Introducción a la segunda edición de Hombre, economía y estado

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Murray Rothbard comenzó a trabajar este magnum opus el primero de enero de 1952.[1] El 5 de mayo de 1959 Rothbard escribió a su mentor, Ludwig von Mises, informándole, “È Finito!”[2] Los más de siete años que tomó a Rothbard completar Hombre, Economía y Estado transcurrieron durante, lo que hasta ese momento fue, una de las décadas más estériles y regresivas en la historia de la economía científica, remontándose hasta su nacimiento como ciencia en el tratado sistemático de Richard Cantillon publicado en 1755.[3] En vista de la degeneración progresiva del pensamiento económico a lo largo de la década de 1950, la eventual publicación del tratado de Rothbard en 1962 fue un hito en el desarrollo de la teoría económica sólida y un evento que rescató a la ciencia de su auto-destrucción.

La era de la economía moderna surgió con la publicación del trabajo seminal de Carl Menger, Principios de Economía, en 1871. En ese pequeño libro, Menger estableció el enfoque correcto para la investigación teórica en economía y elaboró ​​algunas de sus implicaciones inmediatas. En particular, Menger trató de identificar la leyes causales que determinaban los precios que él observaba estaban siendo pagando todos los días en mercados reales.[4] Su objetivo declarado era formular una teoría de precios realista que ofreciera una explicación integrada de la formación de los fenómenos de mercado válida para todos los tiempos y lugares.[5] Sus investigaciones lo llevaron al descubrimiento de que todos los precios de mercado, los salarios, las rentas y tasas de interés podían en última instancia ser rastreadas a las decisiones y acciones de los consumidores tratando de satisfacer sus necesidades más importantes “economizando” recursos escasos o “bienes económicos.” Así, para Menger, todos los precios, alquileres, salarios y tasas de interés fueron el resultado de los juicios de valor de los consumidores individuales que eligieron entre unidades concretas de los diferentes bienes de acuerdo con sus valores subjetivos o “utilidades marginales” para usar el término acuñado por su alumno Friedrich Wieser. Con esta idea nació la economía moderna.

La aproximación causal-realista de Menger a la teorización económica rápidamente comenzó a atraer importantes seguidores tanto en Austria y, más tarde, a lo largo de Europa Continental y los países de habla inglesa. Lo que llegó a ser conocida como la “Escuela Austriaca” creció rápidamente en prestigio y en número, y al rededor de la Primera Guerra Mundial la investigación teórica basada en el enfoque causal-realista era considerada la vanguardia de la ciencia económica. Por diversas razones, la escuela sufrió un descenso sorprendentemente rápido, especialmente en Gran Bretaña y Estados Unidos, pero también en Austria, después de la guerra. En la década de 1920, el enfoque causal-realista había sido eclipsado por el enfoque de equilibrio parcial de Alfred Marshall en Gran Bretaña, los EE.UU., e incluso partes de Europa continental. Su suerte se redujo aún más con la importación del enfoque matemático de equilibrio general de Léon Walras en el mundo de habla inglesa a principios de 1930. Un poco más tarde el enfoque de Menger fue casi sepultado por la revolución keynesiana. Y a la llegada de la Segunda Guerra Mundial ya no existía una red consciente de sí misma, institucionalmente integrada de economistas comprometidos activamente con la enseñanza e investigación en la tradición mengeriana.[6]

Después de la Segunda Guerra Mundial, una nueva y sofocante ortodoxia conocida como “síntesis neoclásica” se estableció sobre la economía, especialmente en los Estados Unidos. Esta denominada “síntesis” era en realidad una mezcla confusa de los tres enfoques diferentes que eclipsaron el enfoque causal-realista mengeriano en la período entre las guerras. Mezclaba los enfoques marshalliano y walrasiano sobre determinación de precios con macroeconomía keynesiana. Los dos primeros enfoques centrados estrechamente en el análisis de determinación de precios de equilibrio irreales en mercados individuales (equilibrio parcial) o en todos los mercados de forma simultánea (equilibrio general). La macroeconomía keynesiana negaba la eficacia del sistema de precios en la coordinación de diversos sectores de la economía frente a una “falla de demanda agregada.” Esta última condición se suponía causó la Gran Depresión y fue además señalada por Keynes y sus seguidores como una característica endémica de la economía de mercado. La síntesis neoclásica entonces proclamó que el sistema de precios funcionaba de manera eficiente para asignar recursos escasos sólo si el gobierno empleaba la política fiscal y monetaria para mantener un nivel de demanda agregada o gasto total en la economía que fuese suficiente para absorber un nivel de producción de pleno empleo.

Esta nueva ortodoxia también promovió la hiper-especializa­ción y desintegración correspondiente de la ciencia económica en una colección desordenada de subdisciplinas compartimentadas. Incluso el centro teórico de la economía fue dividido en “microeco­nomía” y “macroeconomía,” pues estaban aparentemente muy poco relacionadas. Proliferaron revistas especializadas y eso resultó en un cambio radical en la cultura de la investigación, con un premio a la escritura y lectura de los últimos artículos de las revistas. Los pocos libros que eran publicados eran monografías técnicas o libros de texto para tontos; la era del gran tratado sistemático de teoría económica había terminado.[7]

Casi el único bastión contra esta revolución intelectual fue Ludwig von Mises. Con la publicación en 1940 de Nationalökonomie, precursora en alemán de La Acción Humana, Mises por sí mismo recuperó y avanzó en gran medida el sistema causal-realista de teoría económica.[8] En particular, integró la teoría mengeriana del valor y precios con su propia reformulación temprana de teoría monetaria. Además, proporcionó un fundamento riguroso para todo el sistema de la teoría económica en una ciencia más amplia de acción humana que él mismo había expuesto en trabajos anteriores y que ahora había elaborado más. Esta ciencia de la acción humana él ahora llamaba “praxeología.” Desafortunadamente, el gran tratado de Mises fue casi totalmente ignorado por la profesión económica después de la guerra.[9] Sin embargo, aunque no pudo inspirar una renovación inmediata del movimiento científico mengeriano, La Acción Humana sentó las bases para su posterior renacimiento. Este renacimiento fue iniciado con la publicación de Hombre, Economía y Estado en 1962.[10]

Cuando Rothbard comenzó a trabajar en lo que se convertiría en un tratado completo, concibió el proyecto como un libro adecuado para lectores no especializados y para la instrucción universitaria que traería “a la superficie y [aclararía] la naturaleza paso-a-paso del edificio que Mises había construido pero que más o menos había dado por sentado que sus lectores entenderían.”[11] Esto era necesario debido a que La Acción Humana fue dirigida a un público académico, y por eso Mises suponía una gran familiaridad entre sus lectores con muchos de los conceptos y teoremas de lo que él llamaba “moderna economía subjetivista.” Así Rothbard quería “hacer por Mises lo que McCulloch hizo por Ricardo,” es decir, hacer su trabajo comprensible para un lector inteligente común.[12]

Pero Rothbard rápidamente se dio cuenta que su plan original estaba equivocado y tenía que ser abandonado por tres razones. En primer lugar el tradicional formato de libro texto estaba muy desorganizado en su disposición y tratamiento de diversos temas para acomodar el desarrollo de la teoría económica en la manera lógica paso-a-paso que Rothbard había imaginado. Como tal, era inadecuada para transmitir un “sentido de gran alcance, de sistema coherente de integración y que impregna todos los aspectos de la doctrina económica fuerte.”[13] En segundo lugar, Rothbard descubrió que existían “muchas lagunas” en el “sistema económico” de Mises que tendría que “llenar” él mismo.[14] Además, las deducciones paso-a-paso de Rothbard lo llevaron a la conclusión de que la teoría de monopolio de Mises, que era seguida por la mayoría de los economistas en la tradición mengeriana, estaba irreparablemente equivocada y tenía que ser completamente revisada. El libro entonces estaba “involucrando una gran cantidad de contribuciones originales” de Rothbard. En tercer lugar, a medida que avanzaba escribiendo el libro, Rothbard fue al mismo tiempo investigando la literatura y leyendo ampliamente, y empezó a darse cuenta de que La Acción Humana surgió de una tradición muy amplia que incluía muchos economistas además de Mises y sus famosos predecesores y protégés directos (por ejemplo, Friedrich A. Hayek) en la Escuela Austriaca nativa. También, a medida que Rothbard leía y  escribía se hizo cada vez más claro para él que las diversas ramas de esta tradición teórica, que incluía varias importantes contribuciones estadounidenses y británicas, además de las grandes obras austriacas, aún no habían sido completamente integradas y sus principios completamente delineados en un tratado sistemático. En consecuencia, Rothbard concluyó, “muchos puntos esenciales deben deducirse originalmente o con la ayuda de otras obras” y por lo tanto, “el libro no puede simplemente parafrasear La Acción Humana.”[15] El libro de Rothbard se transformó así, en el proceso mismo de su escritura, de una exposición directa de los principios de la doctrina recibida de la Escuela estrechamente concebida en un tratado elaborando un sistema completo de teoría económica, presentando muchas deducciones y teoremas originales, e incluso radicalmente nuevos.

