Eufemismos conservadores para la agresión del estado

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Cada temporada hay un nuevo aspirante al mini-tratado conservador del momento. Normalmente escrito por un nuevo aspirante a Buckley, ofrece a los lectores una nueva forma de entender el clima ideológico y una nueva perspectiva de cómo deberían adaptarse a él los conservadores. National Review solía publicar estos constantemente en las décadas de 1960 y 1970 y la conclusión era siempre la misma: no os sintáis culpables por vuestro apoyo al gran gobierno en esta y esa área, porque la filosofía conservadora puede retorcerse y rehacerse para hacer eso no solo permisible, sino necesario.

En años más recientes, la causa ha sido asumida por otras publicaciones. The American Conservative pide apoyo para el estado proteccionista. The Weekly Standard pide apoyo al estado de grandeza nacional. El Wall Street Journal está completamente a favor de estimular el bienestar para la guerra. Muchos antiguos escritores librtarios han visto la luz y han pasado a apoyar el estado intervencionista en política exterior. Innumerables revistas electrónicas piden destrozar el estado gobernado por el Partido Demócrata para apoyar el estado gobernado por el Partido Republicano. Y enormes cantidades e instituciones religiosas de derechas ven una justificación para el estado moralizador.

Los resultados después de todas estas décadas son amargamente irónicos. Lo único que parece unir a la multitud de intereses creados de la derecha es que cada uno tiene algún proyecto concreto para que lo apoye el estado, así que todos están de acuerdo en apoyar el gran gobierno como una especie de enorme proyecto de tráfico de influencias. Si cada grupo hace su parte, todos están en lo más alto.

Si este plan suena familiar, es porque la derecha política (la derecha fascista del estado republicano) solo recientemente ha llegado a descubrir completamente lo que la izquierda descubrió hace mucho: no tienes que estar de acuerdo con el objetivo de tus compatriotas siempre que estés de acuerdo con los medios estatistas para alcanzar ese objetivo. Así es como la Convención Nacional Demócrata puede parecerse a l escena de la cantina en La Guerra de las Galaxias, pero por alguna razón funciona. Lo que le ha faltado a la derecha ha sido un intento de presentar una justificación para las multitudes de cómo la derecha pueden funcionar de la misma manera.

Así tenemos “The New Fusionism”, de Joseph Bottum, que aparece en First Things. Empieza señalando que las muchas facciones de la derecho tienen intereses enormemente dispares: “aborto, rebajas de impuestos, cheques escolares, excesos judiciales, presupuestos públicos desmesurados, bioética, matrimonio homosexual, creación de democracias en Oriente Medio, federalismo, inmigración, restauración de la religión en la plaza pública, etcétera, etcétera”.

Estos grupos de interés no habrían congeniado de otro modo y aun así parecen hacerlo, según Mr. Bottum. Saltemos a la escena final: todos se han puesto de acuerdo a favor de la intervención del estado en su área, a cambio de lo cual apoyan la intervención del estado en las áreas de los demás. Es el nuevo fusionismo: todos están de acuerdo en respaldar la construcción del estado. Esto es lo que podemos decir acerca de su ensayo: al menos trata la única pregunta política que merece hacerse, que es ¿qué quieres que haga el estado? Los libertarios son criticados constantemente por centrarse decididamente en esto, pero todas las demás preguntas respecto de la política son en realidad irrelevantes en comparación.

Y aun así aquí está lo raro en este ensayo. Mr. Bottum nunca los presenta exactamente así. Al leer su ensayo, se descubre una larga cadena de eufemismos para la intervención estatal. Al final estamos hablando de grupos que apoyan lo único que hace el estado: acosar a la gente mediante violencia y amenazas de violencia. A eso se reducen todas las líneas de regulación. Ese es el significado de todos los impuestos. Ese es todo el resultado de cada arancel, gasto, prohibición y bombardeo. Todo equivale a un uso mayor de la violencia en la sociedad. Eliminad banderas, canciones, uniformes y discursos: eso es lo que es realmente el estado.

