Fundamentos de la acción humana: Formación de Capital

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Con los elementos dados por la naturaleza limitados por su medio ambiente, y su trabajo restringido tanto por su oferta disponible como por su desutilidad, sólo hay una forma por la cual el hombre puede aumentar su producción de bienes de consumo por unidad de tiempo—incrementando la cantidad de bienes de capital. Para incrementar su productividad, debe mezclar su trabajo con los elementos de la naturaleza para formar los bienes de capital. Esos bienes no son inmediatamente útiles para satisfacer sus necesidades, sino que debe ser transformados con trabajo adicional en bienes de capital de orden inferior, y finalmente en los bienes de consumo deseados.

Para explicar claramente la naturaleza de la formación de capital y el lugar que ocupa el capital en la producción, comenzaremos con el ejemplo hipotético de Robinson Crusoe varado en una isla desierta. Supongamos que a su llegada, Robinson no cuenta con la ayuda de bienes de capital de ningún tipo. Todo lo que está disponible es su propio trabajo y los elementos dados por la naturaleza. Es obvio que sin capital él será capaz de satisfacer sólo unas pocas necesidades, de las cuales él elegirá las más urgente. Digamos que los únicos bienes disponibles sin ayuda de capital son las bayas y ocio. Digamos que él se da cuenta que puede recoger 20 bayas comestibles por hora, y, sobre esta base, trabaja 10 horas recolectando bayas y disfruta de 14 horas de ocio. Es evidente que, sin la ayuda de capital, los únicos bienes de que dispone para el consumo son los bienes con el tiempo de producción más corto. El ocio es el bien que es producido casi instantáneamente, mientras que las bayas tienen un período de producción muy corto. Veinte bayas tienen un período de producción de una hora. Bienes con períodos de producción más largos no están disponibles para él a menos que adquiera bienes de capital.

Hay dos formas en que los procesos de producción largos, a través del uso del capital, pueden aumentar la productividad: (1) pueden proporcionar una mayor producción del mismo bien por unidad de tiempo; o (2) pueden permitir al actor consumir bienes que no están disponibles en absoluto con procesos de producción cortos.

Como ejemplo del primer tipo de aumento de productividad, Robinson puede decidir que si pudiese usar una larga, podría sacudir muchas bayas de los árboles en lugar de recogerlos con la mano. De esa manera él podría ser aumentar su producción a 50 bayas por hora. ¿Cómo hará para conseguir tal vara? Obviamente, él debe gastar trabajo en conseguir los materiales, transportarlos, darles forma, etc. Digamos que 10 horas son necesarias para esta tarea. Esto significa que para obtener la vara, Crusoe debe renunciar a 10 horas de producción de bienes de consumo. Él tiene que sacrificar 10 horas de ocio o 10 horas de bayas, 20 por hora (200 bayas), o alguna combinación de los dos. Él tiene que sacrificar, durante 10 horas, el disfrute de bienes de consumo, y gastar su trabajo en la producción de un bien de capital—la vara—que no será de utilidad inmediata para él. Él será capaz de empezar a usar el bien de capital como una ayuda indirecta en la producción futura sólo después que pasen las 10 horas. Mientras tanto, él debe renunciar a la satisfacción de sus necesidades. Él debe restringir su consumo durante 10 horas y transferir su fuerza de trabajo durante ese período de producir bienes de consumo inmediatamente satisfactorios a la producción de bienes de capital, que demostrarán su utilidad sólo en el futuro. La restricción del consumo se llama ahorro, y la transferencia de trabajo y tierra hacia la formación de bienes de capital se denomina inversión.

Ahora vemos lo que está detrás del proceso de formación de capital. El actor debe decidir si desea o no restringir su consumo e invertir en la producción de bienes de capital, sopesando los siguientes factores: ¿la utilidad proporcionada por el aumento de la productividad del proceso de producción más largo supera el sacrificio que tengo que hacer de bienes presentes para adquirir bienes de consumo en el futuro? Ya hemos visto anteriormente el hecho universal de la preferencia temporal—que un hombre preferirá siempre la obtención de una satisfacción más temprano que tarde. Aquí, el actor debe balancear su deseo de adquirir más satisfacciones por unidad de tiempo contra el hecho de que para hacerlo, debe renunciar a satisfacciones en el presente para aumentar su producción en el futuro. Su preferencia temporal del presente sobre el futuro explica su desutilidad por la espera, que debe ser balanceada contra la utilidad que eventualmente será provista por el bien de capital y el proceso de producción más largo. Lo que él elige depende de su escala de valores. Es posible, por ejemplo, que si él hubiese pensado que la vara le iba a proporcionar sólo 30 bayas por hora y que le tomaría 20 horas fabricarla, entonces él no hubiese elegido el ahorro-inversión. Por otro lado, si fabricar la vara tomaba 5 horas y le proporcionaba 100 bayas por hora, él podría haber tomado la decisión más fácilmente.

Si él decide invertir 10 horas para aumentar sus bienes de capital, hay varias formas en que él podría restringir su consumo. Como se mencionó anteriormente, él puede restringir cualquier combinación de bayas y ocio. Dejando a un lado el ocio para simplificar, él podría tomar todo el día libre, y no producir bayas en absoluto, para completar la vara en un día. O, él podría decidir recoger bayas durante ocho horas en lugar de 10, y dedicar las otras dos horas del día a fabricar la vara, en cuyo caso terminaría la vara en cinco días. El método que él elija dependerá de la naturaleza de su escala de valores. Cualquiera sea el caso, él debe restringir su consumo en 10 horas de trabajo—200 bayas. La tasa de su restricción dependerá de la urgencia con la que él quiera el aumento de la producción, en comparación con la urgencia con la que él desea mantener su actual oferta de bayas.

Analíticamente, hay poca diferencia entre trabajar para obtener y acumular bienes de consumo, y luego trabajar a tiempo completo para obtener el bien de capital, y trabajar simultáneamente para obtener bienes de capital y consumo. Las otras cosas permaneciendo iguales, sin embargo, es posible que uno de los métodos sea más productivo; así, es posible que el actor puede completar la tarea en menos tiempo si se trabaja en ella de forma continua. En ese caso, él elegirá el primer método. Por otro lado, las bayas podrían echarse a perder si se almacenan, y eso le podría conducir a elegir el segundo método. Su decisión resultará de la forma en que los diversos factores en su escala de valores sean balanceados.