Mises se reconoció de inmediato la profunda originalidad y significancia de la contribución de Rothbard. En su review de Hombre, Economía y Estado, Mises escribió que Rothbard

se une a las filas de los economistas eminentes con la publicación de una obra voluminosa, un tratado sistemático sobre la economía. . . . En cada capítulo de su tratado, Rothbard . . . adopta las mejores enseñanzas de sus predecesores . . . y agrega a ellas observaciones muy importantes. . . .[16]

Mises llegó a caracterizar la obra de Rothbard como

. . . una contribución de época a la ciencia general de la acción humana, la praxeología, y a su prácticamente más importante y hasta ahora mejor elaborada parte, la economía. En adelante, todos los estudios esenciales en estas ramas del conocimiento tendrán que tomar plenamente en cuenta las teorías y críticas expuestas por el Dr. Rothbard.[17]

Dados los exigentes estándares académicos de Mises y su bien conocida parsimonia para dar elogios a contribuciones científicas, este es de hecho un gran elogio, para un libro publicado por un economista de treinta y seis años de edad.[18] De forma más importante, Mises evidentemente vio el trabajo de Rothbard como el comienzo de una nueva época en la ciencia económica moderna.

Rothbard mismo no se mostró reacio a indicar los aspectos en los que su tratado se había separado, o avanzado, del trabajo de Mises. Entre las innovaciones teóricas más resaltantes de Rothbard se encuentran la formulación de una teoría completa e integrada de la producción. Anteriormente, la teoría de producción en el análisis causal-realista estaba en desorden y consistía en una serie de ideas independientes y contradictorias que trataban el capital y el interés, la teoría de la productividad marginal, la teoría de la renta, la empresa­rialidad, etc. de forma aislada. Un tanto sorprendido por esta enorme brecha en teoría de la producción, Rothbard comentó:

Mises tiene muy pocos detalles sobre la teoría de la producción, y a consecuencia de ello me tomó varios intentos fallidos y mucho de lo que resultó ser esfuerzo en vano, antes de llegar a lo que me satisfizo como una buena teoría de producción. (Ha implicado una emancipación del 90 por ciento de los libros texto actuales.)[19]

En Hombre, Economía y Estado, Rothbard elabora un tratamiento unificado y sistemático de la estructura de la producción, la teoría del capital y el interés, los precios de los factores, la teoría de la renta, y el papel de la iniciativa empresarial en la producción. Además, la teoría de la producción se presenta como parte del núcleo del análisis económico y cubre cinco de los doce capítulos del libro y aproximadamente el 30 por ciento del texto. Uno de los mayores logros de Rothbard en la teoría de la producción fue el desarrollo de una teoría de capital y el interés que integraba el análisis temporal de estructura de producción de Knut Wicksell y Hayek con la teoría de preferencia temporal pura expuesta por Frank A. Fetter y Ludwig von Mises. Aunque las raíces de estas dos ramas de pensamiento se remontan al trabajo de Böhm-Bawerk, su exposición estaba confundida y dio lugar a contradicciones aparentemente insalvables entre las dos.[20] Ellas fueron posteriormente desarrollándose por separado hasta que Rothbard reveló su conexión lógica inherente.

A pesar de los elogios de Mises para el libro como un avance de época en la ciencia económica, así como el reconocimiento general entre muchos adherentes, observadores y críticos del movimiento austriaco contemporáneo de que Hombre, Economía y Estado es de hecho el fundamento del renacimiento de la economía austriaca moderna, hay dos cuestiones cruciales sobre el libro que, sorprendentemente, nunca han sido tratadas, y menos resueltas. La primera pregunta se relaciona con el sentido preciso en el que el tratado de Rothbard puede describirse como un trabajo de “economía austriaca” y cómo Rothbard mismo concibió la conexión entre su tratado y ese cuerpo de doctrina recibida. La segunda cuestión se refiere a la percepción de Rothbard de la relación entre el sistema teórico expuesto en su tratado y la síntesis neoclásica de los años 1950. Como veremos, las respuestas a estas preguntas no son sólo sorprendentes, sino que están llenas de implicancias para la interpretación de la evolución reciente de la economía austriaca y la evaluación de sus posibilidades futuras y perspectivas.

Antes de abordar la cuestión de la filiación doctrinal entre Hombre, Economía y Estado, y la economía austriaca, es instructivo examinar la actitud de Mises hacia la Escuela Austriaca, porque no es tan sencillo como generalmente se supone y claramente influenció la opinión de Rothbard. Tan temprano como en 1932, Mises argumentaba que todas las ideas esenciales de la Escuela Austriaca de Economía habían sido absorbidas en la corriente principal de lo que él llamaba “economía subjetivista moderna.”[21] De acuerdo a Mises,

la Escuela Austriaca, la Escuela Anglo-americana y la Escuela de Lausana . . . sólo difieren en su modo de expresar la misma idea fundamental y . . . están divididas más por su terminología y peculiaridades de presentación que por la sustancia de sus enseñanzas.[22]

Ahora, ciertamente esa opinión fue pronunciada en una conferencia de economía en Alemania, que contó con mucha presencia de los aún muy influyentes seguidores de la escuela histórica alemana que era antagónica a la teoría económica de todo tipo. Ciertamente, puede ser razonablemente argumentado que, dado ese escenario, los comentarios de Mises pretendían ser una defensa genérica de la investigación teórica en economía. De hecho, un año antes Mises había escrito,

Dentro del campo de la economía moderna, la Escuela Austriaca ha demostrado su superioridad frente a la Escuela de Lausana y las escuelas relacionadas a ella, que favorecen formulaciones matemáticas, clarificando la relación causal entre valor y costo, y al mismo tiempo evitando el concepto de función, que en nuestra ciencia es algo engañoso.[23]

A pesar de la advertencia anterior, Mises siguió sosteniendo que la etiqueta “Escuela Austriaca” era un anacronismo, argumentando en la última publicación de su carrera en 1969, que la Escuela Austriaca era un capítulo cerrado en la historia del pensamiento económico para el tiempo de la muerte de Menger en 1921. Para ese tiempo, según Mises,

todas las ideas esenciales de la escuela austriaca fueron aceptadas ampliamente como parte integral de la teoría económica . . . [Y] uno ya no distingue entre Escuela Austriaca y otra economía. La denominación “Escuela Austriaca” fue el nombre dado a un capítulo importante de la historia del pensamiento económico; ya no era el nombre de un grupo específico con doctrinas diferentes a las sostenidas por otros economistas.[24]

Como se ha señalado, Mises usó el término “moderna eco­nomía subjetivista” para describir la nueva síntesis de enfoques teóricos que él creía había empezado a surgir en la década de 1920. Hay dos problemas con esta denominación, lo que puede explicar la actitud ambivalente de Mises sobre la inclusión de la escuela marshalliana y de Lausana bajo esa denominación. En primer lugar, alrededor de la Primera Guerra Mundial la mayoría de los economistas teóricos seguían, por lo menos de palabra, alguna versión de la teoría subjetiva del valor, por lo que el subjetivismo ya no era una característica distintiva de un enfoque único para investigación teórica. En segundo lugar, como hemos visto en nuestro propio tiempo, el término subjetivismo es un término notoriamente elástico que se puede expandir para denotar incluso el enfoque nihilista a la teoría económica propuesto por George Shackle, el tardío Ludwig Lachmann, y una serie de economistas post-modernistas y hermenéuticos.[25]

