Defensa del paleolibertarismo

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[El siguiente artículo fue escrito por Llewellyn Rockwell en 1990 en Liberty]

“La debacle conservadora está cerca”, escribe Charles Krauthammer. “Al disolverse el comunismo, lo mismo hace (…) la alianza conservadora”. De hecho, los conservadores pasados de moda (paleoconservadores) se están separando de los neoconservadores estatistas.

Patrick J. Buchanan argumenta que Estados Unidos debería “volver a casa”: no somos “el policía del mundo ni su tutor político”. Ben Wattenberg un neocón defensor de lo que Clare Boothe Luce llamaba “globobobadas”, acusa a Buchanan de ser un “neandertal”. Joseph Sobran luego señala que la democracia no es un bien en sí misma, sino solo en la medida en que restrinja el poder del estado. Jeanne Kirkpatrick (una antigua demócrata de Humphrey, como la mayoría de los neocones) dice que ninguno de estos argumentos intelectuales significa nada porque los neocones tienen el poder del estado y no pretenden perderlo.

A pesar de Kirkpatrick, estas discusiones dentro de la derecha son extremadamente importantes y afectan a algo más que la política exterior. Al irse revelando la URSS como un tigre de papel, los buenos conservadores están volviendo a sus raíces de la Vieja Derecha también en otras áreas.

Los conservadores están cuestionando no solo las intervenciones en el extranjero, sino todo el aparato de New Deal-Gran Sociedad-más amable y gentil. Esto preocupa aún más de los neocones, ya que (como su Svengali Irving Kristol) dan como mucho “dos hurras por el capitalismo”, pero tres completas por el “estado conservador del bienestar”.

Esta debacle conservadora representa una oportunidad histórica para el movimiento libertario. La Guerra Fría dividió a la derecha y ahora puede empezar la curación, pues el axioma de Lord Acton de que “la libertad es el fin político más alto del hombre” está en el núcleo no solo del libertarismo, sino también del viejo conservadurismo. Muchos asuntos separan a los buenos conservadores de los buenos libertarios, pero su número está disminuyendo y ninguno de ellos es tan amplio como para impedir un intercambio y cooperación inteligentes.

Sin embargo ha habido más que disputas ideológicas: la cultura también nos ha separado y no hay unificador o divisor más poderoso. Ha sido tan divisora en este caso que los buenos libertarios y los buenos conservadores han olvidado como hablar unos con otros.

Por el bien de nuestros ideales comunes deberíamos restaurar la antigua concordia. ¿Pero podemos? En mi opinión, no hasta que el libertarismo se despioje.

Los conservadores tienen razón: La libertad no es suficiente

Los conservadores siempre han argumentado que la libertad política es una condición necesaria pero no suficiente para la buena sociedad y tienen razón. Tampoco es suficiente para la sociedad libre. También necesitamos instituciones sociales y patrones que animen la virtud pública y protejan al individuo del estado.

Por desgracia, muchos libertarios (especialmente los del Partido Libertario) ven a la libertad como necesaria y suficiente para todos los fines. Lo que es peor, hacen equivaler a la libertad frente a la opresión del estado con la libertad frente a las normas culturales, la religión, la moral burguesa y la autoridad social.

En sus 17 años de historia, el PL puede que nunca haya conseguido un 1% en las elecciones nacionales, pero ha calumniado la idea política más gloriosa de la historia humana con basura libertina. Por el bien de esa gloriosa idea, es hora de sacar los cepillos de frotar.

La mayoría de los estadounidenses están de acurdo en que la agresión contra los inocentes y sus propiedad está mal. Aunque estos millones sean libertarios potenciales, les desconcierta el aspecto Woodstock del movimiento. Hair puede haber desaparecido de Broadway hace mucho, pero la era de Acuario sobrevive en el PL.

Las antinormas culturales que impregnan la imagen libertaria son aborrecibles, no tienen nada que ver con el libertarismo en sí y son un peso muerto. Si no nos deshacemos de ese peso, perderemos la mejor oportunidad en décadas.

Los estadounidenses rechazan el Partido Demócrata nacional porque lo ven desdeñar los valores burgueses. Si alguna vez han oído hablar del PL, lo rechazan por razones similares.

