La trágica crisis de Europa

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En la raíz de la actual crisis en Europa están las acciones del Banco Central Europeo. Como explica Philipp Bagus en su nuevo libro, The Tragedy of the Euro, sólo entender los costes reales que el euro ha impuesto en el pasado en el continente puede ofrecer luz en el camino a una recuperación futura.

Los estados miembros europeos, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han prometido más de 200.000 millones de euros en fondos de rescate para impedir que se extienda la confusión. Es un gran gasto de fondos en una situación fiscal de la UE ya peligrosa.

Standard & Poor’s rebajó la deuda del gobierno griego a la categoría de basura el 27 de abril entre temores de impago. Los analistas de mercado daban una posibilidad de impago de un 25-90% sobre su deuda existente o de requerir una reestructuración (un impago con otras palabras). Con sus manos atadas dentro del área de la moneda común, no había forma de que el gobierno griego pudiera recabar independientemente los fondos necesarios para refinanciar sus crecientes responsabilidades. Grecia representa solo un 2,5% de la economía total de la Eurozona, pero se consideró necesario un rescate concertado por parte de la UE, el Banco Central Europeo y el FMI en torno a los 110.000 millones de euros.

Un contagio que se extendiera por el continente europeo haría que los problemas de Grecia se convirtieran en un fenómeno en toda Europa. Las llamadas a un rescate para rechazar el contagio fueron numerosas, con la histeria barriendo el continente.

De hecho, no ocurrió nada parecido. Haríamos bien en escuchar nada menos que a una autoridad como Anna Schwartz sobre el asunto: “El contagio, si se usa apropiadamente el término, sólo se produce en circunstancias en las que otros países están libres de los problemas del país que primero experimentó el problema y aún así sufren una desconfianza injustificada por parte del inversor”.

Como deja claro Bagus en su libro, la palabra “contagio” no parece aplicable en modo alguno a la actual crisis de deuda de la Eurozona. Una política monetaria dirigida centralizadamente a través del BCE en Frankfurt promovió un programa de inestabilidad durante más de una década. Un política única de tipos de interés para la mayor unión monetaria llevó a tipos de interés reales salvajemente divergentes. Los países periféricos con alta inflación, los conocidos cariñosamente como PIIGS ([iniciales en inglés de] Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), fueron testigos de cómo sus tipos de interés cayeron a los niveles más bajos que habían contemplado nunca sus ciudadanos.

Hoy en día ningún país en la Eurozona parece ajustarse a la definición convencional de la palabra contagio: todas sus crisis están ligadas a la misma causa raíz.

Esos bajos tipos reales generaron un frenesí de gasto. Los activos sensibles a los tipos de interés (casas y otros proyectos de construcción) se hincharon hasta el exceso. La economía española construyó 700.000 nuevas viviendas en 2006, más de las que produjeron Alemania, Francia y Reino Unido (que experimentó su propio auge inmobiliario) combinadas. Hoy en día España tiene un millón de unidades de vivienda vacías, más que todo Estados Unidos.

Al mismo tiempo, un tipo de cambio artificialmente alto hizo que los precios de las importaciones cayeran bruscamente en los países periféricos. Italianos, españoles y griegos (gente acostumbrada a divisas menos valiosas que sus vecinos del norte de Europa) vieron cómo una poderosa convergencia en cambios de divisas barría el continente durante el final de la década de 1990 y principios de la de 2000. El proceso hacia una única divisa significaba que se produciría un valor común de la moneda. El dominio de la economía alemana, con su poderoso marco alemán, significaba que esos países periféricos se verían obligados a una moneda más altamente valorada que sus divisas previas.

Las consecuencias fueron un auge en el consumo alimentado por las importaciones. Los precios reales de los bienes importados cayeron bruscamente. Se generaron balances comerciales grandes e insostenibles en los países del sur e Irlanda. Por cierto que Alemania, cuyo valor de cambio de divisas se redujo relativamente por la entrada en el euro, experimentó el efecto contrario. Las exportaciones alemanas se hicieron relativamente baratas, llevando a un auge basado en la exportación.