Rothbard evidentemente seguía a Mises al interpretar el término “Escuela Austriaca” como designación de un importante movimiento en la historia del pensamiento económico. En el texto de Hombre, Economía y Estado, Rothbard utiliza los términos “Austriaco” o “Escuela Austriaca” al menos diez veces entre comillas, como naturalmente él hubiera hecho refiriéndose a un movimiento que tenía sólo una importancia histórica para el lector contemporáneo. Las pocas veces que utiliza estos términos sin comillas, se refiere claramente a doctrinas históricas o controversias tales como “la teoría de precios Austro-Wicksteediana” o la Escuela Austriaca versus Alfred Marshall sobre la relación entre los precios y los costos. La única vez que Rothbard menciona “austriaco” en su Prólogo a la primera edición, lo hace en la frase “los economistas ‘austriacos,’” colocando la palabra entre comillas y usándola en una oración con los verbos en tiempo pasado.[26]

Esta exégesis textual no significa que Rothbard no consideraba su trabajo como continuando la gran tradición originada por los economistas austriacos tempranos. De hecho Rothbard escribió

el mito entre los economistas de que la Escuela Austriaca está muerta y no tiene nada más que aportar, y que todo lo de valor duradero que tenía para ofrecer fue recogido e integrado en los Principios de Alfred Marshall.[27]

En lugar de eso, el punto es que el objetivo de Rothbard era recuperar y avanzar una tradición doctrinal más amplia, de la cual los trabajos de Menger y Böhm-Bawerk eran indiscutiblemente la raíz principal. Así en su prefacio, Rothbard afirmó: “Este libro es, entonces, un intento de llenar parte de la enorme brecha de 40 años.”[28] La “brecha” a la que Rothbard se refiere aquí es la publicación separa de Hombre, Economía y Estado y la de los tres últimos tratados sistemáticos de economía que aparecieron en Inglés, de Philip Wicksteed (1910), Frank Fetter (1910), y Frank Taussig (1911).[29] Los tratados de Wicksteed y Fetter, en particular, estaban en lo que Rothbard llamaba “la tradición praxeológica.” Su proceder, igual que el de Rothbard, era “lenta y lógicamente construir sobre unos axiomas básicos un edificio integrado y coherente de verdad económica.”[30] La razón principal por la que su tratado contiene numerosas referencias a la Escuela Austriaca histórica fue que Rothbard consideró a los miembros de esta escuela como los que “mejor percibieron ese método y lo utilizaron de la forma más completa y convincente. Eran los empleadores clásicos, dicho de forma breve, del método ‘praxeológico.’”[31]

En contraste con la “moderna economía subjetivista” de Mises, la referencia de Rothbard al “método praxeológico” delineó un línea entre los que empleaban procedimiento de Menger para deducir de forma lógica las leyes económicas de algunos hechos básicos de la realidad y esos que no lo hacían así. La “Praxeología” era la elaboración explícita y consciente de Mises de este venerable procedimiento para el descubrimiento de las leyes causales que rigen los fenómenos del mercado. La Escuela Austriaca temprana y sus seguidores, e incluso algunos de los mejores economistas clásicos, habían utilizado ese método de investigación sin ser plenamente conscientes de ello. El método praxeológico comienza con la realidad auto-evidente de la acción humana y sus implicaciones inmediatas. A continuación, se introducen otros postulados empíricos que reflejan las condiciones concretas de la acción de la que surgen los fenómenos del mercado históricamente específicos que el economista pretende analizar. Es, por tanto, necesariamente acerca de cosas reales. Es por esta razón que no tiene uso para ficciones como la “firma representativa,” “el mercado perfectamente competitivo,” o “la función de bienestar social”; ni tampoco que se preocupa por la existencia, unicidad y estabilidad del equilibrio general.

El uso altamente selectivo que el método praxeológico hace de construcciones imaginarias tiene un único objetivo: la elaboración sistemática de un cuerpo unificado de teoría que contenga proposiciones significativas acerca de las causas de los fenómenos económicos en el mundo tal como es, ha sido, o probablemente sea. Como Mises dijo, el método praxeológico,

…estudia la acción bajo condiciones no realizadas y no realizables sólo desde dos puntos de vista. Trata con situaciones que, aunque no reales en el presente y el pasado, podrían llegar a ser reales en un futuro. Y analiza las condiciones irreales e irrealizables si tal investigación es necesaria para una comprensión satisfactoria de lo que está pasando bajo las condiciones presentes en la realidad.[32]

Mises concluyó: “El método específico de la economía es el método de construcciones imaginarias. . . . es el único método de investigación praxeológica y económica.”[33]

Rothbard tomó seriamente el dictum de Mises y durante siete años se sumergió en el uso y perfeccionamiento de este método elaborando un sistema integrado de la teoría económica. Esto explica por qué Rothbard identificó el uso del método praxeológico, en lugar de una orientación subjetivista relajada, como la marca y la prueba de fuego de la ciencia económica. Durante el largo período de esfuerzo sostenido en la escritura del presente volumen, Rothbard por tanto se convirtió en un practicante maestro del método de investigación praxeológico. No sólo utilizó hábilmente varias construcciones imaginarias cuya naturaleza y usos específicos Mise había explícitamente formulado en La Acción Humana, sino que también diseñó otras nuevas como necesarias para ayudar en la deducción de nuevos teoremas para dilucidar características inexplicadas de la realidad económica.[34]

Tomemos un ejemplo detallado para ilustrar el procedimiento de Rothbard. Al enfrentarse a la difícil tarea de desenredar y sistematizar la teoría causal-realista de la producción, Rothbard postuló un mundo imaginario de factores específicos, en los que todo trabajador individual, parcela de tierra, y bien de capital está irrevocablemente asignado en la producción de un solo producto y no puede ser convertido para usar en otro proceso de producción.[35] Rothbard imaginó también dos variaciones a ese mundo. En el primero, los factores que cooperaron en cada etapa de un proceso de producción dado conjuntamente son dueños del producto (es decir, bienes de capital) de esa etapa y, dado que los servicios de todos los bienes de capital están incorporados en el producto final, por tanto, todos los factores poseen conjuntamente el bien final que se vende a los consumidores a cambio de dinero. Los recibos de dinero se distribuyen entonces de acuerdo a los términos de un contrato voluntario entre todos los propietarios de los factores comunes. En la segunda variación, un solo capitalista o un consorcio de capitalistas paga a los diversos factores que participan en el proceso amalgamado por adelanto antes de la venta del producto final en el mercado y en intercambio recibe la propiedad de los bienes de capital de cada etapa, así como el stock de bienes de consumo final y el ingreso de dinero obtenido de su venta a los consumidores.[36] En ambas variaciones de la construcción, se asume una economía de rotación constante para abstraer los problemas de la empresarialidad.

Con la ayuda de esta construcción, Rothbard deduce un número de teoremas y principios importantes de la producción. Primero, en el caso de propiedad conjunta del producto por la colaboración de los factores tierra y trabajo, no hay dueños primordiales, independientes de los bienes de capital, que son los bienes intermedios en el proceso de producción y, por tanto son reducibles a la mano de obra y los insumos de la tierra que colaboraron en la producción de los mismos. Segundo, y, en consecuencia, todos los ingresos en la producción consisten en salarios y rentas de la tierra—los bienes de capital, que son simplemente estaciones de paso en el camino hacia el producto final, no ganan ninguna renta neta para sus propietarios. Tercero, todos los trabajadores y propietarios de tierras que cooperan deben esperar por sus ingresos desde el inicio del proceso de producción hasta la finalización y posterior venta del producto final a los consumidores. Por lo tanto, cuarto, el tamaño del ingreso agregado de los propietarios de los factores cooperantes depende exclusiva y completamente de la demanda de los consumidores por su producto. Un cambio relativo en la demanda de consumo relativa entre bienes finales caerá única y completamente sobre los factores específicos que están involucrados en la producción de los productos afectados.