El Partido Libertario probablemente sea irreformable (e irrelevante si no lo fuera). Pero si no limpiamos al libertarismo de esta imagen cultural, nuestro movimiento fracasaría tan miserablemente como lo ha hecho el PL. Continuaremos siendo vistos como una secta que “se resiste a la autoridad” y no solo al estatismo, que apoya los comportamientos que legalizaría y que rechaza los patrones de lo civilización occidental.

Los argumentos contra la guerra contra las drogas, no importa lo convincentes que sean intelectualmente, están desautorizados cuando vienen del partido de los colgados. Cuando el PL nomina a una prostituta para subgobernadora de California y esta se convierte en una celebridad admirada del PL, ¿cómo pueden los estadounidenses normales no pensar que el libertarismo es hostil a las normas sociales o que la legalización de acciones como la prostitución significa aprobación moral? No podría haber mayor suicidio político o relación moralmente falsa, pero el PL la ha creado.

Con sus creencias contraculturales, muchos libertarios han evitado asuntos de creciente importancia para los estadounidenses de clase media, como derechos civiles, delincuencia y ecologismo.

La única forma de eliminar el vínculo del libertarismo con el libertinismo es con un debate limpiador. Quiero empezar ese debate y sobre las bases adecuadas. Como decía G.K. Chesterton, “Estamos de acuerdo sobre lo malo, es sobre lo bueno sobre lo que deberíamos sacarnos los ojos”.

Un libertarismo culturalmente eficaz para Estados Unidos

Si queremos tener alguna oportunidad de victoria, debemos descartar el marco cultural defectuoso del libertarismo. Llamo a si remplazo sugerido, con principios culturales basados éticamente, “paleolibertarismo”: el viejo libertarismo.

Uso el término como los conservadores usan el paleoconservadurismo: no como un nuevo credo, sino una vuelta a sus raíces que también les distinguen de los neocones. No tenemos ningún paralelismo con los neocones, pero es igual de urgente que distingamos el libertarismo del libertinismo.

Brevemente, el paleolibertarismo, con sus raíces profundizando en la Vieja Derecha, ve:

  1. El Leviatán del estado como la fuente institucional de mal a lo largo de la historia.
  2. El mercado libre no intervenido como un imperativo moral y práctico.
  3. La propiedad privada como una necesidad económica y moral para un sociedad libre.
  4. La guarnición del estado como una amenaza importante para la libertad y el bienestar social.
  5. El estado de bienestar como un robo organizado que victimiza a los productores e incluso eventualmente a sus “clientes”.
  6. Las libertades civiles basadas en lo derechos de propiedad como esenciales para una sociedad justa.
  7. La ética igualitaria como reprensible moralmente y destructiva de la propiedad privada y la autoridad social.
  8. La autoridad social (encarnada en familia, iglesia, comunidad y otras instituciones intermediadoras) como algo que ayuda a proteger al individuo frente al estado y como necesaria para una sociedad libre y virtuosa.
  9. La cultura occidental como digna esencialmente de conservación y defensa.
  10. Los patrones objetivos de moralidad, especialmente los que se encuentran en la tradición judeocristiana, como esenciales para el orden social libre y civilizado.

¿Es libertario el paleolibertarismo?

El libertario debe estar de acuerdo con los seis primeros puntos, pero la mayoría de los activistas se enfurecerían con los últimos cuatro. Pero no hay nada antilibertario en ellos.

Un crítico podría señalar que el libertarismo es una doctrina política con nada que decir acerca de estos asuntos. En un sentido, el crítico podría tener razón. El catequista libertario solo necesita saber una respuesta a una pregunta: ¿Cuál es el fin político más importante del hombre? La respuesta: la libertad.

Pero no existe ninguna filosofía política en un vació cultural y para la mayoría de la gente la identidad política es solo una abstracción de una visión cultural más amplia. Las dos se separan solo a nivel teórico; en la práctica, están inextricablemente unidas.

Por tanto es comprensible y deseable que el libertarismo tenga un tono cultural, pero no que sea antirreligoso, modernista, relativista moralmente e igualitario. Este tono repele directamente a la gran mayoría de los estadounidenses y ha ayudado a que el libertarismo sea un movimiento tan pequeño.

