Lo que deberían aprender los libertarios de los abolicionistas

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[Una selección de Libertarian Review, agosto de 1978]

Si la victoria es de hecho nuestro fin concreto, un fin que se nos da por los requisitos de la justicia, debemos luchar por alcanzarlo tan rápidamente como sea posible.

Pero esto significa que los libertarios no deben adoptar el gradualismo como parte de su objetivo: deben desear alcanzar la libertad tan pronto y tan rápidamente como sea posible. En caso contrario, estarían ratificando la continuación de la injusticia. Deben ser “abolicionistas”.

La objeción que se plantea habitualmente es que el abolicionismo no es “realista”, que la libertad (o cualquier otro objetivo social radical) solo puede alcanzarse gradualmente. Sea o no verdad esto (y la existencia de revueltas radicales demuestra que no es siempre el caso, esta acusación común confunde gravemente el ámbito de los principios con el ámbito de la estrategia. (…)

El “realismo” del objetivo solo puede contestarse por una crítica del propio objetivo, no en el problema de cómo alcanzarlo. Luego, después de que hayamos decidido acerca del objetivo, afrontamos la completamente distinta cuestión de la estrategia de cómo alcanzar ese objetivo tan pronto como sea posible, como crear un movimiento para alcanzarlo, etc.

Así, William Lloyd Garrison estaba siendo “realista”, cuando en la década de 1830 alzó el glorioso estandarte de la emancipación inmediata de los esclavos. Su objetivo era el apropiado, y su realismo estratégico provino del hecho de que no esperaba que su objetivo se alcanzara rápidamente. O, como distinguía el propio Garrison:

Reclamar la abolición inmediata tan seriamente como podamos, será, ay, la abolición gradual al final. Nunca dijimos que la esclavitud se eliminaría de un solo golpe: que tendría que ser así, lo afirmaremos siempre. (The Liberator, 13 de agosto de 1831)

Desde un punto de vista estrictamente estratégico, también es verdad que si los defensores del objetivo “puro” no indican ese objetivo y lo mantienen en alto, nadie lo hará y el objetivo por tanto nunca se alcanzará, Además, como la mayoría de la gente y de los políticos se atendrán a la “vía intermedia” o cualquier otra “vía” que pueda ofrecérseles, el “extremista”, al plantear constantemente la apuesta y al mantener en alto el objetivo puro o “extremo”, moverá los extremos más aún y por tanto empujará lo “intermedio” más en su dirección extrema. Por tanto, mantener la apuesta llevando más allá lo intermedio en su dirección conseguirá, en los habituales tiras y aflojas del proceso político, más para ese objetivo, incluso en el corto plazo del día a día, que cualquier rendición oportunista del principio definitivo.

En su brillante estudio de la estrategia y táctica del ala de Garrison del movimiento abolicionista, Aileen Kraditor escribe:

Se deduce, de la concepción abolicionista de su papel en la sociedad, que el objetivo para el que actuaba no era probable que fuera inmediatamente realizable. Su realización debía seguir a la conversión de una enorme cantidad de gente y la lucha debía tener lugar frente a la hostilidad que inevitablemente encuentra el agitador para una causa impopular. (…) Los abolicionistas sabían también como sus posteriores críticos intelectuales que no podía producirse una emancipación inmediata e incondicional durante mucho tiempo. Pero al contrario que esos críticos, estaban seguros de que nunca llegaría si no se actuaba a favor de ella durante el largo periodo en que era impracticable. (…)

Haber renunciado a la demanda de una emancipación inmediata porque era irrealizable en el momento habría alterado la naturaleza del cambio por el que estaban actuando los abolicionistas. Es decir, incluso quienes hubieran aceptado encantados una emancipación gradual y condicional tuvieron que actuar a favor de la una abolición inmediata y condicional de la esclavitud, porque esa demanda era necesaria para su objetivo de demostrar a los estadounidenses blancos que los negros eran sus hermanos. Una vez la nación se convirtiera en este aspecto, podrían hacerse condiciones y planes. (…)

Su rechazo a moderar su lema “visionario” era, a sus ojos, eminentemente práctico, mucho más dada la actitud de los senadores y congresistas antiesclavitud, que a menudo escribían cartas a líderes abolicionistas justificando su adaptación de reclamaciones antiesclavitud a lo que era alcanzable. (…)

Si el objetivo principal y predominante del movimiento libertario debe ser la victoria de la libertad tan rápidamente como sea posible, entonces la tarea principal de ese movimiento debe ser emplear los medios más eficaces para llegar a este objetivo.