Una vez que se introduce al capitalista en este mundo ficticio, un quinto principio se hace inmediatamente evidente: la función del capitalista es aliviar a los propietarios de los factores de la carga de esperar los ingresos, en la medida que él les avanza pagos de dinero de sus ahorros acumulados por el producto conjunto de sus servicios laborales y de tierra. A cambio de estos salarios y rentas presentes, el capitalista recibe un retorno de interés sobre sus fondos invertidos, que se basa en la preferencia temporal y refleja el valor descontado de los ingresos monetarios futuros anticipados que él recibirá en relación con los pagos presentes de dinero que gasta en los servicios de los factores. De forma contraria, los propietarios de los factores aceptan esa reducción del ingreso completo por la venta de su producto que se manifiesta en sus salarios y rentas descontados que les da el capitalista, porque esos pagos presentes les permiten liberarse de la dimensión temporal del proceso de producción. Un sexto principio es que, incluso en un mundo de propiedad capitalista de todo el proceso de producción, los bienes de capital aún no generan ingreso monetario neto para sus propietarios, ya que el interés neto de retorno obtenido por los propietarios capitalistas es completamente derivado del descuento incorporado en los salarios y las rentas presentes pagadas a los propietarios de los factores trabajo y tierra, que son los únicos recipientes netos de los ingresos en un mundo sin capitalistas. Así, los salarios, la renta, y los ingresos por intereses lógicamente agotan la totalidad de las ventas del producto final, sin dejar nada para pagos netos a los bienes de capital.[37]

Este análisis del mundo hipotético de Rothbard de factores puramente específicos también está lleno de implicaciones sobre el rol de los costos subjetivos en la producción y fijación de precios. Dado que factores específicos de la tierra y los bienes de capital no tienen usos alternativos en ese mundo imaginado, una inferencia inmediata es que su uso en la producción “no tiene costo” y sus respectivas curvas de oferta son perfectamente inelásticas. Pero el trabajo, específico para un proceso de producción particular puede, en cambio, tener un costo de uso debido a que tiene un uso alternativo en la producción de “tiempo para disfrutar—ocio,” que es un bien de consumo instantáneamente producible. Así, en un mundo sin capitalistas, el trabajo envuelve la desutilidad de renunciar tanto al tiempo de ocio y a los bienes presentes. La llegada de los capitalistas en el escena reduce, pero no erradica, la desutilidad del trabajo. Estas inferencias crudamente demuestran el principio de que todos los costos de producción son en última instancia y esencialmente subjetivos. Las preferencias por ocio y las preferencias temporales entonces determinan últimamente los costos de producción y esos costos son puramente subjetivos, y consisten de la evaluación de los beneficios a los que renuncian los productores contra los ingresos monetarios anticipados que reciben de los consumidores. Una vez que esos costos (subjetivos) de los productores han sido efectuados, los stocks de los distintos tipos de bienes de consumo emergen del proceso de producción listo para la venta a los consumidores. A menos que los productores tengan un uso directo para los bienes, su venta a los consumidores no tiene costo alguno y sus precios relativos son determinados únicamente por la estructura de la escala de valores de los consumidores. Por tanto, salvo por especulación sobre las variaciones de precios en el futuro, las curvas de oferta de los distintos stocks de bienes de consumo también son perfectamente inelásticas. En suma, “los costos de producción”—esto es, la desutilidad del trabajo y de la espera en los que ya se ha incurrido, o  la utilidad del ocio y disfrute inmediato a los que se han renunciado los productores—no tienen ningún rol en la determinación de los precios de los stocks existentes de los bienes de consumido.

Rothbard también usa la construcción ficticia que formuló para demoler la teoría de precios marshalliana, según el cual los precios se determinan por dos hojas de una tijera: los valores subjetivos de los consumidores que componen una hoja, y los costos de producción reales u objetivos que componen la otra hoja. Mientras Marshall y sus seguidores contemporáneos admiten que, en el corto plazo predomina la hoja del valor subjetivo en la determinación de los precios, ellos sostienen que en el equilibrio de largo plazo, donde las tendencias permanentes de la economía se revelan, la cuchilla de costos de producción es la que domina debido a que el precio de cada producto se ajusta a su coste medio de producción. Así los  marshallianos superficialmente concluyen que los costos deben por tanto determinar los precios. Sin embargo, Rothbard fácilmente demuestra que esta conformidad entre precio y costo promedio en equilibrio de largo plazo o en ERU, que en sí no es real sino una útil construcción imaginaria, es el resultado de los mismos principios que rigen la determinación de los precios reales que momentáneamente prevalecen y a los cuales los intercambios tienen lugar en los mercados del mundo real. En un mundo donde todos los factores son puramente específicos a un solo proceso de producción, Rothbard muestra que en el largo plazo, donde los errores empresariales están ausentes y las ganancias y pérdidas han sido totalmente eliminadas, los pagos agregados a todos los factores que cooperan en un proceso de producción dado son rígidamente gobernados por, y tienen perfectamente que corresponder a, la suma de ingresos gastados en el producto final por los consumidores menos el interés de retorno a los capitalistas. Aceptando esa deducción y dividiendo, ambos, los ingresos agregados y los pagos agregados a los factores por la cantidad de producto implica que la dirección de causalidad de la igualdad entre precio y costo promedio, especialmente en el largo plazo, va desde la primera a la segunda.

La formulación de Rothbard y el despliegue de ese mundo imaginario de factores puramente específicos ejemplifica la aplicación del método praxeológico en la investigación teórica. Como Mises señaló,

La fórmula principal para el diseño de construcciones imaginarias es abstraer las operaciones de algunas condiciones presentes en la acción real. Entonces estamos en condición de comprender las consecuencias hipotéticas de la ausencia de esas condiciones y de concebir los efectos de su existencia.[38]

Así Rothbard imagina primero que en ese mundo todos procesos productivos son propiedad de los factores que habían cooperado, que tienen que aguantar sin ingreso hasta que el producto final haya surgido y sea vendido a los consumidores. Al analizar la situación abstrayendo la existencia del capitalista, somos capaces de comprender su función de adelantar sus ahorros acumulados a los factores antes de la venta del producto final, y somos capaces de comprender la naturaleza de su ingreso como un retorno a la preferencia temporal, que ha sido previamente establecido mucho antes en la cadena de las deducciones praxeológicas como una inferencia inmediata del Axioma de la Acción. Al asumir la no-existencia de capitalista también hemos asumido la no-existencia de costos monetarios de producción, ya que los únicos pagos de dinero son directamente de los consumidores a los dueños de los factores conjuntos del producto final. Esto nos permite ver que los costos monetarios totales son determinados esencialmente por, e iguales a, esos gastos totales de dinero de los consumidores como mediados a través de los capitalistas que han previamente avanzado salarios y rentas a los propietarios de los factores.

