El mito del liderazgo político

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En esta terrible temporada de elecciones, muchos políticos nos han prometido “llevarnos al futuro”. Difícilmente puedo pensar en un destino peor para cualquier sociedad que ser llevada al futuro por la clase política de gánsteres, merodeadores, saqueadores y mentirosos. Incluso los más honrados y bienintencionados de entre ellos son impotentes para mejorar el mundo si no es disminuyendo en lugar de aumentando su poder.

Los políticos no tienen la capacidad de liderar sociedades enteras en ningún lugar. Se ven sobrepasados y aventajados por tendencias en la economía mundial que están más allá de la capacidad ser controladas o dirigidas por la clase política. La economía de mercado (globalizada, enormemente poderosa, abrumadora en ámbito y amplitud) está rehaciendo el mundo de formas que sobrepasan con mucho cualquier cambio político en EEUU, de la cháchara de las audiencias del Congreso sobre esto o aquello a la loca carrera por conseguir los premios de la presidencia.

Estamos viviendo cambios que pueden parecer lentos si se observan desde el punto de vista de los titulares diarios, pero que son trascendentalmente rápidos y completamente transformadores cuando se ven globalmente y desde el punto de vista de años y décadas en el futuro.

Estos acontecimientos van a producir cambios políticos sorprendentes, preocupaciones profundas en supuestos culturales enraizados y un fin compasivo para el imperio de EEUU. Estos cambios afectarán a todos en formas que son la vez sorprendentes y gloriosas para el estadounidense medio y profundamente perturbadoras para el régimen estadounidense que aspira a una hegemonía mundial indiscutible.

¿Cuál es la causa subyacente? El desatamiento de energías humanas en naciones que han estado aisladas, reglamentadas y cerradas durante siglos. China, Malasia, India, los países latinoamericanos y las nuevas economías de Europa Oriental, entre muchos otros, se están expandiendo hasta el doble del ritmo de los mercados estadounidenses y europeos.

Esto no solo está rehaciendo sus naciones, sino también el modo en que percibimos la distribución geográfica de la riqueza y el poder. Con el tiempo, y extendiéndose lejos en el futuro, esta tendencia va a significar enormes trastornos en la forma en que los estadounidenses perciban su papel en el mundo.

La gente en estos países emergentes, confrontando las nuevas oportunidades económicas, está obteniendo los frutos de sus trabajos, ayudados por inversiones de empresas de EEUU, disponibles para los consumidores estadounidenses, rebajando los precios aumentando la calidad de los bienes y servicios cotidianos consumidos por aquellos. Este fenómeno ha sido lo que ha salvado a la economía de EEUU durante una década y, en el futuro, será parte integral de nuestras propias vidas.

Para tener una visión rápida del cambio, démonos una vuelta por el Wal-Mart local, la empresa más grande del mundo, tomemos nota de la sorprendente disponibilidad de un enorme rango de bienes de consumo a precios muy bajos. Advirtamos también que esta variedad sería inconcebible sin el funcionamiento del comercio internacional. Desde bicicletas y electrónica a alimentos y flores, encontramos los mostradores dominados por bienes que se produjeron, en todo o en parte, en países fuera de EEUU y a esto debemos los precios bajos y la calidad que se ajusta a las preferencias del consumidor de EEUU.

Pero Wal-Mart no está en ninguna campaña para convertirse en el mayor importador: solo busca poner a disposición de los consumidores todas las cosas que estos quieren a los precios más bajos posibles. Donde encuentran estos bienes es fuera de EEUU, donde encontramos cada vez más ventajas comparativas.

Todo vendedor en el mundo está tomando nota de este hecho, estudiando el caso de Wal-Mart para ver cómo y por qué se ha convertido tan rápidamente en el participante dominante en la economía mundial. Su ejemplo de ver el mercado al por mayor y al por menor como de ámbito global (todo en interés del consumidor) ha enseñado a toda la clase empresarial que el nacionalismo y el provincianismo son propuestas perdedoras. La izquierda puede continuar atacando a esta empresa y la derecho puede continuar advirtiendo de los peligros para la cultura y vida local, pero el ejemplo está ahí para que lo vean todos. A la gente normal le gusta esta empresa. Es todo un servicio al consumidor al viejo estilo, combinado con un alcance global para llevar a la gente normal cosas que mejoran sus posesiones en la vida.

Wal-Mart puede acabar terminando como muchas empresas, desplazada por otra compañía que sepa cómo hacerlo todavía mejor. Se trata del modelo a partir del cual está trabajando. Es un modelo global centrado en el comprador individual y funciona de maravilla dependiendo de las decisiones voluntarias de la gente normal. El estado nación como tal no desempeña ningún papel en su cálculo y esto ha demostrado ser la opción ganadora. Así que continuará siéndolo.

¿Qué pasa con el impacto económico? ¿Es un peligro vender todos estos productos al mundo? Podríamos alarmarnos en principio por esto, hasta que consideramos los ahorros del consumidor. Por cada centavo ahorrado en precios de consumo, hay disponible un centavo más disponible para otros fines, ya sea ahorro, consumo o inversión. Es este hecho el que está subsidiando la prosperidad estadounidense ahora mismo. Lejos de ser una señal de que Estados Unidos ha perdido su ventaja, constituye el regalo mundial a los consumidores estadounidenses. El comercio es mutuamente beneficioso, produciendo ganadores en todos los bandos, siendo las únicos perdedores los productores estadounidenses que no parecen rebajar sus costes lo bastante como para competir en el mercado mundial. Es debido a esto, y a pesar de los constantes intentos de los bancos centrales de inflar la moneda, por lo que lo que los precios están continuamente cayendo para los bienes de consumo.