El ataque conservador al libertarismo

Ninguna de las críticas conservadoras de la filosofía política del libertarismo es convincente. Por desgracia, no pasa lo mismo con las críticas culturales. Russell Kirk es el crítico conservador que los libertarios consideran más ofensivo. Afirma que el libertario, “como Satán, no puede soportar ninguna autoridad temporal o espiritual. Desea ser distinto, tanto en moral como en política” como un asunto de principios. Como consecuencia, “no hay una gran diferencia entre el libertarismo y el libertinismo”.

Un crítico conservador que los libertarios consideran más simpático es Robert Nisbet. Pero a él también le preocupa que “se esté desarrollando un estado mental entre libertarios en el que las coacciones de la familia, la iglesia, la comunidad local y la escuela parezcan casi tan perjudiciales como las del gobierno político. Si es así, esto es muy probable que amplíe la distancia entre libertarios y conservadores”.

Kirk y Nosbet tienen razón respecto de demasiadas personas libertarias, , pero no acerca de la doctrina formal, como han demostrado Rothbard, Tibor Machan y otros. Aun así, esta distinción entre la doctrina y sus practicantes es difícil de llevar a cabo por parte de no intelectuales.

Anticristianismo frente a libertad

El 94% de los estadounidenses creen en Dios, mientras que una encuesta de Green y Guth demostraba que solo lo hace el 27% de los activistas-contribuidores del PL. Estos politólogos comentan: “Aunque algunos pensadores libertarios [como Murray N. Rothbard] insisten en que las creencias ortodoxas cristianas son compatibles con [sus ideas políticas], el Partido indudablemente no ha actuado bien para atraer esos apoyos”. De hecho, “muchos libertarios no solo son arreligiosos, sino militantemente antirreligiosos, como indican los extensos comentarios recibidos”.

Una encuesta posterior de Liberty indicaba que el 74% de los encuestados negaba la existencia de Dios y esto no es una sorpresa para los editores, que mencionan la “percepción común de que casi todos los libertarios son ateos”.

Por supuesto, no argumento que la fe religiosa sea necesaria para el libertarismo. Algunos de nuestros mejores hombres no han sido creyentes. Pero la enorme mayoría de los estadounidenses son religiosos y demasiados libertarios son ateos agresivos que buscan mostrar a la religión y el libertarismo como enemigos. Solo eso, si no se controla, basta para asegurar nuestra continua marginalización.

La familia, le libre mercado, la dignidad del individuo, los derechos de propiedad privada, el mismo concepto de libertad, todos son producto de nuestra cultura religiosa.

El cristianismo hizo nacer el individualismo al destacar la importancia del alma individual. La iglesia enseña que Dios habría enviado a su hijo a morir en la cruz si un solo hombre hubiera necesitado su intercesión.

Con su énfasis en la razón, el derecho moral objetivo y propiedad privada, el cristianismo hizo posible el desarrollo del capitalismo. Enseñó que todos los hombres eran igualmente hijos de Dios (aunque no iguales en ningún otro sentido) y por tanto debían ser iguales ante la ley. Fue la iglesia transnacional la que luchó contra el nacionalismo, el militarismo, los altos impuestos y la opresión política y sus teólogos proclamaron el derecho al tiranicidio.

Acton decía que “La libertad no ha subsistido fuera del cristianismo” y pedía que “mantuviésemos la libertad tan cerca como sea posible de la moralidad”, ya que “ningún país puede ser libre sin religión”.

Aunque esté de acuerdo en que no es “antirreligioso”, Machan dice que el libertarismo no permite “confiar en la fe para fines de comprensión de ética y política”.  Los paleolibertarios prefieren la opinión de otros dos no creyentes: Rothbard, que dice que “todo lo bueno de la civilización occidental, de la libertad individual a las artes, se debe al cristianismo” y F.A, Hayek, que añade que es a la religión a la que “debemos nuestra moral y la tradición que provisto no solo nuestra civilización sino nuestras mismas vidas”.