En capítulos posteriores, Rothbard procede a eliminar el supuesto de factores puramente específicos y admite diversos grados de especificidad entre los factores en su análisis. Los efectos de factores relativamente no específicos en el proceso de producción pueden ser identificados ahora mediante la investigación de cómo su presencia modifica los resultados de un mundo hipotético de factores puramente específicos. Dado que los factores no específicos pueden convertidos para utilizarse en una amplia gama de procesos productivos, un cambio relativo en la demanda de los consumidores, ceteris paribus, alterará su asignación, mientras que sólo temporalmente afectará sus precios. Pero los principios ya deducidos respecto a los factores específicos seguirán siendo válidos en este mundo más complejo y por lo tanto estamos en condiciones de concluir que los precios de los factores relativamente específicos en cualquier proceso llevarán la peor parte del cambio en los gastos agregados de consumo sobre un determinado producto final. Así, por ejemplo, en el caso de una disminución relativa de la demanda de diamantes, todas las otras cosas iguales, el valor de capital de las minas de diamantes y los salarios de los joyeros altamente cualificados disminuyen mientras que los salarios de los mineros de diamantes y las rentas de los generadores eléctricos sufrirán un cambio pequeño dado que esos factores no específicos cambian a otros empleos. Además, la introducción de factores no específicos en el análisis hará que una gran parte de los costos monetarios de producción sean dados al capitalista-empleador de factores independientemente de la demanda por su bien particular. Como resultado, el capitalista reaccionará a un cambio en sus costos mediante el ajuste de su nivel de producción, así como lo haría en el caso de un cambio en la demanda de su producto. Por tanto, en ausencia de una larga cadena de razonamiento deductivo utilizando construcciones imaginarias, à la Rothbard y de austríacos tempranos, una visión superficial del asunto hará que la metáfora de Marshall de las dos hojas de la tijera parezca una representación posible de la realidad. Sin el uso diligente del método praxeológico, sería imposible concebir que las demandas de los consumidores por los productos de una amplia gama de procesos productivos, intermediadas a través de las negociaciones de los capitalistas-empresarios, determinan exclusivamente y en última instancia los precios de todos los factores, relativamente no específicos así como puramente específicos.

Este método praxeológico tan magistralmente desplegado por Rothbard había sido utilizado, aunque implícitamente y burdamente, como la principal herramienta de investigación teórica en economía en la década de 1930. Sin embargo, como Rothbard señala, fue precisamente “desconfianza de Marshall de las ‘largas cadenas deductivas,’” además del “ímpetu completo de Cambridge” de hacer supuestos-atajos diseñados a hacer que su teoría más comprobable uno de los factores que llevaron al abandono gradual del método praxeológico y su sustitución por el positivismo.[39] A principios de la década de 1950 el método praxeológico y la lógica verbal habían sido eclipsados por el positivismo y los modelos matemáticos. Por ejemplo, el principal economista de la postguerra, Paul Samuelson ahora sostenía que la tarea de la teoría económica era la de “organizar los hechos en útiles y significativos” patrones y, al hacerlo, proporcionar descripciones económicas de la realidad compleja.[40] Los teoremas económicos tenían, entonces, que ser enmarcados en una forma que fuese “operacionalmente significativa.” Según Samuelson, un teorema significativo era “simplemente una hipótesis sobre los datos empíricos que podía posiblemente ser refutada, aunque sólo sea en condiciones ideales.” Si tal teorema era “falso” o “de importancia trivial” o incluso de validez “indeterminada” no era tan importante para Samuelson, ya que estaba diseñado como una proposición capaz, en principio, de refutación empírica.[41] Para Samuelson, los teoremas debían, entonces, ser diseñados y expresados en modelos matemáticos muy simplificados que podían ser sometidos a pruebas empíricas si los datos estaban disponibles. Dado que, sin duda, los datos requeridos son raramente accesibles lo más que se puede esperar de tales modelos abstractos es que “a menudo señalen un camino hacia un elemento de verdad presente en una situación compleja” y que “permita tolerablemente buenas extrapolaciones e interpolaciones.”[42] Sin embargo, en retrospectiva, Samuelson lamentó la falta de éxito del método positivista burdo en economía escribiendo:

Cuando tenía 20 años . . . yo creía que la econometría nos permitiría reducir la incertidumbre de nuestras teorías económicas. Seríamos capaces de probar y rechazar las teorías falsas. Seríamos capaces de inferir nuevas buenas teorías. . . Ha resultado que no es posible llegar a la aproximación cercana de una verdad  indiscutible [y] objetivamente parece ser que no se acumula un cuerpo convergente de resultados econométricos, convergentes a una verdad comprobable.[43]

Por supuesto, esto no significa que la fe de Samuelson en el método positivista disminuyó. En vez de eso, confirmó su previa creencia de que la verdad era multifacética y por tanto “la precisión en hechos determinísticos o en leyes de probabilidad puede en  el mejor de los casos ser sólo parcial y aproximada.”[44]

Si Samuelson restó importancia a la consecución de verdad como meta de la investigación teórica en favor de la formulación de  teoremas operacionalmente significativos, el otro avatar del positivismo en la economía de la postguerra, Milton Friedman, desechó toda referencia a la verdad y el realismo en la evaluación de la validez de los teoremas económicos. Rechazando el burdo positivismo lógico de Samuelson, Friedman celebraba la falsedad o la “falta de realismo” de los supuestos de un teorema y ofreció la aparentemente más sofisticada alternativa de “falsacionismo,” que supuestamente se basaba en la filosofía de ciencia de Karl Popper.[45] La posición de Friedman fue resumida sucintamente en la declaración de Mark Blaug, “Ningún supuesto sobre la conducta económica es absolutamente cierto y no hay conclusiones teóricas que sean válidas para todos los tiempos y lugares. . . .”[46]

A pesar de la adhesión formal de la mayoría de la profesión a los métodos positivistas durante la década de 1950, la búsqueda de Rothbard por recuperar y reconstruir el edificio de la teoría económica sólida lo llevó a investigar la literatura contemporánea por nuevas ideas y puntos de vista con tanto cuidado como hizo con los escritos de sus predecesores en la tradición causal-realista. El tratado de Rothbard contiene más de 150 citas de libros, artículos de revistas, conferencias, actas, documentos gubernamentales, disertaciones y monografías de política e investigación de institutos publicadas entre la aparición de La Acción Humana en el año 1949 y Hombre, Economía y Estado en 1962.[47] El profundo compromiso de Rothbard con la literatura contemporánea dio sus frutos al descubrir Rothbard que muchos de esos trabajos contenían investigaciones que clarificaban, refinaban o avanzaban la teoría causal-realista y con entusiasmo él integró esas contribuciones a su propio trabajo.

Por ejemplo, en su notable desarrollo de una explicación de los costos de la empresa y el retorno de la inversión que se desvía marcadamente de la teoría marshalliana de la empresa, Rothbard estaba fuertemente influenciado por dos artículos olvidados de coautoría de André Gabor y I.F. Pierce sobre la teoría de la empresa “Austro-wickselliana.”[48] Rothbard cita una discusión del economista de Cambridge Roy Harrod, además de una discusión de Böhm-Bawerk, como fuente de su propia novedosa identificación de un cuarto componente del ingreso bruto del negocio del capitalista-empresario. Esta “propiedad” o renta de “toma de decisiones” es distinta, además de adicional a los salarios implícitos de administración, del interés de retorno del capital invertido, y la ganancia pura.[49] En su profunda crítica a las teorías de competencia perfecta y  monopolística y su formulación original de una teoría positiva de competencia como un proceso dinámico, Rothbard favorablemente cita las contribuciones de varios de sus contemporáneos en la corriente principal de economía como: G. Warren Nutter; Wayne Leeman; Marshall I. Goldman; y Reuben Kessel. Rothbard señala un libro de Lawrence Abbott publicado en 1952 titulado Calidad y Competencia con elogio especial, caracterizándolo como “uno de las obras teóricas más destacadas de los últimos años.”[50][51] De hecho, la teoría de competencia de rivalidad que Rothbard expone está claramente influenciada por los argumentos de Abbott sobre la importancia central de las dimensiones de calidad de la competencia.

El hecho de que la investigación teórica empleando lógica verbal y el método praxeológico seguía siendo relativamente influyente entre los economistas académicos, incluso tan tarde como en los 1950’s remarca las raíces profundas y fuertes de la tradición causal-realista. Eso también explica por qué Rothbard todavía no percibía ninguna ventaja en el uso de la etiqueta “austriaco” para diferenciar su tratado de la economía contemporánea. De hecho, en correspondencia privada en febrero de 1954, Rothbard expresó su confianza de que los teóricos de la corriente dominante de economía todavía podían ser traídos hacia el programa de investigación causal-realista y que su trabajo—el de Rothbard—en curso

llamará, a mi juicio, la atención de la profesión como tratado por sus considerables elaboraciones en esas áreas no desarrolladas por Mises, sus diferencias con Mises en áreas como monopolio, la ética de la banca y el gobierno . . . y sus refutaciones de la teoría económica actual.[52]

Mientras en retrospectiva podemos tener la tentación de desechar la predicción de Rothbard como una ráfaga de optimismo juvenil, difícilmente refleja la actitud del intento de alguien en romper completamente con la doctrina imperante y la fundación de una escuela heterodoxa de pensamiento.