Supongamos que Robinson ha tomado su decisión, y, después de cinco días, comienza a utilizar la vara. Entonces, a partir del sexto día obtendrá 500 bayas al día, y cosechará los frutos de su inversión en el bien de capital.

Crusoe puede usar su mayor productividad para aumentar sus horas de ocio así como para aumentar su producción de bayas. Así, él podría decidir reducir su trabajo diario de 10 horas a ocho. Su producción de bayas entonces, se incrementará, debido a la vara, de 200 a 400 bayas por día, mientras que sus horas de ocio aumentan de 14 a 16 horas por día. Obviamente, Crusoe puede optar por asignar su mayor productividad en varias combinaciones de mayor producción del bien y más ocio.[1]

Otra función del capital, aún más importante que su uso en incrementar la producción por unidad de tiempo, es hacer posible que el hombre pueda adquirir bienes que no hubiese podido obtener en absoluto en otro caso. Un período de producción muy corto permite a Crusoe producir ocio y al menos algunas bayas, pero sin la ayuda de capital que no puede satisfacer ninguna de sus otras necesidades en absoluto. Para conseguir carne él debe tener arco y flechas, para conseguir pescado debe tener una caña de pescar o una red, para conseguir refugio debe tener troncos de madera, o lienzos, y un hacha para cortar la madera. Para satisfacer cualquiera de tales necesidades, él debe restringir su consumo e invertir su trabajo en la producción de bienes de capital. En otras palabras, tiene que embarcarse en procesos de producción más largos que los envueltos en la recolección de bayas, tiene que darse tiempo para producir bienes de capital antes de que pueda utilizarlos para disfrutar bienes de consumo. En cada caso, las decisiones que toma al embarcarse en la formación de capital serán resultado de sopesar en su escala de valores la utilidad del aumento esperado de la productividad frente a la desutilidad de su preferencia temporal por satisfacciones presentes en comparación con satisfacciones futuras.

Es obvio que el factor que detiene a todo hombre de invertir más y más tierra y trabajo en bienes de capital es su preferencia temporal de los bienes presentes. Si el hombre, todas las otras condiciones iguales, no prefiriese la satisfacción presente frente a la satisfacción en el futuro, nunca consumiría; él invertiría todo su tiempo y trabajo en el aumento de la producción de los bienes futuros. Pero “no consumir” es un absurdo, ya que el consumo es el fin de toda la producción. Por lo tanto, en cualquier momento dado en el tiempo, todos los hombres habrán invertido en todos los períodos de producción más cortos para satisfacer las necesidades más urgentemente sentidas que su conocimiento de las recetas permite; cualquier formación de capital siguiente irá a los procesos de producción más largos. Permaneciendo las otras condiciones iguales, (esto es, la relativa urgencia de las necesidades a ser satisfechas, y el conocimiento del actor sobre las recetas), cualquier inversión adicional irá a un proceso de producción más largo del que ya está en marcha.

Aquí es importante notar que “el período de producción” no implica solamente el tiempo gastado en fabricar el bien capital, sino que se refiere al tiempo de espera desde el inicio de la producción del bien de capital hasta que el bien de consumo es producido. En el caso de la vara y bayas, los dos tiempos son idénticos, pero eso era así sólo porque la vara es un bien de capital de primer orden, esto es, estaba separada sólo por una etapa de la producción de bienes de consumo. Tomemos, por ejemplo, un caso más complejo—Crusoe fabricando un hacha, para cortar leña para construirse una casa. Crusoe tiene que decidir si la casa que ganará vale más que los bienes de consumo a los que renuncia en el presente. Digamos que a Crusoe le tomará 50 horas producir el hacha, y luego otras 200 horas, con la ayuda del hacha, cortar y transportar la madera para construir la casa. El proceso de producción más largo sobre el que Crusoe debe decidir es ahora de tres etapas, por un total de 250 horas. Primero, el trabajo y la naturaleza producen el hacha, un bien de capital de segundo orden; segundo, el trabajo, más el hacha, más unos elementos dados por la naturaleza, producen troncos de madera, un bien de capital de primer orden; finalmente, el trabajo y los troncos de madera se combinan para producir el bien de consumo deseado—la casa. La duración del proceso de producción es todo el tiempo desde el punto en que el actor tiene que empezar su trabajo hasta el punto en el que el bien de consumo es producido.

Una vez más, debe notarse que, cuando se considera la longitud del proceso de producción, el actor no está interesado en la historia pasada como tal. La longitud de un proceso de producción para un actor es el tiempo de espera desde el punto en el que su acción comienza. Así, si Crusoe tuviese la suerte de encontrar un hacha en buenas condiciones dejada por algún habitante anterior, reduciría su período de producción a 200 horas en lugar de 250. El hacha sería dada a él por su medio ambiente.

Este ejemplo ilustra una verdad fundamental sobre los bienes de capital: el Capital es una estación de paso en el camino hacia el disfrute de los bienes de consumo. Quien posee capital está mucho más adelantado en el tiempo en el camino hacia el bien de consumo deseado. Crusoe sin el hacha está a 250 horas de distancia de su casa deseada; Crusoe con el hacha está a sólo 200 horas de distancia. Si los troncos de madera estaban ya acumulados a su llegada, él estaría mucho más cerca a su objetivo, y si la casa estuviera allí para comenzar, él alcanzaría su deseo de inmediato. Él estaría muy avanzado hacia su objetivo sin necesidad de restringir su consumo. Así, el papel del capital es adelantar a los hombres en el tiempo hacia su objetivo en la producción de bienes de consumo. Esto es cierto tanto para el caso en el que se producen nuevos bienes de consumo y el caso en el que una mayor cantidad de los bienes antiguos se produce. Así, en el caso anterior, sin la vara, Crusoe estaba 25 horas lejos de la producción de 500 bayas; con la vara, él está a sólo 10 horas. En aquellos casos donde el capital permite la adquisición de nuevos bienes—bienes que no se hubiesen podido obtener de otra forma—es una estación de paso absolutamente indispensable, así como conveniente, hacia el bien de consumo deseado.

