Un cuento de hadas del movimiento austriaco

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2720[Este ensayo crítico sobre Radicals for Capitalism: A Freewheeling History of the Modern American Libertarian Movement, de Brian Doherty, apareció en The Quarterly Journal of Austrian Economics]

El principal mérito del libro de Brian Doherty es que contiene un tesoro oculto de información valiosa respecto a acontecimientos, personalidades, revistas y organizaciones cuya compleja interrelación influyó en el desarrollo intelectual e institucional del movimiento libertario estadounidense moderno. Pero su mérito también se convierte en su defecto en manos del autor, que a veces parece completamente abrumado por la riqueza de la información que ha recogido, incapaz o no dispuesto a evaluar críticamente los hechos y acontecimientos que relata y asimilarlos en una narración coherente.

En su mayor parte, no resulta indiferente por qué el autor actúa de esta manera. Podemos creer que una aproximación tan desordenada y acrítica “a piñón suelto” es más divertida de leer. Podría, por razones estratégicas, estar intentando oscurecer sus propias inclinaciones o las incómodas conclusiones a las que lleva un análisis crítico de sus hechos. O puede simplemente ser un periodista inepto o vago. Sea cual sea el caso, el método no sirve a la causa de la verdad y la exactitud histórica.

Importa que el historiador evalúe y sopese cuidadosamente la exactitud y valor real de las fuentes, especialmente los relatos de los participantes respecto del episodio o época histórica que quiere relatar o explicar. No es un mero cronista de hechos y acontecimientos en bruto, sino un analista interpretativo que identifica y sopesa la significación relativa de las causas de los acontecimientos complejos que entreteje en una narrativa inteligible.

La abdicación de Doherty de este papel esencial del historiador en bastante mala en puntos críticos, pero para empeorar las cosas lista a participantes interesados en el movimiento no solo por su recopilaciones y descripciones sino por el análisis interpretativo que el renuncia a realizar. Como demuestra claramente el autor, como el movimiento libertario desde su mismo inicio comprendía una multiplicidad de facciones y ejes cambiantes, que estaban a veces en serio conflicto entre sí, esta aproximación asegura en el mejor de los casos una visión tendenciosa y en el peor una salvajemente distorsionada de aspectos cruciales de este desarrollo. Así que toma tal cual y repite ingenuamente sin discusión crítica los pronunciamientos más absurdos y oportunistas por parte de comentaristas de una facción u otra. En ninguna parte es más evidente esto que en su tratamiento del renacimiento contemporáneo de la economía austriaca, un factor clave que dirige la evolución de moderno movimiento libertario.

La explicación de Doherty de la economía austriaca y su relación con la filosofía y el movimiento libertario aparece en una sección encabezada por el opaco y menos que literario título de “Está envuelto en ella y eres como el Expediente X de la universidad” (Doherty 2007, pp. 434-438). Aproximadamente la mitad de la sección consiste en un confuso e incoherente soliloquio de Peter Boettke que ocupa más de dos páginas. No es culpa del todo de Boettke, ya que el pasaje se toma claramente de una entrevista oral que debería haber sido editada por el autor para que fuera clara y de una longitud apropiada. Además puede que Boettke no supiera del poco ortodoxo estilo de hacer reportajes del autor cuando aceptó la entrevista. Dejando aparte las deficiencias estilísticas, la arenga de Bottke es notablemente (casi deliberadamente) equívoca e imprecisa. Doherty (2007, p. 423) apela a la autoridad de Boettke como “editor de la guía moderna más completa de economía, The Elgar Companion to Austrian Economics”. Doherty (2007, p. 435) renuncia a su papel interpretativo como historiador asegurando, sin explicación, que Boettke “entiende las realidades sociológicas que crearon una conexión entre la visión económica austriaca y la filosofía política libertaria”. Luego se corta y pega inmediatamente después el monólogo sin editar de Boettke.

Tratemos de desenmarañar y enumerar los cuatro puntos principales de Boettke, presentar una evaluación crítica de cada uno y luego reconstruir una explicación coherente basada en material presentado en otro lugar del libro en que al menos algunos de sus puntos tienen una validez limitada.

Primero, afirma Boettke que los austriacos están interesados antes que nada en realizar investigaciones en metodología. También están interesados en la historia del pensamiento económico y la comparativa de sistemas económicos, aunque no explica si su interés es caprichoso o está ligado de alguna forma a su interés primordial por la metodología. En cualquier caso, Boettke concluye enfáticamente: “Las cosas que preocupan a los austriacos no están valoradas” por la corriente principal de la profesión económica (Doherty 2007, p.435; cursiva en el original).

Segundo, Boettke alega: “Es difícil encontrar trabajos de finanzas públicas en la economía austriaca”. Como consecuencia de su libertarismo y en contraste con los economistas de la corriente principal, los austriacos comparten una “repulsa formal” contra el estudio de las finanzas públicas, de la misma forma que alterarían “estudiando libros sobre la Mafia” (Doherty 2007, p. 435).

