Los 80 años de Hazlitt: El homenaje de Rothbard

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[The Libertarian Forum, Diciembre de 1974]

 

Es realmente un placer tener la oportunidad de homenajear a Henry Hazlitt en su 80 cumpleaños (28 de noviembre). Uno de los economistas, escritores e intelectuales más distinguidos y productivos de este país, Hazlitt a sus 80 años parece y actúa como si tuviera 20 años menos. Una combinación notable de una mente brillante e incisiva, un estilo inusualmente claro y lúcido y un alma inquebrantablemente alegre, generosa y amable, Henry Hazlitt continúa siendo una verdadera fuente de energía y productividad.

Además, nadie puede igualar a Henry Hazlitt en mezclar una gran y amplia erudición con una claridad y simplicidad de estilo que hacen que sea un placer leerlo. El homenaje del gran estilista H.L. Mencken a Hazlitt hace 40 años, diciendo que era el único economista que al podía entender el público genral, sigue siendo verdad hasta hoy.

¿Por qué entonces Henry Hazlitt permanece lamentablemente olvidado por la intelectualidad de la nación, por la autoproclamada élite intelectual que moldea mucha de la opinión pública “educada”? ¿Por qué, por ejemplo, Hazlitt no aparece nunca, ni como escritor ni como autor reseñado, en la muy influyente New York Review of Books?

Hay varios factores que contribuyen a este lamentable olvido de uno de los mejores escritores y pensadores del país. Todos se suman para estar completamente fuera de la moda intelectual de nuestros días.

En primer lugar, no tiene ni un doctorado ni un cargo universitario (esos pasaportes gemelos para la respetabilidad intelectual y académica). Para un investigador explicar o poner notas en un libro de Hazlitt (no importa lo importante o novedoso que sea) sería un caso perdido y puntos negativos en el mundo ansioso de estatus de la academia.

En segundo lugar, en una época de hiperespecialización, cuando la moda es aspirar a ser el principal experto mundial en algún tema extremadamente limitado y trivial, Henry Hazlitt simplemente sabe demasiado acerca de un enorme rango y variedad de asuntos. Así que sin duda no debe ser muy sólido.

En tercer lugar, Hazlitt escribe demasiado claro; indudablemente, alguien que escribe así puede entenderse que le falta la “profundidad” que solo la jerga oscurantista puede proporcionar. Una de las principales razones de la popularidad de Karl Marx y John Maynard Keynes entre los intelectuales fue precisamente la asombrosa oscuridad de su prosa; solo cuando un escritor es oscuro puede prosperar a su alrededor un culto de seguidores para servir como intérpretes y exégetas semioficiales del Maestro. A Henry Hazlitt siempre le ha faltado esa bruma de incomprensibilidad necesaria para ser considerado como un Pensador Profundo.

En cuarto lugar, como economista. Hazlitt ha sido siempre demasiado honrado como para ponerse las ropas de adivino y profeta, para decirnos con precisión cuál va a ser el PIB o la tasa de desempleo en seis o nueve meses.

Por último, pero indudablemente no lo menos importante, Henry Hazlitt ha estado completamente fuera de la moda moderna al batallar durante muchos años como un seguidor incondicional del laissez faire y la economía del mercado libre. Si Hazlitt hubiera sido un estatista o socialista, quizá se le hubieran perdonado sus demás pecados intelectuales. Pero no el mayor pecado de todos: defender, año tras año, el capitalismo de libre mercado.

En el curso de su carrera notablemente productiva, Henry Hazlitt se ha distinguido como periodista, editor, crítico literario, filósofo, científico político y, sobre todo, economista. Su base principal ha sido el periodismo.

Nacido en Filadelfia en 1894, el joven Hazlitt abandonó pronto la universidad para convertirse en escritor financiero, sucesivamente para el Wall Street Journal, el New York Evening Post y el Mechanics and Metals National Bank de Nueva York. En 1921 se convirtió en editor financiero para el New York Evening Mail. Luego, durante la década de 1920, expandió sus horizontes en el campo editorial general y literario, primero como escritor de editoriales para el New York Herald y el New York Sun y luego como editor para el Sun a finales de la década de 1920, desde donde fue al Nation como editor literario de 1930 a 1933. Cuando H.L. Mencken dejó de ser editor de American Mercury en 1933, estuvo encantado de seleccionar a Hazlitt como su sucesor para ese distinguido puesto.