A comienzos de 1970, sin embargo, la teoría económica de la corriente principal de economía se había hundido en profundidades casi abismales, degenerando en una serie de modelos matemáticos vagamente relacionados  que tenían poco contacto con la realidad. Siguiendo la metodología friedmaniana-positivista predominante, la “validez” tentativa—nunca la verdad—de estos modelos fue hipotéticamente establecida empíricamente poniendo a prueba su capacidad de predecir o, más exactamente, “retro-decir” usando métodos de la econometría. Los últimos vestigios del enfoque mengeriano desaparecieron así de los planes de estudio de los programas de postgrado de economía y la investigación teórica causal-realista fue completamente desterrada de las revistas académicas, que se convirtieron en el principal, si no el único, producto de la investigación en la corriente dominante de economía.

Alrededor del mismo tiempo de este cambio radical en teoría económica y método, comenzó a fundirse fuera de la institución formal de la economía académica un nuevo movimiento intelectual que se inspiró directamente en la reconstrucción de Rothbard del sistema teórico causal-realista en Hombre, Economía y Estado. Este movimiento estaba compuesto principalmente por estudiantes de posgrado y jóvenes profesores asociados a instituciones académicas de Estados Unidos que estaban descontentos con la síntesis neoclásica ortodoxa, que había empezado a caerse tras el fracaso de las políticas Kennedy-Johnson de “Nueva Economía” de para frenar la inflación de la guerra en Vietnam y la posterior estanflación a comienzos de la década de 1970.

A mediados de la década de 1970 el nuevo movimiento había crecido de tal medida que se presentó la oportunidad de institucionalizar y promover su existencia por medio de una conferencia académica formal sobre economía austriaca, que se celebró en el South Royalton, Vermont, en junio de 1974. La denominación “austriaca” fue elegida para esta nueva tendencia intelectual principalmente por razones estratégicas. Dado que el movimiento rothbardiano adoptó un método y el cuerpo de doctrinas que ahora tenía muy poco común con la ortodoxia positivista atrincherada, la etiqueta por lo menos proporcionaba al movimiento con una afiliación reconocible a una de las grandes corrientes de pensamiento marginalista temprano que había alimentado la corriente principal de economía. El nombre también al instante dotó al movimiento con el gran prestigio asociado con los nombres bien conocidos de los miembros fundadores de la Escuela Austriaca, tales como Carl Menger, Eugen von Böhm-Bawerk, y Friedrich von Wieser y sus posteriores representantes Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek. El prestigio del nombre “austríaco” fue reforzado aún más cuando Hayek se convirtió en un co-recipiente del Premio Nobel de Economía a finales de año. El término tenía la virtud adicional de identificar la orientación teórica general del movimiento.

Rothbard y sus seguidores abrazaron con entusiasmo la nueva designación y empezaron a referirse a sí mismos como miembros o seguidores de la Escuela Austriaca moderna, que ahora estaba posicionada como el retador heterodoxo de “la economía dominante.” A pesar de las significativas virtudes estratégicas de corto plazo, sin embargo, nombrar a la escuela de pensamiento que se reunió en la conferencia del South Royalton como “austriaca” ha generado problemas serios en el largo plazo. En primer lugar, se ha oscurecido la medida en que la Escuela Austriaca moderna fue inspirada directamente por Rothbard. De hecho, no es exagerado decir que la gran mayoría de los aproximadamente treintena participantes de la conferencia en South Royalton se adherían al cuerpo de teoría causal-realista elaborada en Hombre, Economía y Estado. En segundo lugar, se ha oscurecido el hecho, señalado anteriormente, que al escribir este tratado, Rothbard se apoyó en una amplia gama de literatura distinta de la derivada de la Escuela Austriaca original y sus descendientes intelectuales directos. En tercer lugar, la etiqueta desvía la atención de la misión principal de Rothbard al escribir su tratado, que es purgar a la ciencia económica moderna de sus elementos formalistas positivistas ajenos y matemáticos, y reconstruirla consistentemente a lo largo de líneas causal-realistas. No se puede dejar de repetir enfáticamente que crear una ruptura radical con la teoría económica y establecer una escuela heterodoxa de pensamiento que rechaza toda forma de análisis de equilibrio y el uso de construcciones imaginarias no era el propósito de Rothbard al escribir Hombre, Economía y Estado. De hecho, como hemos visto, una de las contribuciones más importantes de Rothbard en su tratado es la explicación minuciosa del contenido y uso adecuado de las construcciones ficticias y estados imaginarios del mundo para derivar proposiciones significativas sobre los determinantes causales de los fenómenos económicos observables.

La última y tal vez más importante desventaja de la aplicación del término “austriaco” al movimiento de economía posterior al South Royalton es el hecho de que fomente la fusión de programas de investigación muy diferentes y contradictorios que han crecido bajo este opaco velo semántico. Rothbard reconoce y lamenta esa situación en el Prefacio de la edición revisada de Hombre, Economía y Estado publicada en 1993:

De hecho, el número de austriacos ha crecido tanto, y la discusión se ha hecho tan amplia, que han surgido diferencias de opinión y  ramas de pensamiento, en algunos casos, desarrollando genuinos enfrentamientos de pensamiento. Sin embargo, todas esas diferencias han sido fusionadas y enredadas por los no-austriacos e incluso por algunos dentro de la escuela, dando lugar a una gran confusión intelectual, falta de claridad, y error absoluto. El lado bueno de estas disputas desarrollándose es que cada lado ha aclarado y afinado sus premisas subyacentes y visión del mundo. Se ha hecho evidente en los últimos años que hay tres paradigmas enfrentados dentro de la economía austriaca: el paradigma original de Mises o praxeológico, al que se adhiere el presente autor; el paradigma de Hayek, haciendo hincapié en el “conocimiento” y “descubri­miento” en lugar de “acción” y “elección” praxeoló­gica, cuyo máximo exponente es el profesor Israel Kirzner; y la visión nihilista del tardío Ludwig Lachmann, un enfoque institucionalista anti-teoría tomado del keynesiano “subjetivista” inglés G.L.S Shackle. (P. xiv)

Si bien esto describe con precisión el estado de la economía austriaca a principios de 1990, la situación se ha vuelto aún más polémica y confusa desde entonces. Mientras que la rama lachmanniana ha disminuido un poco en influencia, un nueva tendencia ecléctica se ha desarrollado, que propone a aglomerar indiscriminadamente elementos seleccionados de Menger, Mises, Hayek, Lachmann, Kirzner, Rothbard y con ideas sueltas de la economía de Adam Smith, Teoría de la Elección Pública, la Nueva Economía Institucional, economía de costos de transacción,  modelos de teoría de juegos, economía hermenéutica, y casos de estudio etnográficos e históricos, todos bajo la rúbrica de economía austriaca o “buena economía.” No hace falta decir que la situación ahora es aún menos satisfactoria de que lo que era cuando Rothbard escribió el pasaje anterior. Los interesados ​​en investigación teórica en la tradición mengeriana causal-realista son vistos ahora por la profesión, gracias a la etiqueta de Austriacos, como parte de un movimiento heterodoxo áspero y pendenciero más interesado en discurrir sobre meta-economía esotérica o la elaboración de explicaciones de “orden espontáneo” para oscuros episodios históricos que en el análisis de asuntos “mundanos” al corazón de la corriente principal de economía—teoría del valor, teoría de precios, teoría de capital, teoría monetaria y los ciclos económicos.