La gente que ha advertido esta tendencia dice que deberíamos asustarnos porque no habrá trabajo que nos quede por hacer a los estadounidenses. Lo que olvida es la realidad de la escasez en el mundo, lo que implica que siempre y en todo lugar hay necesidades no atendidas. La especialización y la división del trabajo permiten a los estadounidenses producir más eficientemente de una forma que es integral para la demanda mundial y no desperdiciar tiempo y recursos en trabajos que pueden hacerse de forma más barata en otro lugar. Esto sí es realmente un cambio en los patrones mundiales de producción, pero el mercado gestionará el cambio con las mínimas perturbaciones, como ha pasado en los últimos centenares de años.

Para el mundo subdesarrollado, esto significa algo mucho más importante: un abandono casi completo de los fines económicos tradicionales que les fueron impuestos en virtud de su previo aislamiento del occidente capitalista. No es que sus economías sean libres o hayan sido completamente liberadas de las cadenas del estado. EEUU y Europa Occidental, en muchos aspectos, siguen siendo las economías más libres. Lo que importa aquí es la dirección del cambio. Mientras que EEUU y Europa están cada vez más controlados, países como China, India, Rumanía, Polonia, Tailandia y muchos otros, están mucho menos controlados de lo que estaban antes.

Esto ha desatado energías humanas reprimidas y creado una fantástica diferencia en la capacidad de esta gente para integrarse en la división mundial del trabajo. Esto ha significado rentas al alza, mejor alimentación, menos hambre, menos enfermedad, mejor higiene, mortalidad infantil a la baja, vidas más largas y cada vez más oportunidades económicas para trabajar e invertir. El destino de estas economías tiene dos grandes relaciones con el de los ciudadanos estadounidenses: en su capacidad como consumidores, tienen un fuerte interés en ver que continúe y, como inversores, muchas carteras de inversores de EEUU están fuertemente invertidas en estas economías emergentes.

La calidad de vida en estas tierras lejanas está aumentando en formas que habrían sido inimaginables incluso hace una década, con tecnologías de información puestas a disposición por parte del sector privado llegando a las manos de una nueva generación que confía en los teléfonos celulares y el acceso de alta velocidad a la red, donde sus padres apenas consiguen sobrevivir. La esperanza de vida en China ha aumentado de 25 a 65 años en el curso de un siglo. También significa más ingresos para los gobiernos de esos países, lo que, si se dirigen a gasto militar destinado a eludir la influencia política de EEUU, podría incluso acabar disputando la supremacía de EEUU en los asuntos públicos del mundo.

Repito, esto no es algo a lamentar. Un mundo dominado por una sola superpotencia es un lugar gravemente peligroso, especialmente cuando esa potencia se dirige irresponsablemente (y, dirían algunos, está dirigida por maniacos). Una decadencia en el poder y la influencia de EEUU no es lo mismo que una decadencia de Estados Unidos, todo lo contrario. El único inconveniente real es la transición: el gobierno de EEUU puede comportarse crecientemente como un animal agonizante y rabioso, planteando un peligro para sus víctimas fortuitas. Pero una vez se oiga el batacazo de la caída final, el mundo será más pacífico y próspero que nunca antes.

Entretanto, las tendencias políticas en EEUU se harán cada vez más irrelevantes, a pesar de las apariencias. Hasta hace muy poco, los estadounidenses pensaban en sí mismos como un pueblo independiente con una cultura y economía ligadas nacionalmente, que puede conceptualizarse y gestionarse en la forma en que describen los textos cívicos. Esto está a punto de ser imposible. La clase dirigente del régimen continuará pasando por expertos y directores de altos vuelos, pero las viejas suposiciones acerca del gobierno se están haciendo añicos. Las tendencias en esta escala reducen los bramidos de los políticos pidiendo protección a meros pitidos.

Hay una tendencia por parte de todos de juzgar un momento histórico por nuestros propios asuntos diarios y en relación solo con los titulares que dominan las noticias. El análisis económico adopta una visión mucho más amplia para considerar el impacto general de miles de millones de personas en muchos lugares a lo largo de un periodo prolongado de tiempo. Es mediante el examen de estas tendencias como podemos ver que estamos entrando en un mundo nuevo de expansión económica global que desbordará cualquier intento de mantenerlo a raya. Ahora, está claro que esto no ocurrirá sin periodos de crisis, particularmente mientras el mundo esté en un patrón oro y los gobiernos estén aún funcionando y trayendo calamidades allí donde puedan hacerlo.

Veamos dónde y cómo se fabrican los productos  que usamos diariamente. Ahí hay una notable historia del genio del emprendimiento, la capacidad de la economía mundial de gestionarse a sí misma y superar diez mil barreras y la dirección hacía la que vamos. Es un mundo en el que consumidores y productores de todas las naciones pueden unir sus manos alabando las redes que los reúnen y en contra de su enemigo común: los gobiernos que se interpondrán.

Para entender el mundo que se recrea ante nosotros, debemos mantener constantemente este principio en nuestra cabeza: el comercio basado en la propiedad es siempre y en todo lugar mutuamente beneficioso. Dentro de la institución del comercio (ya sea al nivel más local o al nivel global) encontramos la clave de la paz, la prosperidad y el florecimiento humanos. Si entendemos esto, no tenemos ninguna razón para temer por nuestro destino, salvo en el grado en que alguien en algún lugar se atreva a interferir. Si entendemos esto, podemos ver por qué ser liderados hacia el futuro por la clase política es algo que no deberíamos ni desear ni esperar.


Publicado originalmente el 21 de abril de 2004. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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