Para ser eficaces, para alcanzar el objetivo de la libertad tan rápidamente como sea posible, debería estar claro que los medios no deben contradecir los fines. Pues si lo hacen, los fines están siendo obstruidos en lugar de perseguidos tan eficientemente como sea posible. Para el libertario, esto significa dos cosas:

  • Que nunca debe negar o dejar de sostener el objetivo final de la victoria libertaria y
  • Que nunca debe usar o defender el uso de medios antilibertarios (de agresión contra las personas o la justa propiedad de otros).

Así que el libertario no debe nunca, en bien de la supuesta experiencia, negar u ocultar su objetivo final de completa libertad y nunca debe agredir a otros en busca de un mundo de no agresión. Por ejemplo, los bolcheviques, antes de la revolución, se financiaban parcialmente mediante el robo armado en nombre de “expropiar” a los capitalistas; está claro que cualquier uso de agresión contra propiedad privada para financiar el movimiento libertario, iría contra esos mismos principios y su obtención final.

En este punto, cualquier movimiento radical por un cambio social, incluyendo el movimiento libertario, tiene que afrontar un problema realista importante: en el mundo real, el objetivo (para el libertario, la desaparición del estado y su coacción agresiva) desgraciadamente no puede lograrse  de la noche a la mañana. Como es así, ¿cuál debería ser la postura del libertario hacia “demandas de transición”, es decir, hacia demandas que irían hacia la libertad sin llegar aún al objetivo definitivo? ¿No debilitarían esas demandas el propio objetivo definitivo de la libertad total?

En nuestra opinión, la solución apropiada para este problema es una solución “centrista” o de “creación de un movimiento”: que es legítimo y apropiado defender demandas de transición como estaciones de paso en el camino hacia la victoria, siempre que el objetivo definitivo de la victoria sea siempre tenido en cuenta y mantenido en alto. De esta manera, el objetivo final está claro y no se pierde de vista y se mantiene la presión de forma que las victorias transitorias o parciales se alimentarán a sí mismas en lugar de apaciguar o debilitar la dirección última del movimiento.

Así, supongamos que el movimiento libertario adopta, como demanda de transición, un recorte general del 50% en los impuestos. Esto debe hacerse de tal forma que no implique que un recorte del 51% sea de algún modo inmoral o inapropiado. De esa manera, el recorte del 50% simplemente sería una demanda inicial en lugar de un objetivo definitivo en sí mismo, que solo recortaría el objetivo libertario de la abolición total de los impuestos.

Igualmente, si los libertarios deben en algún momento reclamar la reducción o abolición de impuestos en alguna área concreta, esa reclamación nunca debe estar acompañada por la defensa del aumento de los impuestos en otra. Así, podemos concluir que el impuesto más tiránico y destructivo en el mundo moderno es el impuesto de la renta y por tanto debería darse la máxima prioridad a abolir esa forma de impuesto. Pero la reclamación de una reducción drástica o abolición del impuesto de la renta nunca debe ir unida a defender un impuesto más alto en alguna otra área (por ejemplo, un impuesto a las ventas), pues eso equivaldría a emplear un medio contradictorio con el objetivo final de la abolición de los impuestos. En resumen, los libertarios deben abrirse paso ante el estado donde y cuando puedan, disminuyendo o eliminando la actividad del estado en cualquier área posible.

Como ejemplo, durante cada recesión, los liberales keynesianos defienden generalmente un recorte en el impuesto de la renta para estimular la demanda de consumo. Los conservadores, por el contrario, generalmente se oponen a ese recorte fiscal por llevar a mayores déficits públicos.  El libertario, por el contrario, debería siempre y en todo lugar apoyar un recorte de impuestos como una reducción en el robo del estado. Luego, cuando se discuta el presupuesto, el libertario debería asimismo apoyar una reducción en el gasto público para eliminar un déficit. Se trata de que debe oponerse  al estado, que debe ser recortado en todos sus aspectos y en todos los casos: en recortar los impuestos o en recortar el gasto público. Defender aumentar los impuestos u oponerse a recortarlos para equilibrar el presupuesto es oponerse y socavar el objetivo libertario.

Pero aunque deba mantenerse siempre el objetivo definitivo de la libertad total y debe disminuirse el estado en cualquier caso, sigue siendo apropiado, legítimo y necesario para un movimiento libertario adoptar prioridades, calamar contra el estado más concretamente en aquellas áreas que son las más importantes en cualquier momento. Así, mientras el libertario se opone  tanto a los impuestos de la renta y a las ventas, es al tiempo moralmente adecuado y estratégicamente importante seleccionar, por ejemplo, el impuesto de la renta como el más destructivo de los dos y clamar más en contra de ese impuesto concreto. En resumen, el movimiento libertario, como todos los demás, afronta una escasez de su propio tiempo, energía y fondos y debe asignar los recursos escasos a sus usos más importantes en cada momento. Qué asunto concretos deberían recibir prioridad, depende de las condiciones concretas de tiempo y lugar.


Publicado el 24 de mayo de 2014. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra  aquí.

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