Después de dejar el Mercury al año siguiente, Hazlitt se convirtió en escritor de opinión para (mirabile dictu) el New York Times durante la siguiente docena de años. Fue Hazlitt quien fue responsable de cualquier tono conservador que el Times adoptara durante esa época.

Fue poco después de unirse al Times, cuando se produjo un acontecimiento que cambiaría y moldearía la vida de Hazlitt a partir de entonces. Revisando la primera traducción de la gran obra de Ludwig von Mises, Socialismo, en 1936, Hazlitt se convirtió a una postura de adhesión incondicional al capitalismo de libre mercado y de hostilidad al estatismo y socialismo, que marcaría toda su obra a partir de entonces.

Hazlitt se convirtió en un importante seguidor del gran economista austriaco del libre mercado e iba a convertirse en uno de los amigos y colaboradores más íntimos de Mises desde el momento en que este emigrara a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Fue como destacado “misesiano” como Hazlitt iba a escribir la mayoría de sus más de una docena de libros e incontables artículos en revistas y periódicos.

Al moverse el New York Times inexorablemente hacia la izquierda, Henry Hazlitt lo abandonó para convertirse en columnista semanal para la revista Newsweek. Allí, durante 20 años, de 1946 a 1966, Hazlitt, una semana sí y otra también, escribía defensas lúcidas e incisivas del mercado libre, los derechos de propiedad privada y el patrón oro, así como críticas mordaces a los males de la intervención pública en la economía.

En incontables debates de radio y televisión y en el atril de los discursos, Hazlitt llevó a cabo la batalla contra el crecimiento del gran gobierno. Además, fue coeditor jefe de Freeman en sus primeros años, de 1950 a 1953, cuando esa revista era un noble intento de actuar como periódico semanal a favor de la causa conservadora-libertaria.

Pero son sus libros publicados  los que servirán como monumento imperecedero a a este hombre grande y muy olvidado. El ámbito y mérito son enormes: van desde su primera obra sobre el pensamiento claro, Thinking As a Science (1916, reimpreso en 1969) a la crítica literaria, The Anatomy of Criticism (1933).

Particularmente importante, tanto en cantidad como en calidad, es su producción post-1936 o “misesiana”. Su primera obra en este periodo fue una notable contribución a la ciencia política, A New Constitution Now (1942, y pronto reimpresa; ver Human Events, 16 de noviembre de 1974, página 10). Esta obra, en la que Hazlitt defendía desechar la Constitución de Estados Unidos en favor de un gobierno parlamentario europeo, no estaba hecha para agradar a los conservadores constitucionalistas.

Pero se esté o no completamente de acuerdo con Hazlitt, este dijo algo extremadamente importante que ha tomado muchas más importancia en estos tiempos de poder ejecutivo y presidencial desatados. Pues argumentó que el gran defecto de la Constitución estadounidense es que permite un poder ejecutivo desatado, son controles por el Congreso o el público.

Un sistema parlamentario podría al menos hacer al ejecutivo mucho más receptivo al Congreso y servir como un control sobre la tiranía del ejecutivo. En la era del Watergate, no habría necesidad del torpe proceso de impeachment, ya que el presidente habría sido desbancado mucho más fácil y rápidamente.

En 1946, Hazlitt publicó su libro más popular, La economía en una lección, que sigue siendo hasta ahora el mejor libro de introducción a la ciencia económica. Con su habitual lucidez, Hazlitt exponía los méritos del mercado libre y las desafortunadas consecuencias de todas las principales formas de intervención pública, que continúan acosándonos hoy.

Sigue sin haber mejor introducción  la economía de libre mercado que La economía en una lección. La “lección” deriva del economista libertario francés del siglo XIX, Frédéric Bastiat, que también se distinguió por la claridad de su estilo: la diferencia entre “lo que se ve” como consecuencia de la intervención pública y “lo que no se ve”.

Por ejemplo, si el gobierno grava a la gente para construir viviendas, lo que se ve son las nuevas viviendas, que parecen ser superficialmente una mejora neta; lo que no se ve es lo que la gente habría hecho si se le hubiera dejado guardarse su propio dinero.

Al año siguiente, Hazlitt publicó su manual Will Dollars Save the World?, su disección del Plan Marshall y una de las críticas más importantes del programa de ayuda exterior de la posguerra. A este le siguió sus Illusions of Point Four (1950), sobre el derrochador programa de ayuda de Truman a lo que ahora se conoce como “Tercer Mundo”.