Autoridad frente a coacción

“¡Cuestiona la autoridad!” dice una pegatina izquierdista en círculos libertarios. Pero los libertarios se equivocan al difuminar la distinción entre autoridad estatal y autoridad social, pues una sociedad libre está reforzada por la autoridad social. Toda empresa requiera una jerarquía de mando y todo empresario tiene derecho a esperar obediencia dentro de su esfera apropiada de autoridad. No es distinto en la familia, la iglesia, el aula o incluso entre los rotarios y los boy scouts.

Dar a los sindicatos licencia para cometer delitos violentos subvierte la autoridad del empresario. La leyes sobre drogas, Medicare, la Seguridad Social y las escuelas públicas debilidad la autoridad de la familia. Prohibir la religión en el debate público debilita la autoridad de la iglesia.

En un artículo reciente, Jerome Tucille afirma que está luchando por la libertad atacando “la ortodoxia de la Iglesia Católica Romana”. Pero no hay nada libertario en luchar contra la ortodoxia, católica o la que sea, y al confundir deliberadamente sus prejuicios con el libertarismo, ayuda a perpetuar el mito de que el libertarismo es libertino.

La autoridad siempre será necesaria en la sociedad. La autoridad natural deriva de las estructuras sociales voluntarias, la autoridad antinatural es impuesta por el estado.

Los paleolibertarios están de acuerdo con Nisbet en que “la existencia de autoridad en el orden social impide invasiones de poder desde la esfera política”. Solo “los efectos restrictivos y rectores” de “la autoridad social” hacen posible “un gobierno polúitico tan liberal como el que idearon los Padres Fundadores. Eliminad los lazos sociales “, dice Nisbet, y tendréis “un pueblo no libre, sino caótico, individuos no creativos sino impotentes”.

El papel de la familia

Los libertarios tienden a ignorar la tarea esencial de la familia en formar a la persona responsable. La familia tradicional (que deriva del derecho natural) es la unidad básica de una sociedad libre y civilizada. La familia promueve los valores necesarios para la conservación de una sociedad libre como el amor paternal, la autodisciplina, la paciencia, la cooperación, el respeto por los mayores y el autosacrificio. Las familias estimulan el comportamiento moral y proporcionan una cría adecuada de los niños y así la continuación de la raza.

Chesterton decía que la familia “solo podría calificarse como anarquista de una forma vaga” porque los orígenes de su autoridad son puramente voluntarios: el estado no la inventó ni puede abolirla.

Pero el estado ataca a la familia mediante incentivos económicos perversos. Como ha señalado Charles Murray, la política social federal ha sido en buena parte responsable del aumento del 140% de nacimientos ilegítimos en los últimos 30 años.

“La función más vital” que lleva a cabo la familia, pensaba Chesterton, “es la de la educación”. Pero desde la creación de las escuelas públicas en el siglo XIX, que pretendían, en expresión de Horace Mann, convertir a “los ciudadanos locales en ciudadanos nacionales”, el estado ha atacado la función educativa de la familia.

Como el papel de las escuelas estatales es (como dijo un funcionario) “moldear estas pequeñas masas de plástico en la artesa social”, entonces una parte clave del programa del estado debe ser subvertir la familia. Los libertarios, por el contrario, deberían alabarla y apoyarla. No somos, como han afirmado muchos comentaristas, promotores del “individualismo atomista”. Deberíamos mostrar esos alabando los papeles indispensables de la familia y la autoridad social.

Odio a la cultura occidental

“Cultura”, decía Matthew Arnold, “es saber lo mejor que se ha dicho y pensado en el mundo”. Para nuestra civilización, eso significa concentrarse en occidente. Pero la izquierda, de Stanford a Nueva York, denuncia la cultura occidental como racista, sexista y elitista, mereciendo más su extinción que su defensa.

Los que defienden la cultura occidental son llamados etnocentristas por izquierdistas que igualan a Dizzy Gillespie con Bach, Alice Walker con Dostoevski y Georgia O’Keefe con Carravaggio y enseñan esas majaderías a nuestros hijos. Tratan de construir un canon contracultural que esté “equilibrado” sexual y racialmente, lo que significa desequilibrado en cualquier otro sentido. Aun así, en estos asuntos culturales, demasiados libertarios están de acuerdo con la izquierda.