Tercero, Murray Rothbard “trató de demostrar una conexión causal [del libertarismo] con el economía austriaca” (Doherty 2007, p. 436).

El cuarto y último punto puede aplicarse a los economistas austriacos académicos o a los entusiastas de la economía austriaca o a ambos: es difícil decirlo porque Boettke no nombra a individuos concretos o lo explica con vagas generalidades. En todo caso, los austriacos tienden a ver el mundo dividido entre “gente estúpida, gente malvada y gente que está de acuerdo [con ellos]”, con los estúpidos y los malvados formando una conspiración del tipo Expediente X para aplastar a la economía austriaca e impedir que austriacos lleguen nunca a tener su parte en la academia de la corriente general. “Lo primero que tienes que aprender”, enseña severamente Boettke a estos teóricos de la conspiración sin nombre, “es que hay montones de personas brillantes y de buen corazón que simplemente están en desacuerdo contigo” (Doherty 2007, p. 437).

Así que estas son, de acuerdo con Boettke y, por defecto, con Doherty, las “realidades sociológicas” que condicionan el resurgimiento austriaco. ¿Por dónde empezar? Como todos estos puntos se indican como resúmenes simplistas sin apoyo de ninguna evidencia empírica o argumentación sistemática, bien podemos tomarlos en el orden de nivel en que falsifican la realidad.

Formalidad

La afirmación de Boettke de que Rothbard buscaba establecer una “conexión causal” entre libertarismo y economía austriaca es absurda y los más caritativo sería decir que se basa en una completa ignorancia. Además, en ausencia de un mayor desarrollo que no aparece, esta afirmación tal y como se expone está vacía, pues ¿qué significa especificar una conexión causal entre dos disciplinas distintas como la economía austriaca y la filosofía política libertaria? Tampoco Boettke revela qué disciplina se supone que Rothbard había tomado como causa y cuál como efecto.

Suponiendo la interpretación más posible de la afirmación de Boettke, a saber, que Rothbard argumentaba que la economía austriaca prueba científicamente que un orden político libertario es socialmente óptimo, incluso quien tenga una familiaridad superficial con los principales escritos metodológicos de Rothbard la reconocerá como una falsedad patente. De hecho, Rothbard argumentaba enfáticamente que la economía es una ciencia estrictamente libre de valores y que el economista como tal tiene por tanto prohibido ofrecer recomendación política alguna. El economista puede por supuesto defender una política, pero solo después de que ha explicado explícitamente un sistema ético coherente del que derivan sus juicios de valor.

Casualmente, hojeando algunas obras de Rothbard, pueden encontrarse muchas declaraciones de su postura. Por ejemplo, Rothbard (1997a, p. 255) escribe:

La economía per se está plagado de suposiciones cargadas de valor, normalmente implícitas, que luego aparecen como conclusiones y recomendaciones políticas. Sostengo que este procedimiento es ilegítimo y acientífico y que corresponde a la teoría económica purgarse de todos los vestigios de los juicios de valor injustificados. Como ciencia, la economía puede y debería mantenerse al margen de esos juicios de valor.

Pero entonces, ¿por qué razón se permiten los economistas defender medidas políticas y ofrecer consejo político? Rothbard (1997a, pp. 256-257) respondía:

Debe destacarse que si la ética es una disciplina racional y demostrable, es autosuficiente, es decir, se llega sus principios aparte de la economía (…). El economista aplicado tendría por tanto que tomar este sistema ético y añadirlo a su conocimiento económico para llegar a conclusiones y recomendaciones políticas. Pero en ese caso corresponde al economista aplicado declarar su sistema ético completamente y con argumentos que lo justifiquen: haga lo que  haga, no debe introducir juicios de valor, ad hoc, no analizados e injustificados, en el corpus de su teoría económica o en sus conclusiones políticas.

Hasta ahí llega la afirmación de Boettke de que Rothbard trató de demostrar algún tipo de conexión causal no especificada entre la economía austriaca y la filosofía político-ética del libertarismo. Más evidencia de la negación explícita de una conexión así se encuentra en su vigorosa crítica de su mentor Ludwig von Mises, que era un notable defensor de una Wertfreiheit estricta en el análisis económico. Rothbard censuraba a Mises sus distintos intentos de formular un patrón libre de valores y puramente utilitario para prescribir políticas económicas. Rothbard concluía (1997b, p.98):

Aunque la teoría económica praxeológica sea extremadamente útil para ofrecer datos y conocimiento para establecer una política económica, no puede ser suficiente por sí misma para permitir al economista realizar ningún pronunciamiento de valor y defender ninguna política pública en absoluto. Más en concreto, aunque Ludwig von Mises diga lo contrario, ni la economía praxeológica ni el liberalismo utilitarista de Mises son suficientes para defender el caso del laissez faire y el libre mercado. Para hacerlo, debemos ir más allá de la economía y el utilitarismo y establecer una ética objetiva.