Es evidente que, para cualquier formación de capital, tiene que haber ahorro—una restricción del disfrute de los bienes de consumo en el presente—e inversión de recursos equivalentes en la producción de bienes de capital. El disfrute de bienes de consumo—la satisfacción de necesidades—se llama consumo. El ahorro podría obtenerse como resultado de un aumento en la oferta disponible de bienes de consumo, que el actor decide guardar, en parte, en lugar de consumir por completo. En cualquier caso, el consumo siempre tiene que ser menor que la cantidad que podría ser obtenida. Así, si la cosecha en la isla desierta mejora, y Crusoe descubre que puede recoger 240 bayas en 10 horas sin la ayuda de la vara, él ahora puede ahorrar 40 bayas al día, durante cinco días, lo que le permitiría invertir su trabajo en una vara, sin reducir su consumo original de 200 bayas. Ahorrar implica una restricción del consumo en comparación con la cantidad que podría ser consumida; no siempre implica una reducción de la cantidad consumida respecto al nivel de consumo anterior.

Todos los bienes de capital son perecederos. Los pocos productos que no son perecederos sino permanentes son, para todos los efectos y propósitos, parte de la tierra. De otra forma, todos los bienes de capital son perecederos, gastados durante los procesos de producción. Por lo tanto, podemos decir que los bienes de capital, durante la producción, son transformados en sus productos. Con algunos bienes de capital, eso es físicamente bastante evidente. Así, es evidente, por ejemplo, que cuando 100 libras de pan de un vendedor mayorista se combinan con otros factores para producir 100 libras de pan de un vendedor minorista, el primer factor es inmediata y completamente transformado en el último factor. El uso de los bienes de capital es muy claro. Un bien de capital se gasta por completo en cada evento-producción. Los otros bienes de capital, sin embargo, también se gastan, pero no tan rápidamente. El camión que transporta el pan puede tener una vida de 15 años, equivalentes, digamos, a 3000 de esas conversiones de pan de la etapa mayorista a la minorista. En este caso, podemos decir que 1/3000 del camión se gasta cada vez que ocurre el proceso de producción. De manera similar, el molino que convierte el trigo en harina puede tener una vida útil de 20 años, en cuyo caso podríamos decir que 1/20 del molino se gasta en la producción anual de harina. Cada bien de capital particular tiene una vida útil diferente y por lo tanto una tasa diferente de desgaste, o, como se le llama, de depreciación. Los bienes de capital varían en la duración de su vida útil.

Volvamos ahora a Crusoe y la vara. Asumamos que la vara tiene una vida útil de 10 días, y que Crusoe así lo estima, después de lo cual se desgasta, y la producción de Crusoe vuelve a su nivel anterior de 20 bayas por hora. Él está de vuelta donde comenzó.

Crusoe enfrenta, entonces, una decisión, después de empezar a usar la vara. Su “nivel de vida” (ahora, digamos, 500 bayas al día más 14 horas de ocio) ha mejorado, y a él no le gustará la idea de una reducción futura a 200 cuando la vara ya no se pueda usar. Si él desea mantener su nivel de vida, por lo tanto, él debe, durante 10 días, trabajar en la construcción de otra vara para reemplazar la antigua, cuando se desgaste. Este acto de construir otra vara, implica un nuevo acto de ahorro. Para invertir en un reemplazo para la vara, él tiene que volver a ahorrar—restringir su consumo respecto a la producción que puede estar disponible. Así, él nuevamente tendrá que ahorrar 10 horas de trabajo en bayas (o de ocio) e invertirlas en un bien que es sólo indirectamente útil para la producción futura. Supongamos que hace esto moviendo una hora cada día de su producción de bayas a la producción de otra vara. Haciendo esto, él restringe su consumo de bayas, por 10 días, a 450 al día. Él ha restringido su consumo máximo, aunque él todavía está mucho mejor que en su estado original sin ayuda de la vara.

Así, la estructura de capital se renueva en el final de los 10 días, ahorrando e invirtiendo en el reemplazo. Después de eso, Crusoe enfrenta nuevamente la opción de tener su producción máxima de 500 bayas por día, regresando luego a 200 por día al final de 10 días más, o de ahorrar una tercera vez para tener un reemplazo cuando la segunda vara se desgaste.[2]

Si Crusoe decide no reemplazar la primera o la segunda vara, y acepta la caída futura de la producción para evitar un ahorro presente, él está consumiendo capital. En otras palabras, él está eligiendo consumir en lugar de ahorrar y mantener su estructura de capital y su tasa de producción futura. Consumir su capital permite a Crusoe aumentar su consumo ahora 450 a 500 bayas por día, pero en algún momento en el futuro (en 10 días), él se verá obligado a cortar su consumo a 200 bayas nuevamente. Es claro que lo que ha llevado a Crusoe a consumir capital es su preferencia temporal, que en este caso le ha llevado a preferir más el consumo presente que las pérdidas mayores en el consumo futuro.

Así, cualquier actor, en cualquier punto en el tiempo, tiene la opción de: (a) aumentar su estructura de capital, (b) mantener su capital intacto, o (c) consumir su capital. Las opciones (a) y (b) implican actos de ahorro. La decisión que se tome dependerá de cómo el actor sopese la desutilidad de esperar, determinada por su preferencia temporal, contra de la utilidad que será proporcionada en el futuro por el aumento de su producción de bienes de consumo.

En este punto de la discusión sobre el desgaste y reemplazo de bienes de capital podemos notar que un bien de capital rara vez conserva toda su “poder” durante la producción y luego repentinamente pierde toda su capacidad de servicio. En palabras del profesor Benham, “los bienes de capital usualmente no permanecen en perfectas condiciones técnicas y luego repentinamente colapsan, como la carroza maravillosa.”[3] La producción de bayas de Crusoe, en lugar de permanecer 500 por 10 días y luego regresar a 200 en el día 11, posiblemente disminuye a cierta tasa antes de que la vara se vuelve completamente inútil.