Afortunadamente, Hombre, Economía y Estado señala el camino de salida de ese pantano de confusión, que permanente­mente amenaza la marginalización completa de todas las ramas de la economía austriaca. Cada página del tratado de Rothbard está impregnada de una profunda conciencia de que el sistema teórico causal-realista que estaba exponiendo era parte de la económica dominante de una tradición económica internacional que se originó en la revolución marginalista. Su tratado, entonces, no fue concebido como un programa para un nuevo movimiento heterodoxo o para revivir uno viejo; en vez de eso, representa un esfuerzo para reconstruir la economía ortodoxa sobre los sólidos fundamentos del método praxeológico y para usar este método con el fin de avanzar sustantivamente la teoría. En un sentido crucial, la ciencia económica había temporalmente perdido su rumbo y estaba empezando a distanciarse de su rica herencia, y Rothbard quería regresarla a su camino. Consecuentemente, Rothbard nunca cedió la corriente principal de la ciencia económica a los discípulos de los modelos matemáticos y el método positivista, a los que él consideraba un culto irracional que había secuestrado la economía y cuyas doctrinas absurdas tarde o temprano terminarían en el basurero de la historia intelectual.

Rothbard ha sido demostrado correcto. Los modelos matemáticos se han revelado a sí mismos como ejercicios vanos y formalistas incapaces de explicar la crisis monetaria internacional, las burbujas inmobiliarias y de valores, y las crisis financieras globales que han atormentado nuestro mundo en las dos últimas décadas. Es cada vez más evidente incluso para los economistas profesionales que el tortuoso desvío positivista ha llevado a un callejón intelectual sin salida. Por eso, extrañas sectas heterodoxas, como la economía del comportamiento, la economía experimental, literatura de la “felicidad”, la neuro-economía, etc., ahora abundan. Algunos economistas de mercado han incluso abandonado por completo la teoría económica moderna por la retórica menos rigurosa y las metáforas de la “mano invisible” de Adam Smith y el “orden espontáneo” de Hayek.[53]

La sentencia de muerte está sonando para los impostores matemáticos y positivistas en la corriente principal de economía. El tiempo es propicio para que los austriacos recuperen su posición legítima como los verdaderos representantes de la tendencia central de la teoría económica moderna afirmando el método praxeológico como el método de investigación de la economía. Los frutos prodigiosos de este método están frente nosotros en la estructura teorética integrada expuesta en Hombre, Economía y Estado.


La Introducción se basa sustancialmente en la información y recursos que se encuentran en los Papers de Murray N. Rothbard. Los Papers de Rothbard se encuentran actualmente en el Ludwig von Mises Institute, Auburn, Alabama, e incluyen, entre otros materiales, las Cartas de Murray Rothbard (1940-1994), notas y ensayos no publicados (1945-1994), y los borradores de obras publicadas.


Notas
[1]Rothbard a H. Cornuelle, 28 de junio de 1952; Rothbard Papers.

[2]Rothbard a Mises, 5 de mayo de 1959; Rothbard Papers. En español, “Está terminado.”

[3]Richard Cantillon, Essai sur la Nature du commerce en Général, ed. y trans. Henry Higgs (Nueva York: Augustus M. Kelley, 1964).

[4]Carl Menger, Principios de Economía, trad. James Dingwall y Bert E. Hoselitz (Nueva York: New York University Press, 1981). Menger había trabajado como periodista económico y analista de mercado para los diarios de noticias de forma intermitente durante más de una década. Para una revisón general de la vida y pensamiento de Menger ver José T. Salerno, “Carl Menger: La Fundación de la Escuela Austriaca,” en Randall G. Holcombe, ed., 15 Grandes Economistas Austriacos (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1999), pp 71-100 y el fuentes citadas en ella.

[5]Así en su prefacio al libro, Menger (Principios, p. 49) escribió:

He dedicado especial atención a la investigación de las conexiones causales entre los fenómenos económicos que envuelven productos y los correspondientes agentes de producción . . . con el propósito de establecer una teoría de precios basada en la realidad y la colocando de todos los fenómenos de precios (incluidos los intereses, salarios, renta de la tierra, etc.) bajo un punto de vista unificado. . . . (énfasis añadido)

[6]Para los factores que subyacen la subida y la caída de la temprana Escuela Austriaco, ver Joseph T. Salerno, “El Lugar de La Acción Humana de Mises en la Desarrollo del Pensamiento Económico Moderno,” Quarterly Journal of Austrian Economics 2, no. 1 (primavera 1999): 35-65.

[7]De hecho, en el prefacio de este tratado, Rothbard lamenta la desaparició del “tratado a la antigua sobre ‘principios’ de economía” después de Primera Guerra Mundial y la consiguiente desintegración progresiva de la economía, incluyendo la teoría económica, en sub-disciplinas compartimentadas. Sobre los factores que agravaron la fragmentación de la economía después de la Segunda Guerra Mundial, Véase Joseph T. Salerno, “Economía: Vocación o Profesión,” Ludwig von Mises Institute Daily Article (noviembre 17, 2004), disponible en http://mises.org/ story/1676.

[8]Ludwig von Mises, La Acción Humana: Tratado de Economía, Scholar’s Edition (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1998).

[9]Sobre las razones de esto, ver Salerno “El Lugar de la Acción Humana de Mises,” pp. 59-761. Los libros que moldearon la economía después de la guerra fueron hechos de una tela completamente diferente a la del tratado de Mises y se ocupan principalmente de técnicas formales, en lugar de la sustancia, de teoría económica. Estos incluyen, en particular: JR Hicks, Valor y Capital: Investigación Sobre Algunos Principios Fundamentales de Teoría Económica, 2ª ed. (Nueva York: Oxford University Press, 1946); Paul A. Samuelson, Fundamentos de Análisis Económico (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1947); y George J. Stigler, La Teoría de Precios (Nueva York: Macmillan, 1947).

[10]El papel central de Rothbard en el renacimiento moderno de la economía austriaca se detalla en Joseph T. Salerno, “El Renacimiento de la Economía Austriaca—a la Luz de la Economía Austriaca,” Quarterly Journal of Austrian Economics 5, no. 4 (invierno 2002): 111-28.

[11]Rothbard a H. Cornuelle, 28 de junio de 1952; Rothbard Papers.

[12]Rothbard a H. Cornuelle, 14 de marzo de 1951; Rothbard Papers. “Lo que hizo McCulloch por Ricardo” se refiere a los Principios de Economía Política de John Ramsay McCulloch (New York: Augustus M. Kelley, [1864] 1965).

[13]Ibid.

[14]Rothbard a R. Cornuelle, 9 de agosto de 1954; Rothbard Papers.

[15]Rothbard a H. Cornuelle, 28 de junio de 1952; Rothbard Papers.

[16]Ludwig von Mises: “Hombre, Economía y Estado: Un Nuevo Tratado Sobre Economía” en idem, Libertad Económica e Intervencionismo: Una Antología de Artículos y Ensayos, ed. Bettina Bien Greaves (Irvington-on-Hudson, N.Y.: Fundación para la Educación Económica, 1990), pp 155-56.

[17]Ibid., Pp 156-57.

[18]La siguiente declaración es indicativa de la actitud de Mises en este respecto: “Nunca ha vivido al mismo tiempo más de una veintena de hombres cuyo trabajo contribuyó en algo esencial a la economía” (Mises, La Acción Humana, p. 869).

[19]Rothbard a R. Cornuelle, memo: “¿Libro texto o tratado?”; Rothbard Papers.

[20]En La Acción Humana, Mises evitó un análisis profundo de la estructura de la producción para varios periodos, tal vez porque lo asociaba con la concepto de “periodo promedio de producción” mirando-hacia-atrás del trabajo de Böhm-Bawerk que él criticaba. (Mises, La acción humana, pp 485-86).

[21]Mises, La Acción Humana, p. 3.

[22]Ludwig von Mises, Problemas Epistemológicos de la Economía, 3ª ed. (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 2003), p. 228.

[23]Ibid., P. 175.

[24]Ludwig von Mises, El Marco Histórico de la Escuela Austriaca de Economía, 2ª ed. (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1984), p. 41.