La afirmación de Boettke de que los austriacos no hablan de finanzas públicas a causa de una falsa “repulsa formal” es igualmente falsa y como tal desecharse fácilmente. Frente a los economistas de la corriente principal, los austriacos se oponen a separar a la economía teórica en compartimentos herméticamente sellados entre sí. Como argumentaba Mises (1998, pp. 870-871):

La economía no permite ninguna separación en ramas especiales. Se ocupa invariablemente de la interconexión de todos los fenómenos de la acción. Los problemas catalácticos no pueden hacerse visibles si uno se ocupa de cada rama de la producción por separado. Es imposible estudiar empleos y salarios sin estudiar implícitamente precios de materias primas, tipos de interés, pérdidas y ganancias, dinero y crédito y todos los demás grandes problemas. Los problemas reales de la determinación de los niveles salariales no pueden siquiera rozarse en un curso sobre el trabajo. No existe la “economía del trabajo” o la “economía de la agricultura”. Solo hay un cuerpo coherente de economía.

Esto no es decir que los economistas austriacos no dividan la economía para fines analíticos. Sin embargo estas divisiones no se establecen arbitrariamente sino que se determinan por variaciones en las condiciones concretas de la acción (reales o imaginadas) bajo análisis. Así existe el economía de Robinson o “intercambio autista” que se ocupa de las acciones del individuo aislado; el economía del trueque o intercambio directo, que tiene lugar sin la intervención de un medio de intercambio y el beneficio del cálculo económico, y el intercambio indirecto o “cataláctica”, la economía de mercado que usa el cálculo monetario. El análisis de esta última se subdivide a su vez en las categorías de una economía “no intervenida” o pura de mercado sin gobierno y la de una economía de mercado “intervenida” sujeta al intervencionismo público. Finalmente, tenemos la economía del socialismo en la que imaginamos que todos los recursos productivos no humanos en una economía cerrada son de propiedad y control colectivos y en la que actúa una sola voluntad, la del planificador o los planificadores centralizados.

Sin embargo, a pesar de estas divisiones, las teorías aplicadas en cada una están unificadas en un solo sistema por el hecho de que todas se deducen de la lógica de la acción aplicada a una variedad de condiciones concretas, reales o imaginadas.

Así que la declaración de Boettke de que los austriacos no hablan de “finanzas públicas” es superficialmente cierta pero errónea, si no mentirosa, cuando uno considera el asunto con más profundidad. Los teóricos de las finanzas públicas, de James Buchanan a Richard Musgrave, consideran el concepto de los bienes “públicos” o “colectivos” como punto de partida de su disciplina, Este concepto es incoherente con el análisis de la naturaleza de un bien de Menger y Böhm-Bawerk y ha sido analizado rigurosamente y demolido por Mises (1998, pp. 650-656) y Rothbard (2004, pp. 1029-1041), entre otros pensadores austriacos.[1]

Sin embargo nadie con el más mínimo conocimiento de la economía austriaca negaría que los economistas austriacos han escrito mucho acerca de la naturaleza y consecuencias del gasto público, los déficits y los impuestos. Simplemente las materias convencionalmente tratadas bajo la rúbrica de “finanzas públicas” no merecen una división analítica separada dentro de la economía austriaca, porque un bien colectivo es un concepto vacío que no se refiere a las condiciones concretas de la acción en el mundo en que habitamos. Por consiguiente, desde el punto de vista de la economía austriaca, los impuestos y las actividades de uso de recursos públicos son iguales a otros tipos de intervención pública y por tanto se tratan en la teoría del intervencionismo.

De hecho, lejos de tener una “repulsa”, formal o de otro tipo, contra “hablar acerca de asuntos económicos técnicos públicos”, podríamos decir que los austriacos se deleitan positivamente en análisis detallados de las pérdidas y distorsiones económicas  causadas por las formas mayores y más visibles de intervención pública: la financiación y el sostenimiento de la propia existencia del Estado. Así, en Power and Market, Rothbard (2004, pp. 1047-1369) ofrece un análisis meticuloso y altamente técnico de la multitud de ineficiencias que producen las distintas formas de impuestos y gastos públicos, dedicando más del doble del espacio a estos temas (146 páginas) que a las otras veinte formas de intervención del gobierno que analiza combinadas (72 páginas).

Además, está el largo y clásico artículo de Rothbard sobre “The Myth of Neutral Taxation” (Rothbard 1997c, pp. 56-108) en el que disecciona y derriba el argumento de las “finanzas públicas” para los impuestos y demuestra la contradicción del concepto de un impuesto neutral. El tratameitno de Mises de los asuntos de las finanzas públicas de desarrolla a lo largo de las 147 páginas de análisis en Human Action [La acción humana] dedicada a “The Hampered Market Economy”. Por supuesto, está su monografía seminal en Burocracia (Mises 1962). Más recientemente, Roger Garrison (2001) utilizó el análisis técnico de la macroeconomía basada en el capital para ocuparse de los temas de financiación en déficit, gasto en déficit y reforma fiscal y Joseph Salerno (2001) aplicaba el análisis de la estructura de producción a delinear los efectos de las distintas formas de financiar la guerra sobre el ahorro, el capital y los niveles de vida.