Otro método de mantener el capital puede ahora mostrarse disponible. Crusoe puede darse cuenta que, dedicando un poco de tiempo a reparar la vara, cortando las partes débiles, etc., puede prolongar su vida útil y continuar su producción de bayas por más tiempo. Dicho de forma breve, él puede aumentar su estructura de capital a través de reparaciones.

Aquí nuevamente él balanceará el incremento en la producción futura de los bien de consumo contra de la pérdida presente en bienes de consumo que debe soportar por emplear tiempo en las reparaciones. Hacer reparaciones requiere un acto independiente de ahorro y la decisión de ahorrar. Es totalmente posible, por ejemplo, que Crusoe decida reemplazar la vara, y trabaje para ese propósito, pero que considere que no vale la pena repararla. La decisión que toma depende de su valoración de las diferentes cantidades de producción alternativas y su tasa de preferencia temporal.

La decisión del actor sobre en qué objetos invertir dependerá de la utilidad esperada de los bienes de consumo que están por venir, de su durabilidad, y del tiempo de espera. Así, él puede primero invertir en una vara y luego decidir que no vale la pena invertir en una segunda vara; en vez de eso, sería mejor empezar a construir un hacha para obtener una casa. O él podría primero fabricar un arco y flechas para cazar animales, y después de eso comenzar a trabajar en la casa. Dado que la utilidad marginal del stock de un bien disminuye a medida que el stock aumenta, mientras más stock tenga de un bien de consumo, más probable será que el actor gaste sus nuevos ahorros en un bien de consumo diferente, ya que el segundo bien tendrá ahora una mayor utilidad marginal respecto al trabajo invertido y la espera, y la utilidad marginal del primero será menor.

Si dos bienes de consumo tienen la misma utilidad marginal esperada diaria y tienen el mismo tiempo de espera, pero uno es más duradero que el otro, entonces el actor elegirá invertir en la producción del primero. Por otro lado, si el servicio total de los dos bienes de consumo esperados es el mismo, y la duración de su período de producción es la misma, se invertirá en el bien menos durable, ya que la satisfacción total que proporciona llega antes que la del otro. También, al elegir entre invertir en uno u otro de los dos bienes de consumo, el actor, todas las otras cosas permaneciendo iguales, elige el bien con el período de producción más corto, como se ha discutido anteriormente.

Un actor continuará ahorrando e invirtiendo sus recursos en diversos bienes de consumo que se esperan obtener en el futuro, siempre y cuando la utilidad, considerada en el presente, del producto marginal de cada unidad ahorrada e invertida es mayor que la utilidad de los bienes de consumo presentes que él podría obtener al no realizar dicho ahorro. La utilidad de estos últimos—de los bienes de consumo presente a los que se renuncia—es la “desutilidad de la espera.” Una vez que esta utilidad de los últimos se hace mayor que la utilidad de obtener más bienes en el futuro a través del ahorro, el actor dejará de ahorrar.

Si permitimos una urgencia relativa de necesidades, el hombre, como ha sido demostrado anteriormente, tiende a invertir primero en aquellos bienes de consumo con procesos de producción más cortos. Por tanto, todo ahorro se invertirá ya sea en el mantenimiento de la estructura de capital presente o agregando capital a la misma en etapas de producción cada vez más y más alejadas, esto es, en procesos de producción más largos. Así, cualquier nuevo ahorro (más allá de mantener la estructura) tenderá a alargar los procesos de producción e inversión en bienes de capital de orden más y más alto.

En una economía moderna, la estructura de capital contiene bienes casi infinitamente alejados de los eventuales bienes de consumo. Anteriormente vimos las etapas de la producción de un bien relativamente muy sencillo, como un sandwich de jamón. Un obrero en una mina de hierro está de hecho muy alejado del sandwich de jamón en el sillón de Jones.

Es evidente que los problemas de medición que se observaron en las secciones anteriores probablemente plantean una grave dificultad para el ahorro y la inversión. ¿Cómo saben los actores cuando su estructura de capital está siendo aumentada o consumida, cuando los tipos de bienes de capital y de consumo son numerosas? Obviamente, Crusoe sabe cuando tiene más o menos bayas, pero ¿cómo puede una compleja economía moderna, con innumerables bienes de capital y de consumo, tomar tales decisiones? La respuesta a este problema, que también se basa en la conmensurabilidad de diferentes bienes, serán discutidos en capítulos posteriores.

Al observar la mayor producción hecha posible gracias a la utilización de bienes de capital, uno podría fácilmente llegar a atribuir algún tipo de poder productivo independiente al capital y decir que tres tipos de fuerzas productivas entran en la producción de los bienes de consumo: el trabajo, la naturaleza y el capital. Es fácil llegar a esta conclusión, pero es completamente falaz. Los bienes de  capital no tienen en sí mismos poder productivo independiente; en último análisis son completamente reducibles a mano de obra y tierra, que los producen, y tiempo. Los bienes de capital son trabajo, tierra y tiempo “almacenados”; son estaciones intermedias en el camino hacia la obtención eventual de los bienes de consumo en el que son transformados. En cada paso del camino, deben ser trabajados por mano de obra, en conjunción con la naturaleza, con el fin de continuar el proceso de producción. El capital no es un factor productivo independiente como los otros dos. Un excelente ejemplo de esta verdad ha sido proporcionada por Böhm-Bawerk:

La siguiente analogía lo aclarará perfectamente. Un hombre lanza una piedra a otro hombre y lo mata. ¿Mató la piedra al hombre? Si la pregunta se hace sin ningún énfasis especial, sin duda puede responderse que sí. Pero ¿cómo respondemos si en el juicio, el asesino se defiende diciendo que no fue él, sino la piedra quién mató al hombre? Tomando las palabras en este sentido, ¿debemos todavía decir que la piedra mató al hombre, y absolver al asesino? Es con un énfasis como éste que los economistas preguntan sobre la productividad independiente del capital. . . . No estamos preguntando sobre las causas intermedias dependientes, sino sobre los elementos independientes últimos. La cuestión no es si el capital juega un papel en la obtención del resultado productivo—como la piedra hace en matar al hombre—sino si, dado el resultado productivo, parte de él se debe al capital tan entera y peculiarmente que simplemente no se puede dar crédito a uno de los dos factores elementales reconocidos, naturaleza y trabajo.