Los libertarios tienen que reconciliarse con el pueblo estadounidense, que está harto de modernismo en arte, literatura y modales que es en realidad un ataque a occidente. Pensad en el clamor contra la pornografía y sacrilegio pagados por el gobierno de Robert Mapplethorpe y Andres Serrano. El pueblo sabía instintivamente que el establishment del arte de Estados Unidos financiado con impuestos se dedica a ofender sensibilidades burguesas. Y aun así, la revista libertaria típica está más preocupada por la postura correcta de Jesse Helms sobre esta atrocidad que por la financiación del contribuyente al National Endowment for the Arts, no digamos ya por la blasfemia u obscenidad.

“El arte, como la moralidad, consiste en poner una línea en alguna parte”, decía Chesterton. Los paleolibertarios están de acuerdo y no piden ningún perdón por preferir la civilización occidental.

La fotografía pornográfica, el pensamiento “libre”, la pintura caótica, la música atonal, la literatura deconstruccionista, la arquitectura Bauhaus y las películas modernistas no tienen nada en común con el programa político libertario, sin que importe cuánto puedan revelar en ellos algunos libertarios individuales. Además de su estética y discapacidades morales, estas “formas de arte” son pasivos políticos fuera de Berkeley y Greenwich Village.

Obedecemos y tenemos que obedecer  a las tradiciones de modales y  buen gusto. Como explica Rothbard: “Hay numerosas áreas de la vida” en las que “seguir la costumbre evita las tensiones de la vida social y crean un sociedad más confortable y armoniosa”.

Albert Jay Nock decía que en una sociedad libre “El tribunal del buen gusto y los modales” debería ser la institución más fuerte. Lo llamaba el único tribunal de “jurisdicción competencia irrebatible”. En este tribunal, muchos libertarios están condenados.

Igualitarismo y derechos civiles

La mayoría de los estadounidenses menosprecian los derechos civiles y con razón. En otros tiempos los derechos civiles “significaban los derechos de los ciudadanos frente al estado”, dice Sobran. Ahora “significan un trato de favor para negros (u otras minorías) a costa de todos los demás”.

Pero como muchos libertarios son igualitarios, o están ciegos ante esto o lo ignoran a propósito. Los paleolibertarios no sufren esa responsabilidad. Rechanzan no solo la acción afirmativa, las reservas y las cuotas, sino también la Ley de Derechos Civiles de 1964 y todas las leyes subsiguientes que obligan a los dueños de propiedades a actuar contra su voluntad.

La segregación obligada por el estado, que también violaba los derechos de propiedad, era mala, pero también lo es la integración obligada por el estado. Sin embargo, la segregación obligada por el estado no era mala porque la separación sea mala.

Querer asociarse con miembros de la propia raza, nacionalidad, religión, clase, sexo o incluso partido político es un impulso natural y normal. Una sociedad voluntaria por tanto tendrá organizaciones masculinas, barrios polacos, iglesias negras, clubes judíos y fraternidades blancas.

Cuando es estado deroga el derecho de libre asociación, no crea paz social sino discordia. Como escribía Frank S. Meyer: “Los múltiples ajustes de las relaciones de los seres humanos (sensibles y delicadas y sobre todo individuales en su esencia) nunca pueden regularse por el poder gubernamental sin un desastre para la sociedad libre”.

Pero la existencia de esas instituciones es un escándalo para los igualitaristas. El congresista Ron Paul, candidato presidencial del PL en 1988, fue atacado por libertarios por oponerse a la fiesta de Martin Luther King financiada con impuestos. King fue un socialista que atacaba la propiedad privada y defendía una integración forzosa. ¿Cómo podría ser un héroe libertario? Pero lo es, por razones igualitarias.

Demasiados libertarios también se unen a los progresistas en usar la acusación de racismo para atacar a los inconformistas. Puede ser científicamente falso creer, por ejemplo, que los asiáticos sean más inteligentes que los blancos, ¿pero puede ser realmente inmoral? Desde una perspectiva libertaria, la única inmoralidad sería buscar el reconocimiento estatal de esta creencia, sea correcta o incorrecta.

Desde un punto de vista cristiano, está indudablemente mal tratar a alguien injustamente o sin caridad como resultado de creencias racistas. También está mal tratar a alguien injustamente o sin caridad porque es calvo, peludo, flaco o gordo. ¿Pero puede ser inmoral preferir la compañía de uno al otro?