Metodología

Esto nos lleva a una evaluación de la afirmación más general de Boettke de que los austriacos están principal o incluso exclusivamente interesados en investigar en metodología y campos relacionados. Incluso una inspección superficial de los registros publicados de economistas austriacos que maduraron durante el renacimiento moderno de la Escuela Austriaca revela que esta alegación no tiene en realidad ninguna base: por razones que se explicarán más adelante, restringiremos nuestra muestra a austriacos que no recibieron su doctorado en la Universidad George Mason, sino que se formaron en programas de doctorado estándar.

Roger Garrison (Doctor por la Universidad de Virginia) escribió un artículo sobre el método de Mises, al tiempo que publicaba profusamente en revistas de la corriente principal y auistriacas sobre teoría monetaria, de capital y ciclo económico. Garrison es tal vez el principal teórico macro austriaco y ha publicado el primer libro dedicado solamente a la teoría macroeconómica austriaca en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Al principio de su carrera, Mario Rizzo (Doctor por la Universidad de Chicago) escribió un artículo sobre las deficiencias metodológicas de la econometría, pero continuó convirtiéndose en un notable pensador en la disciplina de derecho y economía.

De sus doce libros y 100 artículos en revistas académicas y profesionales Randall Holcombe (Doctor por la Universidad de Virginia Tech.) solo ha publicado un libro sobre metodología, concentrando su investigación y publicación en el área amplia de la economía política al estilo de la elección pública.

Lawrence H. White (Doctor por la Universidad de UCLA), tal vez el principal teórico de la banca libre actualmente en la profesión, publico un solo panfleto puramente sobre metodología cuando era estudiante en Harvard y ha centrado sus libros y artículos posteriores principalmente en teoría y política monetaria, instituciones financieras e historia monetaria, con una incursión ocasional en la historia del pensamiento monetario. Muchos de los artículos de White se han publicado en revistas económicas de la corriente principal.

George Selgin (Doctor por la Universidad de NYU) publicó un artículo como estudiante universitario pero luego se dedicó a un prolífico programa de investigación sobre teoría e historia monetaria.

William Butos (Doctor por la Universidad de Penn State) ha concentrado su investigación en temas macroeconómicos, el papel del conocimiento y las expectativas en la teoría económica y últimamente en la economía de la ciencia.

John Cochran (Doctor por la Universidad de Colorado-Boulder) ha publicado diversos artículos sobre temas macroeconómicos y monetarios y ha sido coautor de un libro sobre el debate entre Hayek y Keynes, del que un solo capítulo se dedica a la metodología de investigación del ciclo económico.

Tom DiLorenzo (Doctor por la Universidad de Virginia Tech.) ha publicado numerosos libros y artículos sobre un asombroso abanico de temas, pero ninguno dedicado a la metodología.

Peter Klein (Doctor por la Universidad de California), Mark Thornton (Doctor por la Universidad de Auburn) y John Egger (Doctor por la Universidad de NYU) no han publicado un solo artículo sobre metodología pura, especializándose en las áreas de economía de la organización, política e historia económica y microeconomía y teoría monetaria, respectivamente.

La lista podría seguir, pero la conclusión no cambiaría: Contrariamente a la afirmación de Boettke, ningún economista austriaco académico que realizara un doctorado estándar después del renacimiento austriaco elige especializarse en metodología, ni siquiera escribe mucho sobre ella.

Conspiración

Ahora nos ocupamos de la acusación de Boettke de que los economistas austriacos son de alguna forma responsables de promover una visión conspirativa de acuerdo con la cual el mundo se divide entre los estúpidos, los malvados y los que están de acuerdo con la economía austriaca. Incluso una investigación informal revela que esto sin duda no es una de las “realidades sociológicas” que moldean el movimiento austriaco sino más bien una calumnia irreflexiva, al menos cuando se aplica a aquellos economistas austriacos con formación profesional ortodoxa.

Una encuesta informal a los economistas no formados en la Universidad George Mason indicados antes incluía la siguiente solicitud:

Nombres de aquellos profesores que le han influido directamente o a quienes respeten por su erudición general, la alta calidad de su producción investigadora o sus habilidades pedagógicas (o por cualquier otra razón).