Böhm-Bawerk responde que no, señalando que los bienes de capital simplemente son estaciones de paso en el proceso de producción, trabajadas en todas las etapas con trabajo y tierra:

Si hoy, combinando mi trabajo con las fuerzas de la naturaleza, hago ladrillos; y mañana, combinando mi trabajo con los regalos de la naturaleza, obtengo cal; y al día siguiente hago cemento, y construyo una pared, ¿puede decirse que alguna parte de la pared no fue hecha por mi y por la fuerzas de la naturaleza? Una vez más, antes de que un largo proyecto de trabajo, tal como la construcción de una casa, esté terminado, naturalmente debe estar un acabado en una cuarta parte, luego a medio terminar, luego tres cuartas partes terminado. ¿Y ahora, qué se diría si alguien describiera esas inevitables etapas del proyecto como requisitos independientes para la construcción de viviendas, y sostuviese que, para la construcción de una casa, se requiere, además de materiales de construcción y mano de obra, una casa 1/4 terminada, una casa 1/2 terminada, una casa 3/4 terminada? Tal vez en forma este ejemplo no es muy llamativo, pero en contenido es igual que elevar las etapas intermedias en el progreso del proyecto, que exteriormente toman forma de capital, al mismo nivel de agente de producción independiente, al costado de la naturaleza y el trabajo.[4]

Y esto es cierto independientemente de cuántas etapas sean o que tan remotos o alejados estén los bienes de capital de los bienes de consumo últimos.

Puesto que la inversión en bienes de capital implica mirar hacia el futuro, uno de los riesgos que el actor siempre debe hacer frente es la incertidumbre de las condiciones futuras. La producción de bienes de consumo de forma directa implica un período de producción muy corto, de modo que la incertidumbre incurrida no es tan grande como la incertidumbre en los procesos de producción más largos, incertidumbre que se vuelve más y más grande a medida que el período de producción se alarga.[5]

Supongamos que Crusoe, mientras decide invertir en la vara, cree que hay una buena posibilidad de encontrar su un bosque donde las bayas se encuentran en abundancia, que le proporcionaría 50 o más bayas por hora sin la ayuda de la vara, y también donde las bayas estarían tan cerca que no necesitaría la vara. En ese caso, mientras mayores él crea son las posibilidades de encontrar tal bosque, menos probable es que él tome la decisión de invertir en la vara, que luego no le serviría para nada. A mayor sea la duda sobre la utilidad que la vara tendrá después de estar lista, menor la probabilidad de invertir en ella, y mayor probabilidad de invertir en otro bien o de consumir en lugar de ahorrar. Podemos decir que existe cierto tipo de “descuento por incertidumbre” sobre la utilidad futura esperada de la inversión que podría ser tan grande como para inducir el actor a no invertir. El factor incertidumbre en este caso trabaja con el factor preferencia temporal desfavoreciendo la inversión, contra lo cual el actor balancea la utilidad esperada de la producción futura.

Por otro lado, la incertidumbre puede ser un estímulo para la inversión. Así, supongamos que Crusoe cree que una plaga podría destruir las bayas en breve y que si esto sucede, su producción de bayas, sin ayuda de la vara, declinaría peligrosamente. Si la plaga aparece, Crusoe estaría en gran necesidad de la vara incluso para mantener su producción al bajo nivel actual. Así, la posibilidad de que la vara pueda ser de uso aún mayor de lo que él anticipaba se sumará a la utilidad esperada de la inversión, y a mayor sea esta posibilidad ante los ojos de Crusoe, más probable será que invierta en la vara. Por tanto, el factor incertidumbre puede funcionar en ambas direcciones, dependiendo de la situación específica.

Podemos explicar el acto completo de decidir si realizar o no un acto de formación de capital como la ponderación de utilidades relativas, “descontadas” por la tasa de preferencia temporal del actor y también por el factor incertidumbre. Así, supongamos primero, a efectos de simplificación, que Crusoe, al fabricar la vara, renuncia a 10 horas equivalentes a bienes presentes, esto es, 200 bayas, y adquiriere 1500 bayas tres días más tarde, como resultado de la decisión de inversión. Si las 1500 bayas hubiesen estado inmediatamente disponibles, no habría duda de que él habría renunciado a las 200 bayas para adquirir 1500. Así, las 1500 bayas en el presente podrían ocupar el rango 4 en su escala de valores, mientras que las 200 bayas el rango 11:

Ahora, ¿cómo decide Crusoe entre 200 bayas en el presente y 1500 bayas dentro de tres días? Puesto que todas las opciones tienen que hacerse en su escala de valores, Crusoe debe evaluar la utilidad de 1500 bayas dentro de tres días contra de la utilidad de 200 bayas ahora. Si la primera es mayor (ocupa un lugar más en su valor escala) él tomará la decisión de ahorrar e invertir en la vara. Si la última es mayor, y las 200 bayas a las que renuncia tienen un valor mayor que la expectativa de 1500 bayas dentro de tres días, entonces su preferencia temporal ha resultado vencedora sobre la utilidad incrementada del stock, y no tomará la decisión de ahorro-inversión. Así, la escala del actor valor podría ser:

O podría ser:

En el caso (b) él tomará la decisión de invertir; en el caso (a) no lo hará. Podemos decir que el valor de 1500 bayas en tres días es el valor presente del bien futuro. El bien futuro esperado es descontado por el actor de acuerdo a su tasa de preferencia temporal. El valor presente de su bien futuro esperado es comparado con el valor presente del bien presente en la escala de valores del actor, y la decisión de ahorrar e invertir se toma de acuerdo a esto. Es claro que cuanto mayor sea la tasa de descuento, menor será el valor presente del bien futuro, y la mayor probabilidad de abstenerse de la inversión. Por el otro mano, mientras menor sea la tasa de descuento, mayor será el valor presente de los bienes futuros en la escala de valores del actor, y mayor la probabilidad de que tal valor sea mayor que el valor presente de los bienes a los que se renuncia, y por ende, mayor la probabilidad de hacer la inversión.

