Diferencia no es necesariamente igual a discriminación

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Bueno, ha llegado y se ha ido otro Día de Igual Paga. Este año llegó el 8 de abril para representar cuánto de2014 tendría que trabajar una mujer para ganar lo que ganó un hombre en 2013. Lo destacado de este año fue que el Secretario de Prensa de la Casa Blanca, Jay Carney, tratara de justificar la diferencia de pago entre hombres y mujeres en la Casa Blanca diciendo que cuando hombres y mujeres tienen puestos similares, se les paga lo mismo. Y mientras que el informe CONSAD encargado federalmente  hace unos pocos años descubría prácticamente lo mismo en toda la nación, la administración Obama sigue impulsando su orden ejecutiva para acabar con la diferencia de salarios por género.

Por supuesto, esto no es nada nuevo. El Día de Igual Paga y otras cosas similares siempre requirieron un alto grado de disonancia cognitiva. En 2012, la actriz prono Sasha Grey hizo un anuncio de servicio público (muy explícito) para la versión belga del Día de Igual Paga, “el porno es una de las pocas maneras de ganar más que un hombre”. En su análisis del anuncio, Jezebel le acusa de enviar “mensajes mezclados”.[1] El primer mensaje mezclado sobre el que podríamos preguntarnos es por qué, si las mujeres están discriminadas, esa discriminación no es relativamente uniforme. Después de todo, no solo las actrices porno ganan más que sus colegas masculinos, sino que lo mismo pasa con las modelos. De hecho, el 2013, los diez mejores modelos masculinos solo ganaron aproximadamente una décima parte de lo que ganaron las diez mejores modelos femeninas. ¿Por qué pasa esto?

Además, ¿los liberales de izquierda no creen básicamente, como dijo una vez Vladimir Lenin, que “el capitalista os venderá la cuerda con la que les ahorcaremos” (es decir, a los capitalistas no les importa nada salvo el dinero)? Si eso es cierto, tendría sentido que las modelos femeninas y las estrellas del prono ganaran más debido a las demandas actuales del mercado. Sin embargo, como lo liberales tienen a acusar de cualquier diferencia en los salarios entre dos grupos solo a la discriminación, aparentemente a los capitalistas no solo les preocupa el dinero. También les preocupa ser sexistas.

Cuando miramos los hechos con más detalle, aparece sin embargo una imagen más compleja. Las mujeres ganan solo 77 centavos por cada dólar ganado por hombres, pero aparentemente los empresarios cambian de bando de vez en cuando, incluso cuando contratan a gente de la que se espera que mantengan puesta la ropa. Por ejemplo, como señala Warren Farrell, “Cuando mujeres y hombres trabajan menos de 40 horas semanales, las mujeres ganan más que los hombres”.[2] Según la Encuesta de Población Actual de 2003 de la Oficina del Censo, las mujeres ganan un 134% de lo que ganan los hombres cuando ambos trabajan entre 25 y 34 horas semanales y un 107% de lo que ganan los hombres cuando ambos trabajan entre 35 y 39 horas semanales.

Además, los hombres nunca casados y sin hijos entre las edades de 40 y 64 años han ganado constantemente menos que las mujeres nunca casadas y sin hijos en el mismo grupo de edad. En 2001, esos hombres ganaban 40.000$ al año, mientras que esas mujeres ganaban 47.000$ al año.[3] ¿Por qué discriminan los empresarios tan erráticamente?

Y hablando de mujeres, hay otras discrepancias extrañas entre grupos de mujeres que la mayoría no esperaría. Explicando la década de 1960, el economista Walter Williams señalaba:

Uno de los secretos mejor guardados de todos los tiempos y prácticamente totalmente ignorado sobre las diferencias raciales en ingresos es que las proporciones de renta profesional femenina negra/blanca no muestran patrones ni remotamente similares a los de sus equivalentes masculinos. (…) La renta [de las licenciadas universitarias negras] era del 102% de la de las licenciadas universitarias blancas.[4]

No estoy seguro de por qué los empresarios decidirían tener prejuicios contra mujeres blancas en este caso. Y además, en lo que se refiere a las razas, los empresarios también tienen preferencias extrañas por los estadounidenses de origen asiático. La renta media por cabeza para los estadounidenses de origen asiático en 2005 era de 27.331$, mientras que era solo de 26.496$ para los blancos. ¿Está aquí la gente blanca discriminada, aunque sea ligeramente?