Las respuestas a esta solicitud de los trece encuestados contenían listas de dos a ocho nombres. La lista de economistas, incluía, entre otros y sin ningún orden particular, los siguientes nombres: Gary Becker; Jacob Mincer; Phillip Cagan; Jagdish Bhagwati; Donald Dewey; William Vickery; Bill Landes; Fritz Machlup; Samuel Goldfeld; Henry Briefs; Fred Glahe; Tracy Mott; James Buchanan; Leland B. Yeager; William Breit, Kenneth Elzinga; Frank Steindl; Joseph Jadlow; J. Ronnie Davis; Gordon Tullock; Warren E. Weber; Richard E. Wagner; William A. Darity; Oliver Williamson; George Akerlof; Christina Romer; Barry Eichengreen; Erik Furubotn; Robert Ekelund; Robert Hebert; Armen Alchian; Harold Demsetz; Jack Hirshliefer; Axel Leijonhufvud y J. Huston McCulloch.

Estos economistas cubren toda la gama de los postkeynesianos a la eleción pública y los más tradicionales economistas formados en Chicafo. Un encuestado, que listó ocho profesores influyentes, apuntaba que “todos desdeñaban” la economía austriaca. Otro, que enumeró a cuatro, indicaba que ahí había “alguna simpatía por la conomía austriaca, alguna tolerancia, algún desdén”. Ningún encuestado rechazaba a sus profesores como estúpidos o malvados en bloque o, no hace falta decirlo, les retrataba como parte de alguna gigantesca conspiración anti-austriaca.

Si Dohery hubiera poseído siquiera una modesta capacidad de instinto y habilidades investigadoras de un buen reportero, habríamos esperado que hubiera obtenido los pensamientos e impresiones de algunos de los economistas austriacos antes citados y evitarse así la vergüenza de un interpretación escandalosamente errónea y partidista de la dinámica intelectual y social del movimiento austriaco.[2]

Pero incluso la información que sí consiguió de las fuentes interesadas y estrechas que consultó debería haber sido suficiente para permitir a Doherty formular una narración altamente instructiva del desarrollo de al menos una parte del movimiento austriaco. Si lo hubiera hecho, entones las afirmaciones de Boettke se habrían puesto en un contexto en que se habrían hecho inteligibles e incluso habrían tenido una cierta validez. Aparentemente, los poderes de análisis crítico y síntesis creativa de Doherty no estaban a la altura de la tarea.

Si realizamos estaba tarea para Doherty, limitándonos exclusivamente a la información presentada en su libro, obtenemos una idea importante de papel crucial de la propiedad y las instituciones en la creación y moldeado de un movimiento intelectual.

Boettke estudió en el Grove City College, donde su mentor fue el veterano Hans Sennholz, que recibió su doctorado de Mises y fue un carismático y dotado profesor de economía austriaca. Sennholz también hizo varias contribuciones importantes a la economía austriaca técnica en sus obras publicadas.[3]

Pero el joven Boettke estaba evidentemente más impresionado con los aspectos ideológicos de las enseñanzas de Sennholz, describiendo a Doherty (2007, pp. 423-424) la influencia de Sennholz en los siguientes términos:

No te llegaba con los aspectos técnicos, sino con los ideológicos. Sennholz explicaba es estado de bienestar como este círculo gigante con todos metiendo nuestras manos en los bolsillos del vecino. Fue hace 15 años y aún puedo recordarlo. ¿Cuánta gente con una lección de hace 15 años puede hacer que aún la recuerdes?

Boettke también resaltaba: “Sennholz podía hacer que proclamaras tu capacidad de andar a través de fuego para llegar a la verdad” (Doherty 2007, p. 423). Todo esto dice más acerca de la predisposición mental de joven protegido que sobre su maestro. Hay un pequeño paso de esta actitud a la creencia de que tu mentor ha sido injustamente marginado en una pequeña universidad cristiana y se le ha denegado un puesto en una gran universidad por culpa de quienes son incapaces de ver la verdad (“los estúpidos”) o la niegan voluntariamente (“los malvados”).

La mentalidad de “nosotros contra ellos” de Boettke se trasladó al facultad de la Universidad George Mason, que acababa de presentar un heterodoxo programa de doctorado en economía. En ese momento (1982) la universidad llevaba unos diez años sin el estatus de universidad de grado medio y se consideraba estancada académicamente.

Allí el impresionable joven acólito cayó bajo la influencia del fundador de facto del programa, Richard Fink, quien, según decía con entusiasmo Boettke a Doherty (2007, p. 430), “era un líder asombrosamente dinámico”. Boettke continuaba  recordando con cariño a Doherty (pp. 430-431) acerca de las charlas de orientación de Fink a los nuevos alumnos:

[Fink] usaba una analogía con el movimiento de derechos civiles: Antes solo queríamos que se nos dejara subir al autobús y no montar jaleo. Ahora íbamos a ser como Malcolm X, austriacos y orgullosos de serlo. Economía austriaca sin tapujos.

Rich haría que nos entusiasmara esto. Veníamos de una escuela de baja categoría y teníamos en la cara esta etiqueta [austriaca], así que teníamos que superar a otra gente. Cuando yo era un niño, no era competitivo como intelectual, sino como jugador de baloncesto. Sennholz y Fink hicieron esas apelaciones que alimentaron mi mente: ¡Formaremos este equipo y saldremos y les derrotaremos![Cursiva añadida].