Así, la decisión de inversión será determinada por lo que sea mayor: el valor actual del bien futuro o el valor presente de los bienes a los que se renuncia. El valor presente del bien futuro, a su vez, está determinado por el valor que el bien futuro tendría (digamos, el “el valor futuro esperado del bien futuro”); y por la tasa de preferencia temporal. Cuanto mayor sea el primero, mayor será el valor presente del bien futuro; cuanto mayor sea la última (la tasa de descuento de bienes futuros comparados con bienes presentes), menor será el valor actual.

En cualquier punto en el tiempo, un actor tiene una serie de decisiones de inversión abiertas a él de diferentes utilidades potenciales para los productos que serán obtenidos.[6] Él también tiene cierta tasa de preferencia temporal con la cual él descontará esas utilidades futuras esperadas a su valor presente. Cuanto decida ahorrar e invertir en cualquier período será determinado comparando esos valores presentes con el valor de los bienes de consumo a los que se renuncia mientras se toma la decisión de inversión. A medida que él toma una decisión de inversión después de otra, él elegirá asignar sus recursos primero en las inversiones de mayor valor presente, luego a las del siguiente valor más alto, etc. A medida que continúa invirtiendo (en cualquier tiempo dado), el valor presente de las utilidades futuras se reducirá. Por otra parte, ya que él está renunciando a una cada vez mayor y mayor oferta de bienes de consumo en el presente, la utilidad de los bienes de consumo a los que renuncia (ocio y otros) aumentará—sobre la base de la ley de la utilidad marginal. Él dejará de ahorrar e invertir en el punto en el que el valor de los bienes a los que se renuncia supera el valor presente de las utilidades futuras que serán derivadas. Esto determinará la tasa de ahorro e inversión del actor en cualquier momento.

Es evidente que el problema surge de nuevo: ¿Cómo pueden los actores decidir y comparar tasas de preferencia temporal para los innumerables bienes posibles en una economía compleja y moderna? Y aquí también, la respuesta para una economía compleja radica en establecer conmensurabilidad entre todos los diversos productos, presentes y futuros, como se verá en capítulos posteriores.

Ahora, el factor incertidumbre entra en la decisión del actor de una manera u otra. El delicado procedimiento de sopesar todos los diversos factores en la situación es un proceso complejo que tiene lugar en la mente de todo actor de acuerdo a su comprensión de la situación. Se trata de una decisión que depende puramente del juicio individual, de estimaciones subjetivas, de cada actor. La “mejor” decisión no puede ser exactamente, o cuantitativamente, decidida de antemano con métodos objetivos. Este proceso de pronosticar las condiciones futuras que ocurrirán en el transcurso de su acción debe ser asumido por todo actor. Esta necesidad de adivinar el curso de las condiciones relevantes y su posible cambio durante la acción venidera se conoce como empresarialidad. Así, por lo menos en cierta medida, todo hombre es un empresario. Cada actor hace una estimación de la incertidumbre respecto a su acción futura.

Los conceptos de éxito o fracaso en empresarialidad son deducibles así de la existencia de la acción. El empresario relativamente exitoso es el que adivinó correctamente los cambios en las condiciones que ocurrieron durante la acción, e invirtió de acuerdo a ello. Él es el Crusoe que decidió no fabricar la vara porque su juicio le decía que pronto encontraría un bosque con bayas, que él luego encuentra. Por otro lado, el empresario relativamente poco exitoso es el que se equivocó mucho en su pronóstico de los cambios relevantes en las condiciones que ocurren durante el curso de su acción. Es el Crusoe que no pudo proveerse de una vara contra la plaga. El actor éxitos, el empresario exitoso, realiza estimaciones correctas; el empresario que fracasa es el que realiza estimaciones erróneas.

Supongamos ahora que la inversión ya se ha hecho, y los bienes de capital ya se han construido con miras a una meta determinada, cuando condiciones cambiantes revelan que se ha cometido un error. El actor se enfrenta entonces con el problema de determinar qué hacer con los bienes de capital. La respuesta depende de la convertibilidad del bien de capital. Si el bien pierde todo su valor en el uso para el que estaba destinado, el actor, a pesar de haber cometido un error al invertir en él, ahora lo tiene en sus manos y tiene que aprovecharlo de la mejor manera posible. Si hay otro uso al que el actor convenientemente puede transferir el bien de capital, él lo hará. Así, si Crusoe se da cuenta que un bosque nuevo ha hecho que su vara ya no sea útil para recoger bayas, él podría utilizarla como bastón. Él no habría invertido en él si originalmente hubiera sabido que sería inútil para recoger bayas, pero ahora que lo tiene, lo convierte a su uso disponible más urgente. Por otro lado, él podría crear que apenas vale la pena reemplazar la vara, ahora que es utilizable sólo para caminar. O, después de trabajar 50 horas y construir un hacha, él puede encontrar una casa dejada por un habitante anterior. El hacha, sin embargo, puede ser convertible a usos de valor un poco más bajo—digamos, la construcción de un arco y flechas para la caza o la construcción de un bote de pesca. El hacha puede ser tan importante en esos usos que Crusoe aún trabajará para reemplazarla y mantenerla en funcionamiento.

Es claro que el stock acumulado de bienes de capital (o, para tal caso, los bienes de consumo duraderos) tiene un efecto conservador en la acción presente. El actor en el presente está influenciado por sus (o las de otros) acciones del pasado, incluso si estas últimas fueron hasta cierta medida en error. Así, Crusoe podría encontrar un hacha ya disponible, fabricada por un habitante anterior. Podría no ser el tipo de hacha que quiere Crusoe. Sin embargo, él podría decidir, si es un hacha útil, usarla como bien de capital y esperar hasta que se gaste para reemplazarla con una de su elección. Por otro lado, él podría creer que el hacha sirve tan poco que comienza inmediatamente a trabajar en su propia hacha.

