes, comparados con la cerveza, y la tendencia se invirtió después de la abolición de la Decimoctava Enmienda.

Dos importantes razones para este fenómeno son que el costo relativo del mayor grado de una droga es más bajo cuando hay un aumento uniforme en el coste aplicado a todos los grados. Esto puede ser algo similar a un impuesto especial o a los costes de transporte. Como consecuencia, los consumidores en esta área reclamarán más producto de grado superior. Segundo, al traficar, cualquier cosa que tenga una mayor relación entre valor y peso será más rentable para los traficantes, lo que está claro que es aplicable a las drogas de mayor potencia.

El peligro real de esto es que estos fenómenos se aplican a la transacción central traficante y el distribuidor nacional de las drogas, en lugar del consumidor. En un país en el que la heroína sea ilegal, como Estados Unidos, el distribuidor nacional es la persona que comprará la droga de alta potencia. Sin embargo, antes de vendérsela a los consumidores, la “corta” con otras sustancias para diluirla y aumentar los márgenes de beneficio.

Cuanto mayor sea el grado de prohibición, más difícil será establecerá una coherencia de marca. Esto pueda ocurrir en el caso de un traficante de confianza (pensemos en la escena de Pulp Fiction en la que el personaje de John Travolta está negociando un cargamento de heroína). Pero cuando un consumidor tiene que obtener su producto de un nuevo traficante, el reconocimiento de producto del traficante anterior resulta necesariamente obsoleto. Esto es algo que no se ve cuando un consumidor pasa de comprar kétchup Heinz en Kroger a comprarlo en Wal-Mart, porque las marcas pueden establecerse y mantenerse.

El resultado lógico de esta práctica de distribuidores importando heroína de alta potencia y diluyéndola luego antes de revenderla es que los consumidores no tienen manera de saber la consistencia de la heroína que están comprando: son incapaces de economizar por conocimiento de marca. Esto tiene un impacto negativo importante sobre la tasa de sobredosis.

Es un error común creer que los adictos a la heroína se inyectarán cantidades cada vez más altas, tratando de colocarse, hasta que acaben con una sobredosis. La realidad que se ha observado desde que países como Portugal y Suiza han despenalizado los narcóticos, es que los adictos a la heroína aumentan su consumo hasta cierto punto en el cual se estabiliza su uso y luego normalmente (frente a la percepción popular) acaban reduciendo voluntariamente su propio consumo.

La causa real de la sobredosis es el hecho de que los adictos a la heroína en un mercado ilegal tienen que adivinar su dosis. Cuando compran heroína con una consistencia desconocida, a veces acaban consiguiendo heroína de mayor pureza de aquella a la que están acostumbrados. Como consecuencia, inyectan más de la droga de lo que desean y reciben una sobredosis involuntariamente. Es la supresión pública del mercado de narcóticos lo que aumenta tan significativamente los peligros de las mismas sustancias de las que afirman que protegen a la gente.

La ley de hierro de la prohibición ilustra por qué los narcóticos probablemente disminuyan en potencia tras su legalización. Incluso suponiendo que no fuera así, un entorno legal permitiría la creación de nombres de marca con calidades consistentes de la sustancia. Aunque esto no eliminaría los peligros del uso de la heroína, serviría para reducir significativamente la posibilidad de sobredosis, porque los usuarios tendrían un mejor conocimiento de lo que se están inyectando. Incluso en el caso de algo tan peligroso como las drogas, un mercado libre sería la política que produciría el resultado más positivo.


Publicado originalmente el 29 de agosto de 2016. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

[1] Thomas Sowell, Basic Economics: A Common Sense Guide to the Economy, 4ª ed. (Nueva York: Basic Books, 2007), p. 574.

[2] Martin Booth, Opium: A History (Nueva York: St. Martin, 1999, 1996), p. 271.

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