Ustedes pensarían las actitudes casi descarnadamente de culto expresadas en este pasaje, tan contrario a las normas y conductas académicas, habría hecho que Doherty dejara de usar a Boettke como una fuente fiable, no digamos la única, de información y análisis relacionado con el desarrollo de la economía austriaca. Pero este pasaje sí revela claramente a quiénes se estaba refiriendo Boettke cuando advertía a los austriacos contra una división tripartita de la profesión económica entre estúpidos, malvados y “nosotros”.

Por “nosotros” se refiere al propio joven Boettke (Boettke I, si quieren) y el pequeño círculo de austriacos en la GMU que asimismo se percibían como oprimidos y asediados por el profesión en general y cuya misión era derrotar a “ellos”. (NB: Esto no implica que ninguno de los alumnos compañeros de Boettke en la GMU en ese momento compartieran realmente sus percepciones o actitudes. No hay evidencia independiente que se presente en el libro de Doherty para llegar a una conclusión como ésa).

Esto también explica la opinión tremendamente incorrecta de Boettke II de que los austriacos en general se centran y especializan en metodología. Mientras que, como se ha dicho antes, los economistas austriacos con formación en programas de la corriente principal ni se sintieron victimizados por la profesión económica ni escribieron mucho sobre metodología, un cambio radical en la metodología fue precisamente el proyecto mediante el cual los austriacos de la GMU buscaban derribar a la opresiva ortodoxia. Así que intentaron importar la filosofía nihilista de la hermenéutica a la economía como medio de anular los fundamentos de la economía neoclásica de un solo golpe. A finales de la década de 1980 este proyecto había fracasado completamente.[4]

Si Doherty hubiera revisado el curriculum vitae de Boettke y lo hubiera comparado con el de los austriacos de formación ortodoxa antes encuestados, habría descubierto que Boettke, solo en los últimos seis años, publicó más artículos sobre temas metodológicos, considerados genéricamente, que todos estos últimos economistas combinados a lo largo de todas sus carreras. Una inspección somera del c.v. de Boettke que se remonte solo al 2000 muestra al menos trece artículos hablando o indicando a otros cómo hacer economía.

Concluimos así que el retrato de Boettke II de la economía austriaca tras su renacimiento, en la medida en que es cierto, se basa en su propio programa de investigación hermenéutico y actitudes anteriores. ¿Qué explica el cambio de opinión de Boettke, la mala opinión que tiene ahora del trabajo metodológico de otros y su sermón contra su propia postura anterior como la víctima oprimida de una profesión económica conspiratoria en la corriente principal?

Así que Boettke dice a Doherty (2007, p. 437): “El típico joven turco del IHS en la década de 1980 creía en las tres A: anarquismo austriacismo y ateísmo”.[5]

Ahora, Boettke revela a Doherty (2007, p. 437):

Lo que me importa si estoy aprendiendo algo es que me den algo nuevo sobre lo que pensar. He aprendido muchísimas cosas de gente que no se califica a sí misma como austriaca. Sería un error aislarse, decir “Vaya, cómo no escribes en la Review of Austrian Economics no te voy a leer”.

Como es predecible, Doherty acepta las palabras de Boettke y no comprueba más en profundidad la explicaciónde la metamorfosis de Boettke de un culto anti-neoclásico de mente estrecha e intolerante a un eclecticismo suavizado de mente abierta, dispuesto a aprender “muchísimas cosas” de no austriacos de todos los bandos.[6]En lugar de tratar de hacer inteligible la odisea intelectual de Boettke, Doherty se contenta con la observación de que otros Jóvenes Turcos del IHS, es decir, los economistas de la GMU Tyler Cowen y Dan Klein, experimentaron similares conversiones paulinas.

Pero eso no suena a cierto. En general, después de que sus mentes se hayan visto moldeadas por los rigores de la universidad, pocos académicos sufren cambios esenciales en su visión del mundo y su programa de investigación que se produzcan de forma pura internamente  por una alteración espontánea en sus escalas subjetivas de valor. Cuando se producen esos cambios radicales, normalmente los inducen una reestructuración de los incentivos externos, generalmente pecuniaria.