En 1951, Hazlitt recurrió a la novela, publicando lo que es una de mis partes favoritas del canon de Hazlitt, The Great Idea (1951, posteriormente reimpresa como Time Will Run Back, 1966). The Great Idea fue muy criticada como novela, pero confieso que la disfruté de cabo a rabo y ha sido por mucho tiempo una de mis obras favoritas de ficción. Esto a pesar (o quizá debido a) el hecho de encubre francamente teoría económica sólida de una forma legible y novelística.

Para empezar, es una de las mejores y más completas explicaciones de las falacias económicas del socialismo que pueden encontrarse. La trama es fascinante: por casualidad, un inocente político inteligente hereda el puesto de dictador de un futuro estado comunista mundial. Empezando simplemente como una búsqueda de formas de hacer que funcione mejor la desastrosa economía comunista, el dictador la altera, paso tras paso inexorablemente lógico, en dirección a la libertad hasta que convierte al mundo en una economía de libre merado puro y en una sociedad libre.

Empezando por permitir a los ciudadanos intercambiar sus talones de racionamiento, el dictador llega a redescubrir el mercado libre, el dinero en oro y los derechos de propiedad privada. ¡Si a los estetas les preocupa la falta de simbolismo de vanguardia o de mórbida psicologización en The Great Idea, mucho peor para ellos!

Pocos años después llegó un verdadero trabajo de cariño, The Free Man’s Library (1956), la bibliografía anotada de Hazlitt de libros libertarios y conservadores. Sigue siendo la única obra de este tipo y una actualización de este libro sería uno de los proyectos más útiles para inspirar e instruir a una nueva generación de libertarios.

En 1959, Hazlitt publicó su mayor contribución a la ciencia económica, su enorme y completa The Failure of the New Economics, una disección paso a paso y página a página de la malévola y enormemente influyente Teoría General de Lord Keynes. Empleando economía misesiana y “austriaca” de forma magistral, Hazlitt no deja ni una brizna en pie de la famosa obra de Keynes. Fue un soberbio ejercicio de demolición económica.

El olvido masivo de Failure por la profesión económica,  que, cuando se dignaba considerar el libro, lo rechazaba como un mero “panfleto” es una lamentable mancha para el estado de la profesión económica. Como un uno-dos contra el keynesianismo, Hazlitt siguió a esta obra recopilando las mejores críticas antikeynesianas por economistas en su The Critics of Keynesian Economics(1960).

Ese mismo año, Hazlitt escribió su minuciosa crítica de las políticas inflacionistas de nuestro tiempo, advirtiendo acerca de la acelerada inflación y reclamando una vuelta al patrón oro en su What You Should Know about Inflation (1960, ediciones revisadas en 1965 y 1968). Afortunadamente Hazlitt está ahora ocupado trabajando en un nuevo libro sobre este tema tan actual.

No contento con la economía la ciencia política, el periodismo y la crítica literaria Hazlitt pasó a continuación a una obra importante sobre filosofía política y ética, The Foundations of Morality (1964). En una obra tan olvidada por los filósofos académicos como lo fueron sus escritos económicos por los economistas nacionales, Hazlitt defendía una ética utilitarista y la moralidad del capitalismo de libre mercado.

En sus últimos dos libros, Henry Hazlitt trata los problemas vitales de la pobreza y el estado del bienestar: Man vs. the Welfare State (1970) y The Conquest of Poverty (1973). En estas obras, Hazlitt demostraba que solo el capitalismo puede superar la pobreza y proporcionar un verdadero bienestar y acaba con las mentiras del estado del bienestar. También está incluida la mejor refutación de la potencialmente desastrosa propuesta de Milton Friedman de un “Impuesto negativo sobre la renta”.

Así, a través de su notablemente productiva vida, Henry Hazlitt ha luchado por la libertad y la economía de mercado con una combinación única de la erudición de un investigador y la lucidez y el atractivo popular de un escritor y periodista durante toda su vida. En un clima cultural e intelectual más sano, habría acumulado homenajes de investigadores y público en general. Tal y como son las cosas, solo podemos hacer nuestra parte felicitando a este caballero vibrante y amable, este distinguido investigador y libertario y esperar ansiosamente los muchos libros y artículos importantes que sin duda saldrán de su pluma en los próximos años.

 


Publicado originalmente el 14 de diciembre de 2010. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artìculo original se encuentra aquí.

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