Hoppefobia

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La frenética y casi histérica crítica de Loren Lomasky de Una Teoría del Capitalismo y el Socialismo (“El Argumento de un simple Argumento”, septiembre de 1989) de Hans-Hermann Hoppe es una divertida si no inconsciente reivindicación del método de Hoppe en exponer “las contradicciones performativas” entre sus oponentes. Los argumentos reales de Lomasky contra Hoppe son escasos, pero la mayor parte de la crítica de Lomasky consiste, no en la argumentación, sino en la toma de dos ataques de ira: (1) que Hoppe es mal educado con los filósofos o los economistas con los que no está de acuerdo, y (2) que Hoppe es poco académico.

Sin embargo, en la creación de estos dos ataques, Lomasky es una contradicción viviente. Los lectores de su crítica nunca lo sabrán, pero las críticas de Hoppe a sus opositores constituyen tan sólo dos o tres notas al pie de página de un libro de varios cientos de páginas. El grueso del libro establece la teoría positiva deductiva de Hoppe sobre la ética económica y política. Esto explica por qué Hoppe no está pasando más tiempo refutando a Nozick, Locke, etc, que hace descender sobre él la ira de Lomasky. En realidad, es Lomasky el que desvaría y es grosero en su ataque a Hoppe. Contradicción Performativa Número Uno.

El segundo ataque de Lomasky contra Hoppe es la falta de rigor académico, por la cual no perder tiempo con Nozick es un típico -e irrelevante- ataque. Pero ¿qué pasa con el rigor académico de Lomasky, tal como evidencia su revisión? En primer lugar, está conmocionado y sorprendido de que Hoppe no sea simplemente un defensor del capitalismo existente; su libro es “no más que un manifiesto a favor del anarquismo.” Bueno, ¡cielos Betsy! ¡El anarquismo! Uno se pregunta ¡dónde ha estado Lomasky durante los últimos 20 años! Tal vez el conocimiento todavía no ha penetrado en las fortalezas de Minnesota, pero el anarquismo ha sido una parte vibrante del diálogo libertario durante mucho tiempo, como la mayoría de los lectores de Liberty saben bien.

Lomasky luego continúa con un pequeño truco. Él define muy acertadamente el “socialismo”, como la planificación centralizada y la propiedad estatal de los medios de producción, pero luego se burla de Hoppe llamándolo “peculiar” por llamar a cualquier interferencia del gobierno en el libre intercambio, “socialístico”. Los dos, sin embargo, no son contradictorios. Gobierno total es socialismo; gobierno parcial es socialístico. Si alguna vez Lomasky hubiera leído los comentarios sobre los dramáticos acontecimientos en Europa del Este, por ejemplo, sabrá a qué se refiere, muy apropiadamente, como los movimientos lejos del socialismo y hacia el libre mercado.

Lomasky también escribe como si la idea de un a priori de la argumentación sea una rara bizarría propuesta por Hoppe. Parece que nunca ha oído hablar de la doctrina de Habermas-Apel, de los cuales Hoppe es una extensión libertaria. Comparando los argumentos deductivos de Hoppe con los de Zenón o Anselmo también pierde el punto, ya que estos argumentos clásicos son demostraciones difíciles-de-refutar de conclusiones que la mayoría de nosotros consideramos absurdas, mientras que los de Hoppe son argumentos difíciles-de-refutar que los libertarios consideramos como bienvenidos: un argumento de hierro a favor de los derechos absolutos de propiedad privada.

Absurdamente, Lomasky ataca los argumentos de Hoppe en contra de los bienes públicos (pierde completamente la discusión sutil y prolongada de Hoppe) que dice que las acciones voluntarias y los intercambios son óptimos, mientras que las acciones coercitivas dañan a los individuos y por lo tanto son peores que el óptimo. Una vez más, Lomasky actúa como si Hoppe acabara de llegar a una extraña tesis de su parte, pareciendo no haber oído hablar de muchas décadas de pensamiento libertario y de libre mercado que ha ocurrido de manera similar. Parece, en suma, que Lomasky nunca ha oído hablar de los argumentos o doctrinas libertarias. ¡Habla acerca de la falta de rigor académico! Contradicción Performativa Número Dos.

La crítica de Lomasky es un ejemplo interesante de lo que llega a ser un fenómeno bastante común: Hoppefobia. A pesar de que Hoppe es un hombre personalmente amable, su trabajo escrito parece tener la capacidad notable para enviar a algunos lectores al paredón, aumentarles la presión arterial, haciéndolos murmurar y masticar la alfombra. No son los irrespetuosos ataques en la crítica lo que lo hace. Tal vez la respuesta es el modo lógico y deductivo del pensamiento y escritura de Hoppe, lo que demuestra la verdad de sus proposiciones y que demuestra que aquellos que difieren son a menudo atrapados en la contradicción y la auto-refutación.

En los buenos viejos tiempos, se trataba de un estilo común en la filosofía, empleado por kantianos, tomistas, misesianos y randianos por igual. En la edad moderna, sin embargo, este método de pensamiento y escritura ha ido pasando de moda en la filosofía, donde la verdad casi nunca llegó -y ciertamente nunca defendió de una manera deductiva. El modelo moderno es utilitario, positivista, tangencial, orientado, y pseudo-empirista. Como resultado, los tipos positivistas modernos han ido aflojando y se han vuelto complacientes, y la lectura de deductivistas duros -¡por no decir nada de los duros libertarios!- llega a estas personas con la fuerza de un golpe en el estómago.

Pues bien, ¡en forma, chicos! En la argumentación como en la política, aquellos que no pueden soportar el calor deductivista deben salir de la cocina filosófica o económica.


Publicado originalmente en marzo de 1990, en Liberty vol. 3 No. 4, pp. 11-12. Traducido del inglés por Josep Purroy. El artículo original se encuentra aquí.

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