Sin embargo, la razón por la que la gente no quiere decir esto es que suena bastante indecoroso y feo admitir que se quiere expandir la esfera de coacción y agresión en la sociedad. Nadie quiere ser conocido como defensor del uso de la violencia. Y así ha de aparecer un gran arte de gobernar con otras palabras para la acción del estado aparte de las que describen realmente lo hace el estado. Mr. Bottum parece ser un especialista en esto.

Es verdad que justifica este pedido de una expansión importante del estado en nombre del fin de la violencia. En el caso del aborto, su preocupación es la violencia contra el no nacido, pero, como la mayoría de otra gente pro-vida, ni hay ninguna palabra acerca de la violencia que es propia de la aplicación de una política nacional contra el aborto: el ejército de trabajadores sociales, la imposición sobre los distritos, las intrusiones en la vida familiar, las sanciones penales contra mujeres y doctores y otros que estén naturalmente implicados. Tampoco se expresa ninguna preocupación por lo que esto conlleva para una expansión sin precedentes del poder del gobierno.

Lo mismo pasa con la guerra. Se nos dice que es tarea de Estados Unidos garantizar los derechos humanos en el exterior, pero no se nos cuenta acerca de las decenas de miles que mueren incluso en las pequeñas guerras de Estados Unidos, la destrucción, el sufrimiento, el gasto, la muerte y las heridas de nuestras propias tropas, las vidas robadas, las mentiras y corrupción de la clase política y los medios de comunicación y las universidades, etcétera, etcétera. ¿Qué tiene que ver la guerra con la moralidad? Es un negocio sucio y malévolo.

Desde Roma hasta los EE. UU. de 2005, los imperios siempre se han justificado porque su violencia impedía una violencia mayor. Pero la esencia de los medios sigue siendo el gran tabú. Por ejemplo, el fusionismo  de Mr. Bottum propone un gran proyecto estatista sin ni siquiera decir qué es realmente. Todo su ensayo permitiría un estudio fascinante de los eufemismos del poder estatal. He aquí unos pocos que podemos cortar y pegar de este artículo:

  • Hay verdades acerca de la vida y la dignidad humanas con las que no se debe transigir en política internacional.
  • La gravedad intelectual y moral en un ámbito puede alimentar el deseo de encontrar gravedad intelectual y moral en otro.
  • Para reavivar un sentido de propósito nacional.
  • Para restaurar el patriotismo estadounidense.
  • Una política exterior estadounidense contundente.
  • Liderar la lucha contra el tráfico sexual internacional y un grupo de otros abusos de los derechos humanos.
  • Lo que hacemos en el interior y lo que hacemos en el exterior
  • Aplicar ciertos programas nacionales y las actitudes que dirigen nuestra política exterior.
  • Reunir voluntad política.
  • Creer que sus ideales fundacionales son verdad para otros.
  • El avance activo de la democracia.
  • Invertir la falta de coraje que persiste en Estados Unidos.
  •  Restaurar la confianza.
  • Un admirable patriotismo.
  • Cambios profundos que podrían reavivar y remoralizar la nación.
  • La sensación de un propósito nacional recuperado por una respuesta contundente a los ataques.
  • Ayudar a unificar la voluntad de acabar con la matanza.
  • Revitalizar la creencia en el gran experimento estadounidense.

Es interesante que las palabras gobierno y estado no aparezcan en ningún lugar en lo sustancial del argumento. Pero el primer objetivo del arte de gobernar es siempre ocultarse. ¿Cuántos disfraces ha urdido la izquierda durante cien años? ¿Cuántos más urdirá la derecha en los próximos cien?

Mr. Bottum tiene razón en esto: “No es conservadurismo en diversos sentidos más antiguos de la palabra. (…) Llámenlo nuevo moralismo, si quieren. Llámenlo un liberalismo enmascarado o un tipo de radicalismo que se ha apropiado extrañamente del escenario estadounidense. Musite oscuramente, si quiere, acerca del matrimonio de conveniencia de exsocialistas y puritanos modernos, esa unión política hipócrita de aventureros imperiales con católicos reaccionario y evangélicos rurales”.

Prefiero musitar oscuramente a encubrir la esencia sangrienta del estatismo.


Publicado originalmente el 27 de mayo de 2005. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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