Y la lista continúa:

Todo esto por supuesto solo debe causarlo la discriminación, incluyendo la interesante (y estimulante) situación de que las rentas delos negros en Queens, Nueva York, sobrepasaran a las delos blancos en 2005, ¿verdad?

Por supuesto, en realidad todas estas estadísticas no significan absolutamente nada en sí mismas. Los inmigrantes pueden tener distintas características que los que decidieron no irse, la historia de japoneses y coreanos en Estados Unidos es bastante distinta, los ateos constituyen una parte muy pequeña de la población, igual que los homosexuales (y quienes son abiertamente gays pueden tener características distintas de los que están en el proverbial armario), la gente del norte no compite directamente por el mismo trabajo con la de sur, igual que los estadounidenses no compiten directamente con los franceses, etc.

Y de eso se trata. Las diferencias pueden causarse por discriminación (y por supuesto existe discriminación en un grado u otro), pero especialmente como dicha discriminación castigaría a los empresarios obligándoles a pagar una prima por la mano de obra, es en el mejor de los casos simplista comparar dos grupos sin hacer ninguna otra consideración. Por ejemplo, como observaba Tom Woods,

Los factores que cuentan realmente para la renta y otras diferencias entre diversos grupos étnicos y raciales en Estados Unidos (y en todas partes) son en realidad muchos y variados. Considerad esto: la mitad de las mujeres mexicanas se casan antes de los 20 años, mientras que solo un 10%de las mujeres estadounidenses de origen japonés se casan a esa edad. Este factor cultural por sí solo supondría una considerable diferencia en rentas entre ambos grupos, ya que una mujer casada joven tendrá menos movilidad y menos oportunidades educativas que una mujer soltera joven.[5]

Y luego está la edad, que se deja a menudo completamente fuera de las discusiones sobre desigualdad. Como señalaba Thomas Sowell en 1984,

Las diferencias de edad son bastante grandes. Los negros son una década más jóvenes que los japoneses. Los judíos son un cuarto de siglo más viejos que los puertorriqueños. Los estadounidenses de origen polaco son el doble de viejos que los indios estadounidenses.[6]

De hecho, cuando Walter Block fue acusado de ser un racista por no culpar a la discriminación de las diferencias de renta entre blancos y negros, una evidencia usada contra él fue que cuando se mantenían cosas constantes como los años de escolaridad, la diferencia salarial permanecía. Walter respondió con el hecho evidente de que “un número concreto de años de escuela en un suburbio blanco no son exactamente equivalentes a la misma cantidad de tiempo de clase en un barrio del interior de la ciudad”.

O hay que arreglar las escuelas del interior de la ciudad o hay discriminación en el empleo o ambas cosas contribuyen en parte a toda la discrepancia. Es doble contabilidad acusar de toda la discrepancia a las malas escuelas como acusar de toda la discrepancia a la discriminación. Y eso vale para cualquier otra diferencia que podamos encontrar. Como hemos visto, culpar de todas las discrepancias de renta a la discriminación lleva a algunas conclusiones muy extrañas. (¡Esas privilegiadas ateas japonesas lesbianas trabajadoras a tiempo parcial residentes en los estados del norte!) Existe la discriminación y estoy de acuerdo en que es un problema, pero las meras discrepancias no nos dicen nada que se acerque a toda la historia. Es hora de que dejemos de pretender que sí lo hacen.


[1] Jezebel, 12 de marzo de 2012 [Advertencia: contenido sexual explícito].

[2] Warren Farrell, Why Men Earn More (AMACOM, 2005), p. 79.

[3] Ibíd., pg. xxiii.

[4] Walter E. Williams, The State Against Blacks (Nueva  York: Manahattan Institute, 1982), pp. 55-56.

[5] Thomas E. Woods, 33 Questions About American History You Are Not Supposed to Ask (Nueva York: Randon House, 2007), p. 143.

[6] Thomas Sowell, Civil Rights: Rhetoric or Reality (Nueva York: William Morrow, 1984), pp. 42-43.


Publicado el 30 de abril de 2014. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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