El efecto conservador del pasado ejerce una influencia similar en el asunto de la ubicación, otro aspecto del mismo problema. Así, Crusoe puede haber ya construido su casa, limpiado el campo, etc., en una parte de la isla. Luego, un día, caminando alrededor de la isla, encuentra una parte en el otro lado con mayores ventajas para la pesca, las frutas, etc. Si él no hubiese invertido en bienes de capital o bienes de consumo duraderos, inmediatamente cambiar su ubicación al área más abundante. Sin embargo, ya ha invertido en ciertos bienes de capital: algunos, como el hacha, son fácilmente convertibles a la nueva ubicación; otros, como el campo allanado y la casa, no son convertibles en su ubicación. Por lo tanto, él tiene que decidir, en su escala de valores, sobre las ventajas y desventajas de mudarse: el pescado y frutos más abundantes frente a la necesidad de trabajar para construir una nueva casa, allanar el nuevo campo, etc. Él podría decidir, por ejemplo, quedarse en la casa y el campo allanado hasta que se desgasten, sin hacer mantenimiento, y luego trasladarse a la nueva ubicación.

Si el actor decide abandonar el capital no convertible, tal como la vara o el campo allanado, en favor de producir otros bienes de capital y consumo, él no está, como algunos podrían pensar, desperdiciando sus recursos al permitir una “capacidad ociosa” de sus recursos. Cuando Crusoe abandona su campo allanado, su vara o su casa (que puede ser considerada en este contexto como equivalente a capital), está abandonando capital no convertible para utilizar su trabajo en combinación con elementos naturales o bienes de capital que él cree le proporcionarán una utilidad mayor. Similarmente, si decide no adentrarse en la selva por las bayas, él no está “desperdiciar” su oferta no convertible de tierra-y-bayas, porque él considera que hacerlo tiene una utilidad mucho menor que otros usos que él podría hacer de su mano de obra y tiempo. La existencia de un bien de capital que no está en uso revela un error cometido por el actor o por otro anterior en el pasado, pero indica que el actor espera adquirir mayor utilidad de otros usos de su trabajo de la que obtendría continuando el bien de capital en su uso originalmente previsto o convirtiéndolo a algún otro uso.[7]

Esta discusión proporciona la clave para el análisis de cómo los actores emplean los factores de producción originales que proporciona la naturaleza. En muchos casos, los actores pueden elegir entre los diversos elementos proporcionados por la naturaleza. Así, supongamos que Crusoe, en sus exploraciones de la isla, encuentra que entre las posibles ubicaciones donde puede instalarse, algunas son abundantes en producción de bayas (dejando a un lado la producción de otros bienes de consumo), otras no tanto, y algunas inútiles y estériles. Claramente, otras consideraciones permaneciendo iguales, él se asentará en la más fértil—la “mejor” tierra—y empleará este factor según lo determine la utilidad de su producto, la posibilidad de invertir en bienes de capital útiles para la tierra, el valor que él da al ocio, etc. Las tierras más pobres permanecerán sin uso. Como se ha indicado anteriormente, esto es de esperar; no hay razón para sorprenderse frente a la evidencia de “recursos no utilizados.” Por otro lado, si las mejores áreas se agotan, entonces Crusoe utilizará algunas de las siguientes mejores áreas, hasta que la utilidad de la oferta ya no pueda superar la utilidad del ocio al que se renuncia. (“el siguiente mejor” incluye todos los factores relevantes, tales como la productividad, fácil acceso a las mejores tierras, etc.)

Las áreas de uso potencial, pero que el actor elige no usar porque “no sale a cuenta” en términos de la utilidad a la que se renuncia, se denominan áreas submarginales. Ellas no son objetos de acción por el momento, pero el actor las tiene en mente para un posible uso futuro.

Por otro lado, la isla podría ser tan pequeña o infértil que todas las tierras útiles y el agua de Crusoe deben ser presionadas en uso. Así, Crusoe podría tener que explorar toda la isla para lograr su producción diaria de 200 bayas. En ese caso, si los recursos de Crusoe son tales que siempre tiene que emplear todos los posibles factores útiles dados por la naturaleza, es evidente que el actor está muy cerca del nivel de mera subsistencia.

En aquellos casos en que los factores dados por la naturaleza son trabajados, “mejorados,” y mantenidos por el trabajo humano, son, en efecto, transformados en bienes de capital. Así, la tierra que ha sido despejada, labrada, arada, etc., por el trabajo humano, se ha convertido en un bien de capital. Esa tierra es un bien producido, y no un bien originalmente dado. Las decisiones acerca de si, y en qué medida, se debe mejorar el suelo, o de si se debe mantener o extraer el máximo de bienes de consumo en el presente, a expensas de pérdidas futuras (“erosión”), tienen la misma forma que todas las decisiones de formación de capital. Ellas dependen de la comparación de la utilidad esperada de la producción futura, contra la utilidad de los bienes de consumo presentes a los que se renuncia.

Está claro que la formación de capital y, su acompañante natural, el alargamiento del período de producción de prolongan el período de aprovisionamiento del actor. La formación de capital alarga el período en el futuro que él está aprovisionando para satisfacer las necesidades. La acción implica la anticipación de las necesidades que se sentirán en el futuro, una estimación de su urgencia relativa, y un procedimiento para satisfacerlas. A más capital se invierta, más largo será el período de aprovisionamiento. Los bienes que se consumen directamente y en el presente se denominan bienes presentes. Un bien futuro es la expectativa presente de disfrutar un bien de consumo en algún momento en el futuro. Un bien futuro puede ser un derecho sobre bienes de consumo futuros, o puede ser un bien de capital, que será transformado en un bien de consumo en el futuro. Desde que un bien de capital es una estación de paso (y los factores dados por la naturaleza son estaciones originales) en la ruta hacia los bienes de consumo, los bienes de capital y los factores dados por la naturaleza son ambos bienes futuros.

