El futuro del libertarismo

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Los marxistas son famosos por sus luchas internas acerca de las diferencias más triviales. Un grupo se separaría de otro, invertiría el orden de palabras del grupo del que se ha separado y se declararía el grupo nuevo y puro. El primer grupo, declararía al mundo el nuevo grupo, era parte de la conspiración fascista para eliminar el inminente triunfo obrero, a pesar de que las diferencias entre los dos grupos eran completamente indetectables incluso para un experto.

Un debate informal que está teniendo lugar entre libertarios estos días, respecto de si la gente tendría que ser libertaria “gruesa” o “fina”, tiene un carácter diferente. Golpea el mismo centro de lo que es el libertarismo.

El libertario “fino” cree en el principio de no agresión, que no se puede iniciar fuerza física contra nadie. El libertario fino piensa en sí mismo simplemente como un libertario, sin etiquetas. Igualmente, la mayoría de los libertarios “gruesos” creen en el principio de no agresión, pero creen que para que la lucha por la libertad sea coherente deben dedicarse también a combatir las opiniones de otros.

Antes de continuar, dejadme que adelante una objeción. ¿No debería dedicar mi tiempo a atacar el estado en lugar de criticar a otros libertarios?

En mi trabajo a lo largo de los años, he intentado no dejar piedra sin voltear a la hora de exponer las maldades y mentiras del estado y construir la alternativa liberal. Por cierto, que tengo un libro nuevo a punto de publicarse y que continúa en esa tradición: Against the State: An Anarcho-Capitalist Manifesto.

Segundo, no hay nada malo con lo que alguna gente menosprecia como “luchas internas”. Un intercambio respetuoso de ideas es la forma en que se desarrolla una escuela de pensamiento. Y estoy de acuerdo con Tom Woods: no es verdad, como dicen muchos, que los libertarios sean especialmente propensos a discusiones entre ellos. Basta con observar a demócratas, republicanos, tu comunidad de vecinos, católicos, protestantes, musulmanes o casi a cualquiera.

Los defensores del libertarismo “grueso” sugieren que los libertarios están obligados a defender algo más que el principio de no agresión y que el libertarismo implica compromisos más allá de solo esto. Uno de esos defensores dijo recientemente: “Continúo teniendo problemas en creer que la filosofía libertaria se preocupe solo de los usos apropiados e inapropiados de la fuerza”. Pero no importa lo difícil que pueda ser creerlo para esa persona, eso es precisamente el libertarismo y eso es todo lo que es.

Como explicó una vez el propio Mr. Libertario, Murray Rothbard:

Hay libertarios que son realmente hedonistas y devotos de métodos alternativos de vida y también hay libertarios que son firmes seguidores de la moralidad “burguesa” convencional o religiosa. Hay libertinos libertarios que son libertarios que se aferran firmemente a las disciplinas del derecho natural o religioso. Hay otros libertarios que no tienen ninguna teoría moral en absoluto aparte del imperativo de la no violación de derechos. Esto pasa porque el libertarismo por sí mismo no tiene una teoría moral general o personal.

El libertarismo no ofrece un modo de vida: ofrece libertad, de forma que cada persona es libre de adoptar y actuar de acuerdo con sus propios valores y principios morales. Los libertarios están de acuerdo con Lord Acton en que “la libertad es el máximo fin político”, no necesariamente el máximo fin de la escala personal de valores de cada uno.

Algunos libertarios me han dicho en meses recientes que sí, que sí, que el liberalismo trata de la no agresión y la propiedad privada y todo eso, pero que eso es en realidad parte de un proyecto más grande opuesto a todas las formas de opresión, impuestas o no por el estado. Esto tiene dos implicaciones para el libertario grueso. Primero, no basta con oponerse al estado: un verdadero libertario debe oponerse a diversas otras formas de opresión, aunque ninguna de ellas implique agresión física. Segundo, debería apoyarse el libertarismo porque la reducción o abolición del estado conllevará los demás tipos de resultados que apoyan muchos libertarios gruesos: empresas más pequeñas, más cooperativas de trabajadores, más igualdad económica, etc.

Evaluemos una por una estas implicaciones.

Afirmar que esto no basta con que el libertario se oponga a la agresión es caer en la trampa que destruyó el liberalismo clásico por primera vez y lo transformó en el liberalismo moderno. Después de todo, ¿cómo se convirtió el liberalismo clásico de los siglos XVIII y XIX en el liberalismo obsesionado con el estado de los siglos XX y XXI? ¿Cómo se pervirtió en primer lugar la una vez venerable palabra liberalismo? Precisamente por los gruesos. Es verdad, decían los liberales del siglo XX, estamos a favor de la libertad, pero como la simple libertad negativa (es decir, las restricciones al estado) no parece producir un resultado suficientemente igualitario, necesitamos más que eso. Además de restricciones a alguna actividad estatal, necesitamos la expansión de otras formas de actividad estatal.