Este estado de cosas desequilibrado no llegó a su actual culminación por sí mismo. Se aplicó una política monetaria centralizada a través del Banco Central Europeo que generó efectos perjudiciales para todos. Es la tragedia real del euro.

¿Dónde deja hoy todo esto a los europeos? A falta de una salida de la moneda común o una monetización directa de sus deudas, Bagus explica que hay cinco caminos que un país europeo altamente endeudado puede transitar para evitar el impago.

  1. Reducir el gasto público
  2. Aumentar la competitividad para potenciar el impuesto de la renta
  3. Aumentar los ingresos a través de impuestos más altos
  4. Buscar un crecimiento inducido por desregulación
  5. Finalmente, buscar ayuda externa

Curiosamente el gobierno griego probó todas estas políticas el pasado año. Se recortaron pensiones y salarios en el sector público para reducir el gasto público. Se reformaron las leyes de horas extraordinarias y de despido para aumentar la competitividad. Se aumentó el impuesto del valor añadido sobre todos los bienes, con un aumento especial del 10% en impuestos al lujo (alcohol, cigarrillos y gasolina). Se vendieron empresas de propiedad pública, privatizando dos tercios del sector público. Se buscó ayuda externa para impedir que el país realizara un impago soberano.

Por desgracia el fondo de rescate sólo fue una gota en el cubo. Cuando estas deudas venzan, Grecia afrontará de nuevo sus problemas. Los aspectos fundamentalmente insostenibles de la situación no se han arreglado.

Cuando fue el turno de Irlanda al año siguiente, se siguieron las mismas opciones. Todas resultaron ser insuficientes y el país también requirió un rescate para evitar el impago. El siguiente país, ya sea Portugal, España, Italia o Bélgica (la lista continúa) sufrirá el mismo destino.

Sin entender la verdadera naturaleza de la crisis, las políticas no conseguirán rectificar sus causas profundas. Bagus argumenta que el establecimiento institucional de la unión monetaria no sólo permitió sino que animó el tipo de desequilibrios que ahora se hace cada vez más visibles. Los continuos rescates no resolverán el problema real.

¿Ahora qué? Atacar los efectos de una situación insostenible, como hacen los rescates actuales, no arregla la situación subyacente. Un país europeo puede tal vez ofrecer un mapa de ruta a la salvación de sus atribulados iguales.

Hace dos años, Islandia se encontró en medio del peor colapso económico del mundo en el siglo XXI. Aunque se intentaron varios rescates internacionales para salvar la economía, el mismo tamaño y profundidad del problema se hizo pronto visible: la economía islandesa era demasiado grande como para ser rescatada. Se permitió quebrar un sistema bancario desmesurado y en bancarrota.

El efecto a corto plazo parecía desastroso: el mercado bursátil se derrumbó en un 95% y la divisa islandesa (la corona) cayó un 60% respecto del euro. Se produjeron dos efectos positivos. Primero, un tipo de cambio diezmado devolvió al país a la sostenibilidad: un gran déficit comercial se ha convertido en un superávit creciente. Segundo, la quiebra efectiva hizo que el gobierno islandés redujera drásticamente los gastos. En lugar de alimentar una situación insostenible, los islandeses se apretaron los cinturones y cambiaron sus déficits fiscales por superávits.

Las economías europeas han tenido hasta ahora poca necesidad de aplicar esos recortes. Como explica Bagus, al aceptar continuamente la deuda soberana europea como colateral para sus operaciones de refinanciación (e incluso compras directas de esta deuda cuando empeoró la situación griega), los gobiernos europeos han continuado prestando poca atención a sus desequilibrios fiscales. El gobierno irlandés tendrá un déficit de más del 30% del PIB este año. Esa situación no puede continuar por mucho tiempo.

La crisis de Europa no fue un accidente, ni se resolverá sin que se busquen seriamente sus causas. The Tragedy of the Euro, de Philipp Bagus, es una lectura esencial para quien quiera conocer qué aflige hoy al continente europeo y qué pueden tener que afrontar en el futuro economías similares (incluyendo Estados Unidos).

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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