[25]Para una revisión general y críticas a este giro nihilista en la economía, ver David Gordon, Hermenéutica Versus Economía Austriaca (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1986), disponible en http://mises.org/etexts/hermeneutics.asp; Hans-Hermann Hoppe, “En Defensa del Racionalismo Extremo: Pensamientos Sobre La Retórica de la Economía de Donald McCloskey,” Review of Austrian Economics 3 (1989): 179-214, disponible en http://mises.org/journals/rae/pdf/RAE3_1_16.pdf; y Murray N. Rothbard, “The Invasion hermenéutica en Filosofía y Economía,” en idem, La Lógica de la Acción Dos: Aplicaciones y Críticas Desde la Escuela Austriaca (Lyme, Nueva Hampshire: Edward Elgar, 1997), pp 275-93.

[26]Rothbard, Hombre, Economía y Estado, p. xcii.

[27]Ibid., p. 357.

[28]Ibid., p. xciii.

[29]Philip H. Wicksteed, El Sentido Común de la Economía Política, Documentos Selectos y Comentarios Sobre Teoría Económica, ed. Lionel Robbins, 2 vols. (New York: Augustus M. Kelley, 1967); Frank A. Fetter, Principios de Economía con Aplicaciones a Problemas Prácticos (Nueva York: The Century Co., 1910); FW Taussig, Principios de Economía, 2 vols. (New York: The Macmillan Company, 1911). Rothbard no consideraba La Acción Humana un “libro a la antigua” porque “supone un considerable conocimiento económico previo e incluye en sus amplios confines numerosas ideas filosóficas e históricas” (Rothbard, Man, Economy, and State, p. xciii).

[30]Rothbard, Hombre, Economía y Estado, p. xciii.

[31]Ibid., p. xcii.

[32]Mises, La Acción Humana, p. 65.

[33]Ibid., pp 237-38.

[34]Ibid., pp 237-57.

[35]Mientras esta construcción es muy poco realista, no es irrealizable como la Economía de Rotación Constante (ERC), que abstrae completamente el cambio e incertidumbre y se utiliza para aislar analíticamente el ingreso por intereses y la función capitalista que lo obtiene de la ganancia empresarial. Así, un mundo en el que cada factor es adecuado para una y sólo una tarea no es inconcebible o lógicamente contradictorio. En contraste, la ERC es de hecho una construcción irrealizable y contradictoria. Describe un mundo en el que, por ejemplo, el futuro se conoce con certeza perfecta pero la acción, que siempre está destinada a cambiar el futuro, ocurre; y los agentes mantienen balances de dinero a pesar de la ausencia de incertidumbre respecto el patrón temporal de sus facturas y gastos futuros. Esto no es implicar que la proximidad a la realidad hace que una construcción imaginaria sea mejor o más útil que el otra; la única prueba de la utilidad de una construcción es la ayuda que da para pensar en la deducción de las leyes causales que operan en los mercados reales.

[36]Para la explicación de esta construcción, sus variaciones y la elaboración de sus implicaciones, ver Rothbard, Hombre, Economía y Estado, pp 329-66.

[37]Esta conclusión del agotamiento del ingreso de la producción entre salarios, renta, e intereses es válida solamente bajo el supuesto de que las condiciones futuras del mercado se conocen con certeza. Una vez que se elimina ese supuesto y se admite la posibilidad de sobrevaluación o subvaloración de los complementos de factores específicos por los capitalistas inversionistas, los beneficios empresariales y las pérdidas entran en escena. Sin embargo, en un mundo de factores específicos puros tales ganancias y pérdidas no tienen función de asignación de recursos, ya que, por definición, los factores no pueden cambiar entre           procesos de producción. Más importante aún, se hace claro que esos ingresos se acumulan sólo para los capitalistas y que, por tanto, en el mundo real de incertidumbre, las funciones de capitalista y empresario están integradas en el mismo agente.

[38]Mises, La Acción Humana, p. 238.

[39]Rothbard, Hombre, Economía y Estado, p. xcii. Si bien Marshall utilizaba el método de construcciones imaginarias, su aversión a las deducciones largas paso-a-paso no siguió la advertencia de Mises: es “un método muy difícil de manejar, ya que fácilmente puede resultar en silogismos falaces. Esto conduce sobre de un borde afilado, a ambos lados del abismo choca con lo absurdo y sin sentido” (Mises, La Acción Humana, p. 238).

[40]Paul Samuelson, “Mi Filosofía de Vida: Credos de Política y Formas de Trabajo,” en Michael Szenberg, ed, Economistas Notables: Sus Filosofías de Vida (Nueva York: Cambridge University Press, 1993), p. 241.

[41]Paul Samuelson, Fundamentos del Análisis Económico, 2ª ed. (Nueva York: Atheneum, 1976), p. 4.

[42]Paul Samuelson, “Igualación de los Precios de los Factores Internacionales Una Vez más,” en la Asociación Americana de Economía, Lecturas Sobre Economía Internacional (Homewood, Illinois: Richard D. Irwin, 1968), pp 58; y idem, “Mi filosofía de vidak” pág. 241.

[43]Samuelson: “Mi Filosofía de Vida,” pág. 243.

[44]Ibid., P. 244

[45]Milton Friedman, “La Metodología de la Economía Positiva,” en idem, Ensayos Sobre Economía Positiva (Chicago: University of Chicago Press, 1970), pp 1-43. Algunos metodólogos han argumentado que la medología de los friedmanianos-positivistas comparten poco más que el vocabulario con filosofía de ciencia de Popper. Por ejemplo, ver Lawrence A. Boland, Los Fundamentos del Método Económico (Boston: Allen & Unwin, 1982), pp 155-96.

[46]Mark Blaug, Teoría Económica en Retrospectiva, 4ª ed. (Nueva York: Cambridge University Press, 1986), p. 3.

[47]De hecho algunas de las referencias en la presente edición son obras publicadas después de 1962, ya que este volumen incluye Poder y Mercado que fue escrito originalmente como el tercer volumen de Hombre, Economía y Estado, pero fue publicado por separado ocho años después. Para la historia detrás la decisión editorial de truncar Hombre, Economía y Estado y publicarlo en dos volúmenes y la reacción de Rothbard sobre eso, ver Stromberg, pp lxv-lxxi.

[48]André Gabor y I.F. Pearce, “Un Nuevo Enfoque a la Teoría de la Empresa,” Oxford Economic Papers 54 (octubre de 1952): 252-65; idem, “El Lugar del Dinero-Capital en la Teoría de la Producción,” Quarterly Journal of Economics 72 (noviembre de 1958): 537-57.

[49]Roy Harrod, “Teoría de Ganancias,” en idem, Ensayos Económicos (New York, Harcourt Brace & Co. y, 1952), pp 190-95. Para una discusión detallada del concepto de Rothbard de la renta de la toma de decisiones y su significado para las teorías de la iniciativa empresarial y la empresa, ver Joseph T. Salerno, “El Emprendedor: Real and Imaginado,” Quarterly Journal of Austrian Economics 11 (3).

[50]Lawrence Abbott, Calidad y Competencia: Un Ensayo Sobre Teoría Económica (Westport, Connecticut: Greenwood Press, 1973).

[51]Rothbard, Hombre, Economía y Estado, p. 666, fn. 28.

[52]Rothbard a R. Cornuelle, memo: “¿Libro texto o Tratado?”; Rothbard Papers.

[53]Por supuesto el concepto de “orden espontáneo” no es sino una de las muchas contribuciones de Hayek. La mayoría de esas contribuciones fueron directamente en la tradición mengeriana causal-realista y se ocuparon de los temas mundanos de la economía, tales como la teoría del capital, la teoría del ciclo económico, la teoría monetaria internacional, e instituciones monetarias comparadas. Para una colección de las obras más importantes de Hayek en estas áreas, ver Precios y producción y otras obras: F.A. Hayek Sobre el Dinero, el Ciclo Económico, y el Patrón Oro, ed. Joseph T. Salerno (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 2008). También ver Peter G. Klein, “La Economía Mundana de la Escuela Austriaca,” Quarterly Journal of Austrian Economics 11, no. 3 (Otoño de 2008), para el argumento de que la noción de orden espontáneo, correctamente entendida, tiene sus raíces en la economía causal-realista de Menger.

Traducio del inglés por Dante Bayona.

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