Una conclusión clara: acabar con la Fed

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Ron Paul ha librado una batalla heroica en pro de la sensatez financiera desde el principio de su entrada en el Congreso y en End the Fed nos ofrece detalles de esa lucha que no están disponibles en ningún otro lugar. El Doctor Paul tiene una afinidad con el libre mercado desde joven, “En los 1960”, nos dice

“Descubrí las obras de economistas como Ludwig von Mises, F. A. Hayek, Murray N. Rothbard y Hans F. Señor. Gradualmente fui encontrando las respuestas que iba buscando. Incluso para los expertos, llevó literalmente siglos entender completamente la naturaleza del dinero y del ciclo económico”.

Durante su servicio en la Fuerza Aérea, el Dr. Paul pudo escuchar a Mises y cuando se encontró con Hayek en el Congreso “tuve el placer de escuchar su conferencia en Washington alrededor de 1980. Después de esa reunión, tuvimos una cena privada juntos y estuve varias horas de visita”.

Pero el principal economista que le influyó fue Murray Rothbard.

“De todos los grandes economistas austriacos del siglo XX, al que mejor conocí fue a Murray Rothbard. (…) Recuerdo su sorpresa cuando descubrió que había leído su ensayo sobre “Oro y tipos de intercambio libremente flotantes” (…) Si hay un libro que los funcionarios de Washington deberían leer ahora es el libro de Rothbard America’s Great Depresión [La Gran Depresión Americana]. En este libro, demuestra que fue la Fed la que creó el auge de los últimos años 1920 que llevó a la crisis y que las intervenciones de Hoover prolongaron la Gran Depresión”.

Este último apunte empieza a sugerir una razón clave para abolir la Fed. Lejos de ser un medio para mantener la estabilidad monetaria, como insisten falsamente sus defensores, la Fed, mediante la expansión del crédito bancario, es la causa principal del ciclo económico.

La expansión rebaja temporalmente el tipo de interés del dinero por debajo del tipo real del mercado, en buena medida determinado por la preferencia temporal de la gente, es decir su preferencia por bienes presentes frente a futuros. Los negocios, al haber dinero disponible, se expanden, pero los nuevos proyectos no pueden sostenerse. Cuando cesa la expansión monetaria (si no lo hace, tendremos hiperinflación, con consecuencias desastrosas), estas nuevas inversiones deben liquidarse. Este proceso es la depresión.

Como apunta acertadamente el Dr. Paul,

“Es verdad que la Fed puede proveer liquidez en esos momentos [de contracción crediticia] por la simple operación de imprimir más papel moneda para cubrir los depósitos. Pero si se piensa en el ciclo como inicio de la fase de expansión (cuando el dinero y el crédito abundan y el préstamo se extiende a financiar proyectos insostenibles), las cosas cambian sustancialmente (…)

Cuando los bancos centrales rebajan los tipos [de interés], la impresión es que los ahorros siguen ahí, cuando en realidad no lo están. La crisis resultante se convierte en inevitable a medida que los bienes producidos no pueden comprarse y la realidad aparece en oleadas. Los negocios quiebran, se ejecutan las hipotecas y la gente se deshace de sus acciones o de la inversión que este de moda en ese momento”.

En lugar de la Fed y su falsa afirmación de que necesitamos una divisa “elástica”, deberíamos separar completamente al gobierno de la creación de dinero. En una sociedad libre, el dinero sería un producto y lo más probablemente es que ese producto fuera el oro.

“De hecho sólo estoy observando la realidad: la idea de dinero sólido en la mayoría de la historia de la humanidad se ha relacionado con el oro como moneda. ¿Puede haber una moneda sólida sin un patrón oro? En principio, sí. Y a mi m encantaría un sistema que permitiera a los mercados volver a elegir la moneda más adecuada, cualquiera que ésta resultara ser. No defiendo que el gobierno imponga ningún estándar en particular: ningún banco central, ningún dinero de circulación obligatoria, ningún privilegio para ningún producto elegido como base de la moneda”.

El Dr. Paul ha explicado la visión austriaca del dinero de una forma sucinta, ajustada y eficaz, pero ¿qué justifica la afirmación de que ofrece detalles que no están disponibles en ningún otro lugar? ¿No hay muchos excelentes libros y artículos que explican los puntos de vista de Mises y Rothbard sobre el dinero, sin contar con las propias obras de ambos economistas? La respuesta deriva de los muchos años de servicio de Dr. Paul en el Congreso. En esa situación, ha tenido conversaciones con varios directivos de la Fed y una de esas conversaciones nos permite resolver el misterio.