De manera similar, el período de aprovisionamiento puede prolongarse por el alargamiento de la duración de la vida útil de los bienes de consumo que están siendo producidos. Una casa tiene más larga durabilidad que un cultivo de bayas, por ejemplo, y al invertir Crusoe en ella alarga considerablemente su periodo de aprovisionamiento. Un bien de consumo durable se consume sólo parcialmente día a día, de modo que el consumo de cada día es un bien presente, mientras que el resto del stock es un bien futuro. Así, si se construye una casa que durará 3000 días, un día de uso consumirá 1/3000 de ella, mientras que el resto será consumido en el futuro. Una tres-milésima de la casa es un bien presente, mientras que la parte restante es un bien futuro.[8]

Puede añadirse que otro método de alargar el período de producción es la simple acumulación de stocks de bienes de consumo para ser consumidos en el futuro, en lugar del presente. Por ejemplo, Crusoe podría ahorrar un stock de 100 bayas para ser consumidas en unos días o una semana más tarde. Esto a menudo se conoce como ahorro simple, para distinguirlo del ahorro capitalista, en el cual el ahorro entra en el proceso de formación de capital.[9] Vemos, sin embargo, que no existe diferencia esencial entre los dos tipos de ahorro y que el ahorro simple también es ahorro capitalista porque también resulta en formación de capital. Debemos tener en mente el hecho muy importante de que el concepto de “bien” se refiere a algo cuyas unidades el actor cree le pueden proporcionar el mismo servicio. No se refiere a las características físicas o químicas del bien. Recordemos nuestra crítica a la objeción falaz popular contra el hecho universal de la preferencia temporal—que, para cualquier invierno dado, hielo-en-verano se prefiere a hielo-en-invierno.[10] Ese no es un caso de preferir el consumo del mismo bien en el futuro en vez de en el presente. Si Crusoe tiene un stock de hielo en el invierno y decide “ahorrar” algo hasta el próximo verano, eso significa que “hielo en el verano” es un bien diferente, con diferente intensidad de satisfacción que “hielo en el invierno,” a pesar de sus similitudes físicas. El caso de las bayas o cualquier otro bien es similar. Si Crusoe decide posponer el consumo de una parte de su stock de bayas, esto tiene que significar que esa parte tendrá una mayor intensidad de satisfacción si se consume después en vez de ahora—suficientemente mayor, de hecho, para superar su preferencia temporal por el presente. Las razones de tal diferencia pueden ser numerosas, como gustos antes establecidos y condiciones de la oferta en esa fecha futura. En cualquier caso, las “bayas-consumidas-dentro-de una-semana” se convierten en un bien más valorado que las “bayas-consumidas-ahora,” y el número de bayas que se desplazarán del consumo de hoy al consumo de la próxima semana será determinado por el comportamiento de la utilidad marginal decreciente de las bayas de la próxima semana (a medida que la oferta se incrementa), la utilidad marginal creciente de las bayas de hoy (a medida que la oferta disminuye), y la tasa de preferencia temporal. Supongamos que como resultando de esos factores, Crusoe decide desplazar 100 bayas para ese propósito. En ese caso, esas 100 bayas son removidas de la categoría de bienes de consumo y desplazadas a la de bienes de capital. Éste es el tipo de bienes de capital, sin embargo, que, como el vino, sólo necesitan tiempo de maduración para convertirse en bienes de consumo, sin gasto de mano de obra (excepto la mano de obra adicional para almacenar y desalmacenar las bayas).

Es claro, por tanto, que la acumulación de un stock de bienes de consumo también es ahorro que va a la formación de capital.[11]Los bienes ahorrados se convierten inmediatamente en bienes de capital, que posteriormente maduran en bienes de consumo más valorados. No hay diferencia esencial entre los dos tipos de ahorro.


[1]En este sentido, la vara podría ser llamada un “dispositivo de ahorro de trabajo,” aunque la terminología es algo engañosa. “Ahorra trabajo” sólo en la medida en que el actor elija tomar el aumento de la productividad en la forma del ocio.

[2]Es necesario enfatizar que actos independientes de ahorro son necesarios para el reemplazo de los bienes, ya que varios escritores (por ejemplo, J.B. Clark, Frank H. Knight) tienden a asumir que, una vez producido, el capital, de alguna manera mística, se reproduce a sí mismo sin necesidad de más actos de ahorro.

[3]Consultar Frederic Benham, Economía (Nueva York: Pitman Publishing, 1941), p. 162.

[4]Böhm-Bawerk, La Teoría Positiva del Capital, pp. 95-96. Ver también Mises, La Acción Humana, pp. 480-90, y pp. 476-514.

[5]Esta incertidumbre es un sentimiento subjetivo (un “corazonada” o suposición) y no puede medirse de ninguna manera. Los esfuerzos de muchos escritores populares de aplicar “teoría de probabilidad” matemática a la incertidumbre de eventos históricos futuros son completamente inútiles. Consultar Mises, La Acción Humana, pp. 105-18.

[6]Que tal serie de decisiones de inversión que le permiten alcanzar mayor producción futura tenga que estar siempre abierta a él es una verdad fundamental derivada de la acción humana. Si no estuviesen abiertas a él, significaría que el hombre no puede (o mejor dicho, cree que no puede) actuar para mejorar su situación, y por lo tanto no habría posibilidad alguna de acción. Puesto que ni siquiera podemos concebir la existencia humana sin acción, se deduce que las “oportunidades de inversión” están siempre disponibles.

[7]Sobre el “cuco” de la “capacidad ociosa,” ver Benham, Economía, pp. 147-49.

[8]Consultar Böhm-Bawerk, La Teoría Positiva del Capital, pp. 238-44.

[9]El ahorro simple no debe ser confundido con un ejemplo anterior, cuando Crusoe ahorraba stocks de bienes de consumo para ser consumidos mientras trabajaba en la producción de capital.

[10]Ver la nota 15.

[11]El período de producción será igual a la diferencia de tiempo entre el acto de ahorro y el acto de consumo futuro, como en todos los otros casos de inversión.


Traducido del inglés por Dante Bayona.

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