El liberal negro William Raspberry escribía recientemente sobre el nuevo lema en Washington: “Es algo negro. No lo entenderías”.

Esto es “conciencia de raza de una forma sana”, dice Raspberry. “Pero mostradme a un blanco con ‘Es algo blanco…’ y mi actitud cambia”, dice Raspberry. “Un caucus negro para el Congreso es legítmo” pero “un caucus negro para el Congreso sería impensable”. “Lo negro es bello”, es permisible pero “Lo blanco es bello es el lema de los racistas”. ¿Oh?

No hay nada malo en que los negros prefieran “algo negro”. Pero los paleolibertarios dirían lo mismo acerca de los blancos prefiriendo “algo blanco” o los asiáticos “algo asiático”. Los paleolibertarios no tienen ninguna visión utópica de las relaciones sociales, solo queremos que el estado deje de interferir en las acciones voluntarias.

Crimen y coacción

El libertarismo se ve en general como anti-fuerza. Pero la fuerza siempre será necesaria para defenderse de los delincuentes y para administrar justicia. El libertarismo se opone a la agresión contra el inocente, no a la coacción en general.

El estado ha sido siempre el principal agresor, pero también hay delito privado. Igual que la quiebra de la autoridad social invita al estatismo, lo mismo hace la ausencia de coacción contra el delito real. Si el delito queda impune o se castiga suavemente, como suele pasar hoy, el comportamiento inmoral se recompensa y estimula y por tanto aumenta.

Los progresistas y algunos libertarios no piden que seamos benignos con el delito porque mucho se debe al racismo blanco. Pero si fuera así, dados los campos de concentración, las expropiaciones de propiedades y el racismo extendido, estaríamos amenazados por los “salvajes” japoneses.

De hecho el delito es un resultado de una maldad moral, una decisión consciente de atacar vidas inocentes y propiedades para motivos inmorales. Por esa razón, incluso más que por la disuasión, el delito debe castigarse rápida y duramente, aunque un sistema libertario de justicia penal haría también uso de las indemnizaciones.

El actual monopolio estatal sobre la producción de seguridad interna es un fracaso. Las calles de nuestras grandes ciudades se han convertido en reinos bárbaros (si eso no es un insulto para los visigodos). En Nueva York, los informes de robos en hogares se realizan y olvidan. En Washington, los atracos violentos consiguen bostezos policiales y fiscales.

Como todos los burócratas, policía, fiscales y jueces no tienen incentivos para responder a la demanda del consumidor, en este caso los presuntos consumidores de protección frente al delito o de justicia contra los delincuentes. No hay soberanía del consumidor cuando el estado tiene un monopolio de lucha contra el delito y cuando los únicos delitos que trata seriamente son aquellos que van contra él: falsificación de moneda, evasión de impuestos, etc.

Conozco a una mujer que vivía en un enclave de italianos de clase trabajadora rodeado por chabolas en Cleveland. El delito no tenía límites en torno a este refugio, pero en é las calles y viviendas eran seguras.

Cualquiera que entrara en la zona italiana y cometiera un delito era casi siempre atrapado (gracias a la vigilancia privada). Pero el delincuente raras veces se entregaba a la policía, ya que sería liberado en pocas horas y podría delinquir de nuevo. Al delincuente se le castigaba ahí mismo y, como consecuencia, no había casi ningún delito en este barrio.

Aunque no pueda ser un sistema ideal, era justicia dura y eminentemente libertaria. Aun así, muchos libertarios se opondrían a ese sistema (aunque fuera una respuesta al fracaso estatal) porque los delincuentes eran negros. Los paleolibertarios no tienen esas reservas. Habría igualdad de oportunidades en el castigo.

El retorno del paganismo

El paleolibertarismo es abiertamente pro-Hombre. Argumenta (¿y cómo puede ser discutido esto?) que solo el hombre tiene derechos y que las políticas públicas basadas en derechos míticos de animales o plantas deben tener resultados perversos.

Los ecologistas, por el contrario, afirman que pájaros, plantas e incluso el agua del mar tienen el derecho a ser protegidos de la producción de energía y otras actividades humanas. Desde el pez caracol a las escrofuláceas a la vida salvaje en su conjunto, todo merece la protección del estado frente a la producción de bienes y servicios para la humanidad.