De hecho Doherty tenía a su disposición toda la información necesaria para reconstruir una narración posible que explicara la evolución intelectual de al menos la parte del movimiento austriaco asociada a la GMU. De acuerdo con Doherty (2007, p. 316), el multimillonario del petróleo, Charles Koch y su hermano David Koch empezaron a financiar generosamente varias causas y organizaciones libertarias, incluyendo al Partido Libertario a mediados de la década de 1970. En 1980, los Koch asignaron una gran cantidad de fondos para establecer un programa universitario en la GMU. A mediados de la década de 1980, el dinero de los Koch había creado una serie de organizaciones entrelazadas en la GMU y Washington DC a la que el propio Doherty (2007, pp. 409, 413, 416, 417, 430) se refiere repetidamente como “el Planeta Koch”, “el Kochtópodo” y “la máquina Koch/George Mason”. Después de una serie de reveses en los ámbitos político, ideológico y académico a mediados de la década de 1980, ejemplificados en el fracaso completo del movimiento hermenéutico, los Koch actualizaron su estrategia para reflejar una nueva visión. En la nueva administración, las palabras clave serían “tolerancia”, “transigencia” y “cambio gradual”.

El propio Charles Koch decía a Doherty (2007, pp. 409-410) que el “fracaso” del movimiento libertario en los últimos treinta años “es que buena parte de él ha sido lemas y teorías no probadas y no había sido testado”. De acuerdo con Doherty, Koch ahora considera que la estrategia adecuada es el “descubrimiento experimental”, que implicará “más fracasos que éxitos”. Pero a Koch no le importan los fracasos: “”es justamente que cuando tienes algo que no está funcionando, tienes que recortar tus pérdidas”.

Los severos reveses que sufrieron los Koch al seguir la primera estrategia de tratar de fomentar una revolución intelectual libertaria inmediata invirtiendo pródigamente en política, think tanks e instituciones académicas les hizo que reorientaran radicalmente el forma y objetivo de sus sustanciales donaciones ideológicas. En su tarea estaban auxiliados por Richard Fink, a quien Doherty (2007, pp. 410, 604) describe como un “veterano lugarteniente de Koch”[7] y como alguien “que tiene décadas de experiencia trabajando con y para los Koch en sus donaciones ideológicas”.

Es el mismo “asombrosamente dinámico” Fink que, como señalamos antes, dio a Boettke y a otros estudiantes de primer año de universidad en incendiario discurso que comparaba a los austriacos con los activistas radicales de los derechos humanos y les enfrentaba a un profesión económica falsamente represiva y monolítica. Ahora Fink entona una canción bien diferente: una que evita la retórica de confrontación y la búsqueda de un éxito inmediato. Tal y como lo cuenta Doherty (2007, p. 604), el “Kochtópodo” ahora pretende buscar una sociedad libertaria tras “una lucha de posiblemente varios siglos”. Así que “a Fink le gustaría más bien ver un impacto en el mundo real, aunque se incremental, que celebrar la pureza ideológica”. La gente, declara Fink a Doherty, ya no será “promovida, juzgada y clasificada basándose en la pureza de sus ideas”. En la nueva visión estratégica de Koch-Fink, el libertarismo es simplemente “una herramienta para avanzar en el progreso social”.

Como principal estratega  y pagador de “la máquina Koch/George Mason”, Fink está respaldado con un abrumador músculo financiero y la voluntad de ejercerlo. El hermano David Koch informa a Doherty (2007, p. 409):

Si vamos a dar un montón de dinero, estaremos completamente seguros de que los gastan de una forma que siga nuestros propósitos. Y si hace un giro prohibido y empiezan a hacer cosas con las que no estamos de acuerdo, retiraremos la financiación. Sí ejercemos ese tipo de control.

Así que así se son revela el misterio de la extraña odisea intelectual de Boettke, la transformación de Boettke I en Boettke II. Analizando críticamente y sintetizando la información caprichosamente extendida en el libro de Doherty, uno puede conjeturar razonablemente que el giro radical intelectual de Boettke fue una respuesta racional y deliberada al cambio en la visión estratégica de los Koch. Allá donde va la órbita del “Planeta Koch”, allá van sus satélites.

La crítica de Boettke del movimiento económico austriaco, tan crédulamente reproducida por Doherty, resulta dirigirse a las actitudes y modos de pensamiento asociados con las ruinas de una estrategia fracasada en la que el propio Boettke fue un participante esencial. En otras palabras, Boettke II está criticando a Boettke I.

Por tanto las advertencias y animadversiones de Boettke son completamente irrelevantes para el movimiento económico austriaco principal representado por los numerosos economistas austriacos que aprendieron y se codearon con profesores y alumnos universitarios neoclásicos en programas de doctorado estándar.

Conclusión

El que Doherty se haya visto malamente engañado por su credulidad y sus negligencias investigadoras e interpretativas se manifiesta en una extraña crítica de su libro por parte del protegido de Fink, Tyler Cowen, quien, según Doherty (2007, p. 579), “salió del programa de economía austriaca de la Universidad George Mason, financiado por Koch, y es actualmente presidente el Mercatus Center”, financiado por Koch.[8] Cowen tiene un blog titulado “Marginal Revolution”, cuyo lema (“Pequeños pasos hacia un mundo mucho mejor”) sintetiza perfectamente la visión estratégica revisada del Kochtópodo. En su crítica del libro de Doherty, Cowen (2007) opina:

Es realmente un asombroso esfuerzo de intelecto y de amor. No puedo decir bastantes cosas buenas acerca de este libro. Sonará algo divertido, pero lo que me gustó más del libro fue lo poco que aprendí de él. (NB: la mayoría de los lectores no tendrán esta misma reacción, pero yo conozco personalmente a la mayoría de la gente incluida). Me sentía como leyendo acerca de mí. En unas pocas páginas, estabaleyendo acerca de mí. El libro simplemente lo dice todo bien.