Alan Greenspan epitomiza  el control de la oferta monetaria por el gobierno. ¿Pero esto no es una sorpresa a primera vista? Greenspan era un seguidor de Ayn Rand y compartía su devoción por el capitalismo librecambista. En un ensayo escrito para la revista Objetivista, reimpreso en Capitalism: The Unknown Ideal, Greenspan ofrecía una fuerte defensa del patrón oro. La ventaja esencial del patrón oro, explicaba Greenspan, es que evitaba que el gobierno manipulara la oferta monetaria:

“En ausencia del patrón oro, no hay manera de proteger los ahorros de su confiscación mediante la inflación. (…) La política financiera del estado de bienestar requiere que no haya forma de que los propietarios de la riqueza se protejan. Este es el mezquino secreto de las diatribas de los estatistas del estado del bienestar contra el oro”.

Sorprendentemente, Grenspan dijo al Dr. Paul “que había releído recientemente [el artículo] y no cambiaría ni una palabra”. ¿Cómo podía Greenspan decir esto al tiempo que presidía un sistema que implica el control gubernamental del dinero que repudiaba en su artículo? Greenspan pensaba que podía dirigir el sistema financiero de la misma forma en que podía operar el patrón oro.

“Yo [Greenspan] pienso que encontrará (…) que los bancos centrales más efectivos en este periodo de moneda fiduciaria  tienden a tener éxito principalmente porque tendemos a replicar lo que probablemente habría ocurrido bajo un patrón producto en general”.

En otras palabras, necesitamos apartar al gobierno de la oferta monetaria, salvo que, por supuesto, yo o gente como yo estén al mando. La posición de Greenspan recuerda una tradición judía acerca del rey Salomón, que pensaba que las restricciones impuestas a los reyes en el Deuteronomio (17:16-17) sobre esposas y caballos no le afectaban.

Al ser el más inteligente de los hombres, Salomón creía que sabía las razones para estas restricciones, así que podía evitar las tentaciones contra las que le guardaban la reglas y tomó más esposas y tuvo más caballos que los permitidos. Su arrogancia le llevó al desastre y Greenspan cayó víctima del mismo síndrome.

El Dr. Paul no considera a Greenspan como el mejor  presidente de la Fed que haya conocido. “Con quien tenía más sintonía era con [Paul] Volcker. Era más agradable e inteligente que los demás, incluidos más recientes Alan Greenspan y Ben Bernanke”.

Respecto de Bernanke, está claro que al Dr. Paul le disgusta profundamente. Sospecha que Bernanke ha actuado en secreto para manipular el precio del oro y le enerva la negativa de Bernanke a explicar sus operaciones en el Congreso.

“Así que cuando Bernanke rechaza rápidamente darnos información acerca de los billones de dólares de crédito que ha concedido en el proceso de rescate porque sería ‘contraproducente’, realmente está diciendo, ‘no es asunto vuestro'”.

Este libro recoge conversaciones notables con otros presidentes distintos de la Fed. Cuando Ron Paul estaba en la Comisión del Oro en la administración Reagan, en una ocasión voló en helicóptero con el presidente a la Base Aérea de Andrews.

“‘Ron’, me dijo el presidente,’ ninguna gran nación ha abandonado el patrón oro y ha seguido siendo una gran nación’. Sin duda simpatizaba con ello, como con muchas ideas constitucionales libertarias, pero asimismo estaba influenciado por presiones de su equipo para ser pragmático en muchos asuntos”.

Reagan, según parece, no podía romper con la ilusión de que el gobierno ha de estar al control. Esa ilusión se propaga ávidamente por quienes se benefician de ella. Uno de ellos fue el conocido George R. Brown, largo tiempo partidario de Lyndon Jonson. Brown mostró interés en la campaña de 1976 al Congreso del Dr. Paul y en una conversación le dijo:

“‘Recuerda, para que funcione el sistema económico, las empresas y los gobiernos deben ser compañeros’. Me avergonzó y rápidamente me dirigí a la puerta. (…) Una vez en el puesto y después de que se conocieran mis votos y posiciones, el mensaje estaba claro y no volví a oír nada de él”.

La lucha por la libertad del Dr. Paul no se limita al asunto del dinero sólido. También lidera la lucha contra el intervencionismo y la política exterior imperialista. Pero la lucha por la libertad es integral y demuestra que una política exterior agresiva depende del control gubernamental de la oferta monetaria:

“No es una coincidencia que el siglo de la guerra total coincidiera con el siglo de la banca central. Cuando los gobiernos tienen que financiar sus propias guerras sin una imprenta de moneda en la que confiar, economizan sus recursos. Encuentran soluciones diplomáticas para evitar la guerra y después de que la empiezan las terminan lo antes posible”.

El libro contiene abundantes argumentos adicionales contra nuestro sistema monetario actual. Por ejemplo, que viola la Constitución. Los lectores descubrirán la mala opinión de Thomas Paine sobre el papel moneda e incluso cómo la degradación monetaria contribuyó a la ruina del Imperio Bizantino. Quienes entiendan el mensaje del libro llegarán a una conclusión muy clara: acabar con la Fed.

[End the Fed, por Ron Paul · Grand Central Publishing, 2009 · 224 páginas]

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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