Después de todo, decían los nuevos liberales, la opresión del estado no es la única forma de opresión en el mundo. Está la pobreza, que limita la capacidad de la gente de tomar decisiones sobre su vida. Está la propiedad privada, cuyas restricciones limitan la capacidad de expresarse de la gente. Está la discriminación, que limita las oportunidades de la gente. Están los insultos, que hacen que la gente se sienta mal. Centrarse completamente en el estado es olvidar estas formas muy reales de dañar, decían los nuevos liberales.

¿Suena familiar? ¿No es precisamente lo que dicen ahora muchos libertarios gruesos? Atacar al estado no basta, oímos. Debemos atacar el “patriarcado”, la jerarquía, la desigualdad y así sucesivamente. Los libertarios gruesos pueden estar en desacuerdo entre ellos respecto de qué compromisos adicionales conlleva el libertarismo, pero todos están de acuerdo en que el libertarismo no puede dedicarse únicamente a erradicar la iniciación de la fuerza física.

Si algunos libertarios desean esperar o trabajar por una sociedad que se conforme con sus preferencias ideológicas, por supuesto son libres de hacerlo. Pero se equivocan (especialmente dada su insistencia en una gran casa dentro del libertarismo) en imponer a otros libertarios cualquier sesgo idiosincrático que hayan puesto en nuestra venerable tradición, para deducir que la gente que no comparta estas otras ideologías no puedan ser verdaderos libertarios o sugerir que sería “muy improbable” que cualquiera que no las apoye sea realmente un libertario. El que esta sea la misma gente que se queja de “intolerancia” es solo la paradoja más evidente.

Así que el peligro del libertarismo grueso no es simplemente que grandes porciones de la población estadounidense no conseguirían pasar sus requisitos de entrada, al no mantener cada diez minutos lo que la MSNBC nos informa de que es aceptable creer y decir. El peligro es que el libertarismo grueso importe sus demás preocupaciones, que por propio reconocimiento no incluyen la iniciación de la fuerza física, en el propio libertarismo, transformándolo así en algo bastante diferente del sistema moral y social directo y elegante que hemos estado defendiendo durante generaciones.

Vamos con la segunda implicación, la de que la oposición al estado debería favorecerse porque conllevará resultados igualitarios. (Por supuesto, la abolición del estado necesariamente aumentará el nivel de igualitarismo desde el punto de vista del estatus: la desigualdad de estatus entre cargos públicos por un lado, que pueden llevar a cabo todo tipo de atrocidades morales con la legitimidad del estado que los respalda, y la gente normal, que está limitada por las normas morales tradicionales contra el robo y la agresión, por otra, ya no existirá cuando desaparezca el estado). ¿Pero qué pasa si no es así? La afirmación de que las empresas tenderán a ser más pequeñas en el mercado libre y de que la política pública estimula la grandeza en los negocios es una declaración demasiado categórica acerca de un fenómeno demasiado complejo. ¿Qué pasa si la ausencia de estado no lleva a ningún cambio en el tamaño de las empresas o en la relación empresario-trabajador o en la desigualdad de riqueza?

En ese punto la pregunta sería: ¿con qué principio están más comprometidos los libertarios gruesos, con el de no agresión o con el igualitarismo? ¿Qué pasaría si tuvieran que elegir?

Igualmente, el odio a la Iglesia de algunos liberales clásicos les hizo confiscar propiedades de la Iglesia e imponer restricciones a diversos tipos de actividades de esta. Cuando se trataba de una decisión entre su creencia en la libertad y su odio personal a la Iglesia, ganaba su odio personal y su supuesta oposición de principios a la violencia se suspendía temporalmente.

Tampoco importa cómo llegue la gente al libertarismo. Hay varias escuelas de pensamiento que culminan en el principio de no agresión. Una vez allí, podemos por supuesto debatir que constituye concretamente agresión en determinados casos y otras cuestiones básicas dentro del marco general de inadmisibilidad de la agresión. Pero si la escuela de pensamiento a la que perteneces solo te lleva en parte hacia la no agresión, no es que hayas descubierto una forma nueva o mejor de libertarismo. En ese caso significaría solo que eres parcialmente libertario, no un nuevo tipo de libertario.

Ya sea afirmando que las leyes de autodefensa son “racistas”, que Bitcoin es “racista” o que los libertarios tendrían que eliminar el “privilegio blanco” (todo lo cual ha sido alegado por libertarios que afirman haber ido más allá de nuestra supuesta fijación con el principio de no agresión), las diversas formas de libertarismo grueso están confundiendo el núcleo de enseñanzas de lo que creemos. Ninguna de estas preocupaciones tiene lo más mínimo que ver con el libertarismo.

Todas estas afirmaciones adicionales son un desvío del principio central: si te opones a la iniciación de fuerza física, eres un libertario. ¿Es eso tan difícil?


Publicado el 5 de mayo de 2014. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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