Los ecologistas afirman que la naturaleza estaba en perfecto equilibrio antes de la era moderna y el “dañino” desarrollo económico humano debe repararse devolviéndonos a un nivel más primitivo. Los líderes del Partido Verde de Inglaterra idealizan el nivel de desarrollo económico entre la caída del Imperio Romano y la coronación de Carlomagno, en otras palabras, la Edad Media. Friends of the Earth caracteriza a la Revolución Industrial y a su enorme aumento en los niveles de vida como “una malévola minería en todo el mundo”. Earthfirst! dice “¡Volvamos al pleistoceno!”

La descristianización de las políticas públicas ha generado un movimiento ecologista que no solo el anticapitalista sino pro-pagano. El paganismo sostiene que el hombre es solo una parte de la naturaleza, no más importante que las ballenas o los lobos (y, en la práctica, mucho menos importante). El cristianismo y el judaísmo, por el contrario, enseñan que Dios creó al hombre a su imagen y le dio el dominio sobre la tierra, que fue creada para el uso del hombre y no como una entidad moralmente valiosa por sí misma. El orden natural existe para el hombre y al contrario y ninguna otra forma de entenderlo es compatible con un mercado libre y propiedad privada, ni por tanto con el libertarismo.

Los ecologistas adoran el altar de la Madre Naturaleza, a veces literalmente, como en el Movimiento Gaia. Demasiados libertarios se unen a ellos, demostrando el dicho de Chesterton de que “la gente que no cree en nada, cree en cualquier cosa”.

Los paleolibertarios no tienen remordimientos en preferir la civilización a lo salvaje. Es probable que estén de acuerdo con Nock en que “Solo pudo ver a la naturaleza como un enemigo; un enemigo muy respetable, pero un enemigo”. Políticamente no debemos ser tímidos en ser pro-Hombre. Pocos estadounidenses están dispuestos a sacrificar su propiedad y prosperidad para satisfacer engaños paganos.

El desafío

Si el pueblo estadounidense continúa relacionando libertarismo con normas culturales repelentes, fracasaremos. Pero si el paleolibertarismo puede romper con esa relación, entonces todo es posible.

Incluso los no paleolibertarios tendrían que entristecerse porque nuestro movimiento tenga una única imagen cultural. Tendrían que dar la bienvenida, entre la clase media estadounidense, a libertarios que sean tradicionalistas culturales y morales. Pero creo que no lo harán y que tendremos una pelea desagradable en nuestras manos. Por lo menos yo doy la bienvenida a esa pelea.

¿Queremos ser un club social pequeño e irrelevante como el PL? ¿O queremos cumplir la promesa de libertad y hacer que nuestro movimiento vuelva a ser masivo como lo era en el siglo XIX?

El libertarismo culturalmente significativo ha llegado durante la mayor perturbación en la derecha desde la década de 1940. Los libertarios pueden y deben hablar de nuevo con los resurgidos paleoconservadores, ahora en el proceso de romper con los neocones. Podemos incluso aliarnos con ellos. Juntos, paleolibertarios y paleoconservadores pueden reconstruir la gran coalición contra el estado del bienestar y el intervencionismo que prosperó antes de la Segunda Guerra Mundial y sobrevivió durante la Guerra de Corea.

Juntos, tenemos una posibilidad de lograr la victoria. Pero primero debemos despojarnos de la imagen libertaria como repugnante, autodestructora e indigna de libertad.

Por el contrario, debemos adoptar una nueva orientación. Qué bien que sea también la antigua. En el nuevo movimiento, los libertarios que representen la corrupción actual caerán a su nivel natural, igual que el Partido Libertario, que ha sido su diabólico púlpito.

Algunos encontrarán esto doloroso, yo lo ansío. Que empiece el proceso de limpieza, hace tiempo se necesita.


Publicado originalmente el 5 de febrero de 2016. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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  • Emismo

    ¡Excelente artículo!

  • Eduardo Arévalo

    Comparto este artículo desde Caracas, Venezuela. No seamos tímidos al difundir nuestras ideas. #RumboLibertad

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