De verdad que lo hace. Lo dice todo exactamente bien… cuando se adereza con una pizca de análisis interpretativo.


Referencias

Campan, Gael J. 1999. “Does Justice Qualify as an Economic Good?: A Böhm-Bawerkian Perspective”. The Quarterly Journal of Austrian Economics. Vol. 2, Nº 1 (Primavera): 21-33.

Cowen, Tyler. 2007. “The Paradox of Libertarianism”. Cato Unbound (7 de marzo de 2007).

Doherty, Brian. 2007. Radicals for Capitalism: A Freewheeling History of the Modern American Libertarian Movement. Nueva York: Public Affairs.

Garrison, Roger W. 2001. Time and Money: The Macroeconomics of Capital Structure. Nueva York: Routledge.

Gordon, David. 1986. Hermeneutics versus Austrian Economics. Ludwig Von Mises Institute Papel de trabajo.

Mises, Ludwig von. 1962. Bureaucracy. New Haven, CT: Yale University Press. [Publicado en España comoBurocracia (Madrid: Unión Editorial)]

———. 1998. Human Action: A Treatise on Economics. Auburn, AL: Ludwig von Mises Institute. [Publicado en España como La acción humana (Madrid: Unión Editorial)]

Rothbard, Murray N. 1997a. “Value Implications of Economic Theory”. En ídem, The Logic of Action One: Method, Money, and the Austrian School. Lyme, NH: Edward Elgar Publishing, Inc. Pp. 255-265.

———. 1997b. “Praxeology, Value Judgments, and Public Policy”. En ídem, The Logic of Action One: Method, Money, and the Austrian School. Lyme, NH: Edward Elgar Publishing, Inc. Pp. 78-99. Rothbard adaptó este artículo como “Ludwig von Mises and ‘Value-Free’ Laissez Faire”, parte del capítulo 26 (“Utilitarian Free-Market Economics”) de The Ethics of Liberty.

———. 1997c. “The Myth of Neutral Taxation”. En ídem, The Logic of Action Two: Applications and Criticism from the Austrian School. Lyme, NH: Edward Elgar Publishing, Inc. Pp. 56-108.

———. 1997d. “The Hermeneutical Invasion of Philosophy and Economics”. En ídem, The Logic of Action Two: Applications and Criticism from the Austrian School. Lyme, NH: Edward Elgar Publishing, Inc. Pp. 275-293.

———. 2004. Power and Market: Government and the Economy. 3ª ed. En ídem, Man, Economy and State: A Treatise on Economic Principles with Power and Market: Government and the Economy. The Scholar’s Edition. Auburn: Ludwig von Mises Institute. Pp. 1045-1369.

Salerno, Joseph T. 2001. “War and the Money Machine: Concealing the Costs of War beneath the Veil of Inflation”. En John V. Denson, ed., The Costs of War: America’s Pyrrhic Victories. 2ª ed. New Brunswick, NJ: Transaction Publishers. Pp. 433-453.

———. 2003. “Hans Sennholz, Teacher and Theorist”. Ludwig von Mises Institute Daily Article (3 de febrero).


[1] En este punto ver asimismo el importante artículo de Gael J. Campan (1999).

[2] De entre los economistas antes mencionados, solo se cita a Rizzo y White y aun solo en el breve relato del autor del desarrollo del programa austriaco en la NYU (Doherty 2007, p. 429).

[3] Para una breve descripción de estas contribuciones, ver Salerno 2003.

[4] Para un relato y crítica de este proyecto, ver  Rothbard 1997d y Gordon 1986.

[5] “IHS”  es el Institute for Humane Studies, un think tank libertario íntimamente asociado con el programa universitario de economía de la GMU y una fuente de financiación externa para alguna estudiantes universitarios austriacos.

[6] Por supuesto, los austriacos mundanos antes citados se han empapado de economía ortodoxa desde sus días en la universidad y desde entonces se han mantenido versados en literatura de la corriente principal y han continuado aprendiendo de los no austriacos como medio de seguir sus distintos programas de investigación en teoría y política económicas.

[7] Doherty no especifica realmente a Fink como el veterano lugarteniente de Koch, pero el contexto y contenido del pasaje deja claro que se está refiriendo a él.

[8] De hecho, Cowen solo recibió un título de grado medio en la GMU y luego fue a Harvard para obtener su doctorado.


Este ensayo crítico apareció en The Quarterly Journal of Austrian Economics. Traducido por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí

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